Javier Miranda. Foto: Presidencia

El presidente de la fuerza política asegura que la renuncia de Sendic “quitó presión”, que la coalición “salió fortalecida” y que ahora la apuesta es a la renovación sin prescindir de Mujica y Astori

En el Frente Amplio pierden “más tiempo en pegarle al compañero para posicionarse” que en discutir con la oposición, dice Miranda

7min
Nº1943 - al de Noviembre de 2017
entrevista de Raúl Santopietro

El escritorio del presidente del Frente Amplio, Javier Miranda, está repleto de documentos y libros. Entre una pila de tratados de derecho sobresale un texto en particular. La contrademocracia: La política en la era de la desconfianza, de Pierre Rosanvallon. Miranda lo citará varias veces durante la entrevista con Búsqueda.

Rosanvallon habla de la ética y Miranda lo asocia a la batalla que da el Frente Amplio. Sobre todo luego de que el hasta hace dos meses vicepresidente Raúl Sendic renunciara en medio de denuncias de corrupción. Miranda dice que el proceso fue difícil, pero cree que la fuerza política “salió bien” porque “reaccionó e hizo lo que tenía que hacer”. Y asegura que la salida de Sendic “quitó presión” con la sociedad y en la interna del Frente Amplio.

Superada esa prueba, los problemas en la interna siguen. A Miranda le preocupa “la tentación de pescar hacia adentro, desmarcándose”, que tienen sectores del Frente Amplio. Opina que “es suicida a nivel político” y que “quiebra la unidad”.

“Están perdiendo más tiempo en pegarle al compañero para posicionarse que en salir a discutir con la oposición”, dice.

Miranda piensa en el futuro y siente que tiene un rol vital, el de ser “la transición” entre la generación fundadora del Frente Amplio y la de los jóvenes.

Aunque afirma que la juventud “no es un tema de cédula” y asegura que no puede prescindir del capital político de José Mujica y Danilo Astori, su dedicación está puesta en que aparezcan nuevas figuras. Y “sería muy buena cosa” que una mujer integrara la fórmula presidencial frenteamplista en 2019.

—A dos meses de la renuncia de Sendic, ¿cómo cree que salió el Frente Amplio?

—Salió bien el Frente y se paró bien. Hay cosas que pasaron desde el 8 de junio al 9 de setiembre que son marcas bien importantes. Una, el proceso se condujo y fue absolutamente consecuente y firme. Se discutió, se buscó acordar y se llegó a un acuerdo con el que fuimos al Plenario. Hacia afuera creo que el Frente se fortaleció. Se podrá decir que se pudo actuar más rápido; todo lo que quieran, pero claramente el Frente reaccionó e hizo lo que tenía que hacer. No porque la ética sea exclusiva de la izquierda o porque no se puedan cometer faltas éticas, sino porque para la izquierda no reaccionar ante estos problemas es costoso.

—¿La renuncia era el único camino?

—No, no lo sé.

—¿Pero que Sendic salga del debate público fortaleció a la fuerza política?

—Es difícil de responder. Que renuncie un vicepresidente de tu partido no es ningún triunfo y duele en términos políticos y humanos. ¿Quitó presión? Sí, claro, es un hecho. Ahora, lo que nos permitió a nosotros y a toda la sociedad, es abrir la agenda de nuevo. El Frente Amplio volvió a cargar la agenda política.

—¿Hacia adentro también quitó presión?

—Sí, seguramente. Pero acá el tema es que la oposición intentó, permanentemente, desgastar al Frente. Si tiene un tema pega, pega, pega aun al costo de que se vuelva en contra suya, que es lo que está padeciendo ahora. El país vivió con una agenda política chiquita. Y la prueba es que cuando te sacás eso de encima, surgen temas importantes como el financiamiento de los partidos políticos, donde lo que está en juego es cómo se financia la democracia. Ahora centraron la discusión en el artículo 13. Ya vale la pena escuchar al senador (colorado Pedro) Bordaberry hablar de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, es maravilloso, es una buena cosa y prueba que la batalla por los Derechos Humanos que dimos durante décadas fue prendiendo. Ahora, si lo centramos en la discusión de los minutos… El problema está en quién pone la plata, no en los minutos en televisión, el centro es quién pone la plata y si eso no condiciona las políticas públicas luego.

—¿Cree que los casos éticos que estudia el Partido Nacional también surgen de “dejar la vara alta”?

—Lo que digo es que obliga a reaccionar, en otro momento esto no pasaba. No están fuera de la tradición política y menos en las intendencias este tipo de situaciones. Hoy todos los actores se cuidan mucho más y es bueno.

—¿Y las sospechas sobre el senador Leonardo de León no obligan al Frente Amplio a actuar?

—El Tribunal considera el asunto. Que haga lo que tenga que hacer, porque el respeto a la institucionalidad implica que, como presidente del Frente Amplio, no incida en lo que decida. Esa es mi ética. La Junta de Transparencia y Ética Pública hará lo que tenga que hacer y en Crimen Organizado harán lo que tengan que hacer. Listo.

—¿Pero a usted le genera dudas? ¿Es una situación similar a Sendic?

—Creo que no es lo mismo, entre otras cosas porque Alur no es una empresa pública, es una sociedad anónima. Pero más allá de eso, no puedo dejar de ver que soy el presidente del Frente Amplio. En términos institucionales hay que asumirlo: no te metas donde sabés que terminás incidiendo. Y segundo, políticamente es un error, porque hay un tema central en el Frente Amplio que es cómo generamos los hechos políticos desde la propia izquierda. El Frente Amplio obtuvo más menos el 50% de los votos en las últimas elecciones. ¿Cuánto más podés crecer hacia afuera? Poco. Y hay una tentación a crecer hacia adentro, a pescar de adentro, desmarcándose. Están perdiendo más tiempo en pegarle al compañero para posicionarse que en salir a discutir con la oposición. Y eso es suicida a nivel político y quiebra la unidad.

—¿Pasó con Sendic?

—Está pasando, no solo con el caso Sendic. Es también la ley de riego, es la reestructura del Banco República, es el tratado con Chile. O sea, los actores empiezan a marcar perfiles antes de dar la discusión y en la unidad.

—¿Se perdió la fraternidad?

—Se dan situaciones que no son fraternas y nada inteligentes. No sé si se perdió la fraternidad, sí creo que hay que estar llamándola constantemente.

—¿Las diferencias en el Frente Amplio sobre el tratado de libre comercio con Chile deja a la fuerza política embretando al gobierno otra vez?

—Sí, y me preocupa. Hay tres cosas que me preocupan. Una, que se vuelva a poner en aprietos al gobierno. Dos, cuando el gobierno se aprieta solo, que no es el caso de Chile. Tercero, que a veces juzgamos por los nombres y no por el contenido, que es lo que creo que pasa con Chile.

—¿Qué debe hacer el Frente Amplio para volver a ganar las elecciones?

—Lo primero es mostrar lo que se avanzó. Y tiene mucho para mostrar. Si se queda solo en eso es un error, sería ser conservador y eso no es la izquierda. Uruguay es totalmente distinto y mucho mejor a lo que era en 2005. Tenemos problemas, claro, y hay que volver a dar soluciones a los problemas. Tras 15 años en el gobierno, el Frente debe dar saltos cualitativos en su propuesta. Ya no se trata de profundizar los cambios, sino que hay que buscar nuevos cambios. Y hay un montón de agenda. Salto cualitativo en la reforma de la salud y en la ecuación económica, que debe repensarse porque se hizo muy bien, pero las lógicas de igualdad hoy no dan más. La política social tiene que ser más universal, por ejemplo, en materia de empleo, porque la agenda de ciencia y tecnología está cambiando el mundo de trabajo y debemos mirar allí. En materia de educación hay un desafío enorme y quizá allí tengamos una agenda deficitaria. No podemos seguir pensando que todo va a seguir siendo igual.

—¿El gobierno tiene el ojo puesto ahí?

—El gobierno está gobernando. Es el Frente el que tiene que poner el ojo ahí. Este gobierno tiene que llegar al 2020 con la mejor situación del Uruguay en los últimos 15 años y lo está haciendo. Acaba de aprobarse la primera etapa del acuerdo con UPM, va a entregar el gobierno con la inflación en el rango meta. Pero hay que armar proyectos y discutir, como solo el Frente lo hace, para crear nuevas utopías.

—En el último documento de Estrategia aprobado por el Frente Amplio, se insistía en dar lugar a los jóvenes. ¿La renovación que quiere llega hasta las candidaturas?

—La renovación de cabezas no es un tema de cédula de identidad. Conozco un montón de viejos que son muy jóvenes de razón y corazón, entre los cuales me incluyo, y unos cuantos jóvenes que están en la Guerra Fría de Eugenio Gómez. Sí es cierto que los jóvenes tienen la cabeza abierta para generar innovaciones, y yo concibo mi Presidencia en el Frente Amplio como la que genera la transición entre generaciones. Y para ellos hay que generar espacios. Las candidaturas también, quiero candidaturas jóvenes. No van a ser de 30 años, aunque me encantaría, porque no veo espacio político.

—Se habla de Mujica, Astori y Daniel Martínez como los candidatos.

–No sé si es así. Estoy loco si pienso que puedo prescindir de Pepe y Danilo, porque tengo en ellos una capacidad política enorme y jugar tienen que jugar. No necesariamente como candidatos, pero los candidatos no se imponen y es la gente la que empuja de abajo. No creo que sean solo ellos tres y voy a impulsar que aparezcan muchos más. Que aparezca Carolina (Cosse), Mónica (Xavier), Constanza (Moreira), Yamandú (Orsi) y otros que no aparecen.

—Javier…

—Javier (Miranda) no aparece y solo va a ser presidente del Frente Amplio. Voy a hacer todo para que aparezcan más. En todo caso, lo que no voy a hacer es llamar a una consultora para que aparezcan los candidatos.

—¿La fórmula debe integrarla una mujer?

—A mí me gustaría. Primero por un principio de igualdad que es algo que define a la izquierda. Tenemos un problema de acceso a los puestos de decisión para la mujer. Es un hecho, y hay que generar acciones que permitan visibilidad y sería muy buena cosa que tenga una mujer en la fórmula.