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    ‘Ted Lasso’, una exitosa serie entre la inocencia estadounidense y la acidez británica

    El protagonista es un entrenador estadounidense de fútbol americano que termina dirigiendo un cuadro de la Premier League inglesa; en agosto se estrena la cuarta temporada, luego de algunas críticas a su giro hacia la didáctica de la corrección política

    Columnista de Búsqueda

    ¿Es posible hacer una serie sobre fútbol en la que el entrenador del equipo no tenga la menor idea de fútbol? ¿Puede esa serie extenderse en clave cómica sobre docenas de asuntos de la vida y decir algo relevante al respecto? Ted Lasso asegura que sí. Tras anunciarse que en agosto se iniciará la cuarta temporada de la serie, que se ve por Apple TV, vale la pena recordar cómo fue que Lasso, un entrenador de fútbol americano colegial de los Estados Unidos, terminó dirigiendo al AFC Richmond, ficticio club de la muy inglesa Premier League. Y qué cosas hizo en su vida mientras dirigía ese equipo. Porque de eso trata Ted Lasso: de cómo el fútbol es parte de la vida y la vida parte del fútbol, de manera inseparable. Y también muy cómica.

    Para empezar, ahí está Jason Sudeikis, el actor que da vida a Ted Lasso y que además es el productor ejecutivo de la serie. Sudeikis es perfecto en su rol de entrenador estadounidense del medio oeste, ingenuo pero al mismo tiempo inteligente y formado, dueño de un humor siempre bienintencionado. Es claro que el actor “entendió” perfectamente la psicología de su personaje hasta el punto de fusionarse en ella de manera natural y convincente. No es casual que Sudeikis sea también uno de los guionistas del programa. Así, Ted Lasso, la serie, resulta la maravilla que es en buena medida gracias a la fineza de Sudeikis en la tarea actoral, por el balance entre su aparente inocencia en situaciones sociales y la profundidad de su carácter en los intercambios cercanos.

    Parte esencial de la gracia del personaje es su condición de estadounidense, lo que provoca un sinfín de gags y situaciones de contraste con el entorno británico. La inocencia y bonhomía de Ted chocan con el humor afilado y casi siempre ácido de los ingleses, y la serie usa esas situaciones como parte esencial de su tejido conectivo. El grueso del humor que se desarrolla en cada capítulo parte de esa tensión, que casi siempre se resuelve de manera suave. Y es que esa es una característica del programa: la aparente candidez con que se resuelven los conflictos que plantea. Y a pesar de tener como marco la vida de un club de fútbol, el foco de la serie está claramente en las relaciones humanas y en el despliegue del carácter de sus personajes a lo largo de las temporadas.

    Embed - Ted Lasso — Official Trailer | Apple TV

    Claro, para que eso sea creíble, incluso en tono de comedia, se necesita un elenco sólido. Así, más allá de Sudeikis/Lasso, el resto es estupendo y se ensambla como un extenso coro de voces que afinan a la perfección. Además de contar con notables actuaciones, la serie construye un delicado equilibrio en el que todos los miembros del coro cumplen y sostienen una función dramática y narrativa muy específicas. No sobra nada ni nadie en Ted Lasso. Así, tenemos al Coach Beard, interpretado por Brendan Hunt, socio estadounidense de Ted, quien lo acompaña desde sus triunfos en el fútbol americano colegial en Estados Unidos. Por cierto, Sudeikis y Hunt son, junto con Bill Lawrence y Joe Kelly, los creadores de la serie. Beard es hosco, cómico, impredecible y absolutamente leal a Ted.

    Destaca dentro del elenco Hannah Waddingham como Rebecca Welton, la dueña del equipo. Rebecca es propietaria del cuadro tras divorciarse de su exmarido. Contrató a Lasso con la esperanza de que con su inexperiencia hundiera al equipo y eso lastimara a su ex, quien sentía un profundo apego por el AFC Richmond. Estupendos son también Juno Temple como Keeley Jones y Phil Dunster, quien interpreta a la novel y arrogante estrella de equipo Jamie Tartt. De ser pareja en la primera temporada, su vínculo deviene en algo distinto y más profundo a medida que pasan las temporadas. Tampoco se queda atrás Jeremy Swift, en el papel de Leslie Higgins, el peculiar director de operaciones del club.

    Dato de color: el actor que interpreta al delantero Dani Rojas, el mexicano Cristo Fernández, fue juvenil en el Tecos de Guadalajara. A los 15 años se lesionó y se volcó a la actuación. De manera bastante insólita, en mayo de este año se integró a El Paso Locomotive de la segunda división de Estados Unidos; se volvió futbolista profesional a los 35 años.

    Capítulo aparte son los roles que interpretan Brett Goldstein y Nick Mohammed. El primero como Roy Kent, quien comienza siendo un veterano mediocampista. A pesar de su entrega y de ser el capitán, hace tiempo que vio pasar sus mejores momentos futbolísticos. Inspirado en el muy real exjugador irlandés Roy Keane, el rudo personaje interpretado por Goldstein (también guionista) termina como técnico del cuadro y es uno de los puntos altos de comedia. Gruñón y malhablado como nadie, probablemente sea Roy el personaje más cálido de la serie. En la intimidad, claro.

    Por su parte, Mohammed interpreta a Nate Shelley, quien comienza como utilero del equipo, llega luego a entrenador asistente y después se marcha a dirigir al West Ham United, ahora propiedad del malvado Rupert, el ex de Rebecca. Tímido hasta el paroxismo, Nate sufre una transformación personal que lo lleva a ser el antagonista de Ted, en una suerte de “proceso de construcción del villano” que funciona a la perfección en la trama amplia del programa. Aunque, como ocurre con casi todo el programa, su personaje también tiene final feliz.

    La serie no sería lo que es si no fuera por la casi infinita galería de personajes secundarios que por lo general suelen tener un capítulo dedicado a ellos. Así, un trío de cómicos hinchas que miran los partidos en el pub de Mae, casi siempre a las puteadas, termina acompañando a Beard en una delirante odisea nocturna que homenajea a la película After Hours de Martin Scorsese. O el capítulo en el que Sam Obisanya, prometedor delantero nigeriano, decide boicotear al principal patrocinador del club, Dubai Air, por ser parte del grupo que integra a Cerithium Oil, una petrolera que acaba de provocar un derrame de petróleo masivo y la consecuente destrucción ambiental en su país de origen. Su protesta, en un comienzo estrictamente personal, es apoyada por el resto del equipo, gracias al sostén de su capitán, Isaac MacAdoo. A ese elenco se suman decenas de personalidades del fútbol inglés y de su periodismo deportivo, que aparecen haciendo de sí mismos o de rivales del ficticio AFC Richmond.

    Se viene la cuarta

    De la cuarta temporada, que se estrena en agosto de 2026, se sabe que trae consigo un cambio grande. Ted, quien regresó a su natal Kansas por cuestiones afectivas, vuelve a Inglaterra para entrenar al equipo femenino de fútbol del AFC Richmond, que juega en la segunda división. Cambia buena parte del elenco y cambia buena parte de los conflictos del programa. Tampoco debería llamar la atención ese giro, ya que si algo se le criticó a la tercera temporada fue cierto deslizamiento hacia la didáctica de la corrección política. Esto es, todo lo que aparecía de manera natural y sin dar lecciones en las primeras dos temporadas, en la tercera, se presentó con un afán pedagógico que volvía menos potente el “mensaje” del programa.

    Programa que, conviene recordarlo, fue siempre una comedia de tono alegre y ligero, por más que abordara temas sociales y personales complejos (el proceso de separación de Ted de su pareja, por agregar uno). Pero eso es lo que suele ocurrir cuando al público adulto se lo trata como si fuera escolar. El “mensaje” que dejaba espacio para que la audiencia llegara a sus propias conclusiones provoca cierto rechazo cuando es presentado como un manual de instrucciones para la buena vida. Por lo menos en el público que cree que la ficción televisiva es un fin en sí mismo, no un medio o plataforma para las mejores causas.

    Más allá de este corrimiento, habitual en buena parte de las series televisivas actuales, será interesante ver si la cuarta temporada de la serie profundiza en esa suerte de didáctica para adultos lerdos o si recupera sus mejores momentos. Porque la principal virtud de Ted Lasso fue siempre su capacidad de articular comedia ligera con profundidad temática. Una articulación que permitía que nunca el “mensaje” condicionara el humor del programa y que, de manera natural y nada impostada, las ideas quedaran planteadas para quien quisiera tomarlas.

    En todo caso, las tres primeras temporadas son un buen ejemplo de que se puede hacer comedia en casi cualquier marco temático. Que se puede hacer humor de manera sostenida sin caer en la chabacanería y sin subestimar (casi nunca) al espectador. Y que todo eso puede ocurrir mientras en la pantalla aparecen goles más o menos realistas y personajes entrañables que se ven transformados por todo que va ocurriendo a su alrededor. No es poca cosa.