La instructora golpeó suavemente una campana que dio inicio a un momento de pausa. Con voz calma, fue guiando a las asistentes durante casi una hora y media de meditación, en la que se hizo especial hincapié en la compasión y el cuidado hacia uno mismo.
Sentir las emociones en el cuerpo, conectar las sensaciones con una percepción física, alcanzar el bienestar que produce un estado mental libre de juicios, centrado en el aquí y el ahora. Eso es parte de lo que podría denominarse el mindfulness, una técnica de meditación que es tendencia en el mundo.
La práctica aterrizó en Uruguay desde hace varios años y cada vez se extiende más: actualmente, muchos profesionales la utilizan en sus consultas e incluso centros de salud lo incorporaron al tratamiento de sus pacientes.
El área de Educación en Salud del Hospital Británico implementa desde hace casi nueve años esta técnica y trabaja de forma constante con grupos psicoeducativos dirigidos a socios que quieran anotarse. A la vez, en el Hospital Vilardebó analizan la posibilidad de implementar el mindfulness en el proceso de recuperación de pacientes con esquizofrenia y actualmente un grupo de técnicos se encuentran en etapa de formación.
“Mindfulness es una experiencia de presencia, de conexión, de intimidad con lo que uno va notando en el momento presente. Se trata de ser consciente de las sensaciones, de los pensamientos, no para controlarlos, sino para abrirse a la experiencia y al cambio que va ocurriendo normalmente en nuestras vidas”, explicó a Búsqueda Paula Brandino, codirectora de Proyecto Mindfulness, centro que ofrece diferentes talleres, programas y psicoterapia basados en esa técnica.
De origen budista, esta meditación fue popularizada en Occidente en los años 70 por Jon Kabat-Zinn, profesor de Medicina en la Universidad de Massachusetts, Estados Unidos, que empezó a aplicarla en el ámbito hospitalario, sobre todo dirigida a pacientes con ansiedad, dolor crónico o estrés.
Tras el programa original de ocho semanas creado por el norteamericano, la técnica se fue ampliando y enfocando en distintos rubros. Según Brandino, hay personas que se sienten estresadas, agobiadas, o que simplemente quieren mejorar su calidad de vida, razón por la que muchos llegan al mindfulness buscando “ser más felices, tener más momentos de disfrute y aprender a regular la ansiedad”.
“Es algo que viene tomando fuerza”, agregó. Margarita Ungo, directora de Proyecto Mindfulness, fue pionera al empezar hace 10 años en Uruguay con el programa de reducción de estrés. “Ha crecido exponencialmente y cada vez hay más gente interesada, buscando algo que no encontró de otra forma”, comentó Brandino.
Su influencia en la psicoterapia.
Dentro de las psicoterapias, la influencia del mindfulness ha sido muy fuerte. Incluso, la técnica ya se utiliza en distintas partes del mundo en el tratamiento de trastornos mentales y de problemas de salud.
En esa línea, el Hospital Vilardebó se encuentra en fase de capacitación de un grupo de técnicos, con el fin de utilizar esta práctica en el tratamiento de pacientes con cuadros psicóticos, dijeron fuentes del centro a Búsqueda. Si bien aún no fue aprobado oficialmente, se espera poder implementarlo en el correr del año a través de talleres de no más de ocho personas.
“Para practicar mindfulnes en personas con psicosis hay que tomar más precauciones que con aquellas que no tienen un trastorno mental severo y persistente. En la mayoría de los programas de esta técnica se trata de que las personas se conecten con la vivencia del estado meditativo, pero en la psicosis lo que se trata es que la persona tenga solo algunos minutos”, explicó un médico del Vilardebó.
Esto se debe a que las personas con psicosis no experimentan la vivencia de las emociones sentidas en el cuerpo, sino que toman más contacto con sus alucinaciones y sus delirios. Por eso, lo que se recomienda en los programas de mindfulness para psicosis es que la persona logre una mirada observadora de sí misma “que le permita utilizar una función mental llamada metacognición, que implica pensar los procesos mentales”, indicó el especialista.
La apuesta a la meditación se enmarca dentro de un contexto de evolución del concepto de la salud mental, en el que hoy se cree firmemente que las personas pueden recuperarse de los trastornos mentales. “Pensamos obtener una mejoría. Si estás oyendo voces de personas que no están presentes, eso puede generarte miedo o una sensación incómoda. Se espera que el mindfulness ayude a que la persona pueda tolerar sus alucinaciones y mejore su capacidad de tomar distancia de los delirios, de forma de tener un mejor encuentro con sus procesos psíquicos”, explicó la fuente.
De lograr incorporar este tipo de meditación al tratamiento de sus pacientes, las autoridades del Vilardebó esperan mantener un vínculo constante con el psiquiatra español Javier García Campallo, de la Universidad de Zaragoza, quien ya les cedió sus protocolos de investigación y tratamiento de la psicosis. Y en caso de ser exitoso, la práctica podría ampliarse al tratamiento de personas con otro tipo de trastornos.
El Hospital Británico es pionero en el área. Desde hace casi una década, un equipo multidisciplinario ofrece a los socios un programa de reducción de estrés, basado en el programa original de Kabat-Zinn, que siempre cuenta con una larga lista de espera.
Según informó a Búsqueda Anabel Vieira, psicóloga e integrante del equipo de profesionales que llevan adelante los talleres, también ofrecen programas de educación anuales, que incluyen temas más abarcativos, como Mindfulness y Compasión.
“Me parece absolutamente prioritario que se incorpore esta práctica en los centros de salud. Porque estás trabajando antes de que empiece la enfermedad con técnicas que ayudan a mejorar la calidad de vida de una persona. No esperamos que el paciente esté enfermo, algo que es mucho más costoso”, explicó Vieira.
El objetivo, comentó, es que la persona se convierta en un “agente de salud” y sepa colaborar con su médico para estar bien anímica y físicamente. Para la psicóloga, existe una clara correlación entre el estrés y la sintomatología orgánica, por lo que es posible enseñarle a un paciente que es capaz de influir en su sistema nervioso. “Es una forma de mostrarles que pueden incidir en la forma en que funcionan sus automatismos, sus impulsos, sus pensamientos, sus emociones”, indicó.
Según los especialistas, el entrenamiento en esta práctica aumenta la autocompasión, la satisfacción vital e incluso disminuye los índices de estrés, ansiedad y depresión en los pacientes controlados.