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    'Los alemanes', de Sergio del Molino, Premio Alfaguara de Novela 2024

    Una historia de neonazis y gángsters israelíes en Aragón

    La muerte y el amor son asuntos casi siempre centrales en una novela, pero también el desarraigo y la influencia del pasado, dice Sergio del Molino, autor de Los alemanes, que a comienzos del año recibió el muy fuerte aventón del Premio Alfaguara.

    Este escritor español, columnista del madrileño El País, no solo obtuvo el premio de 175.000 dólares y una escultura, sino que —coincidiendo con los 60 años de la editorial— fue elegido por un grupo de narradores de fuste. El tribunal que premió la obra estuvo integrado por Sergio Ramírez (el nicaragüense que obtuvo el premio Alfaguara de Novela en 1998 con Margarita, está linda la mar), Juan José Millás, Laura Restrepo, Rosa Montero y Manuel Rivas, además de Pilar Reyes, la directora de este sello de Random House.

    La novela elegida nace de un episodio casi desconocido de la I Guerra Mundial, esa que los europeos llaman la Gran Guerra. El 2 de mayo de 1916, el neutral Puerto de Cádiz recibió dos barcos que llegaban de África con 627 alemanes desplazados por el conflicto de la colonia de Camerún, ganada por franceses e ingleses.

    Nacido en Madrid en 1979, pero residente en un barrio obrero de Zaragoza desde niño, el autor recibió noticia de este episodio bastante olvidado cuando se topó con unos polvorientos ejemplares de propaganda nazi en una librería de viejo. Los papeles llamaron su atención porque estaban editados por el propio Partido Nacional Socialista Obrero Alemán en castellano y además habían sido publicados en la propia Zaragoza. Luego de mucho presionar a amigos historiadores y hurgar en archivos, apenas supo algo más de aquellos alemanes del Camerún.

    Del Molino creció y continúa viviendo a gusto en esa ciudad de más de 2.000 años, sin grandes brillos, pero de gente amable, con una historia destacada de lucha contra las tropas napoleónicas, un pasado reciente de base aérea estadounidense y una montaña emblemática y siempre presente, el Moncayo.

    El autor de los ensayos La España vacía y Contra la España vacía, que ha ganado los premios Ojo Crítico y Tigre Juan por La hora violeta (2013) y el Espasa por Lugares fuera de sitio (2018), tiene entre sus novelas Un tal González (2022), La piel (2020) y Lo que a nadie le importa (2014), aunque admite que alguien puede sostener que Los alemanes es realmente su primera novela, al menos en un sentido tradicional.

    Del Molino, que se hizo conocido en 2016 por La España vacía, al enfocarse sobre el fenómeno de las grandes zonas despobladas en la península, especialmente en Castilla, León y Aragón, cuenta que pasaron muchos años desde que fue seducido por la historia de los alemanes afrodescendientes, sobre la cual existía entonces escaso conocimiento, hasta escribir el libro.

    Deutsches Friedhof

    La novela empieza en el pequeño cementerio alemán de Zaragoza, al que los miembros de la colonia tienen por costumbre asistir cada sábado en familia. Eva y Fede van al entierro de su hermano mayor, un famoso músico al que todos llaman Gabi. Eva reside en la capital aragonesa, y Fede en Bavaria. Ella es una abogada dedicada a la política y él, para sorpresa de todos, un profesor doktor de filología alemana.

    La madre de los tres “alemanes”, amante de la música y refugiada en las lieder de Schubert, ha muerto hace unos años y el padre, último capitán de la fábrica de salchichas de la familia Schuster, está recluido en un apartamento, enfermo de demencia. En el camino de su investigación, el autor ha aprendido a disfrutar la música de Haydn, Schubert, Strauss, Wagner y otras que comparte con los lectores en su novela y a través de un código QR.

    La muerte de Gabi y la aparición de fantasmas del pasado movilizan a la familia y a amigos. Entonces comienza un proceso en el cual el lector quedará atrapado por la trama narrada por cuatro voces: los dos hermanos, Berta Klein, la mejor amiga que tuvo el muerto en el colegio, y Ziv, un mafioso israelí que se ha paseado por “los asadores de la rambla de Montevideo” y que, comprando a un periodista corrupto, está dispuesto a usar el pasado de estos alemanes como fuente de lucro y algo más.

    La novela transcurre entre Zaragoza y la universitaria ciudad bávara de Ratisbona. En Alemania, el germanista Fede tiene a Peter como su mentor académico, con él hace largas caminatas bordeando el Danubio para que este queme algunas calorías luego de atiborrarse de Zwetschgenkuchen mit Streusel (tarta de ciruelas) u otras especialidades de la extraordinaria repostería alemana. Fede ha perdido la chance de convertirse en director de departamento, pero disfruta de su trabajo y mantiene relaciones sin futuro con Teresa, una doctoranda.

    Eva, que tampoco ha formado una familia, es amante de su preparado asesor vasco. “Tres hermanos, ni un hijo entre los tres. Valiente estirpe”, razona ella acerca de la nueva generación de los Schuster. El personaje está en un momento crucial: a punto de convertirse en alcaldesa, el pasado familiar comienza a jugarle una mala pasada, sobre todo porque ella se aferra a ciertos principios. La empresa de salchichas hace tiempo que dejó atrás su temporada de éxito, pero ellos y buena parte de los descendientes de colonos quedaron afincados en España. “Hans Schuster no solo perdió el Camerún, también perdió Alemania”, reflexiona la hermana del medio, cuando, presionada por los mafiosos se ve obligada a estudiar a fondo la historia familiar.

    Neonazis y gánsteres israelíes

    La aparición de estos israelíes, metidos en oscuros negocios inmobiliarios y deportivos, que buscan sacar partido del pasado obviamente nazi y neonazi de algunos de estos pacíficos españoles con ancestros colonialistas en África, lleva al autor a plantearse la pregunta central de la novela: ¿heredan los hijos las culpas de los padres?

    Aunque la madre murió y el padre tampoco está en condiciones de explicar nada, alguien se encarga de revolver el pasado para beneficio propio y son los dos hijos sobrevivientes los que sufren las consecuencias. Se trata de un asunto tremendamente serio que les va a complicar la vida pero que Del Molino aborda con sarcasmo y hasta sentido del humor, describiendo las características y los principios de cada una de las cuatro voces de la narración, repartiendo virtudes y defectos según su antojo.

    Junto con este problema de por sí tan atractivo como el del desarraigo, las ventajas y desventajas de no tener una Heimat (patria), la novela aborda, citando los diarios de Franz Schubert, cuestiones filosóficas si se quiere más profundas: “Nadie comprende el dolor del otro, y nadie comprende la alegría del otro. Siempre pensamos ir hacia el otro, pero lo único que hacemos es pasar unos al lado de otros. Qué padecimiento para quien se da cuenta de esto”.

    La trama, sin embargo, no pasa por el costado de muchos temas de la agenda actual del mundo: “Los munícipes de Ratisbona presumían de las aportaciones que sus judíos hicieron a la rica cultura israelita. Hasta los nietos de Hitler presumían de antepasados hebreos, pues preferían mil veces a un judío que a un sirio o a un turco”, reflexiona Fede a la vuelta de enterrar a su hermano, sin imaginar aún lo que se le viene encima.

    Eva, lúcida, ha advertido antes: “Las familias siempre mienten. Es mejor hacer caso a los historiadores”.