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A pesar de la lluvia, el sábado 3 varios grupos se acercaron a la residencia del embajador de Estados Unidos, que abrió sus puertas en el marco del Día del Patrimonio. Acompañados por guías, los visitantes recorrieron algunos de los principales ambientes de una casa que, por momentos, logra transportar a sus visitantes a Estados Unidos, aunque se encuentre en pleno barrio Parque Batlle.
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La visita comenzó con un video introductorio sobre los 250 años de la independencia estadounidense y continuó por espacios como la biblioteca, el Pink Room, el comedor, el salón de música y el patio. Uno de los grupos tuvo, además, la oportunidad de recibir un saludo especial. El embajador Lou Rinaldi, que se encontraba en Estados Unidos, los llamó mientras recorrían la residencia para saludarlos. En la biblioteca, algunos objetos vinculados al golf daban cuenta de intereses personales y detalles de la vida cotidiana detrás de la residencia. En el salón de música, un piano ocupaba un lugar destacado.
Construida a comienzos del siglo XX, la casa combina rasgos de la estética estadounidense con una arquitectura que también forma parte del paisaje montevideano. La luz que entra por sus grandes ventanas y los tonos pastel acompañaron el recorrido, junto con cuadros de flores y otras obras seleccionadas por el embajador y su esposa, elección de piezas que cambia con cada administración. En la entrada, una obra de Pedro Figari recibía a los invitados, acompañada por un mueble cuyas patas simulaban las de un león.
En el comedor, la mesa estaba cuidadosamente servida con una vajilla delicada, decorada con detalles dorados. La pared, por su parte, lucía un tapizado recientemente elaborado a mano, otro de los detalles que llamaban la atención durante el recorrido.
Más allá de su arquitectura y su colección de arte, la residencia también guarda parte de la historia política uruguaya. A lo largo de los años, sus salones han sido escenario de encuentros y recepciones que reunieron a distintas autoridades del país y representantes de Estados Unidos. Entre obras, recuerdos y espacios de distintas épocas, la visita permitió descubrir una casa que funciona como punto de encuentro entre dos culturas y que, por unas horas, abrió sus puertas para mostrar una parte de esa historia.