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    Montevideo, Buenos Aires, Noruega: Daniel Amaro y sus 50 años de ‘tangueces’

    A los 25 años compuso A la ciudad de Montevideo, una canción que instauró la tanguez en la canción popular rioplatense

    Daniel Amaro era un joven de 25 años, alto y de melena rubia cuando compuso A la ciudad de Montevideo, una canción que instauró el género tanguez y que pasó a integrar el cancionero popular. Desde su creación pasaron 50 años, varios discos, otras tantas tangueces y canciones en boliches y teatros al otro lado del Río de la Plata y del Atlántico. Ahora con 75 años, Amaro la sigue cantando con una voz potente y reconocible.

    La tanguez tiene, claro está, sus raíces en el tango, pero con variantes en su melodía y en sus letras. Es una canción que incorpora ritmos urbanos con identidad rioplatense, sin abandonar la nostalgia tanguera.

    A la ciudad de Montevideo fue versionada por Jorge Bonaldi, quien la popularizó, por Gustavo Nocetti, por Natalia Bolani, por Nancy De Vita, por Washington Carrasco, y fue cantada en guitarreadas de fogones, tal vez sin que se conociera a su compositor. Hasta que el pueblo las canta, / las coplas, coplas no son, / y cuando las canta el pueblo, / ya nadie sabe el autor, dice el recordado poema de Manuel Machado, hecho canción. A la ciudad de Montevideo es una de esas coplas.

    Embed - A la Ciudad de Montevideo

    Desde los años 80, Amaro vive en Noruega, en la ciudad de Bergen, con su esposa, Elin, con quien tuvo dos hijos, Joaquim y Julia. Todos los años regresa a Montevideo a visitar a sus amigos, su barrio de juventud y su ciudad. Uno de esos regresos fue en 2022, cuando dio un recital en la Sala Zitarrosa, junto con el pianista noruego Erik Halvorsen, en el que participaron varios artistas invitados. En ese momento recibió el premio Montevideo que otorga la Intendencia de Montevideo a quienes han tenido una trayectoria de relevancia en el ámbito cultural, científico, deportivo o social. En 2024 regresó con Halvorsen y dio un concierto en la Sala Camacuá, también con músicos invitados de varias generaciones.

    En su última visita en 2025, conversó con Búsqueda sobre su trayectoria y sobre los números 25-50-75 que rodean a su popular tanguez. “Este año habría que hacer algo. Recordá estos números”, dice.

    Discos Daniel Amaro.jpg

    Discodromo y después a volar

    Amaro tuvo una banda de beat-rock que hacía covers en inglés y se llamó Cold Coffee. Se podría decir que esos fueron sus inicios en la música. Pero su verdadero “lanzamiento” llegó con el programa Discodromo show y de la mano de su conductor, Rubén Castillo, un verdadero faro para artistas de la época a quienes impulsaba y brindaba un espacio que llegaba a una gran audiencia. Discodromo show fue uno de los programas culturales más influyentes en la historia de los medios de comunicación. Por él pasaron los músicos argentinos y uruguayos más destacados de los años 70 y se gestaron nuevos artistas. Desde Los Olimareños a Mercedes Sosa y Eduardo Falú; de Zitarrosa a Ruben Rada, Eduardo Mateo, Los Shakers y Vera Sienra... La lista es muy extensa.

    “Rubén Castillo era una importante figura para la cultura, y fue quien me impulsó a que hiciera algo propio. Empecé a cantar como solista y entonces apareció Reina de la plaza, conocida como Palomita che, con letra de mi hermano Eduardo. Quizás esa fue la primera tanguez”.

    En 2022 cantó Palomita che con Vera Sienra y las voces de ambos artistas viajaron del pasado al presente con una canción que sigue conmoviendo: Palomita che, paloma blanca / Palomita che, reina de la plaza / Vení a comer de mi mano / que soy tu hermano de la ciudad / hermano con menos vuelo / más desconsuelo y más soledad.

    Embed - Palomite Che (En Vivo) (feat. Vera Sienra)

    Entonces Amaro voló, primero a Buenos Aires. “Un poco me quedo, un poco mejor me voy”, dice al hablar de las dudas de aquel momento. “No me fui necesariamente por militancia política, pero las canciones que cantaba no gustaban y cada vez se puso peor. Una persona con guitarra era peligrosa. Si tocabas el saxo, tal vez no había ningún problema”.

    En Buenos Aires hizo una serie de espectáculos, entre ellos, La vaca de medianoche, con la mimo riverense Ilsa Prestinari, dirigido por Carlos Perciavalle en La Fusa. Otro espectáculo fue con textos del poeta Raúl González Tuñón, que se llamó La señorita muerta.

    “Tuve la suerte de conocer a González Tuñón. Tuvimos dos conversaciones maravillosas en su casa. Frente a su ventana pasaba el ferrocarril General Roca, y había que subir un poco el tono de la charla, pero fue inolvidable. Después seguí una amistad con su hijo Adolfo. Cuando yo estaba viviendo en Madrid, un día se apareció en casa con una valija con cosas de su padre. Fue fantástico”.

    Con Jorge Nogareda hizo otro espectáculo con poemas del poeta nicaragüense Ernesto Cardenal, y con Washington Carrasco musicalizó poemas de Nicolás Guillén. “Eran espectáculos en teatros de San Telmo, una mezcla de café concert-teatro. Se hacían dos por día. En esos momentos había mucha expectativa y entusiasmo por la vuelta de Perón. También nerviosismo e incertidumbre. Y terminó como terminó”.

    Madrid y encuentro con Sabina

    En 1976 Amaro emprendió vuelo hacia Madrid. “En ese momento sí pensé ‘mejor me voy’. La situación era irrespirable en Buenos Aires”. Viajaba con los textos de Tuñón y las tangueces en su cabeza.

    “En los tangos hay cosas terminales, increíblemente perfectas. Cada letra de tango es una pequeña obra de teatro. Las tangueces son restos, lo que te deja una persona que llegó tarde para querer el tango y temprano para matarlo. No es tango, pero sí un aire, una razón de existir. Para mí, generacionalmente era eso”.

    En Madrid, se encontró con otra ebullición cultural, tal vez más intensa que la que había vivido en Buenos Aires. “Llegué en febrero de 1976 y Franco había muerto el 20 de noviembre de 1975. Lo de la movida madrileña no fue solo un título, fue un movimiento que no paraba, y uno era parte de eso sin saberlo. Yo escribía mis canciones por la tarde y las cantaba por la noche, ¿qué más me podía pasar? Era maravilloso. Tenía 26 años”.

    Al comienzo tocó en lugares pequeños, en boliches ávidos de música latinoamericana. Allí se mezclaban ponchos, sombreros, ritmos de todas partes, y también tangueces. “Quería enfocarme en la ciudad y allí canté Gardeliana, Madre cruel, A la ciudad de Montevideo. Ese fue mi carnet de identidad”.

    Había un sitio para cantantes que se llamaba Song Parnás, cuyo dueño fue a buscar a Joaquín Sabina, que cantaba en La Mandrágora, y a Amaro. “Quería hacer exposiciones de cultura y entregar premios mensuales. Nos decía que éramos los mejores, pero después agregaba: ‘Ahora, en el aspecto económico, no les voy a pagar. Cuando empiece a funcionar, sí’. Un día fuimos juntos con Sabina y le dije que nos tenía que pagar y le di un golpe a una mesa y se rompió. Entonces enseguida nos pagó. Esa historia aún Sabina la recordaba cuando nos reencontramos después de mucho tiempo. Teníamos una relación de mucha amistad”.

    Hacia Noruega

    En España Amaro vivió hasta 1982. “Lo que pasó es que el amor tiene razones que la razón no entiende”, dice para explicar su amor por Elin, a quien conoció cuando fue a cantar a Gijón. La pareja vivió junta en Valencia unos meses y después a Elin le salió un trabajo como azafata de la compañía SAS. Entonces se fueron a vivir a Bergen, la ciudad de Elin, en Noruega, primero por un tiempo, pero se fueron quedando.

    “Se buscan fórmulas para seguir cantando. Primero lo hice como solista con la guitarra, después toqué en una banda. Tienen muchos festivales de música con opciones muy variadas. Yo traté siempre de potenciar la parte musical porque el texto queda desvanecido”.

    Daniel Amaro
    Daniel Amaro

    Daniel Amaro

    El noruego lo fue aprendiendo primero en cursos y después en la práctica cotidiana. Lo difícil es la pronunciación, sobre todo de la u, que tiene diferentes sonidos. La u francesa la incorporó rápido y se distingue, incluso cuando habla en español. “Uno sigue pensando en español y hace traducciones literales graciosas. Un día me presentaron a una señora y le dije que se conservaba muy bien. Traducida al noruego esa frase suena espantosa, y explicarla es peor. Sobre todo si se tiene que explicar la ironía, marchaste. Y yo soy muy irónico”.

    Con Horacio Ferrer, Julia Zenko y el bandoneonista noruego Per Arne Glorvigen estrenó en la ópera de Oslo María de Buenos Aires, de Astor Piazzolla y Ferrer. “Era un formato de concierto con tres personajes. Tuvo un éxito fantástico. Pero ahí te das cuenta del idioma, Ferrer contaba la historia con unos diálogos entre él y el bandoneón. Hicimos en 15 días 14 funciones, una locura”.

    Amaro dice que sus hijos son más uruguayos que él y hablan muy bien español. Su hijo se llama Joaquim por su abuelo portugués, y siempre tiene que aclarar en Montevideo que su nombre termina en eme. Su hija Julia tiene que aclarar en Noruega que su nombre es con a, porque allí los nombres suelen terminar en e. Ellos son una de las razones por las que Amaro se queda en Noruega. También porque es un país muy hospitalario y estable, en el que ha podido continuar con su música.

    Él considera que su disco Mares y abismos es una larga declaración de amor a Montevideo y por eso le tiene mucho cariño. “Pero indudablemente, A la ciudad de Montevideo es como la madre de una serie de canciones”. Entonces entona uno de sus versos como respuesta a cuál tema prefiere más: Si de nuevo me tocara / elegir para nacer / elijo Montevideo / para poderla querer / elijo Montevideo / para morir de tanguez.