Lo involvidable de un año inolvidable

Estuvo el caso Marset: con su pasaporte, su entrevista televisiva y sus jerarcas destituidos. Más atrás quedó la sequía (sí, parece lejana, pero fue en 2023), que dejó salobres las canillas montevideanas. Fue este también el año en el que el oficialismo quedó sin su principal espada parlamentaria, el senador Gustavo Penadés, quien perdió su banca, su filiación y su libertad, imputado por abuso sexual a menores.

En el año que termina, muchos no pueden creer que en Argentina Javier Milei ganara las elecciones (los mismos que se sorprendieron con el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos y de Jair Bolsonaro en Brasil). El 7 de octubre, Hamás realizó la peor incursión terrestre que sufrió Israel en su historia; la respuesta solo puede sumar más lágrimas y sangre.

Pero no todo esto fue 2023. A la hora de un balance (subjetivo y arbitrario, como todo balance) en Galería se prefirió apuntar a las cosas que emocionan. Por esta parte del mundo, pocas cosas emocionan más que el arte. Bueno, quizá el fútbol. Y, sin dudas, también la muerte.

De Spotify a The Cure. Hay tantas opiniones como personas. Quizá en el mundo de la música lo más significativo para mucha gente haya sido la posibilidad de que Spotify se fuera del país debido a unos cambios incluidos —y luego corregidos— en la ley de Rendición de Cuentas. Si bien está claro que los verdaderos dramas de la vida son otros, en épocas donde el formato físico viene en capa caída más allá del revival del vinilo, y que el futuro parece estar en el streaming, a muchos les corrió un escalofrío por la espalda ante esta chance. Pero como para gustos y colores, habrá quien se quede con la music session (otro signo de los tiempos) de Shakira con Bizarrap, la Shakira: BZRP Music Sessions, Vol. 53 o Pa’ tipos como tú, que se lanzó tan temprano como el 11 de enero y bastante revuelo, sobre todo por fuera de lo estrictamente musical, armó. Taylor Swift, hoy casi la reina del mundo (la revista Time la nombró Person Of The Year por segunda vez), bajó al Río de la Plata y llenó el estadio Monumental de Núñez tres noches seguidas. Por las dudas, The Rolling Stones sacaron nuevo disco (y muy bueno, Hackney Diamonds) y, gracias a la inteligencia artificial, The Beatles volvieron con nueva canción, Now And Then. Esto último fue casi volver a los años 60.

Roger Waters en el Centenario. 

Roger Waters en el Centenario. 

Pero dos recitales realizados acá, ambos merecedores de un destaque particular en Galería, quedarán alto en cualquier balance y memoria. Uno fue de un artista nacional: la serie de cuatro presentaciones con las que Ruben Rada festejó sus ochenta años y repasó toda su trayectoria en el Auditorio del Sodre, poniéndole calor a agosto. El otro fue la deuda que saldó The Cure con el público uruguayo en noviembre, con un lleno total en el Antel Arena; quizá Robert Smith nunca sepa hasta qué punto influenció en el rock nacional posdictadura.

También estuvo Roger Waters en el Centenario, en el mismo año en que The Dark Side Of The Moon cumplió 50 años. Pero su presentación en noviembre estuvo un tanto eclipsada por la polémica previa con instituciones israelitas­, la tormenta que cayó sobre Montevideo y su presentación anterior de 2018.   

Volviendo al cine. En el mundo del cine, 2023 quedó como el del Barbenheimer. En el mismo día, 21 de julio, se estrenaron Barbie (Greta Gerwig) y Oppenheimer (Christopher Nolan). Estas películas, tan distintas como podrían serlo, provocaron un fenómeno que así fue bautizado en redes, basado en una vuelta a las salas de cine en pleno auge de las plataformas de streaming. También tuvo que ver el hecho de que los propios protagonistas animaban a los espectadores a ver ambas el mismo día.

El fin de año llegó con la megalomanía de la mano de Napoleón (Ridley Scott), que por ahora ha causado sobre todo críticas por el escaso rigor histórico con que fue tratada la biografía del emperador francés. Pocas semanas antes, Los asesinos de la luna fueron un ejemplo de que con una buena historia, un gran director (Martin Scorsese) y un notable elenco (Robert De Niro, Leonardo DiCaprio y Lily Gladstone) tres horas y media se pasan volando.

Sin embargo, seguramente lo mejor haya llegado al final, al menos desde lo localmente emotivo. La sociedad de la nieve de Juan Antonio Bayona, basado en el libro homónimo de Pablo Vierci, trae a la gran pantalla y a Netflix (la productora, nuevamente un símbolo de los tiempos) la que quizá sea la más universal de las historias uruguayas. En Búsqueda, Pablo Staricco escribió el 14 de diciembre que “hasta nuevo aviso” es “la adaptación definitiva del hecho”. Para todos a quienes les había quedado un retrogusto amargo con ¡Viven! (Frank Marshall­, 1993) es una buena noticia.

Los cien años de Macondo suenan. Hay imágenes que van a quedar grabadas en miles de espectadores. Ver a todo el Teatro Solís bailando Macondo de Los Wawancó, en el escenario, en las butacas, durante más de 20 funciones a sala agotada desde antes del estreno, varias veces por función, antes, durante y después, va a ser difícilmente olvidable. Una selva se instaló en octubre frente al principal teatro del país; adentro, dos directoras, 30 actores, 50 músicos y 36 autores latinoamericanos dieron vida a Macondo, una obra basada en Cien años de soledad, en el centenario de Gabriel García Márquez.

Macondo arrasó con el público y los Premios Florencio. Fue una obra sensorialmente deslumbrante que, vale decirlo, dejaba bastante afuera a quien no hubiese leído la novela más conocida de García Márquez. Es también la mejor demostración de lo que el dramaturgo Gabriel Calderón quiere que perdure de su gestión al frente de la Comedia Nacional.

Las también exitosas Frankenstein en la Facultad de Medicina y La Gayina (a partir de La gallina degollada de Horacio Quiroga) en la Zavala Muniz son ejemplos de este momento de la Comedia Nacional.

Macondo, en el Teatro Solís. 

Macondo, en el Teatro Solís. 

Locos, juveniles y negros de la Cuchilla. Que sale muy caro. Que no conoce la idiosincrasia uruguaya. Que no tiene muchos títulos. Que no mira a los ojos en la conferencia de prensa. Que le miente a la prensa. Que no respeta a los históricos. Que por algo le dicen “loco”. Todo eso se ha dicho sobre el argentino Marcelo Bielsa, quien en 2023 se convirtió en el nuevo director técnico de la selección uruguaya de fútbol. También podría haberse dicho que es un entrenador de élite, que la abrumadora mayoría de a quienes ha dirigido lo tienen como referente y que todos sus equipos pregonaban una filosofía de juego bien definida. El juego y los resultados en las seis primeras fechas de las eliminatorias rumbo al Mundial 2026 descartaron todas las dudas. Es cierto que por el reglamento es más difícil quedar eliminados que clasificar, pero la solidez de los triunfos logrados, sobre todo el 2-0 ante Brasil (primera victoria contra ellos en 22 años) y el 0-2 como visitantes ante Argentina (lo que no pasaba desde 1987), le confirió un apoyo entre la gente que al Maestro Tabárez le llevó cuatro años tener.

Siguiendo con la selección, la Celeste sumó este año uno de los pocos títulos que le faltaba: el de campeón mundial juvenil. El equipo que jugó el Mundial Sub-20 en Argentina (local de improviso porque al anfitrión inicial, Indonesia, se le ocurrió que la delegación de Israel no era bienvenida) no fue despedido con los augurios más optimistas, pero mostró una firmeza que tuvo su máxima expresión en la final, un triunfo 1-0 contra Italia que fue mucho más contundente que lo que reflejó el exiguo marcador final. Hacía 73 años que una camiseta celeste no llegaba a lo más alto en un torneo de este nivel; sí, desde el Maracaná. Y el interés quedó reflejado en que todo lo relacionado a ese torneo fue lo más buscado en Google en este país.

Uruguay campeón mundial sub-20 

Uruguay campeón mundial sub-20 

¿Y el fútbol local? Lejos del buen nivel demostrado por los seleccionados, los equipos se debieron limitar a buscar la gloria en el ámbito nacional. En ese parámetro, Liverpool hizo historia­ y fue justo campeón por primera vez en su historia, un logro que todos los observadores encontraron merecido y que casi todos —menos Peñarol, su rival en la final— deseaban. La derrota de Peñarol, justamente, fue el colofón perfecto para un año olvidable: su actuación fue lamentable en lo internacional, y en lo doméstico perdió un campeonato que parecía ganado hasta hacía un par de meses. De Nacional no se puede decir mucho: el título logrado por Liverpool fue la única alegría para un año totalmente intrascendente.

Hay gente que se olvida de que hay fútbol femenino. En él, Peñarol salió campeón luego de ganarle cuatro clásicos al hilo a Nacional. Si esto hubiera ocurrido en el plantel de varones, sería elevado como una hazaña comparable a una Libertadores o a un quinquenio. ¿Alguien vio a un manya eufórico o a un bolso apesadumbrado por ello? Más allá de las transmisiones televisivas, hay mucha gente que se olvida de que en Uruguay hay fútbol femenino; básicamente todo el mundo, menos las jugadoras, sus familias y dirigentes.

Marcelo Bielsa. 

Marcelo Bielsa. 

Los adioses. Tiene su costado incuestionablemente doloroso, pero es difícil hacer un balance de un año sin repasar los fallecidos más famosos. Tres mujeres muy notorias y muy distintas del planeta rock ya no están en este plano: la incombustible Tina Turner, quizá la primera sex symbol negra de ese mundo, la irlandesa Sinead O’Connor, famosa por su tremenda voz y su desdichada vida, y la brasileña Rita Lee, abuela, madre y madrina del rock en portugués. Si de símbolos sexuales se habla, dos de los mayores de la historia del cine, Raquel Welch y Ryan O’Neill, murieron respectivamente a los 84 y 82 años, en febrero y en diciembre. El director William Friedkin falleció el mismo año en que su afamada El exorcista cumplía 50 años y se estrenaba una secuela a su altura. El escritor Milan Kundera, el de La insoportable levedad del ser, y el crooner Tony Bennet pasaron a la eternidad. En el mundo de la política internacional, dos hombres que —por decir lo mínimo— dividieron las aguas también tuvieron su obituario: el italiano Silvio Berlusconi y el estadounidense nacido en Alemania Henry Kissinger.

Pero seguramente ningún fallecimiento hizo correr más ríos de tinta que el de Matthew Perry. Fue el 28 de octubre, a los 54 años. Se había metido al mundo en el bolsillo como Chandler Bing, de la serie Friends. La conocida lucha contra sus adicciones, la gracia que tenía para contar sus anécdotas (tremenda la que “involucra” a M. Night Shyamalan) y una forma de ser que lo hacía muy querible (como Chandler) provocaron una congoja que no supo de fronteras. Se había muerto un amigo que llegaba todos los días por televisión, justo en los 90, cuando las series comenzaban a ser el actor que hoy son en el mundo audiovisual.

Cristina Morán 

Cristina Morán 

Sinead O’Connor

Sinead O’Connor

En Uruguay parecía que Cristina Morán siempre iba a estar ahí, pero la pionera de la TV nacional falleció el 22 de setiembre a los 93 años, lúcida hasta el final, y la tristeza fue generalizada. Diez años menos tenía el frenteamplista Danilo Astori cuando murió el 10 de noviembre; casi ningún político que no llegó a presidente tuvo tamaña influencia en los últimos 30 años. Jorge Toto da Silveira dejó de existir el 4 de julio luego de 62 años de periodismo deportivo. Siguiendo con el fútbol, un exdelantero de breve pero brillante momento de gloria en 1980, Waldemar Victorino, se suicidó el 29 de agosto; su muerte reflejó la grave crisis de salud mental que tiene el país y que el deporte no está ajeno.

El año próximo será electoral. Y todo balance 2024 (subjetivo y arbitrario, vale repetir) va a quedar tapado por lo que dicten las urnas. La política partidaria también emociona. Y decepciona.

Rita Lee

Rita Lee

Danilo Astori

Danilo Astori

FUENTE: nota.texto7