• Cotizaciones
    jueves 23 de julio de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Vuelve el Alemán: “Siempre busqué generar espacios de soledad para hacer canciones”

    El cantautor presentará su nuevo disco, Yo quién sería, el domingo 26 en el Auditorio Adela Reta

    Además de ser cantautor con varios discos publicados y murguista con más de 25 años de tablados, Gerardo Dorado Dietrich, más conocido como el Alemán, trabaja en educación secundaria como docente de música y director de coros. Este artista de 44 años, nacido y criado en Peñarol, vive con su pareja en Neptunia, da clase de música en un liceo de Atlántida y dirige el coro de un liceo en Colonia Nicolich, Canelones.

    Se llama igual que su padre pero eligió su nombre artístico por el apodo que heredó de su abuelo, Jacobo Dietrich. “Mi barrio es Peñarol. Nos criamos todos allí. Mi abuelo, mis padres, mis hermanos y yo. Vivimos todos en la misma cuadra y desde siempre nos conocen como ‘los alemanes’. Mi viejo tiene facciones alemanas, pero se ve que me veía más rubio a mí y me decía Gringo. Entonces cuando comencé mi carrera solista no lo tuve que pensar mucho: el Alemán”. Irónicamente, cuenta que algunos de sus amigos más íntimos le dicen el Uruguayo porque es el más cultor del mate, los asados y el fútbol.

    El domingo 26 el Alemán presentará su flamante disco, Yo quién sería (Montevideo Music Group) en el Auditorio Adela Reta (entradas en Tickantel de $ 800 a $ 2.500). A continuación, la entrevista que el artista mantuvo con Búsqueda.

    —¿Tu vocación por cantar surgió en el barrio donde creciste?

    —En la escuela no me iba muy bien, pasaba siempre raspando, con lo mínimo. Pero no era por revoltoso, al revés, era muy tímido, callado y en un rincón. Pero para lo artístico siempre fui líder; armaba movidas en la escuela y en el barrio, bandas de todo tipo. Hacíamos bandas de covers de cualquier cosa, jugando. En los tablados de Sayago descubrí la murga y ya de adolescente, con otros amigos, armamos Tiranos Temblad y La Peñarola. La murga, con sus posibilidades vocales, me partió la cabeza. Yo no tenía herramientas musicales muy desarrolladas, no había estudiado un instrumento, entonces con la murga descubrí mi camino en la música.

    —¿Cuáles fueron esas murgas que te deslumbraron?

    —Contrafarsa y Araca la Cana, en el año que ganó después de mucho tiempo (1997). Por esa Araca le pusimos Tiranos Temblad a la murga que hicimos. Teníamos solo una canción y trajes de plastillera. Un feriante llamado Javier nos regaló las pinturas para los trajes. Un cuento de barrio. Esas pequeñas historias de colaboración entre vecinos y amigos que construyen un montón en lo cultural. Son hechos que guardo bien nítidos en mi memoria.

    El Alemán.

    El Alemán.

    —¿Entrar a Falta y Resto fue como para un futbolista pasar a jugar en primera división?

    —Sí, un mundo nuevo y un camino que, paradójicamente, fui transitando en soledad. Tenía 16 años cuando entré a la Falta, en el 2000. Tenía valores aprendidos en mi casa, de cómo caminar, de cómo comportarme. La poesía del Flaco (Raúl) Castro tiene algo muy especial. Yo cantaba una parte que me sigue emocionando. Decía algo sobre que algunas personas muy insensibles ante la pobreza “tendrían que pasar un invierno donde el agua se escapa por los techos de chapa”. En la cocina de mi casa el techo era de chapa y a veces, cuando llovía, había que levantar el techo con unos palos para que no se filtrara agua. Mi hermana Laura me fue a ver y se emocionó mucho. Entonces cuando alguien dice eso de que “la murga es la voz del pueblo”, yo lo siento muy cercano. Esos primeros años en la Falta fueron los de la crisis de 2002 y la murga comenzó a reflejar. En mi barrio, la feria comenzó a ser el espejo de aquel tiempo, y se llenó de gente que armaba puestos improvisados en las puntas de la feria, donde vendía cosas usadas para rebuscarse. Eso permanece hasta hoy. Y en la Falta también les cantábamos a esos feriantes obligados, los exponentes de una economía diferente a la de las clases media y alta.

    —¿Cómo recordás el vínculo entre la murga y el rock en aquel tiempo, que te llevó a cantar con La Vela Puerca en De bichos y flores?

    —Tuve la suerte de conocer a Alejandro Balbis, que es un gran cantante y docente de canto, y empezar a tomar clases con él. Él me iba entrenando en el canto y me empezó a llevar a cantar con él en sus proyectos. Gracias a él conocí a Edén Iturrioz, otro gran cantante, creador de la murga La Peñarola, y formador de decenas de cantantes de murga. Hasta hoy, Edén sigue haciendo un gran trabajo con niños y adolescentes, formando gurises de los barrios en el canto. Balbis fue quien me invitó a la Falta, y entre otras vueltas me llevó a cantar con él en una canción para Nacional y me invitó para cantar José sabía con La Vela. También con La Vela y algunas voces de la Falta grabamos una cortina para el programa de Luis Orpi en Canal 10. También en esa época cantamos con La Vela en varios recitales en conjunto con La Bersuit.

    —Después de eso estuviste más de cinco años en Los Fatales, como uno de los cantantes, en pleno auge de aquella movida tropical llamada pop latino. ¿Cómo lo recordás?

    —Hay un imaginario respecto al mundo artístico y de la música tropical que no es tan así. Yo siempre lo tomé como un trabajo, con la seriedad que exige cualquier trabajo. Los Fatales era una compañía. En su apogeo llegaron a ser nueve instrumentistas, además de los cantantes. Se ensayaba mucho, se tocaba mucho y éramos recontra responsables. Cada tanto, en todos lados, puede haber gente mal encarada, pero era la excepción. Era muy intenso, muy exigente. Tocamos en todo el país y también viajamos a varios lugares del mundo. Un domingo hicimos cinco shows; pasamos todo el día tocando y volando en avión. Un avión chico, para 15 personas. Bajábamos en cinco ciudades, tocábamos y a volar de nuevo. El Fata (Delgado, director del grupo) había puesto dos camionetas con equipaciones de escenario distintas, que se iban adelantando. Cuando llegábamos ya estaba todo armado. Una locura (risas). A las cuatro de la mañana tocamos en Rocha y teníamos que venir a tocar en Montevideo. Volamos casi al amanecer.

    El Alemán

    El Alemán

    —Seguramente aprendiste mucho del oficio del cantor popular en esos años...

    —Muchísimo. Aprendí mucho, en todo sentido. Cuando empecé a cantar en murga, a los 17, me gustaba mucho la música tropical. Mis hermanas estaban muy roqueras y mi viejo siempre había sido de “la tropi”. En esos años la movida tropical pasó a tener una carga negativa. No tenía onda, no estaba bueno (ríe). Entonces durante un tiempo renegué de la tropical y me dediqué a la murga. Pero después, cuando precisaba trabajar, volví, y me fue ganando todo, el formato pero también el swing de esta música. A nivel textual, sí, yo no me sentía tan cómodo. Yo quería decir ciertas cosas que no son para ese medio, no funcionan. La gente va a bailar, a divertirse, y no podés ponerte a hablar de problemas de la sociedad o conflictos existenciales. Rubén Blades lo ha hecho, pero es el único.

    —Después volviste al carnaval y comenzaste a salir en varias de las principales murgas, como La Gran Muñeca y Asaltantes con Patente. ¿Cómo surgió el impulso para iniciar tu camino como cantautor solista?

    —Cuando estaba en Los Fatales yo seguía saliendo en carnaval, cuando podía. Hoy lo recuerdo y no puedo creer cómo me daba el cuerpo. En 2007 dejé el grupo y me convocaron para dirigir Falta y Resto, que es de lo más grande que te puede pasar en carnaval. Me tocó dirigir un año increíble de la murga. Anarquía fue tremendo espectáculo. Después dirigí La Gran Muñeca y volví a dirigir la Falta en 2011. En el trabajo como director fui apreciando también el poder de la melodía, que es el corazón de la canción. Y fui comenzando a crear mis propias melodías, mis propios arreglos, mis propias canciones. Fui también cultivando un gusto por la simpleza de la canción popular, nunca me incliné por la complejidad como un estilo, que es algo que a veces sucede con la canción.

    —Hablaste de la melodía y hablaste de Milo J y justamente de lo más llamativo de Milo J es cómo valoriza la melodía en un género como el urbano, que prácticamente la ha desterrado. ¿Sentís que está en crisis la melodía?

    Creo que si bien hay géneros nuevos que la relegan, la melodía no va a morir nunca en la canción. Milo J es la mejor prueba: apareció y volvió la melodía en todo su esplendor a ese mundo, y a su vez quizá mucha gente joven pudo conocer el mundo maravilloso de la melodía gracias a él y a todo lo que está pasando con él. Es cierto que hay una gran corriente del mercado que se ha alejado de la melodía, para una música más reiterativa, basada en ostinatos que repiten el mismo motivo melódico y atomizan un poco (ríe). La canción del Mundial (Dai dai, de Shakira) es básicamente la misma frase repetida 40 veces. Igual, por un lado está lo masivo y lo comercial, y por otro lado hay muchos mundos caminando por debajo, con mayor o menor llegada. Y lo económico es determinante. Hay mucho música interesantísima que se termina porque los músicos necesitan pagar las cuentas y en algún momento tienen que dedicarse a otra cosa. Esa lucha es permanente.

    El Alemán

    El Alemán

    —Con Sistema, tu primer disco, de 2008, apareció el cantautor. ¿Tu carrera solista es tu prioridad?

    —Siempre estuvo el deseo de hacer mis canciones y mi camino como artista. Siempre busqué generar espacios de soledad para hacer canciones y emocionarme con ellas. La emoción me ha guiado en forma intuitiva para saber si estoy o no en el camino que quiero estar. Es un diálogo conmigo mismo, una discusión que después deriva en una idea, en una melodía o en un texto. Eso es lo que más amo hacer. Después hay otro montón de cosas que hay que hacer. Pero esto es lo que quiero hacer. También hay otras actividades fuera de la música que me gustan mucho. Arreglar mi casa me encanta. Todo lo vinculado con la construcción me encanta. Albañilería, pintura, carpintería, todo lo que sea manual.

    —Bueno, no en vano tu segundo disco se llama Construcciones...

    —Sí. Ese título refiere a ese gusto.

    —Hacés un uso constante de la metáfora. Hay una marcada veta filosófica en tus letras. ¿La buscás?

    —La filosofía es muy importante en mi vida, y me gusta plasmar mi manera de pensar, de ver el mundo o de vivir la vida. Yo empecé a estudiar de grande, hice profesorado de Música en el IPA de grande y por suerte fue así, porque pude aprovechar la carrera de otra manera, eligiendo los profes y las profes, armándome la carrera con mi criterio. Las clases de filosofía fueron muy provechosas para mí. Me enriqueció mucho aprender epistemología, por ejemplo. Me gusta buscarle la vuelta a todo. Me defino por mis convicciones y mi ideología como materialista y marxista. Es mi manera de ver el mundo. Cuando leí la biografía del Che Guevara de Jon Lee Anderson me cambió mucho la cabeza, y eso me ocurrió a los 17 o 18 años. Fue muy influyente eso.

    —Después de la pandemia te llevó un buen tiempo publicar un nuevo disco. ¿Cómo se gestó Yo quién sería?

    —Durante todos estos años, todos los días he estado pensando y trabajando en algo vinculado a este disco y a estas canciones. Fue un proceso lento. Mi celular es la bitácora de todo este camino. Debo tener unas 500 melodías grabadas, de las que surgieron las canciones. Fue un gran trabajo llegar al estudio con las canciones prontas para grabar. A medida que las iba componiendo las iba probando en vivo, a ver cómo eran recibidas. Muchas las descartaba y cada tanto alguna superaba la prueba y quedaba. Siempre me mantuve tocando en vivo y siempre tengo la preocupación por hacer algo que esté bueno.

    Yo quién sería es un título bastante borgiano y filosófico...

    —Sí, mi compañera es maestra y me llevó a vincularme con la educación, y a dar talleres en las escuelas. Ella me dice que Del principio es mi disco más personal, que en Construcciones estoy más abierto, mirando al mundo, que este es nuevamente un trabajo introspectivo, muy personal. Creo que tiene razón. En este disco las canciones hablan de cuestiones mías, básicamente. Pero creo que cuando reflejo una situación personal sé que estoy hablando también de temas universales, de lo que le puede pasar a mucha gente. Creo que se pueden identificar muchas personas que piensan o vivieron algo parecido. Por eso en el video de la canción Yo quién sería, el primer adelanto del disco, hay muchas personas mirándose al espejo y haciéndose las mismas preguntas que me hago yo en la canción.

    Canción para agradecer es bastante literal en su intención y Ofertas para curarse destila una mirada crítica con ciertas pseudoterapias de autoayuda...

    —Muchas de las canciones de este disco están vinculadas con un momento bastante complicado que me tocó vivir hace unos años, durante la pandemia. Con mi compañera hablamos mucho de las ofertas que hay para curarse a nivel emocional. Y según el criterio capitalista, si hay oferta es porque hay demanda. La pregunta es ¿de qué necesitamos curarnos? Parece que estamos enfermos de todo, que hay diagnóstico para todo. Y de eso aparecen un montón de necesidades que te conducen siempre a querer comprar algo nuevo. Te crean la necesidad de tener algo, pero a veces el tema es la necesidad del ser humano de mejorar, de corregir algo, entonces nos quieren vender algo para rendir más, para no quedarnos en el camino, para no volvernos viejos, para no enloquecernos. Entonces la sanación se transforma en un negocio, especialmente en las redes, que te explican y te venden mil y una maneras de hacer la introspección. De todo eso habla esa canción.