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    Crónica de un hundimiento: ‘El principio de Arquímedes’, de Josep Maria Miró, en El Galpón

    La obra dirigida por Marco de Luca relata el caso de un profesor de natación acusado de comportamiento abusivo con un niño en la piscina

    “Todo cuerpo sumergido total o parcialmente en un fluido experimenta una fuerza de empuje vertical hacia arriba, la cual es igual al peso del fluido que el cuerpo desplaza”. Este enunciado, conocido hace más de 2.000 años como principio de Arquímedes, fue postulado por el matemático griego Arquímedes de Siracusa y describe el comportamiento de los objetos que, situados en medio líquido, flotan o se hunden según su peso. En El principio de Arquímedes, la obra del catalán Josep Maria Miró estrenada a fines de junio, el que se hunde paulatina e inexorablemente es el que enseña a flotar.

    Jordi, un profesor de natación interpretado por Augusto Gordillo, es acusado de mantener una conducta impropia con uno de los niños a los que enseña a nadar. El episodio es confuso y vidrioso. Según el relato del alumno, el profesor lo abrazó y le dio un beso. Al principio no parece haber testigos directos, pero la situación se complica cuando comienza a circular, por medio de una niña que estaba también en la piscina, la versión de que el beso fue en la boca. La reacción inicial del entrenador es negar el hecho. Luego comienza a minimizarlo y a dar explicaciones… que nunca serán suficientes. Dice que el niño tenía miedo de entrar al agua, que se puso a llorar, y que para tranquilizarlo y contenerlo lo arropó, lo abrazó y lo besó en la mejilla. Nadie le cree.

    Augusto Gordillo en El principio de Arquímedes.

    Augusto Gordillo en El principio de Arquímedes.

    Todo lo que sucede en los 75 minutos que dura la obra (jueves a las 20.30 en sala Cero de El Galpón, entradas en RedTickets) es una espiral de acontecimientos sucesivos que llevan al hundimiento del docente. Como en obras reconocidas como La duda, de John Patrick Shanley, y el filme The Hunt, de Thomas Vinterberg, la sospecha de lo inefable es el motor dramático de esta historia.

    La sospecha, cada vez más pesada, se instala primero en el padre del niño (Néstor Guzzini), que se apersona en el vestuario para pedir explicaciones, luego en la directora de la piscina (Adriana Ardoguein), y finalmente en el docente compañero de turno del acusado (Nicolás Pereyra).

    El efecto dominó de desconfianza que el autor narra con precisión quirúrgica tiene un punto de partida difuso. Nadie tiene claro qué es lo que sucedió exactamente. Pero todos se imaginan lo peor. Niños, padres, docentes y el cuerpo directivo, todos contribuyen a enmarcar una situación límite que sitúa al protagonista cada vez más acorralado e incapaz de defenderse con eficacia. Abrumado y desesperado, ve cómo el concepto científico que da nombre a la obra se transforma en una fatal metáfora en su contra. Su nombre explota en las redes, el club sufre una estampida de bajas y le exigirá la renuncia inmediata. En pocas horas su vida está arruinada indefectiblemente.

    Nicolás Pereyra en El principio de Arquímedes.

    Nicolás Pereyra en El principio de Arquímedes.

    El principio de Arquímedes mantiene de principio a fin el resquicio de la duda. En ese vestuario de niños donde se instala esta puesta en escena, la tensión es permanente y solo va en aumento, en forma inevitable. Escena tras escena, se instala la pesada sensación de que nada puede salvar a Jordi. Está condenado desde el vamos, en gran medida por su actitud inicial de intentar, hablando en criollo, hacerse el boludo. En clave rashomónica, la información es revelada parcialmente, escena a escena, según el punto de vista de cada una de las partes. A través del recurso de retroceder en el relato y reiterar algunas escenas puntuales, el autor logra plasmar la sensación de confusión. Una densa neblina se esparce dentro de ese vestuario. En este texto están muy borroneados los límites entre “la verdad”, los hechos demostrables, la percepción de esos hechos y la construcción de lo que finalmente resulta “la verdad”. Y Allí radica su virtud.

    Otro de los puntos altos de esta pieza es la incomodidad que produce en el público, sostenida en algunas de las posturas que mantienen los personajes, varias de ellas basadas en prejuicios sociales hijos de la cultura de la discriminación. En varios momentos la obra es un espejo que devuelve un reflejo turbio, por ejemplo, la sospecha del padre basada en la presunción de homosexualidad del docente, el fenómeno por el cual cualquier gesto de ternura y empatía de un docente hacia un alumno puede ser mirado como sospechoso, por ejemplo, y de cómo el ejercicio de la docencia implica en estos tiempos una fuerte autorrepresión de gestos genuinos de humanidad. En ese sentido, la obra no cuestiona a ningún colectivo en particular, sino a la sociedad en su conjunto.

    Adriana Ardoguein en El principio de Arquímedes.

    Adriana Ardoguein en El principio de Arquímedes.

    Estrenada originalmente en 2012, la obra tiene más de 40 puestas en todo el mundo, fue traducida a 20 idiomas y en 2015 se estrenó por primera vez en Montevideo, con dirección de Mario Ferreira. Esta versión es dirigida por Marco de Luca, joven director argentino radicado en Montevideo desde hace varios años, y que cuenta como antecedente más cercano, en 2025, con Parte de este mundo, una interesante puesta en escena que dramatiza varios cuentos de Raymond Carver. Se trata de una reescritura de la obra original, una segunda versión que Miró estrenó en Madrid. La actualización toma en cuenta el poder de las redes y la viralización del caso, elemento que no estaba en la primera versión.

    Esta versión, sin embargo, no presenta un nivel parejo en la dimensión interpretativa; la puesta en escena, basada en ciertos recursos sonoros y lumínicos para delimitar las escenas, se vuelve algo repetitiva. Por estas razones, por momentos la experiencia de transitar este drama se vuelve bastante cuesta arriba. De todos modos, es una obra de notoria actualidad que justifica su presencia en la cartelera.