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    'Aún es de noche en Caracas': la película venezolana y su retrato sensible de la violencia en 2017

    Dirigida por Mariana Rondón y Marité Ugás, la película es una adaptación de la novela La hija de la española (2019), de la periodista y escritora Karina Sainz Borgo; cuenta la historia de una mujer que debe sobrevivir a la violencia de una ciudad en llamas que expulsa a sus habitantes hacia el exilio

    Es el año 2017 y en Caracas hay marchas estudiantiles, enfrentamientos violentos con la policía, jóvenes motorizados con el rostro tapado que cazan a otros jóvenes para llevarlos detenidos. En las heladeras de los caraqueños se pudre la comida por los apagones, aunque es poco lo que tienen porque para comprar algo ínfimo deben acumular una montaña de billetes. Hay miedo, mucho miedo, dentro y fuera de las casas. Y mucha incertidumbre, y mucha rabia. Los venezolanos se van de su país y la huida se vuelve un éxodo.

    Ese es el contexto de Aún es de noche en Caracas, película dirigida por Mariana Rondón y Marité Ugás, que se acaba de estrenar en varias salas montevideanas de Movie con entradas agotadas. La película es una adpatación de la novela La hija de la española (2019), de la periodista y escritora Karina Sainz Borgo, venezolana que nació y creció en Caracas y a los 24 años emigró hacia España. La novela fue un éxito editorial, traducida a más de 20 lenguas, y la crítica ha destacado su estilo a la vez poético y crudo, que cuenta en primera persona las peripecias de Adelaida Falcón, su protagonista, para sobrevivir en la ciudad en llamas.

    “El dinero se convirtió en una escala urbanística. Eran necesarias dos torres de billetes de a cien para comprar, cuando la había, una botella de aceite; a veces tres para un cuarto de kilo de queso. Rascacielos sin valor; eso era la moneda nacional: un cuento chino. A los pocos meses ocurrió lo contrario: el dinero desapareció. Entonces ya no tuvimos nada que entregarnos a cambio de lo poco que se conseguía” (La hija de la española).

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    Colectivos chavistas y manifestantes en la Caracas de 2017.

    Colectivos chavistas y manifestantes en la Caracas de 2017.

    Las directoras de la película han dicho en entrevistas que lo más complejo para ellas fue adaptar la voz literaria e íntima de la novela al lenguaje visual. Ese obstáculo lo sortearon con todo éxito porque la narración se sigue sosteniendo en la protagonista, sobre todo por la destacada actuación de la actriz colombiana Natalia Reyes en el papel de Adelaida. Reyes lo dice todo con su sobria expresividad y con su paulatino agotamiento. Lo dice todo con la mirada que refleja su angustia y su terror interior.

    Adelaida tiene 38 años, es maestra, trabaja para una editorial y acaba de enterrar a su madre que murió de cáncer. Cuando regresa a su apartamento se encuentra que está invadido por un colectivo chavista de mujeres liderado por la Mariscala. Esta milicia se apodera de las propiedades de quienes mueren, y de las propiedades en general, y de todo lo que hay dentro. Se apoderan de la vida de los otros. Es una de las tantas expresiones de corrupción que muestra la película. Adelaida se oculta en el apartamento de una vecina y allí, en una situación terrible, debe tomar decisiones extremas para poder sobrevivir.

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    Natalia Reyes como Adelaida.

    Natalia Reyes como Adelaida.

    De esa forma la película “encierra” al espectador con Adelaida y siente su miedo cuando mira por la mirilla de la puerta. Y también siente el miedo de la protagonista cuando la despiertan los tiros, los gritos, las motos que arremeten contra la gente o la voz prepotente de la Mariscala cuando da órdenes. Siente su tristeza cuando mira por la ventana el día que se reinicia sin mucha esperanza. Adelaida está al límite y su situación empeora cuando se une a su encierro Santiago (Moisés Angola), un joven universitario, hermano desaparecido de su amiga Ana. Adelaida lo conoce, pero no confía en él. Esta también es una historia de desconfianzas y delaciones, con algún espacio para la solidaridad en medio de la confusión.

    “Cuando mi madre ingresó en la Unidad de Cuidados Paliativos, los Hijos de la Revolución arrestaron a Santiago (…) Ese día apresaron a decenas de estudiantes. Terminaron con la espalda en carne viva por los perdigones, apaleados en una esquina o violados con el cañón de un fusil. A Santiago le tocó La Tumba, una combinación de las tres cosas dosificada en el tiempo” (La hija de la española).

    Otro acierto de la película radica en alejarse de la crónica política y centrarse en la experiencia emocional y corporal de los protagonistas. Quien espere discursos aleccionadores, menciones a dirigentes o a partidos políticos no los encontrará. La realidad que muestra habla por sí sola y explica la huida de Venezuela de una clase media que se va volviendo pobre, a la que le despojaron sus bienes, su comida y su libertad.

    “Vivir se había convertido en salir a cazar y regresar vivo. En eso consistían nuestros actos más elementales, incluso el de sepultar a nuestros muertos (…) Así vivíamos todos entonces: mirando qué había en la bolsa de la compra del otro y olisqueando si el vecino llevaba algo que escaseara para buscar dónde conseguirlo. Todos nos convertimos en sospechosos y vigilantes, travestimos la solidaridad en depredación” (La hija de la española).

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    Natalia Reyes (Adelaida) en su encierro.

    Natalia Reyes (Adelaida) en su encierro.

    Aún es de noche en Caracas se rodó prácticamente en Ciudad de México, solo algunos fragmentos se hicieron a escondidas en Venezuela. Muchos de los extras que participaron pertenecen a la diáspora exiliada. Édgar Ramírez, productor y coprotagonista de la película como el novio que tuvo Adelaida, contó en varias entrevistas que, en las escenas callejeras violentas, muchos de los extras sufrieron ataques de pánico y tuvieron que ser atendidos porque revivían lo que habían sufrido.

    La película integra material de archivo, como las impactantes imágenes que se vieron en los noticieros cuando los tanques les pasaban por arriba a los manifestantes. La noche en Caracas por los apagones, la noche en Caracas por la opresión y el caos descontrolado. El trabajo visual a cargo de Juan Pablo Ramírez es impactante por los contrastes que maneja, siempre en la oscuridad, a veces iluminada por alguna llamarada o por la llegada del amanecer.

    Ramírez ha dicho que es esta una película de horror. “Pero el monstruo no está debajo de la cama, no es un ser sobrenatural, puede ser tu vecino que te va a delatar y entregar porque además tiene que hacerlo para poder sobrevivir”.

    Embed - Tráiler de "Aún es de Noche en Caracas"

    Su personaje aparece en fotografías y en el recuerdo de Adelaida. Con él se simboliza otra forma de violencia que está en la frontera con Colombia. Hay una escena hermosa en la que la pareja se está despidiendo porque Carlos, que es fotógrafo, debe irse a cubrir un secuestro. Entonces Adelaida canta unas estrofas de Tonada de luna llena, del compositor venezolano Simón Díaz, y la película tiene su momento delicado y poético, que da un respiro a la vorágine del presente. También le recuerda a Adelaida que esa vida ya no la tendrá.

    “La vida, el dinero, las fuerzas se nos acababan. Hasta el día duraba menos. Estar en la calle a las seis de la tarde era una manera estúpida de rifarse la existencia. Cualquier cosa podía matarnos: un disparo, un secuestro, un robo. Los apagones se alargaban horas y empalmaban las puestas de sol con una oscuridad perpetua” (La hija de la española).

    Otros flashbacks se remontan a la infancia de la protagonista. Allí aparece su madre, también llamada Adelaida, una mujer solidaria y aguerrida que crio a su hija sola con su profesión de maestra. Esas escenas son suaves, aparecen fiestas populares, unas tías cocineras y una niña tímida y observadora aferrada a su madre y a su nombre como un tesoro. Aparecen menciones a Ocumare de la Costa, “un pueblo del estado de Aragua cercano a la bahía de Cata y Choroní. Ese lugar donde el agua azul lame la arena blanca y al que separan de Caracas carreteras intransitables que se caían a pedazos”, dice la novela de Sainz Borgo.

    En su mensaje grabado, Ramírez le pidió a los venezolanos que fueran a ver la película con un uruguayo. El mismo mensaje lo estará enviando a varios países. “Esta película está dedicada a todos los que tuvieron que irse de casa y aún no han podido regresar. Por eso les quiero pedir algo muy especial: que cada venezolano lleve a un uruguayo a ver la película. Uruguay abrió sus puertas y sostuvo a toda una generación de venezolanos cuando más lo necesitábamos. Por eso esta película también es para ellos”.

    En momentos en que Venezuela es nuevamente noticia y cada vez crece más el interés por su destino, la invitación a ver esta película es oportuna y necesaria. Quienes asistan a los cines no encontrarán una respuesta para la situación actual, tampoco para el origen del descalabro. Solo hay que ponerse en la piel de Adelaida para entender a la vecina que vende arepas, a la peluquera y al taxista, a los profesionales que volvieron a empezar. A todos los que una ciudad en llamas expulsó, fogoneada por la revolución.

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