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    Puntualizaciones sobre la JUP

    Sr. Director:

    Días pasados se ha publicado en la diaria, un informe sobre hechos acaecidos en el Uruguay hace casi medio siglo -la historia reciente como le llaman - donde se me cita reiteradas veces con mis iniciales, en un contexto en el que maliciosamente pretenden acusar del clima de violencia que se apoderó de nuestro pequeño —y hasta aquel entonces pacífico país— a fines de los 60 y comienzo de los 70 del siglo pasado.

    Confiado en las normas que rigen la prensa, decidí acogerme al derecho de respuesta, para ofrecer a los lectores mi punto de vista en contraposición a esta suculenta y sesgada historia, pero ya han transcurrido más de 10 días y el periódico la diaria aún no ha publicado lo que le he solicitado como respuesta al señor Gabriel Buchelli. Simplemente — en tono muy cortés- se ha limitado a informar al autor del artículo en cuestión, quien me respondió inmediatamente que cuando finalizara sus vacaciones me iba a dar una explicación. Lo cual si hizo. Pero yo entiendo que si quería agregar algo a su informe lo debía hacer públicamente en el mismo órgano donde difundió sus puntos de vista.

    Adjunto mi respuesta al artículo del Sr. Buchelli así como también la respuesta que me envía, que no deja de ser un fiel testimonio de la precisión y veracidad de mis argumentos.

    Desde ya agradeciendo su generosa contribución a afianzar la libertad de prensa reciba un cordial saludo .

    Gustavo Teba

    RESPUESTA DE TEBA

    Sr. Director de la diaria

    Lucas Silva

    Ya que he sido citado por el Sr. Gabriel Buchelli reiteradas veces en un extenso informe sobre hechos acaecidos en nuestro país hace casi medio siglo, solicito se publiquen las siguientes puntualizaciones:

    No me siento cómodo que en una vasta nota muy abarcativa, donde se abusa de una nómina interminable de protagonistas de los años 60 y 70 del siglo pasado (los “buenos” y los “malos”), a mí que gentilmente -y sin malicia- le respondí a todas las preguntas que me formuló, me designe con cierto halo de misterio, por mis escasas 2 iniciales. Como si yo le hubiera pedido discreción o dando a entender que me estaba rebajando a la categoría de “declarante arrepentido”.

    Tampoco pensé que le iba a llevar tantos años en dar a publicidad el fruto de su trabajo de investigación sobre “el clima de confrontación” por el que le tocó atravesar a nuestro país, donde “los actores que habían radicalizado sus posturas no pudieron mantenerse alejados de la práctica de violencia”, como reconoce Buchelli, para darle a su relato flechado, cierto grado de objetividad.

    ¿Qué busca Buchelli con poner sobre la mesa esas supuestas historias de las que casi nos separan dos generaciones? Y además desprovistas de toda objetividad así analizadas fuera del contexto en que se desarrollaron. Si no se las ubica enmarcadas en la trágica turbulencia que pautó el fin de los 60 y el comienzo de los 70, la narración carece de validez como testimonio histórico y pasa a ser un panfleto más de un año electoral difícil, donde los “cucos” del pasado vendrían a remplazar el papel de gluten a medida que van perdiendo atractivo las utopías y los mitos, confrontados con las duras realidades de tres períodos de gobierno...

    Porque si de clima de violencia se está hablando, no olvidemos el contexto de la conferencia de OLAS, realizada en Cuba en agosto de 1967 y que apostó claramente a la lucha armada y la guerra de guerrillas como único camino para acceder al poder en cada uno de los países de América Latina. Para poner un solo ejemplo de las innumerables invocaciones a la violencia armada, recuérdese que en aquel entonces el Partido Socialista que fundara el prestigioso abogado y poeta don Emilio Frugoni, abandonó la moderada línea de su fundador y empapeló Montevideo con afiches de la Lista 90, que exhibía en un círculo blanco un brazo cubierto por una camisa verde oliva que empuñaba un rifle kalashnikov. Eran los tiempos de Vivian Trías y su Revolución Nacional. Y aquellos grafitis que embadurnaban las paredes con la consigna: “El poder sale del fusil”, explicitaban el llamado a la violencia armada…

    Otro de los enfoques hemipléjicos de este informe es la obsesión con el diario La Mañana, como vocero único y monopólico de esa derecha “violenta y combativa”. Cualquiera puede consultar la exuberancia de información favorable a la JUP, que brindaban los otros medios de prensa, en la Biblioteca Nacional donde se mantienen sus colecciones. El País y El Día para no citar otros numerosos periódicos y semanarios, fueron difusores destacados de estas corrientes tan “deleznables” al entender del articulista. El País en su primera hoja fue quien contabilizó a 100.000 participantes al acto de homenaje a Artigas en el Sauce el 19 de junio de 1971, organizado por la Juventud Uruguaya de Pie, donde hicieron uso de la palabra: Alberto Gallinal, Eduardo J. Corso, Salvador García Pintos y la Sra. Olga Clerice de Nardone entre otros. A eso hay que agregar la prodigalidad también de otros medios como la radio y la televisión, que en aquel entonces ya comenzaban a desplazar a la prensa.

    ¿Qué gana (o a quién le hace el mandado) el periodista, al deslizar arteramente, entrecomillada - y sin aclarar que se trata de algún libelo de aquella época- esa imagen de Hugo Manini asimilado a un Dick Tracy de los 50?

    Es evidente que tiene otros objetivos que hoy obsesionan a ciertos grupúsculos del espectro político, de alguna izquierda sí, pero también de alguna derecha neoliberal y apátrida.

    Me pregunto, ¿por qué no ir cerrando los capítulos a su debido momento? ¿Por qué no recordar aquella imagen - de Patria Vieja, y nuestra- de mayo del 2002 en el Paraninfo de la Udelar, del abrazo con que el legendario e histórico dirigente sindical José D’Elia le brindó a Manini.

    Uno de los argumentos más falaces y contradictorios del artículo lo constituye que la JUP “enunció un proyecto caratulado como revolución nacional, de neta resonancia falangista que la condujo a apostar al ajuste por el golpe militar”...

    En este punto Buchelli como investigador e historiador pierde toda seriedad y credibilidad. Nos está acusando precisamente de la maniobra política del PCU. Si no hay edad para recordar, si están, todos los archivos abiertos para constatar con documentos incuestionables, que la cúpula del Partido Comunista buscó frenéticamente compartir y subirse al carro del golpe a partir del 9 de febrero con las FF.AA. Todavía resuena la voz timbrada de aquel hábil agitador de radio a través de la CX30, Enrique Rodríguez: ...”la cuestión no es entre el pueblo y los militares, la cuestión es entre militares progresistas y militares reaccionarios”.

    ¡Qué vergüenza que se pretenda escribir la historia en base a ocultamientos y a mentiras aún repetidas mil veces!

    Y para terminar me gustaría citar un trabajo mucho mas objetivo y serio que el presente. Me refiero a La agonía de una democracia, una pormenorizada y documentada crónica escrita por el 2 veces presidente de la República Julio María Sanguinetti: “La JUP fue un movimiento que de acuerdo a su actuación proselitista no es posible reducir a las categorías de fascista o neofascista... Las organizaciones de izquierda, hasta entonces monopolistas de la acción gremial, la descalificaban por “fascista”... No son tiempos de matices, todo se ve en blanco y negro y es natural que en el medio estudiantil se viva un maniqueísmo absoluto...”.

    Y concluye el expresidente que una prueba de la adhesión a la democracia fue que el movimiento, cuando la instituciones fueron conculcadas, se auto-disolviera y no aceptara ocupar cargos en el llamado gobierno cívico-militar.

    Saluda a Ud. muy atentamente

    Gustavo Teba

    CI 1.274.044-8

    RESPUESTA DEl SR. BUCHELI

    Estimado Gustavo. He recibido la carta que envió hace unos días a la dirección del periódico la diaria. Su lectura me motivó a realizar las siguientes aclaraciones. Antes de esto quiero precisar que mantengo el agradecimiento que le manifesté oportunamente por haber prestado su palabra como testimonio en mi proceso de investigación.

    Efectivamente opté por usar siglas cuando me referí a su persona. Entendí, y tal vez fue un error, que Ud. preferiría no aparecer con nombre y apellido en un artículo que saldría en un órgano de difusión nacional. Jamás en el texto se señala que se trate de un testimonio de un arrepentido o algo por el estilo. Es común en la investigación histórica recurrir a las iniciales de los entrevistados. No lo hice con Hugo Manini por haber sido una figura de primer plano en el asunto del que trata el artículo.

    En cuanto al momento de aparición del artículo también debo realizar una puntualización bien importante. Ese proceso fue largo porque yo no soy un investigador “rentado” sino un docente que da clases full-time (en varias instituciones públicas y privadas) que en sus ratos más o menos libres investiga.

    Hace Ud. referencia a que utilizo en demasía citas del diario La Mañana. Esto no es casual. Como Ud. recordará, el suplemento del Interior de ese diario tuvo entre diciembre de 1970 y abril de 1972 dos páginas que oficiaban como espacio oficial del movimiento. Naturalmente, para conocer las ideas y las acciones de la JUP recurrí de manera sistemática a ese suplemento.

    Ud. señala que yo hago una historia de “buenos” y “malos”. Considero que no es así. El artículo trata sobre la “violencia de la derecha” en general. El escenario de violencia promovido por la izquierda no es el eje de este trabajo, y sobre el mismo existen abundantes investigaciones.

    El proceso de escritura que realicé responde a mis reflexiones personales a partir de un cúmulo de fuentes primarias y secundarias, entre las cuales están los testimonios recibidos (que fueron muchos más que los que cito en ese artículo). Y con esas reflexiones se puede estar de acuerdo o no. Es sugerente que en una oportunidad, luego de hablar acerca de mi investigación en un programa de Radio El Espectador, recibí críticas “por izquierda” en relación a una supuesta benevolencia de mi parte en relación a la JUP. Ingresé en el estudio de este tema sabiendo que era removedor y polémico. Me hallo conforme con los resultados y no pretendo conformar a nadie más que a mi propia conciencia.

    Lo saluda atentamente

    Gabriel Bucheli