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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáQué evidente resulta la decadencia de la sociedad. “El mundo fue y será una porquería…” sí, ya lo sé, desde hace mucho que se habla del tema. De todas formas, da la impresión de que el mal se profundiza y la caída parece no tener fondo. Hay pérdida de códigos y valores que se consideraban hasta hace poco como intocables, se evidencia un espantoso ventajismo en cualquier situación en que haya un peso de por medio, la mala educación generalizada se puede ver en todo momento, incluyendo la población de nivel socioeconómico más alto. Es muy difícil trasladar en un texto la sensación de barbarie que se percibe en la sociedad, en el absurdo continuo que nos muestra la cotidianidad. Tengo la sensación de que podría ser en la moral donde se encuentran la mayoría de las raíces del problema.
De forma independiente, en el marco de las investigaciones por corrupción en la FIFA (en este caso de una investigación de Globoesporte.com), se hizo pública una grabación que reproduce un diálogo entre empresarios de la televisación del fútbol vinculados a la trama de corrupción, en la que uno (argentino) le comenta al otro (brasilero, pero ya atrapado y cooperando para reducir condena) que hay más dinero por repartir porque “hay uno que es honesto, y además lo acaban de echar”, refiriéndose al expresidente de la AUF, Sebastián Bauzá.
Estos dos asuntos previos —la moral en la sociedad actual y la actitud moral de Sebastián Bauzá— confluyen para la escritura de estas líneas.
La virtud moral. No es fácil abordar el tratamiento de la moral. Sabemos que es algo digno, honorable, pero aun entre filósofos existen diferencias para precisar el significado. Lamentablemente, no soy uno de ellos, pero extraigo de algunos notables pensadores contemporáneos (Compte-Sponville, Michaud, Lipovetsky, Vargas Llosa, entre otros) las ideas que intento resumir.
Como inicio es necesario diferenciar “moral” de “ética”.
La moral refiere a una conducta acorde a las normas. La ética, en cambio, refiere a conductas generadas desde el amor o la mejor versión del humanismo, de forma independiente de lo que digan las normas.
Por resumirlo y a modo ilustrativo, hubo un tiempo no tan lejano en la historia de la humanidad en que ser propietario de una persona (esclavo o esclava) no constituía un comportamiento inmoral, pues nada lo prohibía, pero constituía un comportamiento carente de ética.
O visto desde la inversa, en la leyenda de Robin Hood se ilustraba un personaje que incurría en conductas inmorales (robar bienes a personas de alto poder económico) pero con un objetivo ético (ayudar a personas en situación de pobreza).
La moral presenta un gran desafío para tan solo alcanzar a cumplir con ella, lo mínimo y lo máximo que podemos alcanzar es casi igual. Para volverla más compleja: es infinita, nunca vamos a obtener “demasiada moral”, ni siquiera “mucha moral”, lo mejor a que podemos aspirar en la vida es a comportarnos de forma moral.
Un segundo desafío que presenta la moral es que se aborda por la negativa: es “no hagas algo”. “No mates”, “no mientas”, “no robes”, termina siempre prohibiendo. Y algo que solamente prohíbe no es una virtud suficiente para una vida bien lograda. Es tan solo una parte que por sí sola no alcanzará para hacer la vida feliz a nadie. La condición moral de un individuo puede hacerlo digno de una vida feliz pero por sí sola no puede otorgar más que lo que es: una serie de prohibiciones respecto a deseos mayormente vinculados a la parte de animal que nos viene incorporada con la especie y a lo que Freud definió como el superyó: las cosas que siendo chicos incorporamos como valores y que al crecer conviven con nosotros desde el inconsciente. Hay una estupenda definición de moral vinculada al superyó: “La moral es lo que queda del miedo una vez que ya perdimos el miedo”.
Para dar lugar a la moral se debe suponer la previa existencia del deseo de hacer algo que no corresponde, para entonces oponerse a él por actuar moralmente.
Este conflicto de que la moral debe enfrentarse a un deseo y oponerse a él es fundacional en la historia de la humanidad, desde Adán y Eva.
El asunto de la moral es un tema que exige muchísimo y en caso de cumplir con la exigencia no otorga lo que se considera grandes recompensas en nuestro tiempo. Es ingrato el tratamiento que se la da a la moral, parece ser que solo se reconoce en su ausencia. Muestra contundente de ello es ir a Wikipedia, buscar FIFAgate y notar que en la extensa nota, repleta de citas y datos, se detallan docenas de nombres de personas corruptas halladas culpables, procesadas, prófugas, involucradas, pero ni se menciona a Sebastián Bauzá en ningún lado. Así de ingrato es el tratamiento de la moral en estos tiempos.
Sebastián Bauzá. Diversas notas vinculadas se han ocupado de los hechos que muestran al expresidente de la AUF como una persona honrada, honesta. La mayoría que leí apenas se diferencian del tratamiento de una “noticia” casi de la misma forma que se informa de la explosión de un cajero automático. En otros casos se agrega un expreso reconocimiento a la integridad del involucrado. Casi ninguna da una idea de lo difícil que debe haber sido lidiar con tamaña situación.
El expresidente de la AUF tuvo que estar a prueba cotidiana durante años, como caminando en un campo minado, sabiendo que una bomba podía explotar y destrozarlo en cualquier momento, sin importar lo bien que actuara. Quizá la recompensa más visible es que tuvo mucha suerte por la forma en que se desencadenaron las cosas a raíz de la investigación que inició silenciosamente el FBI en el año 2011 y que por fortuna resultaron en la prisión del nefasto J. Blatter (2015) y una cadena de gente horrible que hasta el presente continúan cayendo como involucrados.
Vale la pena hacer el esfuerzo por imaginar lo que debe haber pasado por la cabeza de Bauzá mientras no solo no se quedaba con un peso estando en el lugar más privilegiado para hacerse de la forma más fácil y más “natural” de un millón y medio de dólares (cuando menos), sino además siendo visto como el tonto de la película entre sus pares.
Vayan estas líneas con admiración por la revelada (por casualidad y por suerte) moral de Sebastián Bauzá, con la esperanza de que conductas como la suya sean más y mejor reconocidas como una notable virtud y no solo sea noticia en la ausencia de moral. Ojalá que el ejemplo de Bauzá lo veamos multiplicado y sea en no mucho tiempo lo habitual en lugar de la excepción. En especial en la clase política, por la naturaleza de su investidura, pero extensivo a cualquier directivo de cualquier organización, pública o privada, y también nosotros, los individuos, todos tenemos que pensar y actuar más en la conducta moral para empezar a recuperar valores perdidos. Como hizo Bauzá.
Erico Buela