Mauricio Macri se quedó preocupado.
Mauricio Macri se quedó preocupado.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáYa se habían ido todos los visitantes ilustres, ya habían pasado los almuerzos, las cenas, las reuniones de trabajo, los espectáculos en el Colón, los embotellamientos sin problemas, ni atentados, ni peligros, ni amenazas.
Todo salió redondo…, pero… le había quedado una basurita: con la historia, la amistad, la hermandad rioplatense, y no lo había invitado a Tabaré. Hasta Piñera fue, que está del otro lado de las montañas, y al Taba lo dejó afuera.
“Qué mal que estuve”, pensó.
Llamó por interno a una de sus asistentes, la Lic. en Protocolo y Diplomacia Micaela Urrestaburu Ricanchorena, quien acudió presurosa a la convocatoria.
—Sí, Mauri, ¿qué onda? —dijo la licenciada, en un estilo fiel a todo lo que ella es, que no necesito describíroslo. Lo imagináis, sin duda.
—Mirá, Mica, lo mandé traer en el Tango 1 a Tabaré Vázquez, va a venir para una visita cortita, andá a buscarlo a Aeroparque, decile a Michetti que lo vaya a recibir en mi nombre y llevalo a dar unas vueltas por los lugares por donde anduvieron los visitantes del G-20. Por lo menos, que tenga una idea de lo que hicieron y eso, ¿dale?
—Dale, Mauri, ya la llamo a Gaby para que vaya para allá, todo bien, ¡wow, el Dr. Vázquez de visita, qué cool, daddy!, ¡ya mismo, on my way! —replicó muy entusiasmada la funcionaria de protocolo argentino.
La Lic. Michetti llegó al aeropuerto como un cuarto de hora después que el avión que había traído al presidente uruguayo, quien esperaba pacientemente al pie de la aeronave gubernamental argentina. Metiéndole duro a su silla de ruedas, la vicepresidenta se acercó al visitante.
—Vu sabé que nus avión reunión, e sé pur sá que je suis an retar, mes esquiús, bienvenú mesié… —arrancó doña Gabriela, mientras el Dr. Vázquez le aclaraba quién era y que podía hablarle en español, que así se entenderían mejor.
—Ah, yo creí que usted era el de Francia, que ya me llegó tarde una vez, y yo me dije, no, otra vez tarde, disculpe Dr. Márquez, yo…
—Vázquez…
—Bueno, sí, de acuerdo, bienvenido y eso, ¿no? En nombre del presidente Macri y del gobierno argentino, y nos vemos en cualquier momento —dijo la vicepresidenta, y se alejó metiendo rueda.
Para arrancar la visita, fueron al Colón, que estaba vacío porque eran las 11 de la mañana, pero Micaela le mostró los lugares en los que se habían sentado los jefes de estado y de gobierno, y Tabaré se sentó en casi todos ellos, un minutito. Usó el de Trump, el de Macron, el de Xi Jin-Ping, y se quedó un poquito más en el del príncipe Bin Salmán, comentándole a Micaela que más de una vez había sentido deseos de disolver el Parlamento uruguayo y que esperaba que se le pegara algo del know-how del príncipe saudita, experto en disolver lo que sea. La chica no entendió mucho.
De ahí marcharon al Palacio Barrandeguy Gainza, donde habían tenido lugar los banquetes. Era ya pasado el mediodía y los empleados corrían de un lado a otro preparando el lugar probablemente para alguna otra fiesta. Micaela hizo unas averiguaciones y le explicó al Dr. Vázquez que de los almuerzos y cenas del G-20 no había sobrado nada, ya no había ni caviar ni ojos de bife, pero habían quedado unos fideos fríos de lo que había comido el personal, que si quería se los recalentaban.
—Tú no sabes lo buenos que son los fideos recalentados, claro, porque no eres médico como yo, que conozco mucho de estas cosas —dijo Tabaré, como si por fin le hubieran encontrado un tema de su preferencia—. Debes saber que la pasta recalentada es rica en bioflavonoides precalinizantes, unas sustancias que protegen las paredes interiores del intestino grueso, evitando el daño que producen las ingestas inconvenientes, como el alcohol y los picantes; en casa recalentamos mucho fideos, tallarines y otras pastas, para prevenirnos de estos males, y proteger nuestra salud. Te cuento todo esto, porque no todos saben que en estos días viajaré invitado a Cracovia, donde daré una conferencia sobre “Ventajas de las pastas recalentadas en el metabolismo intestinal”, en el marco del Congreso Centro Europeo de Protección del Intestino Grueso, y luego recibiré la designación de Héroe del Colon Descendiente, y una medalla de oro conmemorativa, ¿qué te parece? —dijo el orgulloso visitante.
Micaela no salía de su asombro, y cuando Tabaré parecía retomar impulso con algún otro tema sanitario, lo llevó a ver un amistoso de la B, entre el Club Barracas Central y Almirante Brown, aclarándole que los visitantes del G-20 tampoco habían podido ver la final entre Boca y River, y que él se debería sentir feliz de al menos ver algo de fútbol en estos días.
De regreso pasaron por la oficina de Micaela, donde recogieron una carpeta con las fotocopias de los discursos de todos los asistentes a la reunión cumbre, que se le entregó a Tabaré, aclarándole que el discurso de Putin estaba en ruso porque la traductora se había engripado, pero los demás estaban todos en español, y el de Putin se lo iban a mandar por mail cuando estuviera traducido.
El Dr. Vázquez manifestó su deseo de saludarlo al presidente Macri, y Micaela llamó a su jefe por su celular, y se lo pasó al Dr. Vázquez. Tabaré le agradeció al presidente su hospitalidad y gentilezas, y la elogió mucho a Micaela, quien sonrió encantada. Luego le preguntó a su colega si se verían, a lo que Macri le contestó que no era factible, porque tenía una agenda muy cargada.
—Te mando a Michetti, si querés —dijo Macri, pero Tabaré le agradeció y le dijo que ya habían estado conversando a su llegada a Aeroparque, y le comentó que la vice le había hablado en francés.
—¿Michetti sabe francés? —se sorprendió Macri, a lo que Tabaré prefirió no entrar en detalles del encuentro entre ambos.
Micaela lo llevó luego al Dr. Vázquez al Tigre, para embarcarlo en la lancha de Cacciola, que lo llevaría de regreso al Uruguay, llegando al puerto de Carmelo.
Micaela le sugirió que para combinar el regreso hasta Montevideo, lo llamara al Pacha Cantón, que capaz que tenía alguna camioneta que iba para la capital.
—El presidente Macri me dijo que si lo llama al Pacha, no le diga que nosotros le sugerimos que lo hiciera. Él es más amigo de Cristina, y capaz que usted también, ¿no? No sé, digo, el Pacha con Macri no tiene mucha onda, pero lo que buscamos es lo mejor para usted, presidente, y ¡gracias por venir! —lo despidió Micaela.
Vázquez, austero y republicano, estaba feliz. Para él, había estado en el G-21.