¿Es cierto que empezó haciendo revistas de deportes escritas y dibujadas a mano?
Edad: 64 • Ocupación: Periodista, escritor, historiador de fútbol • Señas particulares: Llenó el álbum del Mundial con su nieta; es fan de Los Simpson; entrevistó a Obdulio Varela
¿Es cierto que empezó haciendo revistas de deportes escritas y dibujadas a mano?
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn realidad empecé haciendo álbumes de figuritas, mis propias colecciones. Después hacía revistitas de equipos inventados, porque ahí les podía dar la épica que quería. Pero un día mi padre me preguntó: “¿Por qué, en vez de inventar los cuadros, no escribís sobre los equipos de verdad?”. Empecé a hacerlo y me gustó. Y durante la época liceal hacía mis revistitas de fútbol.
¿Y cómo llegó al periodismo?
Como tenía esa vocación tan marcada, mi padre habló con un gran amigo suyo que trabajaba en el diario El Día. Llevó esas revistas, las vieron y me empezaron a hacer unas pruebas. En aquel momento no existía carrera universitaria de periodismo. Generalmente, la entrada al periodismo era a través de las páginas de deportes. Me mandaron a un par de partidos de prueba y entré como colaborador eventual, que era una especie de primer grado, para empezar. Y fui subiendo. Al poquito tiempo ya estaba comentando partidos del Estadio Centenario. Después me pasaron a Información general y estuve muchos años ahí. Puedo decir que pasé por casi todos los sectores de la información: internacional, económica, de empresas, deportiva, política. De todo.
¿Qué descubrimiento histórico lo sorprendió más durante una investigación para sus libros?
Me gustó mucho hacer la investigación del libro Montevideo: la ciudad del fútbol, porque empecé a descubrir ubicaciones de canchas de fútbol oficiales en esquinas por donde pasaba siempre y no sabía que se había jugado allí al fútbol hacía 50, 70, 80 años. La investigación era casi detectivesca, entre mirar diarios y fotos aéreas antiguas. Al final comprobaba que sí, que en tal esquina estuvo una cancha. No eran grandes estadios, sino canchitas, que después desaparecieron.
¿Cuál es el momento que más recuerda del fútbol, que no se le haya borrado nunca?
Me gustó mucho hacer la cobertura de la Copa de Oro, del Mundialito, porque vinieron los mejores jugadores del mundo en aquel momento y los teníamos ahí, a mano. La distancia que había entre la prensa y las estrellas no era la que hay ahora, entonces podías entrevistar mano a mano a Maradona. Yo tenía 18 años y pude entrevistar a muchos de esos cracks. Hasta discutí con el técnico de Italia, porque hubo lío en el partido Uruguay-Italia, con expulsados. Entonces le pregunté por qué habían pegado tanto los italianos y se enojó.
¿Tiene algún ritual para ver los partidos de Uruguay en el Mundial?
No, nada. Solo estar tranquilo. Las transmisiones previas me ponen nervioso. Entonces prendo la tele y me siento cuando están saliendo los equipos.
¿Cuál fue la mejor entrevista que hizo en su vida, la que lo marcó?
Una vez entrevisté a Obdulio Varela, el capitán del maracanazo. Ya era grande; había tenido un accidente doméstico y estaba internado. Me sorprendió porque me atendió con una calidez diferente a lo que se contaba de él, que rechazaba a los periodistas. Recuerdo que yo tenía algunos amigos en el exterior, les mandé la entrevista y la repercusión fue muy grande. Ahí tomé conciencia de que había hablado con una leyenda viviente.
Cuando era editor de Galería siempre tenía galletitas Pepitos para convidar. ¿Siguen siendo sus favoritas?
No, porque tienen todos los octógonos que me indican que me hacen mal (ríe). Fue a partir de la operación del corazón. Consulté por un dolorcito por las dudas, y por las dudas me hicieron un estudio, por las dudas me hicieron otro, y se encontró que había que operarme de urgencia porque tenía un problema genético en las arterias. Entonces, cuatro bypass. Y ahí no voy a decir que cambió mi vida, pero fue una experiencia muy fuerte.
Como fanático declarado de Los Simpson, ¿cuál es su personaje favorito?
Homero. Yo creo que Los Simpson es el mejor programa de televisión que se ha hecho porque involucra todos los temas. Un día se me ocurrió entrevistar a Humberto Vélez, mexicano, que era el actor de doblaje de Homero en el mejor momento de Los Simpsons, y la voz más reconocida. Y me encontré con una persona muy simpática. Incluso les mandó un saludo a mis hijas con la voz de Homero. Lo tengo grabado.
¿Tiene alguna anécdota de cuando presentaba sus libros infantiles en escuelas?
El primer libro tuvo un final abierto, digamos, porque los protagonistas viajaban para ver un partido de Uruguay en un Mundial pero, como el libro salió antes del torneo, no estaba el resultado. Entonces todos me preguntaban qué había pasado con los niños viajeros. Eso me llevó a sacar otro libro para contar lo que pasaba con ellos. A los niños no les gustan mucho los finales abiertos… De las presentaciones con los niños tomaba ideas para libros futuros. Por ejemplo, el furor por los álbumes de figuritas me llevó a hacer La figurita más difícil del mundo.
Tiene dos nietos. ¿Qué es lo que prefiere hacer con ellos?
Con María Pía, la más grande, tenemos un vínculo hasta de complicidad, llenamos casi juntos el álbum del Mundial. Y ella me pregunta muchas cosas sobre el mundo. Está muy interesada en muchos temas y me pide que le explique. Y con Juan Ignacio, que tiene casi dos años, empieza también a construirse el vínculo, aunque por ahora es más bien correr atrás de él, de sus travesuras (ríe).
¿La llamada “garra charrúa” sigue siendo una característica real?
Es una expresión que se usó a veces exageradamente. Y otras veces se confundió con un juego recio, pegar patadas. Para mí, los grandes triunfos celestes se basaron, sobre todo, en jugar bien, pero también en una fuerte personalidad. Por ejemplo: no intimidarse por el estadio Maracaná lleno en el partido con Brasil en el Mundial del 50. Se mantuvieron fuera de la atmósfera que ya decía que Brasil era campeón. Ellos pensaron que podían ganar, y así fue. El tema de nunca darse por perdido, entregar todo lo que se tiene y conservar una personalidad en el campo creo que se mantiene.