Comenzó a mostrar sus dotes de artista cuando era un niño y vivía en Cruz de San Pedro, un paraje rural de Rivera limítrofe con Brasil, donde nació en 1943. En su casa dibujaba en un block y su padre, que se dio cuenta de que allí había una pasión, un día le dijo: “Cuando vaya a la ciudad te traigo unos lápices apropiados”. Y regresó con dos lápices nº 1 negros. La anécdota se la cuenta el artista Osvaldo Leite a su hija Magdalena, con quien mantuvo largas entrevistas que acompañan un libro voluminoso y de hermosa edición. Ese libro, en el que también participaron sus hijas Lucía y Verónica y su hijo Osvaldo, todos artistas, es parte de un proyecto ambicioso: la creación de la Fundación Osvaldo Leite, cuya sede será en su casa-taller, que tiene un linaje artístico porque en otra vida perteneció al artista Carmelo de Arzadun.
“El libro surge primero por una propuesta que le hizo una editorial belga. Por diferentes circunstancias, cambiaron las autoridades de esa editorial y Osvaldo decidió hacerlo todo en Uruguay. Cuando yo empecé a trabajar en la curaduría, lo hice en paralelo con el libro que él venía trabajando desde hace mucho tiempo y recoge su trayectoria a través de recuerdos, anécdotas y material documental. Su gran anhelo era aunarlo con la exposición”, dice Méndez a Búsqueda frente a las obras en la sala 5 del MNAV.
Tanto el libro como la exposición siguen el peculiar itinerario de Leite desde la ciudad de Rivera, donde tomó clases en la Escuela Taller de Artes Plásticas, pasando por su residencia en Montevideo, donde estudió con el artista Edgardo Ribeiro, y después su viaje a Europa, donde trabajó durante varias décadas como retratista de la nobleza.
“La idea principal de la muestra era exponer obras que él tuviera y no se hubieran mostrado. También conseguimos algunas de colecciones privadas, del Palacio Legislativo y del Banco República”, explica Méndez. Mucha obra de Leite permanece en Bélgica, alguna fue hecha por encargo y es difícil de recuperar. Por eso el artista ha comprado varios de sus propios trabajos, sobre todo los que considera clave en su producción, para que se preserven en la fundación.
Una de las obras que se pidió al Palacio Legislativo, y que él considera importante, fue El guitarrista, un retrato de su hijo Osvaldo, que es músico y trabaja en la Facultad de Artes. En sus cuadros hay muchos instrumentos, sobre todo de cuerdas. También están los retratos familiares de sus hijas, Verónica es ilustradora y escritora de libros infantiles, Lucía es cantante y Magdalena es bailarina. “Trabajan mucho en equipo y en varios proyectos. Para esta muestra fue fundamental la colaboración de la familia”, aclara Méndez.
Un adolescente en Montevideo
De su época de estudios en Rivera se exhibe una escultura tallada en piedra. Es de 1956, Leite tenía 13 años y ya mostraba un gran dominio de la figura humana. “Tenía a esa edad una concepción del espacio, del volumen, de la forma del rostro. Un gran dominio de la proporción”, dice la curadora.
A raíz de una beca que le otorgó la Intendencia de Rivera junto con la Unesco, Leite viajó a Montevideo a buscar un taller para seguir formándose. Buscó muchísimo, y de casualidad conoció el de Edgardo Ribeiro, de la Escuela del Sur. Y cuando vio las pinturas de Ribeiro decidió elegir su taller. Pintó bodegones al natural, estudió las proporciones, la luz. Otros bodegones eran más planos y constructivos. Pero en sus pinturas se comienza a distinguir una síntesis.
En paralelo, a Leite le empezaron a interesar los retratos, algo que en el taller realizaban después de mucho tiempo de ejercicios. Pero, cuando Ribeiro vio cómo pintaba, lo dejó. Entonces él hacía horarios muy extensos y, entre los ejercicios obligatorios, pintaba la figura humana.
De 1962, cuando llevaba menos de un año en el taller, es su primer autorretrato, realizado a pura mancha de pintura. Los ojos no son ojos sino dos manchas que, sin embargo, están mirando. Méndez comenta que Leite nunca trató de imitar la realidad como hacen muchos retratistas. “En este autorretrato, ya mostraba la mancha natural y la síntesis de las formas, que tiene como resultado la figura. Por momentos parece que fuera hasta de cierto modo metafísico. Torres hablaba de la metafísica y de la mística en la pintura”. Con su primer autorretrato, ganó una distinción. Y ahí empezó a perfilarse más como retratista.
Lo eligieron entonces para integrar una muestra en Buenos Aires con otros 20 artistas, pero no pudo participar porque era menor de edad. Igual quedó maravillado con el arte que conoció. Después viajó a Brasil y pudo hacer un estudio de Goya, artista que lo deslumbró cuando conoció su obra. Hizo un estudio del rey Fernando VII que significó otro paso en su trayectoria. Cuando regresó a Montevideo y le mostró sus trabajos a Ribeiro, el maestro le dijo que no tenía nada más que enseñarle.
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Descanso, óleo sobre tela
Osvaldo Leite
Un camino propio
Son variados los retratos familiares. Hay unos cuantos de su esposa Rosario y de sus hijos. Y uno de grandes dimensiones, La familia, de una expresividad y naturalidad impactante.
En la década de los años 70 comenzó su período europeo. Primero se estableció con su familia en Ibiza y después en el puerto de Pollensa. Entonces comenzó un período de mucho trabajo, fructífero: se fue vinculando con otros artistas y los pintó, con compradores, con gente que le pedía trabajos por encargo.
También empezó una serie de retratos sin modelos. Es una pintura mental que se hace a partir de los recuerdos, pero no son exactamente recuerdos pintados. Aparecen sus personajes en cafés y en las calles, algunos más abstractos que otros. Tienen algo de Barradas, pero es inconfundible el sello de Leite.
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Osvaldo Leite
Pintó también personajes extraños y una serie de arlequines que son una fiesta de colores y formas. Los arlequines remiten al pasado, pero están en el presente. Algunos tocan mandolinas, otros están en grupos. Sus cuadros adquieren en esta etapa grandes dimensiones. “Como decía Torres, el arte tiene que responder a su tiempo. En este caso él inconscientemente, porque no es algo que se piense, trajo esa figura atemporal a una espontaneidad pictórica muy grande”, dice Méndez.
Las bañistas, los cuerpos femeninos desnudos aparecen en la década de los 90. Algunos son retratos pequeños y muy íntimos con una temática clásica como las Venus o las Gracias.
Figuras públicas y no tanto
Varios de los retratos de Leite integran las galerías de presidentes del Banco Central y del Banco República. También ha pintado a Carlos Quijano, a Alberto Methol Ferré, entre otros. En esta muestra aparecen los retratos de Líber Seregni y de Wilson Ferreira Aldunate, que pertenecen a colecciones privadas. También, el de Martín Gurvich y del escultor Pablo Atchugarry, que forma parte de la colección del MACA (Museo de Arte Contemporáneo Atchugarry).
Pero junto con las figuras públicas están aquellas de la vida cotidiana, como el jardinero de uno de los castillos europeos. Porque, además de pintar a varios miembros de la nobleza europea, Leite vivió en el Palacio Real de Bélgica y fue retratista de los reyes. Esa etapa de su vida parece salida de una película.
Méndez recuerda una historia que también parece sacada de una película. “Osvaldo pintó al descendiente de una persona que había sido retratada por el artista Anton van Dyck. Él vio la obra de Van Dyck que tenía el mismo escudo familiar que la persona que retrató”.
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Leite es un artista que nuca deja de investigar, y esa inquietud lo llevó a realizar esculturas que también están en la muestra del MNAV. Tienen formas geométricas, son de diferentes tamaños y tienen, como sus cuadros, una síntesis de color.
Como si fuera un círculo que se cierra y vuelve a abrirse, la muestra termina con otro autorretrato. Se lo había vendido a un marchand europeo, pero en uno de los viajes de Leite, ese marchand decidió regalárselo. Le dijo que ese retrato lo tenía que conservar él porque era muy bueno. Que tenía que estar en el país de origen. Entonces Leite se lo trajo y es la pintura que aparece en la tapa de su libro y como imagen de la exposición. Al decir de su curadora: “Son puras manchitas que construyen el retrato. Con poco hizo mucho”. Hay que mirar de cerca y de lejos esa pintura. Es una de las maravillas de este artista itinerante que atravesó dos mundos.