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Willem Dafoe: “Actuar no tiene que ver con emociones, tiene que ver con acciones”
El protagonista de The Souffleur, y su director, Gastón Solnicki, hablaron con Galería sobre cómo fue filmar en Viena, sin guion y con mayoría de “no actores”
Mientras Lucius Glant (Willem Dafoe), el gerente de un prestigioso hotel de Viena, danza sobre una tarima, la voz en off que narra él mismo describe un pensamiento metafórico. Piensa en que siempre le llamó la atención cómo los titiriteros, solo con un par de cuerdas, pueden controlar cada uno de los movimientos del títere: desde su tronco hasta las puntas de sus dedos. Recuerda que un día un titiritero le dijo que él se concentraba en el centro del muñeco. De esa forma luego las extremidades fluían solas y los dedos cobraban vida.
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Lucius es el protagonista de The Souffleur, una película del director argentino Gastón Solnicki que se presentó en el Festival Internacional de Cine de José Ignacio (JIIFF) el 25 de enero pasado. Tras la proyección en Pavilion Vik, el director aseguró que se identifica mucho con la metáfora del titiritero que expone en su filme.
Solnicki y Dafoe se conocieron en Grecia, en un evento para jóvenes realizadores en el que participaban cineastas novatos. El argentino ya no era tan novato, tenía algunas películas en su haber, pero los organizadores hicieron una excepción porque les resultó llamativa la manera de trabajar de este director sin guiones. Él y Dafoe participaron en el rol de “mentores”, y al actor estadounidense de 70 años le atrajo la forma en la que Solnicki evaluaba los guiones cuando hablaban de producción.
Gaston Solnicki y Willem Dafoe
El director argentino Gastón Solnicki junto a Dafoe.
Adrián Echeverriaga
En una semana o dos, Solnicki y Dafoe se hicieron amigos y, al final, el argentino le dijo que deberían trabajar juntos. Al actor le resultó una persona interesante y, cuando investigó sobre las películas que había hecho, las encontró “poéticas y hermosas”, según contó. Ya embarcados en la realización de The Souffleur, el protagonista alentó al director a actuar en su propia película. El director se transformó entonces en uno de los actores no profesionales de la película, algo que caracterizaba a todos, a excepción de Dafoe.
Además de trabajar con no actores, Solnicki trabaja sin guion, y es algo que repite una y otra vez. Hace películas que “cobran sentido en el montaje”, dice. Sí necesitó escribir algo para ordenarse en un set de filmación que podía resultar caótico y para organizar el poco tiempo del que disponían para el rodaje. Entonces redactó unas 25 páginas de un guion corto que “era muy malo”, según él mismo. “Sí, lo era”, reafirmó Dafoe entre risas.
La historia es la de este personaje, Lucius, que dirige el hotel Intercontinental de Viena, que está en decadencia y está a punto de ser vendido a un argentino que podría demolerlo. The Souffleur es la lucha de Lucius por salvar el hotel y su legado.
“Yo aspiro a no ser un actor”, dijo el protagonista de The Souffleur en su paso por José Ignacio, y aseguró haber disfrutado mucho de trabajar con “no profesionales”, ya que eso evitó ciertos egos y un ambiente competitivo. En el rodaje, cada uno se concentró en hacer bien su trabajo. Nada más. “Hubiera podido parecer irresponsable el hecho de trabajar así, sin un guion y sin actores profesionales, pero una cosa que teníamos y que era un gran capital era el hotel. Eso le daba a la gente una estructura, porque el funcionamiento del hotel definía su rol, por tanto, eso no lo teníamos que inventar”, añadió.
Dafoe se refirió también a la “virtud” del director argentino de “saber elegir los elementos y la gente de manera de siempre darle vivacidad y cohesión al relato”. Uno de esos elementos es la música. “Puse música que me encanta”, aseguró Solnicki. Y es algo omnipresente en la película, casi como un segundo protagonista. Para el director, “las películas tienen mucho más que ver con la música que con cualquier otro arte”.
Willem Dafoe en The Souffleur
The Souffleur.
Sobre la actuación como una aventura, el montaje cuando se trabaja sin guion, la libertad y la capacidad de imaginar otros escenarios posibles, reflexionaron Willem Dafoe y Gastón Solnicki en entrevista con Galería.
Gastón, en la instancia de preguntas y respuestas tras la proyección de The Souffleur dijo que sus películas encuentran sentido en el montaje. ¿Hubo algún momento del montaje de este filme en el que sintió que “se le reveló”?
Gastón Solnicki —Tal como el soufflé, que es una cosa muy difícil de hacer, es un acto de fe, así también es la película. Las películas, como los edificios, muchas veces están sobreestructuradas. Hay un montón de elementos que tienen que ver con cómo organizás una gran cantidad de recursos humanos y materiales que necesitan ser mostrados y que devastan la mayoría de las películas antes de que estén terminadas. Por supuesto, los grandes maestros alcanzan trabajos extraordinarios incluso con este problema. Yo asumo la responsabilidad de hacerlo lo mejor que puedo porque no estoy desarrollando estrategias preconcebidas, ni en lo narrativo ni en lo financiero. Me permito una gran libertad. De todos modos, sé que una cosa es cuando lo hacés a una escala más independiente, por tu cuenta, y otra cosa es cuando empezás a arrastrar gente y a poner actores frente a cámara. Esto es una metamorfosis por sí misma. Pero porque no hubo nada antes que necesitara ser destruido y luego reensamblado, y esto significa a la vez una gran libertad y un gran riesgo. Te permite encontrar lo que estás haciendo mientras lo estás haciendo. Eso no es una técnica, es la forma en la que vivo, la forma en la que viajo. Y es mi forma de ser, no es un truco, una estrategia ni nada. Como te permitís cierta libertad, podés enfocarte en cosas que si no, no verías, eclipsarías o simplemente destruirías. Como sucede con los arquitectos: mientras algunos adoran una hermosa roca junto al mar, ellos vienen y dicen “¿por qué no construimos una casa acá?”. Y la roca se fue. Trato de no poner el edificio sobre la roca y arruinar la vista que estuvo ahí por cientos de años.
Willem dijo que fue él el que lo alentó a actuar para esta película.
G.S. —¡Me forzó!
¿Cómo se sintió al cruzar esa línea y ponerse delante de cámaras?
G.S. —Perdón por la metáfora, pero me sentí como una mujer en trabajo de parto. Estaba autoanestesiado. Si tenía un ego, no sabía dónde buscarlo, así que no dolió. Lo que menos me preocupó fue lucir como un tonto o lo que fuera, lo que ayudó a la actuación.
¿Lo disfrutó?
G.S. —No diría que sí... Maso. Estaba tan abrumado por la creación y la parte logística de la película que estar frente a las cámaras... Incluso cuando Willem dice que trabajamos con no actores, que es lo que hacemos, no siento que pudiera decir “ábranse a ustedes mismos y sus vidas y yo voy a mirar detrás de cámara”. Yo también necesito estar ahí y fue lindo cómo Willem me alentó. Fue como una danza, nos arrastramos el uno al otro hacia esto y creo que eso hace que la película sea lo que es.
Willem Dafoe en The Souffleur
The Souffleur.
La música es algo que está omnipresente en la película. ¿Qué rol juega?
G.S. —Me gusta que la música no llega cuando la esperás, es una tradición muy hermosa de este enfoque cinematográfico. Igual es música que acompaña y da comodidad, no es que todo recae en una sola voz que canta y todo lo demás queda por debajo en la escala jerárquica. Por supuesto, Lucius es el protagonista, y él y el hotel son una sola cosa. Todas las entidades que conviven en el hotel, ficcionales, estratégicas y el lado documental de representarlos, retratarlos, todo crea una armonía. A menudo, para esta música en los cines comerciales ponen compresores. Entonces, en el momento en el que debería sonar fuertísimo, suena más bajo. Esto destruye mucho el impacto emocional. Y vivimos en este mundo de azúcar, de edulcorante. Y el cine en sí mismo se pone esos compresores. No solo en la narrativa, sino en el sonido, que es un aspecto muy físico e importante para mí.
Willem, tras la proyección de The Souffleur en JIIFF dijo algo muy llamativo: “aspiro a no ser un actor”. ¿Qué es lo que quiere dejar de ser cuando dice eso?
Willem Dafoe —Cuando te autodenominás profesional, en cualquier cosa, esa es tu identidad. Y te ponés cierta presión a ti mismo en pos del éxito, del orgullo en tu rubro. Anticipás y elaborás las cosas. Pienso que eso es problemático a veces.
¿Por qué?
W.D. —Porque te cerrás a otras posibilidades, te causás tu propio dolor de cabeza, construís pensamientos sobre las cosas antes de sentirlas. Crecí en teatro y estudié muchos años, y la principal enseñanza que adquirí es que actuar no tiene que ver con emociones, tiene que ver con acciones. Me gustaría ser más como un bailarín que realiza movimientos concretos. Hay una humildad en someterse a las acciones. Si sos actor y tenés que hacer una gran actuación, tenés que contribuir con algo especial, y es una profesión muy competitiva. Si te metés en ese tipo de mentalidad, te puede destruir y restringir. Debería hacerse por el amor a lo que se hace, por la aventura, no por la carrera, no por el reconocimiento. Porque, al segundo que empezás a ser reconocido, llega cierta corrupción. O sabés hacer determinada cosa o empezás a excavar en tu caja de herramientas para ver si lo podés hacer. Y eso se vuelve cada vez más triste. Te empezás a poner restricciones a ti mismo, como “no, yo no hago eso” o “a mí no me gusta eso”. Tenemos que llegar a estar abiertos a las cosas. Tenemos que borrar esta lista de “me gusta” y “no me gusta” que se empieza a generar cuando nos volvemos profesionales, porque lo que nos hace profesionales es hacer el trabajo, hacerlo con confianza. Por eso nos contratan, no querríamos sacar eso de la ecuación.
¿Se sintió libre al trabajar con Gastón?
W.D. —Había algo interesante en Gastón, que es un amigo: íbamos a un lugar que no conocía, a trabajar con gente que no conocía, con la que no tenía relación. Y por la naturaleza de la película, que es de bajo presupuesto, no tenemos una gran expectativa comercial. Y eso no es un juicio sobre la calidad de la película, tiene que ver simplemente con el tipo de filme que es. Todas estas cosas te liberan, y de verdad podés hacer eso que necesitás hacer: pretender que es tu primera vez. Y ese es el corazón de la actuación, particularmente en teatro. Podés conocer el guion, pero tu trabajo es traerlo a la vida como si nunca lo hubieses hecho.
Willem habló sobre cómo el cine permite imaginar otros escenarios posibles. ¿Qué escenario les gustaría que la audiencia imaginara después de ver The Souffleur?
G.S. —No más casas sobre las rocas. Mejor legislación.
W.D. —Cuando ves una película querés estar en un estado en el que considerás cosas que no has considerado antes. Eso es todo. Pero mientras hacés la película, no querés pensar en el efecto que tendrá. El director probablemente tenga que hacerlo un poco más, porque tiene que lidiar con el material. Pero, como actor, tenés que ser un poquito irresponsable.
G.S. —Yo soy un poquito irresponsable.
W. D. —Lo sé, quizás demasiado. Por eso te queremos. Sos encantador, y eso cuenta muchísimo en este rubro. Necesitamos más gente encantadora.
Willem Dafoe
Adrián Echeverriaga
Willem Dafoe y el streaming
El actor estadounidense se refirió también al modelo del streaming y cómo ha ido cambiando la forma de ver cine desde los inicios de su carrera. Con cierto tono de preocupación, en la conferencia de prensa que antecedió la entrevista con Galería opinó que muchas veces los jóvenes ni siquiera miran películas, no se relacionan con ellas y solo saltan de un contenido a otro. En ese sentido, recordó lo que decía el letrero de un casino que leyó una vez: “para ganar hay que estar presente”, y dijo que lo mismo ocurre con el cine.
Lo positivo del streaming, para Dafoe, es que democratiza las películas y, además, crea mucho trabajo. Pero tiene el “problema” de que las personas miran cinco minutos una película y luego cambian a otra. Además, ha llevado a que se pierda la sensación de comunidad que crea ir al cine a compartir una proyección rodeado de gente desconocida.
“Una de las cosas que hace también que el streaming sea bueno es que le va a dar más posibilidades a esta película —dijo refiriéndose a The Souffleur—, porque al no ser una película tan comercial, seguramente va a terminar mostrándose en plataformas”.