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Leonardo Hernández: "Nunca me pude subir a la moda punk; las demás las fui explorando de a poco"

Edad: 53 Ocupación: director de la tienda de ropa en Libertad Los Buenos Amigos, creador de contenido, columnista y asesor de moda Señas particulares: cree que tiene déficit atencional, conoció a su esposa por Facebook, lleva 17 años libre de alcohol

Editor de Galería

¿De dónde viene el apodo Pollo? Tenía 6 años y era la fiesta de fin de año en mi colegio, en Libertad. La maestra había hecho un acto que era un gallinero. Había una gallina, un gallo y un pollito. Yo era el más chiquito, muy bajito, de niño. Tenía que hacer un parlamento que hasta el día de hoy recuerdo. Gesticulé y actué muy bien, entonces, a partir de ese momento, pasé a ser el Pollito y, con los años, me convertí en el Pollo.

Tu tienda, Los Buenos Amigos, existe casi de casualidad. ¿Cómo es la historia? Mi abuelo había sacado una lotería y, después de años trabajando en una tienda, se tomó un año sabático, se compró una cachila y salió a recorrer el país para ver dónde poner su propio local de telas. Iba hacia el oeste, entre Colonia y Soriano, cuando pasó por Libertad y le llamó la atención que estuviera tan cerca de Montevideo y del puerto. Justo llegó un 15 de mayo, Día de San Isidro, el santo patrono de Libertad, y estaba lleno de gente. Al año de eso ya estaba abriendo.

¿A qué edad empezaste a trabajar? Empecé a trabajar en diciembre de 1982, tenía 9 años. Yo les pedía a mi padre y a mi abuelo para trabajar; para mí era lo máximo estar en un lugar donde había moda. La regla era trabajar medio día y dedicar el resto del día a jugar.

¿Vendedor se nace o se hace? Es una cosa que siempre me pregunto. En mi caso, desde que tengo recuerdos está la venta. Veía a mis padres y a mi abuelo, mis grandes maestros, vender, y había algo en ellos que me gustaba mucho. Creo que es un poco y un poco. Hay que nacer con esa cualidad de servir, pero después se aprende el método: estudiar a la persona, entender qué le puede gustar y saber cómo acompañarla.

¿A qué moda nunca te pudiste subir? En los años 80 había cuatro vertientes de moda muy marcadas: los punk, los new romantic, los surfers y los chetos. Yo nunca me pude subir a la moda punk. Las demás las fui explorando de a poco.

¿Cómo te llevás con que te reconozcan por la calle? Me pasa todos los días, por suerte. Me encanta cuando voy caminando por mi barrio y me tocan bocina, me gritan o me saludan. Por suerte, siempre es con cariño y afecto. Al principio me sorprendía, porque me hice conocido de golpe.

Me ha pasado que un mozo me pregunte qué ponerse para el cumpleaños de 15 de su hija. O que una mujer, de unos 70 años, me diga: “¿No me ayudás? Porque no tengo cómo hacerle sacar esta campera a mi esposo”.

¿Qué significa para vos vivir con el alcoholismo y por qué decidís contar tu experiencia? Soy enfermo alcohólico y es una condición que voy a tener toda mi vida. Lo que puedo hacer es no tomar por hoy, y eso me va haciendo sumar días. Por suerte, tengo 17 años limpios. Viví 10 años complicados, de los cuales cinco fueron un infierno para mí. A medida que fui sumando días sin tomar, empecé a rechazar cada vez más el alcohol y el cigarrillo, y los fui sacando de mi vida. Empecé a notar cambios muy salados: la piel más sana, otra sonrisa, y sentía que me estaba volviendo el alma al cuerpo.

Lo cuento porque a mí me ayuda a seguir por este camino, pero también porque alguien que tenga el mismo problema puede escuchar mi historia, verse reflejado y quizás cruzar para este lado. No tengo ningún tipo de reparo ni vergüenza porque es una enfermedad, como tantas otras.

¿Cómo conociste a tu esposa? A Verónica la conocí por Facebook, a fines de 2009, cuando todavía era toda una novedad conocer a alguien por una red social. No teníamos amigos en común. Me apareció como sugerencia de amistad, vi una foto, me gustó y le mandé una solicitud. Cuando me aceptó, le escribí. Me acuerdo de que me preguntó: “¿Nos conocemos de algún lado?”. Y le dije: “No, no nos conocemos de ningún lado. Si querés, borrame, está todo bien. No te quiero molestar”. Y bueno, ahí surgió la relación. Ya llevamos un montón de años juntos. Siempre fui así, de tirarme al agua. El “no” ya lo tengo en el bolsillo.

¿Cómo decidieron criar a sus hijos teniendo cada uno una relación distinta con la religión? Yo soy ateo, aunque tuve formación católica. Mi señora es judía y nos planteamos desde el principio criar a nuestros hijos con libertad. En casa festejamos las fiestas judías y las cristianas, y si mañana llega alguien de otra religión, también las vamos a festejar. Ellos decidirán si quieren ser judíos, ateos, umbandistas o lo que sea.

Sos nadador… Ahora, lamentablemente, hace tiempo que no puedo ir a nadar, pero me encanta, es mi cable a tierra. Yo tengo problemas de concentración. Nunca me hice un estudio, pero seguro tengo déficit atencional. La natación es de las pocas cosas que me hacen concentrar.

¿Te gustaría que tus hijos sigan el legado familiar? Me gustaría, pero no quiero ser egoísta ni forzarlos. Si hacer lo que hace el padre los hace feliz, que sea eso; si no, que hagan lo que los haga feliz. El comercio se verá.

¿Hay alguna idea que la gente tenga de vos que pueda ser equivocada? No soy una cosa en redes y otra fuera de ellas. Los que me conocen saben que yo siempre fui así, con mis defectos y mis virtudes. Creo que eso es lo que alguna gente todavía no entiende: que piensa que creé un personaje para las redes. Y la gente está equivocada si piensa eso.