Sí. João no solo está vivo sino que sigue activo: él es maestro de una orquesta en San Pablo y participa en las grabaciones del filme. Va a aparecer en el final, hay una escena que hago yendo al palco, cuando por primera vez voy a dirigir, y cuando termino aparece él (en mi lugar) tocando el piano con dos dedos. Ahora no puede mover bien las manos, pero con dificultad todavía toca. En el filme somos tres actores interpretándolo a él, en distintos momentos de su vida, y luego está él mismo, que sería el cuarto.
Además, lo quise conocer y él a mí. No quisimos imitarlo, pero tampoco podíamos ignorar algunas de sus características, como su acento, muy fuerte y peculiar hablando tanto inglés como portugués. ¡Y su pelo! Para interpretarlo me lo decoloraron, y como él es un poco calvo en algunas partes, me tuve que recortar. Su pelo hace parte de su personalidad, porque se mueve mucho. El es muy performático.
¿Y qué es lo más difícil como actor a la hora de interpretarlo?
Creo que lo más difícil es parecer que toco el piano como él lo toca. Porque lo que él hacía era de una aptitud descomunal: no en vano él es uno de los mejores intérpretes de Bach que se conocen en el mundo. Tenía una velocidad abrumadora. Yo no toco el piano, pero tenía que parecer que estaba tocando. Miré muchos videos de él, y traté de acompañar sus manos. Era una locura, realmente impresionante.
Pero usted toca la guitarra y tiene tres discos editados. ¿Eso influyó en que lo eligieran para el papel?
Sin duda. Y el director de la película, Mauro Lima, también es músico y toca el piano. Pero si yo fuera pianista, y un gran pianista, jamás tocaría como João. Entonces tenemos un doble de manos, que es un pianista de gran porte, lleva 30 años tocando instrumentos. E incluso así, él tiene muchas dificultades para tocar como João, porque es increíble lo que João hace.
João tuvo que superar una enfermedad que afectó sus manos. Para usted, ¿qué fue lo más difícil que debió sortear para convertirse en un artista exitoso?
La vida de cualquier persona da para una gran película, y yo también tuve mis problemas. Perdí a mis padres de adolescente: mi madre cuando tenía 14 y mi padre con 16, muy próximos. Esa ausencia de los padres es insuperable. Nada los sustituye, nada ni nadie, ese agujero, esa herida, queda para siempre. Claro que cicatriza, pero la cicatriz está allí, no desaparece. Pero vas superando las cosas y comenzás a ver lados positivos. Como adulto veo que muchas decisiones que tomé tal vez no hubiera tomado si mis padres hubieran estado vivos. Por ejemplo, ser actor y músico. Si mis padres estuvieran vivos tal vez no hubiera tenido el coraje de elegir este camino, por venir de una familia tradicional, donde hay que seguir ciertas profesiones. Ser actor era cosa como de vagos. Así que tal vez yo no llevaría esa vida, que tanto me gusta y me hace sentir tan feliz.
La elección de Uruguay para ciertas locaciones fue fundamentalmente por un tema de costos. ¿Qué otros beneficios encontraron aquí?
Muchas escenas precisaban ser en Europa, y no hay forma de llevar el equipo del filme a todos los lugares a los que fue João. Entonces se focalizó en Uruguay especialmente por sus teatros y su arquitectura, pues muchos lugares están bien conservados y todavía recuerdan a Europa. Ustedes tienen teatros de gran porte, como el Sodre, que es un teatro impresionante, y era el tipo de sitios en los que João se presentaba. Podría haber sido en Brasil, pero en Brasil todo el mundo reconocería a los teatros.
Durante la conferencia de prensa contó que esta es su primera vez en Montevideo, y que en algunos aspectos le recuerda a Curitiba, su ciudad natal. ¿En cuáles?
Primero en el frío. Este clima es muy parecido al de Curitiba, y muy diferente al que en general se asocia con Brasil. Brasil es muy conocido por Río de Janeiro: samba, calor, playa. Pero Curitiba no tiene playa, no tiene mar, ni samba, y hace frío. Entonces me recuerda mucho a esa ciudad.
¿Y la carne? En su Instagram subió una foto de una parrillada uruguaya...
¡Maravillosa! No me acuerdo de haber comido una carne como la de aquí. Fui al Palenque, me pareció maravilloso, y el dueño fue muy amable, me divertí bastante con él. Él me decía “comendador” (lo imita con voz áspera y disfónica).
¿Qué significa exactamente “comendador”, el título honorario de su personaje de “Imperio”?
Comendador es un título, como antiguamente había duques, vizcondes, marqués y cosas así. Hoy en Brasil existen dos tipos de comendadores. Uno es el que cualquier persona puede tener, basta con que algún representante político quiera rendir homenajear a una persona, por alguna cosa o beneficio que ella haya hecho para el Brasil. Y existe otro tipo de comendador, que normalmente se les da a hombres muy importantes que son casi como diplomáticos, porque es como si representaran al país fuera de él. En la novela, este hombre era muy rico y poderoso, viajaba por todo el mundo con las piedras preciosas; era un hombre muy influyente.
Al igual que en la película, para la novela tuvo que teñirse el cabello y avejentarse para aparentar más de los 46 años que tiene.
Ahora lo tengo completamente blanco, pero mi pelo ya es bastante grisáceo, muy parecido al del personaje de “Imperio”. Solo me hicieron algunas mechas más en gris. También me dejé la barba y los bigotes. En El Palenque, una señora se sacó una foto conmigo y me dijo, con voz triste, “¿por qué te sacaste el bigote?”. “¡Porque soy actor!”, le contesté.
¿Cómo se sintió en su visita a Uruguay en relación con el recibimiento de la gente, comparado con Río de Janeiro, donde vive?
¡Aquí es mucho más fuerte! Depende mucho de en qué parte de Río de Janeiro, claro, pero allí terminas viendo a los artistas bastante seguido. Me imagino que sería como ver a Mujica aquí. Para ustedes es común, pero si lo ven en cualquier otro lugar del mundo la gente se quedaría estremecida. Además, yo no me imaginaba que una novela de Brasil tuviera tanto éxito aquí.
En Brasil, “Imperio” se emitió de julio de 2014 hasta marzo de 2015 y en Uruguay terminó hace pocas semanas. Ahora usted está protagonizando una nueva novela, “A Regra do Jogo”.
Sí. Me imagino que será la próxima que entre aquí. En Brasil ya terminó, y si acá siguen el orden de Brasil, va a ser la próxima. Después de “Imperio”, allá siguió “Mujeres ambiciosas”, que se llamó “Babilonia”.
¿Cuáles son las principales diferencias entre actuar en novelas y en películas?
La novela es sin sin dudas infinitamente más cansadora. Mañana (jueves 26 de mayo) tengo unas diez escenas para grabar, mientras que en novelas llegas a grabar 30 o 40 escenas en un día. Y eso durante ocho meses. Es enloquecedor. Se trabaja seis días por semana, porque las novelas allá van de lunes a sábados. Eventualmente los domingos también. Pero es un trabajo muy divertido.
El año pasado se casó con la actriz Karen Brustolin y hace pocos meses tuvieron un bebe, Noá. ¿Lo inspira de alguna manera diferente al trabajar?
No sé si eso influyó algo en mi vida laboral ni en la relación con mis personajes, pues todavía es un hecho muy nuevo para mí. Lo que veo claramente es que hoy consigo ver un poco más de humanidad en las personas. Siempre fui muy pesimista sobre el ser humano, siempre creí que, con rarísimas excepciones, las personas eran muy egoístas. Y siempre pensé que las personas nacían así. Y me alegra mucho saber, por la primera vez, viendo a mi hijo de cinco meses, que no nacemos de esa forma. Un niño es tan puro de preconceptos: mi hijo se ríe con todo el mundo, abraza a todo el mundo, sea alto o bajo, gordo o flaco, blanco o negro, hombre o mujer. Para él eso no importa, pero a medida en que vamos creciendo vamos tomando un poco más de miedo a las cosas. Y él es tan abierto que me parece linda esa visón, que nunca la había percibido de tan cerca.