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    La vida y la obra de Popo Romano en un documental

    Se estrenó Bajo la luz, de Gonzalo Rodríguez Fábregas, filme que combina testimonios de sus familiares y amigos y abundante música en vivo

    Su nieta Julieta. El vínculo con su hermano Miguel, baterista histórico de la música uruguaya. Su devoción primigenia en su infancia y juventud por Los Shakers y Opa. Lo buena que estaba y lo bien que sonaba Quo Vadis, la gran banda de jazz rock y rock progresivo que integró en los años 70 y 80, junto con virtuosos como José Pedro Beledo y Raúl Medina. Y su primer contacto con Hugo Fattoruso, su gran héroe, que, cuando lo conoció, lo abrazó y le dijo que no podía creer estar con el tipo que había tocado el bajo en Quo Vadis. Estos son algunos de los temas que se abordan en una charla familiar rodada en el patio de su casa, en el inicio de Bajo la luz, el documental sobre el bajista y compositor montevideano Apolo Romano (nombre real del artista, conocido por todos como Popo Romano) que se estrenó esta semana y que está en cartel en la sala B del Sodre (Auditorio Nelly Goitiño).

    Se trata de una realización audiovisual de la productora Fotosíntesis, ideada por Germán Cabillón y dirigida por Gonzalo Rodríguez Fábregas. La producción es de Daniel Charlone, quien años atrás dirigió Amigo lindo del alma, documental sobre Eduardo Mateo. Como en ese filme, en Bajo la luz, los testimonios obtenidos en reportajes son ensamblados con el registro en vivo de varios conciertos de Romano, con diversas formaciones, como Los Pusilánimes, Mateo x 6, a dúo con su nieta Julieta Taramasso, también bajista, o en cuarteto con Hugo Fattoruso, Juan Pablo Chapital y Albana Barrocas. Música y palabra comparten similar protagonismo y metraje en los 75 minutos que dura la película.

    El documental es un retrato íntimo en primera persona de Romano, cuyo lenguaje audiovisual no pretende innovar en lo que refiere a recursos narrativos o formas de presentar la información biográfica del protagonista. Con unos pocos testimonios familiares (su hermano Miguel, su esposa, sus hijas y su nieta Julieta) y unos pocos músicos, como Fattoruso y Leo Maslíah, se va armando este relato que comienza por el barrio Buceo, donde se criaron todos los Romano. “Vivía toda la familia en unas pocas cuadras de distancia”, comenta uno de ellos. Hay que decir que parece un tanto desaprovechada la presencia de Fattoruso, quien aparece para desmentir una anécdota que cuenta Popo: “No me acuerdo, es un mentiroso”, dice Hugo sobre Popo, en tono de broma. “Es un gran compositor”, agrega, y destaca la cualidad de Romano de hacer una música a la que “el público accede fácilmente”. Y poco más. Algo más sustanciosos son los conceptos de Maslíah, quien cuenta cómo se maravilló al verlo en vivo. “No me hubiera imaginado nunca que alguien con un bajo hiciera lo que hacía Popo”.

    Algunos testimonios resultan algo vagos, como el de Graciela Figueroa, quien recuerda un espectáculo que vinculaba música, artes plásticas y danza, y menciona nombres de algunas creaciones, pero no se aclara si se trata de obras de ella o de Romano. Esa carencia de rigor informativo es un rasgo general de esta obra. Claramente, desgranar la obra musical del protagonista banda a banda y disco a disco no fue una opción. No se habla de discos como Cortinas, Otra mañana o Cuarto de música. Casi no hay nombres de álbumes y de temas. También se aprecia cierta incongruencia temporal cuando los testimonios hablan sobre eventos futuros que ya ocurrieron hace un buen tiempo, como el recital que reunió a Los Pusilánimes en el Solís, en abril de 2022. Lo que realmente vale, más que esa mención, son los pasajes de ese show, acertadamente registrados. Otro aporte discutible es el de las tomas testigo que registran varias charlas de producción, en plena pandemia, con personas de tapabocas hablando en un living con una picada en la mesa ratona. Podrían no estar, que el documental sería exactamente igual, o un poco mejor.

    La mirada de los creadores, evidentemente, se centra en la dimensión espiritual y filosófica de Popo, en su carisma y en sus notorio talento como narrador de historias. Le preguntan sobre por quién se cortaría las venas y da vuelta la pregunta para responder que se aseguraría una buena salud arterial para seguir disfrutando de hacer música con sus próceres, como, por ejemplo, Hugo, a quien define como “un ser increíble”.

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    Uno de los pasajes más divertidos es protagonizado por sus dos hijas. Ana Laura reproduce la voz de Eduardo Mateo cuando llamaba por teléfono a su padre y siempre hacía el mismo chiste: "¿De parte de quién?", decía la niña. "Del extraterrestre", respondía el autor de Príncipe azul (diciendo la más pura verdad). Ana Laura confiesa que le daba vergüenza cuando su papá la iba a buscar a la escuela. “Aparecía todo peludo y de musculosa. Yo quería un padre normal. Me preguntaban cómo se llamaba y mentía: ‘Mi papá se llama Gabriel’. Mirá si iba a decir que se llama Apolo. La influencia paterna se materializa en sus rostros cuando cuentan que crecieron escuchándolo tocar (la sala de ensayo y estudio casero de Popo es y siempre fue una de las habitaciones de su casa). Cuando escuchan una canción, prestan primero atención a la línea de bajo. “Me la aprendo de memoria”.

    “Papá se convirtió en otra persona el día que nació la Juli”, dice su hija, y comienza el segmento más intenso y emocionante. El corazón de Bajo la luz. Aparecen videos familiares de la niña muy pequeñita, con no más de dos años, correteando entre los instrumentos y equipos de sonido de su abuelo, durante los ensayos, siempre caseros. La niña creció jugando con las cuatro o cinco gruesas cuerdas metálicas de esos robustos instrumentos, aprendiendo música en forma intuitiva y aprendiendo a tocar el bajo con su abuelo casi sin darse cuenta. En uno de los mayores aciertos de montaje, el documental hilvana esos videos familiares con tomas originales, de ambos ensayando a la par, con Julieta ya convertida en una eximia instrumentista, tanto en sesiones de ensayo como en conciertos en vivo. La emoción que surge de esas imágenes es una conexión musical muy poderosa, que supera cualquier conceptualización verbal. “Comparto todos mis bajos con ella. Son de ella”, dice Popo, con el rostro iluminado como en el reportaje que concedió a Búsqueda en diciembre de 2022, en el que afirmó eso mismo. Por su parte, Julieta cuenta que, revisando grabaciones archivadas en una computadora, hace poco armó un disco nuevo con inéditos de su abuelo. “Tiene que sacarlo”. Taramasso pone en carriles separados el amor y la admiración que siente por su abuelo. “Es mi abuelo, y le tengo mucho cariño, pero aprecio mucho su música y lo admiro como artista”.

    Se acerca el final de Bajo la luz y Romano comienza a revelar su mirada poética y espiritual de todo lo que lo rodea. Muestra orgulloso un bajo con caja acústica construido por la marca Washburn especialmente para él. A continuación, el protagonismo recae en su vínculo con sus instrumentos. Los melómanos, agradecidos. Popo aparece en la tienda Coutinho Music y habla de lo importante que es para él entrar en contacto con nuevos instrumentos. “Los instrumentos musicales son un gran aporte de ciertos individuos a la humanidad, porque hacen posible que existan músicas hermosas. Vibran, son lindos. Te llaman como las flores llaman a los insectos para que se puedan llevar su polen”.

    También habla de su contrabajo, que —dato omitido— compró con el dinero que ganó en su primera temporada como bajista en el Festival de Jazz de Punta del Este, un encuentro musical del que es una figura infaltable. Popo muestra las cicatrices de su centenario instrumento, enseña su sonido, producto de esas viejas maderas. Dice que ese sonido no se consigue más. Cuenta la historia de la búsqueda y restauración de su contrabajo, y su rostro vuelve a iluminarse cuando describe cómo tocaba las maderas durante largo rato, cuando su mastodonte estaba desarmado, y cuando evoca el perfume de resinas y barnices que se respira en un taller de luthería. La tensión se apodera de su gestualidad al contar qué sucedió cuando finalmente lo tocó por primera vez: “A los 30 segundos que lo estaba tocando, mi cuerpo no podía más. Ahí cobré conciencia de lo que es este instrumento. A los 40 años me encontré con que tenía que empezar de cero, controlar mi ansiedad para poder ir, de a poco, haciéndome su amigo".

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    Popo Romano y Julieta Taramasso tocaron en el estreno de 'Bajo la luz', el domingo 28

    Popo Romano y Julieta Taramasso tocaron en el estreno de 'Bajo la luz', el domingo 28

    En varios pasajes de la película, Romano recuerda que dejó atrás un período de oscuridad, que se simboliza en un comentario que le hizo su nieta cuando era adolescente: “Estás tocando sin magia”. Asegura que ha recuperado la chispa vital y reflexiona sobre la realidad en la perspectiva del tiempo, destaca la capacidad del ser humano en épocas anteriores de “conectarse con sus sueños” y lamenta esa pérdida de trascendencia en el presente. Sobre la música en vivo de Mateo x 6, Popo habla de física y de música, del espacio entre las partículas que conforman los objetos y la anatomía humana y de la vibración que ocurre cuando hacemos música: “Nosotros somos esas partículas y el espacio entre ellas, y la música es vibración de partículas. No se ve, no tiene color, no tiene peso, no tiene perfume. Y sin embargo agita a la gente, la hace llorar. Es un ejemplo muy pequeño de la creencia en que somos energía”.

    En el epílogo, la moto, su otra gran pasión, en paralelo a la música. Popo viaja plácidamente sobre su birrodado Harley Davidson, rumbo a una chacra en la que va a tocar en vivo, especialmente para el rodaje de Bajo la luz, con Miguel Romano, Darwin Silva y Julieta Taramasso. Popo en la moto. Popo en el escenario. Y Popo compartiendo su síntesis vital: “La familia es innegociable para mí. Voy para atrás en el tiempo y es lo que produce que esté aquí. Es el capital más grande que tengo porque tiene que ver con los sueños. Es amor incondicional. Va a sonar empalagoso, pero si ese sentimiento se aplicara en general, no estaríamos viviendo en el mundo en el que vivimos”.

    Embed - Bajo la Luz – POPO Romano

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