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La novela 1984, de George Orwell, cumple 75 años

1984, una novela visionaria y distópica, se ha convertido en una de las narraciones más influyentes de la historia de la literatura occidental

La más fascinante y turbadora novela de George Orwell, 1984, que ha vendido más de 30 millones de ejemplares, aportó conceptos tan novedosos como Gran Hermano­, neolengua o Ministerio de la Verdad­. A pesar del paso del tiempo, las alertas orwellianas siguen vigentes.

El viejo futurismo que se hace presente

El 8 de junio de 1949, el escritor y periodista británico George Orwell, considerado uno de los referentes de la narrativa del siglo XX, publicó en Reino Unido la primera edición de la novela 1984, Nineteen Eighty-Four en su versión original, aunque habitualmente es escrita en cifras.

Si bien durante la mayor parte de su elaboración, la novela llevó el título de El último hombre de Europa, finalmente el autor optó por invertir el orden de la fecha de creación (1948) con intenciones futuristas.

1984, un clásico que gozó de la aclamación general de crítica y público, se escribió bajo el espectro del inicio de la Guerra Fría, en el lúgubre contexto posterior a la Segunda Guerra Mundial. La idea principal de Orwell, autor de obras tan reconocidas como Homenaje a Cataluña y Rebelión en la granja, era denunciar el sistema totalitario de los regímenes comunistas y fascistas.

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George Orwell

George Orwell

Así, la novela, que asentó el género de la ciencia ficción distópica y anticipó un futuro de control social, aporta ideas de gran impacto emocional que ya forman parte del imaginario colectivo. En este sentido, destacan el Gran Hermano, ente omnipresente que controla la vida cotidiana de los ciudadanos, y el Ministerio de la Verdad, el revisionismo histórico de los hechos con efectos propagandísticos. La consigna del Partido Único es: “Quien controla el pasado controla el futuro, y quien controla el presente controla el pasado”.

También crea la noción de la neolengua, la corrupción del lenguaje a través de un vocabulario extremadamente simplificado destinado a empobrecer la capacidad de pensamiento de los ciudadanos.

La novela está ambientada en una sociedad futura gobernada por un régimen totalitario que ejerce la represión política y social, manipula la información y se rige por la vigilancia del Gran Hermano. A pesar de que el Estado ha conseguido controlar los movimientos de sus ciudadanos, llegando incluso a prohibir las emociones, Winston Smith, que manipula información en el Ministerio de la Verdad, se rebela junto a su amante Julia contra el poder.

Lamentablemente se encuentran con la Policía del Pensamiento, que se encarga de localizar y eliminar cualquier atisbo de disidencia en Oceanía, el territorio ficticio creado por el narrador británico.

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La soprano Nancy Gustafson en el papel de Julia y el barítono Simon Keenlyside como Winston interpretaron a los protagonistas en la puesta del Royal Opera House de Londres.

La soprano Nancy Gustafson en el papel de Julia y el barítono Simon Keenlyside como Winston interpretaron a los protagonistas en la puesta del Royal Opera House de Londres.

Inspiración e influencia

1984 es uno de los títulos imprescindibles del subgénero de las distopías, junto con Un mundo feliz­ de Aldous­ Huxley, Fahrenheit 451 de Ray Bradbury­ y El cero y el infinito de Arthur Koestler­. Aunque todos ellos son exponentes de la ficción utópica, se considera que Nosotros­ (1921) de Yevgueni Zamiatin es el texto fundacional de estas tramas ambientadas en sociedades futuras.

La obra del escritor ruso, un alegato en favor de la libertad individual, refleja la vigilancia y represión por parte de un Estado autoritario. Orwell había leído el libro en su traducción francesa, Nous autres (El resto de nosotros) y escribió sobre su contenido en la publicación socialista de izquierda Tribune­ bajo el titulo “Libertad y felicidad”. Este hecho, entre otros, llevó a señalar al historiador polaco Isaac Deutscher que 1984 toma de la novela rusa “la trama argumental, los personajes principales, y todo el clima de su narracion”.

Aunque existe suficiente bibliografía que relaciona ambas distopías, otros críticos consideran que el británico ya habia escrito un boceto antes de leer Nosotros.

Orwell también siguió con gran interés las obras de H. G. Wells, autor de La máquina del tiempo y La guerra de los mundos, aunque no compartió su visión optimista del progreso tecnológico.

Respecto a la influencia cultural de la novela de Orwell en la literatura posterior a su publicación, destaca El cuento de la criada (1985), la distopía feminista de Margaret Atwood­, la autora de ciencia ficción más popular de los últimos años.

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Interpretación de la ópera 1984 en el Royal Opera House de Londres. El maestro de la batuta estadounidense Lorin Maazel ha llevado a los escenarios del Convent Garden de Londres la famosa novela del escritor inglés George Orwell.

Interpretación de la ópera 1984 en el Royal Opera House de Londres. El maestro de la batuta estadounidense Lorin Maazel ha llevado a los escenarios del Convent Garden de Londres la famosa novela del escritor inglés George Orwell.

La vigente posverdad

Muchos de los presagios fatalistas diseminados a lo largo de 1984 albergan muchos paralelismos con situaciones de la actualidad, lo que confirma su vigencia en el 75o aniversario de su publicación. El periodista británico Dorian Lynskey, autor de El Ministerio de la Verdad, considera que la obra no es una profecía, sino­ una advertencia­ sobre la demolición del concepto de verdad objetiva.

La novela de Orwell ya constataba la erosión de las libertades individuales en los sistemas autoritarios existentes, como los regímenes de Hitler y Stalin. Corea del Norte, con presencia de mecanismos de vigilancia opresivos que imposibilitan la expresión de pensamiento, sería el ejemplo actual más pertinente.

Sin embargo, las premoniciones de 1984 sobre la manipulación de la información y los ataques a la privacidad, también alcanzan a las sociedades con valores democráticos. En este sentido, la era actual está marcada por la existencia de la posverdad, la distorsión deliberada de una realidad que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública.

Los funcionarios del Ministerio de la Verdad­ reescribían la historia para acoplarla al discurso oficial. Orwell, que tuvo en cuenta su rol de propagandista en la BBC británica, ya advirtió: “El concepto de la verdad objetiva está desapareciendo del mundo”.

Actualmente, en medio del auge del populismo, las fakes news son amplificadas por las redes sociales y cuentan con la contribución de los algoritmos y la inteligencia artificial. Es significativo que poco después de que una consejera del presidente Donald Trump describió un dato falso difundido por la Administración­ estadounidense como un “hecho alternativo”, la novela 1984 experimentó­ un fuerte incremento de ventas. El Washington­ Post reportó más de 15.000 afirmaciones falsas o engañosas de Trump en mil días.

Otro ejemplo de desinformación premeditada en Occidente son las operaciones de intoxicación procedentes de la Rusia de Vladímir­ Putin, falsedades políticas que circulan por las redes a través de campañas masivas de bots y fábricas de trols.

El asalto a la realidad objetiva en la guerra híbrida que Rusia libra en Europa y Estados Unidos fue determinante en el referéndum a favor del Brexit (Reino Unido) y en la victoria de Trump en las presidenciales de 2016.

Lo llamativo de este fenómeno es que los ciudadanos aceptaban las mentiras del Gran Hermano por miedo a ser arrestados, mientras que ahora millones de personas respaldan voluntariamente las narrativas alternativas más inconsistentes o las teorías de conspiración más inverosímiles.

Otro de los vaticinios relevantes de la distopía orwelliana es el relativo a la vigilancia masiva, en la que los ciudadanos eran monitoreados por el poder a través de telepantallas instaladas en el espacio público y doméstico.

Si bien no es asimilable al control gubernamental, es evidente el poder de entidades corporativas como Google o Facebook en lo que respecta a la mercantilización de los datos personales de los usuarios, el denominado “capitalismo de vigilancia”.

A partir de EFE