Ernesto Talvi se declara “obsesionado” por la educación. Desde que el 10 de marzo de 2016 se lanzó a recorrer el país para dialogar con vecinos, autoridades y emprendedores locales, ha ido alternando sus tradicionales “desayunos empresariales” con las elites que definen las políticas públicas, para “concienciar” al ciudadano sobre su “poder de cambio” y ejercer “presión de abajo hacia arriba”. Este economista, egresado de la Universidad de la República con un doctorado por la Universidad de Chicago, sueña con recuperar los valores de “movilidad social ascendente” y un tejido de convivencia armónico. Con esa idea lleva a cabo su particular gira, siempre desde la dirección académica del Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (Ceres), mediante presentaciones llamadas Encuentros ciudadanos, que lo llevaron por unas 40 localidades de 17 departamentos del país.
“Los jóvenes sin educación están condenados a la informalidad, al asistencialismo o a la delincuencia. No alcanza solo con invertir dinero en el sistema educativo para resolver la fragmentación. Se necesita una propuesta de contención social y emocional amplia”, dijo Talvi, quien propone la creación de 136 liceos “modelo” de gestión pública, semejantes a los que funcionan en la cuenca de Casavalle. “Allí está Finlandia”.
Liberal ante todo —“la libertad tiene una importancia total, absoluta y no negociable”—, aunque con “sensibilidad social”, Talvi, a sus 60 años de edad, se mantiene a prudente distancia de una divisa partidaria. Sin embargo, su nombre se baraja con insistencia en las quinielas de los presidenciables —sobre todo en filas coloradas.
Economista jefe y director de investigación del Banco Central (BCU), entre 1990 y 1995, Talvi tuvo una “participación clave” en la salida de Uruguay de la crisis económica y financiera de 2002 durante el gobierno de Jorge Batlle, según el propio presidente, a quien asesoró en reiteradas ocasiones. Batlle convocó a Talvi a presidir el BCU, pero este se negó, porque “el Titanic ya estaba hundido”, y entonces la tarea requería de un político más que de un técnico.
Lo que sigue es un resumen de la entrevista con Búsqueda.
—¿Qué lo motivó a pasar de hablarles a las elites económicas a recorrer el país para discutir la educación con la gente?
— Yo tengo una obsesión por el tema de la educación. Cuando asumí en Ceres como director académico, el 27 de agosto de 1997, el primer tema que pusimos en el debate fue la educación. Coincidió con el segundo gobierno de Julio María Sanguinetti (1995-2000); Germán Rama estaba al frente del Codicen. Hubo grandes conflictos, pero muchos cambios revolucionarios, muy resistidos entonces, hoy se aceptan como normales. Miro 20 años después y… no es que no se haya hecho nada, pero no se ha ido al corazón del problema, y la situación es dramática.
—A un año de sus Encuentros ciudadanos —los últimos en Salto y Paysandú, la semana pasada—, ¿qué va concluyendo?
—Que hay dos grandes problemas. El trabajador uruguayo promedio tiene muy pocos años de educación formal: ocho y medio contra 14 en los países desarrollados. Y la calidad educativa se está poniendo peor. De acuerdo a las tan denostadas pruebas Pisa, uno de cada dos liceales de 15 años no reúnen las destrezas mínimas para insertarse en la sociedad del conocimiento. Y las empresas dicen: abunda personal de poca o baja calificación —sin ciclo básico—, y falta gente calificada. Esto restringe la llegada de inversiones inteligentes. Así de simple.
—El martes 8, en la Escuela de Guerra Naval, ponderó por enésima vez los “modelos” de liceos como el Jubilar, Providencia, Los Pinos, Impulso… ¿Por qué insiste con ello?
—Porque Uruguay ya tiene un modelo educativo a replicar en casa: Finlandia está en Casavalle. El modelo surge de adaptaciones de paradigmas aplicados con éxito en otras partes. En Harlem hay un ejemplo paradigmático de chicos de comunidades con problemas de adicciones, consumo y violencia que en tres años equiparan sus aprendizajes a la media de los colegios afluentes de Nueva York por este modelo: eso es revolucionario. Un columnista del New York Times, David Brooks, lo llamó “el milagro del Harlem”. Nosotros acá lo llamamos “el milagro de Casavalle”.
—Usted propone crear 136 liceos “modelo” como estos en otras zonas pobres del país, gestionados por el Plan Ceibal, con una inversión de US$ 150 millones. ¿En qué sustenta su propuesta?
—Los números no son antojadizos. Se basan en un trabajo sobre una población total de 80.000 jóvenes con alta probabilidad de desertar del sistema educativo. Esa población está geográficamente bien localizada. El costo de 150 millones de dólares es adicional a lo que la ANEP gasta de primero a sexto de Secundaria: apenas una gota en el océano de los 15.000 millones de dólares del Presupuesto estatal.
—Ahora, estos liceos —como el promovido por la Fundación Impulso, cuyo consejo directivo integra Talvi—, se financian con aportes de empresas que se beneficien de exenciones impositivas. ¿Cómo observa eso?
—El Frente Amplio introdujo en 2007 la ley (de reforma tributaria) que permite deducir de impuestos las donaciones para este tipo de instituciones, entre otras. La ley habilita que la comunidad organizada, a través de aquellas empresas contribuyentes del IRAE, se embarque en proyectos para estos fines. El Frente firmó ese primer capítulo, y el capítulo dos ahora es tratar de generalizarlo con recursos públicos.
—¿Qué responde a quienes cuestionan que estos centros son selectivos y/o excluyentes, porque no todos los chicos acceden?
—En el liceo Impulso hay sorteo de plazas, no se seleccionan. Y de los 1.100 chiquilines que terminan en Casavalle la Primaria, 950 se anotan en Secundaria, porque unos 150 se caen del sistema y no llegan al liceo. Entre Impulso y el Jubilar se anotaron unos 850: eso cubre casi la totalidad de la población.
—¿Por qué empezar por los liceos?
—Porque es la herida que más sangra. Lo ideal sería empezar en la primera infancia. Pero a la escuela van todos, provengan del contexto socioeconómico que sea, aunque no logren los aprendizajes adecuados: están en la escuela, no en la calle. En el liceo es cuando se te pierden. Al final del primer ciclo —cuando abandona más del 70% de la población de este contexto—, estos liceos tienen una tasa de retención del 90%.
—¿Se trata entonces de implantar un sistema de enseñanza paralelo a la ANEP?
—No es cuestión de ANEP sí, ANEP no. Esto es complementario. Hoy los chicos pueden hacer liceo diversificado, UTU y los “liceos Ceibal”. Con la normativa jurídica de la ANEP hoy no se podría hacer el 80% de lo que hay que hacer en los liceos.
—¿Cree que este gobierno atenderá finalmente sus propuestas?
—Yo creo que no. Estamos a tiempo. Reformas como esta o similares son necesarias e impostergables. Pero confío que el próximo gobierno las va a encarar, sea del signo que sea.
—Sectores políticos y sindicatos docentes advierten “injerencia privada para formar trabajadores dóciles a la medida de las necesidades de las empresas”. ¿Qué responde?
—¡Nada que ver! “¡Ah, quieren preparar empleados sumisos para el capitalismo explotador!”. ¡Por favor! No queremos meter a las empresas adentro de los liceos. ¡Para nada! Aparte, prepararlos para lo que precisan las empresas sería un error, porque lo que hoy necesitan no es lo que van a requerir en cinco años, y las tecnologías que hoy se usan no se usarán entonces. Hay que prepararlos en valores, darles las herramientas para decidir lo que quieren ser en la vida.
—¿Hay una “mercantilización” de la enseñanza encubierta?
—Mercantilización es un cartelito descalificador. Habría que explicar qué significa… Enseñarle a un chico a estimular su creatividad, su análisis crítico, su capacidad de innovar, de emprender, de empatizar, le sirve para la vida… ¿Qué tiene que ver con mercantilizar?
—¿Este “modelo” busca introducir métodos de la cultura empresarial, a través de la educación por competencias?
—Es fácil descalificar con dos palabritas. Yo hablo de educar en capacidades. Este sistema educativo, lamentablemente, no prepara a los chiquilines para la vida. En última instancia nuestros críticos le temen a algo hermoso: la libertad. ¿Y qué es la libertad si no tenemos la posibilidad de elegir la vida que queramos llevar como ciudadanos dignos? La persona educada para la libertad es la más indócil que te puedas imaginar.