La Fiesta de la X fue uno de los grandes fenómenos culturales de Uruguay de los años 2000.
Una fiesta que empezó como un entierro
La historia de La Fiesta de la X tiene una paradoja desde el comienzo. La primera edición, realizada en 1999 en el faro de Punta Carretas, se llamó oficialmente La Fiesta Final, una Noche de Rock, una Noche de Paz. El nombre tenía un motivo. Fontaina había pensado la fiesta como una despedida de X FM, la radio de rock que marcó el dial uruguayo en los años 90, y que atravesaba un momento económico complicado.
“Era el entierro de la radio”, recuerda. El público, sin embargo, no lo sabía. “Era algo entre nosotros. Los que trabajábamos en la X sí sabíamos. Pero a nivel público creo que nadie lo sabía”. La idea era cerrar una etapa, pero sucedió exactamente lo contrario. La fiesta fue un éxito y terminó cambiando el rumbo de la radio.
Fernando Santullo al frente de Peyote Asesino.
Pablo Vignali / adhocFOTOS
Para entender por qué aquello fue tan importante hay que volver a aquel Uruguay. Según Fontaina, la música en español y el rock no tenían el lugar que tienen hoy. “Heredamos un Uruguay en el que no se pasaba música en español. Ni rock. El rock estaba mal visto. El rock era malandra”. La X apostó por esa música cuando no era fácil encontrarla en la radio.
Y la fiesta llevó esa lógica fuera de la radio. “El gancho realmente de esa fiesta fue no solo la cantidad de gente que fue, sino el haber logrado juntar diferentes tribus”. No existía todavía en Uruguay ese formato de gran encuentro con varios escenarios, conciertos, boliches, propuestas artísticas y actividades conviviendo en un mismo predio. “La gente no iba a un lugar donde tenía conciertos, eventos, boliches. No existía. Fue algo nuevo”.
Arriba de un ómnibus, abajo con Pappo
La primera Fiesta de la X también fue una manera de buscar a quienes la radio no conseguía alcanzar. La estrategia era sencilla, si determinada gente no escuchaba la X, había que encontrarla donde sí estaba. “¿Cómo hacemos para llegarle a la gente que no le llegamos con la radio, que escucha Del Sol o Concierto FM? Le llegamos por los boliches, a donde ellos frecuentaban”.
Los boliches participaron con sus propias propuestas y compitieron por distintas categorías. El Ciudadano ganó por su puesta en escena. El Viejo Jack armó una propuesta musical por la que ganó un Mejor puesto en escena musical. “Llevó a Los Ratones Paranoicos y a Pappo, ¡qué tal!”. Juanse y su banda tocaron arriba de un ómnibus. Pappo hizo lo suyo de una manera todavía más particular. “Pappo tocó en el piso de balastro, con el público alrededor”. La frase siguiente resume la lógica de aquella fiesta: “No había escenario. Era justamente eso lo que la diferenciaba. No se trataba solamente de poner músicos sobre una tarima y que el público mirara. Había que moverse, descubrir, elegir”, resume Fontaina a Galería.
Su relación con Pappo venía de antes. En 1998, la X había sido una de las primeras radios en traer a Riff a Uruguay, al Teatro de Verano. “No solo a Pappo, sino a todo el séquito”, recuerda. Años después, lo que queda no es solamente el recuerdo del músico. “Más que la música, obviamente, extraño la persona, el humor de Pappo”. Pero enseguida aparece otro nombre en el recuerdo, el de Claudio Taddei. “A Claudio lo extraño muchísimo”.
También recuerda una de las últimas veces que Taddei participó en el regreso de la X FM en 2017. Claudio estaba volviendo a Uruguay y quería armar nuevamente su proyecto. “Yo quiero estar gratis, voy yo con mi guitarra”, le dijo a Fontaina. Tocó solo y abrió el show. “Y levantó al público. Él solo”. Fontaina lo recuerda con especial cariño. “Era un ser divino, con un corazón y un alma espectacular”.
La importancia de tener un buen equipo
No todas las fiestas salieron bien. Después del éxito de la primera llegó una segunda edición marcada por un temporal que obligó a reconstruir buena parte del predio. “Hicimos la segunda y nos fue como el culo”, recuerda Fontaina casi como una anécdota. La fiesta terminó haciéndose un domingo, con menos público del esperado, sin todos los artistas y el golpe económico fue fuerte. “Esa vez perdí en dinero un apartamento, 180.000 dólares”. Al año siguiente recuperó lo perdido.
Pero si hay algo que Fontaina rescata de aquellos años es la importancia del equipo. La fiesta podía llevar su nombre, pero detrás había muchas personas capaces de sostenerla. Lo comprobó incluso durante uno de los momentos más difíciles de su vida, cuando la pérdida de su hijo hizo que tuviera que alejarse de la organización y la fiesta siguió adelante durante dos años. “El equipo es fundamental”, insiste.
Por eso, cuando Piedra le propuso volver, una de sus primeras preguntas fue “¿con quién estás?”. Para Fontaina, hacer La Fiesta de la X implica mucho más que contratar artistas. “Te come horas de laburo, horas de pienso, horas de ensayo, pero el resultado es lo mejor”. Esta vez decidió acompañar el proyecto desde otro lugar, pero con la misma idea de fondo que tuvo desde el comienzo. “Para que la fiesta funcione tiene que haber un equipo detrás”.
Cada uno hacía su propia fiesta
La Fiesta de la X fue creciendo hasta convertirse en mucho más que una sucesión de recitales. Había rock, música electrónica, tango, murga, teatro, cine, fotografía, deportes, gastronomía y actividades para niños. Había escenarios grandes y pequeños, espacios que aparecían casi como una sorpresa dentro del recorrido y propuestas que buscaban que el público hiciera algo además de mirar un show.
Fontaina cree que esa idea hoy parece mucho más habitual porque forma parte de los grandes festivales, pero en aquel momento era bastante novedosa. “Eso empezó con la X”, sostiene. La intención era que la gente tuviera distintas formas de participar y que la experiencia no terminara cuando terminaba un show".
La imagen que utiliza para explicar esa propuesta de entretenimiento es sencilla. “La gente hacía un mapa y nunca llegaba a recorrer todo. Eso era La Fiesta de la X, cada uno hacía su fiesta”. Esa diversidad también estaba presente en la gente que trabajaba en la radio. “Tenías palos muy diferentes. Pero todos comulgábamos”. Fontaina habla de códigos, valores y una forma compartida de entender el trabajo: “Había cosas que no se hacían. Y límites. Íbamos todos para el mismo lado. A nivel periodístico, a nivel humorístico, a nivel musical”.
La última edición de la fiesta en Montevideo fue en 2006, en parque Batlle. Luego, en 2007, se organizó en parque Roosevelt, Canelones, y en 2018 tuvo un regreso puntual en La Paloma, Rocha.
Producción renovada, mismo espíritu
Ahora la fiesta volverá a la Rural del Prado. La edición está prevista para el viernes 11 de diciembre de 2026 y tendrá una producción renovada, pero con la intención de recuperar aquel espíritu. Fontaina adelanta que habrá dos escenarios grandes enfrentados y seis escenarios en total, además de otros espacios. “Van a ver un pueblo, una ciudad mágica”, cuenta a Galería. “La idea es volver a construir un lugar que invite a recorrer y descubrir, no solamente a esperar al artista principal”, agrega.
La nueva edición ya tiene buena parte de su música confirmada. Entre los nombres anunciados aparecen Titãs, Los Pericos, La Beriso y Bersuit, además de Peyote Asesino, The La Planta, Francis Andreu, Hereford, Mota, Los Traidores, Cuatro Pesos de Propina, La Teja Pride, Maia Castro y Soffia Philo. La organización anunció que todavía habrá más nombres y propuestas para completar una programación que tendrá más de 150 artistas.
La jornada comenzará a las 18 y durará más de 10 horas. Las entradas ya están a la venta en RedTickets y la segunda tanda tiene un precio de 1.980 pesos, mientras que el ingreso VIP cuesta 5.800 pesos. La primera tanda de entradas ya se agotó.
Después de casi dos décadas de ausencia en Montevideo, La Fiesta de la X vuelve en otra época, con otro mercado y otro público. Fontaina ve el panorama actual de eventos en vivo con cierta cautela. “Saturado, como los autos, saturado”. Hay festivales y espectáculos todas las semanas y en distintos puntos del país, aunque reconoce que la respuesta del público demuestra que todavía hay espacio. En ese contexto, su desafío es que la X no sea simplemente otro festival. Porque para él lo importante sigue siendo aquello que hizo diferente a la fiesta desde el principio. “La experiencia de que la gente quede realmente deslumbrada”.