Dentro del mapa de los organismos multilaterales, la Corporación Financiera Internacional (CFI) —la ventanilla para el sector privado del Grupo Banco Mundial— ocupa un territorio relativamente pequeño. Y el tamaño de su cartera de proyectos en Uruguay podría ser comparable al de una isla minúscula; son US$ 15 millones repartidos entre préstamos a Conaprole y a la citrícola de capitales argentinos San Miguel (ex- Milagro) —para la cual el miércoles 5 aprobó una ampliación—, además de una participación accionaria en la empresa de soluciones tecnológicas Scanntech. Pero está trabajando para expandir dicho portafolio.
Cada cierto tiempo David Tinel, el gerente para el Cono Sur (Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay) de la CFI, sale de su oficina en Buenos Aires para aterrizar por Montevideo, como lo hizo en octubre. Fue para un desayuno al que invitaron a representantes de cerca de medio centenar de empresas. “Tuvimos reuniones bilaterales y ahora estamos trabajando en algunas posibilidades concretas” para “identificar proyectos e incrementar la actividad” de la corporación en el país, afirmó ese ingeniero francés a Búsqueda.
Hace 50 años que la CFI está activa en Uruguay, y desde entonces lleva inyectados casi US$ 600 millones en varias modalidades. El proyecto más grande fue un crédito de US$ 170 millones para la instalación de la planta de Botnia (ahora UPM) en Fray Bentos.
“Hoy nuestra cartera es relativamente modesta”, reconoce Tinel. Además de los US$ 10,8 millones en capital que posee en Scanntech (16,5% de un paquete accionario compartido con otros ocho socios), el portafolio vigente incluye préstamos por US$ 2,6 millones a Conaprole y US$ 1,6 millones a la citrícola maragata San Miguel; el miércoles 5 CFI firmó con los dueños argentinos un paquete de financiamiento junto al BID Invest y al Rabobank holandés, del cual llegarán a Uruguay unos US$ 24 millones para construir una planta industrial con capacidad de molienda de 90.000 toneladas y la plantación de 1.000 hectáreas de cítricos.
Con la finlandesa UPM, que tiene casi resuelto construir una segunda fábrica de pasta de celulosa en Uruguay, hubo alguna aproximación. “Tuvimos interacciones muy preliminares porque no llegaron a esa etapa todavía. Pero es obviamente el tipo de proyecto que nos interesa apoyar, ya que tiene un tamaño de mucho impacto en Uruguay, y dados los montos de inversión que se mencionan la banca comercial sola no podrá dar todo el financiamiento”, informó.
En buenas y malas
Así como el Banco Mundial —o, estrictamente, el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento— les presta a los gobiernos de sus países miembros, la CFI da apoyo al empresariado privado.
Menos notorio que el banco, Tinel siente que debe presentar al hermano chico e integrante de una familia de organismos que se completa con otras tres entidades; el grupo tiene como objetivo ayudar al desarrollo de los países. “Nosotros trabajamos con el sector privado, que juega un papel crítico, ya que en muchos lugares es el principal creador de empleos y de crecimiento económico. Lo hacemos a través de préstamos e inversiones de capital, y también asesoría. Tenemos el objetivo, que no tiene la parte pública del banco, de generar utilidades financieras para autofinanciarnos, lo que significa que nuestras tasas no son subsidiadas sino que son de mercado”.
Es que la CFI no busca quitarles negocios a los bancos comerciales o a las bolsas de valores como alternativa de financiamiento. “No tenemos vocación de competir con el mercado; si una empresa accede a él, perfecto, es lo que queremos. Estamos para focalizarnos en proyectos que pueden tener impactos positivos en términos sociales, ambientales, de desarrollo, y que puedan generar ganancias financieras. Porque nuestra experiencia demuestra que un proyecto que fracasa desde el punto de vista financiero no tiene impacto positivo social, ambiental o de desarrollo”, explicó.
Las tasas que cobra la corporación dependen de parámetros similares a los que miran los financiadores de mercado, como plazos, el sector y el riesgo del proyecto. A modo “muy indicativo”, el gerente regional habló de Libor más 2% a 6%.
Otra característica de la CFI es que se involucra a largo plazo en los emprendimientos. “Estamos en las buenas y en las malas. Los mercados de capitales, en cambio, son más volátiles y a veces desaparecen muy rápidamente”, aseguró. “Con esa visión de largo plazo, pensamos que el sector agropecuario en general y el lechero en particular en Uruguay, tiene un buen potencial, más allá de las dificultades o tensiones puntuales. Estos son típicamente los momentos en que podemos estar disponibles”, añadió Tinel.
Cuando habla de la experiencia con Scanntech —una “fintech que se está desarrollando muy rápido en Uruguay y también en Brasil”, según dice— da la idea de que es el punto de partida para más cosas en este sector. Y una pregunta al respecto deriva en una conversación en la que elogia al país como respetuoso de las reglas de juego, “progresista” e “innovador”, lo diferencia de sus vecinos frente al problema de la corrupción, y alega que la contracara positiva de los costos altos para producir en Uruguay es una sociedad más igualitaria.
—Y en función de la experiencia en Scanntech, ¿cómo ve el panorama para el sector tecnológico uruguayo?
—Uruguay es un país estable, con reglas de juego claras y una economía que crece sostenidamente desde hace 15 años. Eso es muy atractivo para el inversor y una ventaja comparativamente con la región. Fue nombrado en 2013 como país del año por The Economist. Y no es un país chico, como muchas veces se dice: tiene el doble de superficie que la que suman Bélgica y Holanda. Es cierto que tiene dos vecinos enormes, pero eso no lo hace chico. Sí tiene una densidad de población baja —menos de 20 habitantes por kilómetro cuadrado— y por cada habitante hay cuatro vacunos que están trazados desde su nacimiento. Eso le permite a Uruguay exportar a mercados de alto valor agregado, como la Unión Europea, y dentro de muy poco a Japón, lo que no pueden hacer todos sus vecinos. Es un país progresista, innovador —el primero que dio un laptop a todos los alumnos— y ahí está la clave del futuro. Y yendo a su pregunta, por eso nos interesa la inversión en las nuevas tecnologías. El agro seguirá siendo una base fundamental para la economía uruguaya, pero la provisión de servicios de alto valor agregado será realmente un sector clave para el futuro del país y vemos mucho potencial.
—Dice que Uruguay ofrece estabilidad. ¿También en lo político, estando en las puertas de un año electoral?
—La estabilidad política tiene mucho valor en la medida que, en general, da un marco más favorable para políticas de largo plazo y las decisiones, no necesariamente populares en un año o dos, pero que son fundamentales para el futuro del país, En países donde el panorama político implica riesgos de cambio a cada elección, ese tipo de decisiones son las más difíciles porque implica incurrir en gastos e inversiones, pero no se tiene la oportunidad de inaugurar la obra. Reformas en áreas como la educación —que es clave pensando en los servicios de alto valor agregado, que requieren de capital humano— dan resultados a muy largo plazo. La lista podría ser larga. Pero la estabilidad política es muy importante y la continuidad facilita la tarea para acompañar a los gobiernos y nosotros al sector privado.
—La corrupción explotó en los últimos años como un factor de inestabilidad en la región e hizo caer gobiernos y varios empresarios terminaron presos. ¿Cómo se para la CFI frente a este asunto?
—Es un tema fundamental asegurarnos que trabajamos solamente con socios de buena reputación, no involucrados en temas de corrupción. Hacemos mucho trabajo de investigación para minimizar el riesgo de apoyar compañías que tienen prácticas poco recomendables.
Con toda razón menciona que América Latina está muy expuesta a estos problemas, en particular los dos grandes vecinos (de Uruguay). Brasil primero, con el Lava Jato, catalizó un proceso importante de más transparencia; existía la corrupción, pero no se hablaba ni había un esfuerzo enorme de investigar estos hechos, de castigar a los culpables y de promover hacia el futuro prácticas que minimicen los riesgos. Y este año tuvimos los “cuadernos (de las coimas)” en Argentina, un tema un poco similar.
Uruguay, si bien no está exento de estos problemas, es percibido y aparece consistentemente en los rankings como uno de los países menos expuestos a la corrupción en toda Latinoamérica. Esto, además de la estabilidad macroeconómica, es un punto a favor que lo hace más confiable para la inversión que otros países de la región.
—El sector empresarial local siempre se queja por lo que dicen son costos salariales y tarifas altas, poca flexibilidad laboral o lo que consideran es un excesivo poder sindical. ¿Cómo visualiza la corporación estos temas y el entorno para los negocios en Uruguay?
—No hay ningún país en el mundo que presente la combinación ideal de todos los factores. Desde ese punto de vista, Uruguay no tiene de los costos laborales más bajos de la región y el mundo, pero eso viene a cambio de algunos beneficios: el Estado ofrece un nivel de servicios por encima del promedio de la región, la sociedad uruguaya es de las más igualitarias y esto es un factor fundamental de estabilidad. Y este es un factor crítico para asegurar un perfil atractivo para las inversiones de riesgo a largo plazo.