A continuación, un resumen de la entrevista que Dallaire mantuvo con Búsqueda.
—¿Por qué eligió Uruguay como sede de la oficina regional de su organización y qué expectativas tiene sobre el trabajo en América Latina?
—Estábamos trabajando en Colombia, pero no sabíamos cómo tener un pie a tierra aquí como el que tenemos en África. El entonces embajador (uruguayo en Canadá Martín) Vidal pensó que era una buena idea mover algunos activos aquí para luego poder expandirse. Así que aproveché esa oportunidad, porque tuve uruguayos extraordinarios bajo mi mando durante el genocidio. Particularmente, (Herbert) Fígoli fue increíblemente valiente porque estaba al mando de la zona desmilitarizada cuando toda la situación se volvió catastrófica y comenzaron las matanzas, y él se mantuvo muy firme, así que pudimos retirar las tropas a Kigali... A eso se suma la reputación y la experiencia de las Fuerzas Armadas uruguayas en misiones de paz. Entonces pensé que era una gran idea. Y la situación es tal que el uso de niños en conflictos ahora en América Latina ha aumentado. Y por eso tenía sentido que pusiéramos pie a tierra aquí. Acabamos de llegar de Colombia, donde un equipo uruguayo completo que capacitamos aquí fue el que hizo la capacitación de las fuerzas colombianas.
—Se acostumbra decir que América Latina es una región de paz.
—Pero hay fricciones, sí. América Latina y el Caribe ya es un foco de atención y lo será más con el impacto del cambio climático. El aumento de refugiados crea fricciones porque cuando tienes refugiados que viven en condiciones difíciles, lo que crea es rabia. Y lo que hemos visto por nuestra experiencia en Oriente Medio es que cuando estas fricciones crecen, lo más fácil para los adultos es reclutar a niños, a gente joven. Lo vemos en nuestro propio país, donde el crimen…
—El crimen organizado suele reclutar jóvenes…
—Sí. En Canadá a los 13, 14 años les dan 1.000 dólares para matar. Tengo una fundación que trabaja con niños canadienses para evitar que sean reclutados. Pero volviendo a la región, Colombia sigue teniendo sus fricciones internas y el aumento del uso de niños. Así que estamos en el trabajo de prevención y capacitación de las fuerzas militares y policiales sobre cómo ver el reclutamiento y las metodologías. Somos una organización que puede ser un puente entre la gente de seguridad, la policía y los militares, y la comunidad. Las comunidades, las ONG, los sistemas sociales locales que tienes en un país, generalmente a esas personas no les gusta hablar con las fuerzas de seguridad. Y viceversa, a los tipos de seguridad realmente no les gusta pasar tiempo con estas personas de la sociedad civil. Pero nosotros somos capaces, con la capacitación y con nuestra credibilidad, de hablar con ambos. Y de lograr una buena relación tanto cambiando la actitud y las tácticas en la policía y las fuerzas militares, como también ayudando a la comunidad y a las ONG a saber cómo hablar con la policía y no solo acusarlos continuamente. Ninguna de las partes por sí sola evitará el reclutamiento de niños. Los militares y la policía no pueden hacerlo solos. La comunidad, debido a los problemas de seguridad que se crean, no pueden hacerlo solos y no pueden... Y entonces solo cuando los dos trabajan juntos pueden generar ese sistema de prevención.
—En Uruguay los adolescentes son reclutados por el narco, ¿cómo se evita?
—Bueno, lo primero es darse cuenta de que ese problema se está gestando. Lo segundo es no considerar que el único medio para detener este problema y la situación de inseguridad que crea, es con el uso de la fuerza y la aplicación de la ley y el encarcelamiento. Por otro lado, hay que tener en cuenta que existe una serie de organizaciones que tienen formas de influir en la comunidad, de hablar con las familias, como las escuelas. Del lado militar también les enseñamos que deben ver dónde son los lugares donde los niños pueden ser reclutados y trabajar con la comunidad local para crear espacios seguros. Es decir, asegurarse de que haya suficiente seguridad para que los reclutadores no puedan llegar a los niños. El objetivo no es meter a los niños en la cárcel. El objetivo es que la policía y los militares puedan saber a quién enviarlos para obtener el apoyo para ayudarlos.
—Parece que hoy hay más conflictos y la ONU es menos visible en ellos. ¿Siguen siendo útiles las misiones de paz? ¿Sigue siendo útil la ONU?
—Una de las razones por las que la ONU es menos visible es que varios de los países grandes que eran contribuyentes han dejado de darle el dinero y los recursos para poder ser efectiva. El mantenimiento de la paz se ha reducido porque simplemente no hay nadie que lo apoye. Cuando fui a Ruanda, necesitaba 4.500 soldados. Pero solo conseguí 2.600, de los cuales muchos no estaban entrenados. Y la razón fue que en ese momento los estadounidenses no estaban pagando a la ONU y simplemente no había dinero. Así que ni siquiera podías alquilar los aviones para llevar a las tropas a Ruanda.
La doctrina de la responsabilidad de proteger de la ONU surgió en 2005. Sigue ahí. Es solo que la gente no quiere usarla. Y eso no es porque la ONU sea una herramienta inútil, no es porque la gente haya encontrado otras soluciones; es que debido a que la ONU no tiene los recursos para poder participar en la prevención, las personas con otras soluciones están ganando más terreno. Este es un período muy ambiguo, muy complejo y también muy feo, porque el Estado de derecho y la preocupación por la protección de los civiles han estado desapareciendo. El mundo tiene la responsabilidad de proteger a la gente. Uruguay es como un faro en Sudamérica de compromiso con los derechos humanos y con la protección de los civiles. Hay una necesidad de que estas naciones ahora empiecen a dar un paso adelante. Y pueden hacerlo tanto como grupo o pueden hacerlo como grupo dentro de la ONU o hacerlo regional.
—El primer ministro de Canadá, Mark Carney, dijo en enero en Davos que las “potencias medianas” debían asumir otro protagonismo porque la estabilidad en la que vivieron hasta ahora era una ficción. ¿Cree que la situación de antes era una ficción conveniente, como dijo, o se está perdiendo algo a nivel internacional que era real?
—Nunca tuvimos realmente paz. Desde la creación de las naciones, en Westfalia hace más de 300 años, y las fronteras y el nacionalismo y los derechos de los gobiernos dentro de sus fronteras nunca hemos tenido realmente paz. Lo que hemos tenido son treguas, períodos temporales en los que la gente no se ataca de forma agresiva, pero no paz. Todavía hay fricciones. Y las fricciones con el tiempo pueden empeorar. Las personas malas pueden llegar a roles de liderazgo y empeorar aún más y luego puedes tener guerras. Y así tienes Gaza. ¿Con qué vamos a terminar en Gaza? No vamos a terminar con paz, vamos a terminar con una tregua. En Ucrania no vamos a tener paz, vamos a terminar con otra tregua, otro acuerdo que esperamos que funcione. Entre el 2000 y el 2022, pensamos que teníamos paz, pero mientras tanto las grandes potencias se rearmaron. Los estadounidenses, los rusos, los chinos aumentaron su poder militar. Mientras tanto, el resto de nosotros, Canadá, muchos otros países, también Europa, han reducido su ejército. Durante ese tiempo, dedicamos muchos esfuerzos a tratar de ayudar a las naciones. Ese escenario de repente ha explotado en nuestra cara. Ahora tienes a Europa, Canadá está gastando miles de millones en equipo militar para reconstruir la capacidad de combate en lugar de reconstruir la paz.
—¿Tienen opción de no armarse las potencias medianas, cuando sus vecinos se arman hasta las dientes?
—El problema es que no hay soluciones innovadoras sobre cómo enfrentar a estas potencias. Necesitamos que las mujeres estén más involucradas en traer soluciones distintas a las actuales, que son egocéntricas y dominadas por hombres. Estamos en un momento de enorme turbulencia, un momento de reforma, de cambio social. Existe miedo a tomar riesgos y se trata de evitar tomar decisiones difíciles. Cuando tienes un escenario como este, la solución más fácil es simplemente confrontarlo por la fuerza. Desarrollas tu capacidad para dar a la gente una sensación de protección, pero lo que estás haciendo es rearmar a toda la organización para que un día explote. Cada vez que Europa se rearma, vamos a la guerra. Los que van a pagar el precio a medida que continuamos fortaleciendo nuestras fuerzas son partes del mundo que van a ser descuidadas. Si no hay consideración de las fricciones que existen dentro de África, si no hay sostenimiento de la estabilidad en América Latina, esos lugares van a empezar a crear problemas. No hace mucho tiempo, el movimiento masivo de refugiados hacia Europa la desestabilizó. En África eso no se está cuidando y no se les está dando la oportunidad de crecer y construir capacidad para que sean independientes, va a crear conflictos internos que irán más allá de sus fronteras. Y eso podría ser el punto débil de Europa. Y afectará a todos.
—En Ruanda vio cómo la ONU puede fallar por completo, ¿cómo sigue creyendo que es una herramienta útil?
—He argumentado durante todos estos años que no fue la ONU la que falló, sino que fueron los 193 países que la conforman. Porque cometí errores en Ruanda al mando. La Secretaría General de la ONU cometió errores e hizo lo que pudo con lo que tenía. El Consejo de Seguridad estaba involucrado, pero fundamentalmente a nadie le importó lo que sucedió en Ruanda. Nadie quería darme nada. Nadie quería darme activos para poder evitar que ese genocidio sucediera cuando les advertimos y luego, cuando ocurrió el genocidio, nadie vino. Y entonces te sientas allí y dices: ¿por qué nadie vino? En Ruanda tuve que luchar para mantener a 450 de los 2.000 soldados que había, pero al mismo tiempo teníamos 67.000 soldados en la ex-Yugoslavia. Y te preguntas: ¿por qué 67.000 soldados fueron a la ex-Yugoslavia? ¿Por qué no pude conseguir 5.000 que pedí para prevenir un genocidio, donde hubo más personas asesinadas, heridas, violadas, desplazadas internamente, refugiadas en Ruanda en 100 días, que en toda la ex-Yugoslavia? Entonces la pregunta es: ¿fue la ONU la que se equivocó aquí o tenemos un problema para reconocer que todos los seres humanos son humanos? Que ninguno de nosotros es más humano que el otro. Somos iguales. Cuando estoy parado allí en medio de la zona desmilitarizada y la lucha que está sucediendo en ambos lados y hay un niño de siete años en medio de todo eso en Ruanda, sucio, con el estómago hinchado, moscas por todas partes, sin comida, completamente abandonado porque toda la familia había sido masacrada y él está allí parado solo, ese niño de siete años, cuando lo vi, me recordó a mi hijo de siete años que dejé cuando fui a África. Esos dos niños eran iguales. Sé lo que le pasó a mi hijo. ¿Qué le pasó a ese niño? ¿Por qué ese niño no recibió nada? Nada. Así que no fue un instrumento de la ONU lo que falló. Fue el sentido de la humanidad el que consideró que ese problema no es esencial, no es importante, no vale la pena correr riesgos. La ONU es imperfecta. A veces es bizantina. Tiene todo tipo de problemas internos que pueden resolverse si los países quieren hacerlo. Pero el fracaso en Ruanda no fue el fracaso de la ONU, porque esa bandera de la ONU en mi cuartel general nunca bajó. La ONU se quedó. Todos los demás se fueron. Y en esa pequeña fuerza había uruguayos, había guineanos, había algunos tunecinos, había canadienses, pero solo grupos pequeños. Sin refuerzos. Nadie quería enviarme ningún refuerzo. Nadie quería enviarme combustible. Nadie quería enviarme comida. Ni agua. Mientras tanto, decenas de miles estaban siendo masacrados todos los días.
Un hombre carga con el marco de una cama robado de una casa cuyos habitantes fueron asesinados durante las masacres contra los tutsis y los hutus moderados, el 11 de abril de 1994 en Kigali.
Pascal Guyot / AFP
—El gobierno de Estados Unidos se ha jactado de sus operaciones militares, como cuando ataca lanchas de presuntos narcos en el Caribe. ¿Ve un cambio de las reglas de enfrentamiento y las formas de cómo narran las operaciones militares?
—Sobre lo que los estadounidenses han estado haciendo contra los narcos en el Caribe he tenido discusiones con colegas, generales míos. No es una orden legal, va en contra de la ley de guerra. Va en contra del derecho humanitario. Va en contra del derecho internacional de los mares. Estamos en una etapa en la que la gente no está siguiendo las reglas de los conflictos. Les resulta irrelevante el derecho internacional.
Captura de un video difundido por el secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, el 10 de noviembre de 2025, en el que asegura que se aprecia el momento en que dos supuestas narcolanchas son atacadas por las fuerzas estadounidenses en el Pacífico oriental.
Pete Hegseth/X
—¿Cómo lo evalúa desde el punto de vista de un militar?
—Es una era de enormes dilemas éticos y morales en el ejército, en aquellos que tienen que usar la fuerza. ¿Están realmente siguiendo lo que han jurado hacer: obedecer órdenes legales de su nación para cumplir su misión? ¿O se están convirtiendo en países deshonestos, fuerzas deshonestas y realizando operaciones ilegales bajo órdenes ilegales? Y cada individuo, cada soldado, hasta cada general que se involucra en eso, debe tomar esa decisión. ¿Era legal esa orden? En la tercera semana del genocidio recibí la orden del secretario general de la ONU Boutros-Ghali de abandonar Ruanda porque todos se estaban yendo y dije: “No, no me voy”. Me dijeron que era un comandante rebelde porque desobedecí una orden legal de retirar las tropas. No fue una gran discusión. Fue simplemente Boutros-Ghali diciendo: tienes que retirar todas tus tropas; y dije que no y él colgó. A partir de ese momento yo era un comandante ilegítimo. Así que tuve que ir a todos mis comandantes y decirles: escuchen, he desobedecido una orden legal. Ahora, por lo tanto, no están obligados a escucharme más porque soy un comandante en rebeldía. Deben ofrecerse como voluntarios para seguir a un comandante que no ha seguido órdenes legales. Y así, individualmente, cada uno de ellos tuvo que venir a mí y decirme que se ofrecía como voluntario. Y algunos dijeron que no se iban a quedar. Pero la mayoría se quedaron. Los ghaneses se quedaron, los uruguayos se quedaron, los tunecinos se quedaron, los canadienses se quedaron. Me negué a la orden porque podría haber sido legal, pero fue inmoral. Porque en ese momento tenía más de 30.000 ruandeses bajo mi protección y un par de días antes un país se había retirado más rápido de lo que pudimos redesplegar, y 2.000 personas fueron asesinadas en cuestión de horas. Así que esos 30.000 habrían sido asesinados y dije que de ninguna manera, que me quedo. Lo hice reconociendo que tomé una decisión moral, no una decisión legal. Lo que está sucediendo ahora es que los tipos que están dando las órdenes están dando órdenes que son ilegales, que están fuera de las reglas de la ley, del derecho internacional, el derecho de los conflictos armados, cosas que pasamos décadas, de hecho, casi siglos construyendo para respetar. Y en esas circunstancias, tienes que preguntarte qué piensan esos generales, esos coroneles, esos cabos y sargentos. ¿Realmente lo están debatiendo? ¿O lo están haciendo a sabiendas de que están llevando a cabo operaciones ilegales a los ojos de la comunidad internacional? Las reglas de enfrentamiento han sido dejadas de lado y es por eso que esta era es tan compleja y tan ambigua, porque la gente está tratando de averiguar dónde diablos deberían encajar.