Hay algunos síntomas, pero Uruguay no sufre de la “enfermedad holandesa”, afirman expertos del Centro de Investigaciones Económicas (Cinve).
Hay algunos síntomas, pero Uruguay no sufre de la “enfermedad holandesa”, afirman expertos del Centro de Investigaciones Económicas (Cinve).
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáDiego Aboal, Bibiana Lanzilotta y Santiago Rego analizaron el tema en el estudio “¿Enfermedad Holandesa en el Cono Sur?: el caso de Uruguay”, concluido este mes y al que tuvo acceso Búsqueda.
Como enfermedad holandesa se conoce a los perjuicios que trae a una economía la alta cotización de parte de sus bienes exportables. En la década de 1960, Holanda experimentó ese fenómeno al descubrir un yacimiento de gas natural; el problema ocurre cuando los recursos tienden a fluir al sector que muestra las “nuevas” ventajas por sus altos precios (generalmente producción primaria) y también hacia los sectores no transables (servicios) mientras se frena la inversión en los rubros que producen los bienes exportables que no recibieron el shock de precios (generalmente la industria). Ese “mal” también conlleva una caída del tipo de cambio real, que implica una pérdida de competitividad de los precios de la economía.
Los investigadores del Cinve explican que en el caso uruguayo existe “el primer síntoma” que “refiere a la caída del tipo de cambio real asociada a la entrada de divisas tal como se observó” desde fines de 2002.
Sin embargo, aclaran que “la evidencia no señala” que “el sector industrial haya deteriorado su participación” en el Producto Bruto Interno. Se observan, no obstante, “algunos efectos sobre el empleo industrial, donde se identifica una caída del empleo relativo industrial y una reasignación hacia el sector no transable, tal como postula la literatura económica”, explican los economistas.
También resaltan que no se verifica una fuerte concentración de las exportaciones por productos o por destinos a partir de la suba de precios de los commodities uruguayos que se dio desde la segunda mitad de la década pasada. Es que en los hechos las exportaciones ya se concentraban en el pasado en los bienes que hoy se cotizan por encima de lo normal.
Por último, el análisis de los datos mediante un modelo econométrico que permite verificar las relaciones entre las variables económicas “confirma la existencia de evidencia mixta sobre la aparición del mal holandés”, pero aun así señalan: “No podemos afirmar que el producto del sector industrial se deteriore por la reasignación de recursos hacia el sector en auge”.
El hecho de que Uruguay es importador neto de petróleo —otra materia prima que subió de precio en esos años— compensa el efecto del aumento de precios de exportación que podría generar la enfermedad holandesa, sostienen.
En los últimos años, los precios de los principales productos agroindustriales que exporta Uruguay aumentaron de forma extraordinaria y llegaron a niveles récord. Eso obedeció en gran parte al significativo crecimiento de la demanda de alimentos desde países como China e India, cuyas clases medias se ensancharon.
En 2011 los commodities alcanzaron su nivel máximo en promedio, según el Índice de Precios de Materias Primas de Búsqueda (IPMP-B). Dicho indicador resume las cotizaciones en los mercados internacionales de la carne, soja, arroz, maíz, trigo, madera, lana, cuero y pasta de celulosa.
La evolución de los últimos meses del IPMP-B llegó a un nivel récord en julio de 2011, a partir de ese mes se produjo un semestre completo de caídas y una recuperación en febrero. En marzo se dio una leve baja —de 0,4%—, que ubica al índice 4,2% por debajo de su nivel de un año atrás.
El descenso obedeció a la desvalorización de la carne, el trigo, el cuero y la madera en promedio en el mes. En contrapartida, aumentó el precio de la pasta de celulosa, el arroz, el maíz y la soja, una tendencia que se está prolongando en abril en algunos de estos rubros.