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Para cualquier periodista significa un antes y un después en el ejercicio de la profesión, un puntal de referencia y el ícono máximo del periodismo investigativo. Aunque hayan pasado 40 años desde que los reporteros Bob Woodward y Carl Bernstein escribieron una serie de notas que derivaron dos años después en la renuncia del presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, el caso —conocido como “Watergate”— sigue siendo un símbolo mundial de la función de contralor de los funcionarios públicos por parte de la prensa libre.
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Conocido como “el escándalo de Watergate”, el disparador de la investigación comenzó el 17 de junio de 1972, cuando cinco hombres fueron arrestados por copar la sede del Comité Nacional del Partido Demócrata, en el complejo de oficinas “Watergate” en Washington DC.
Woodward y Bernstein, periodistas del diario estadounidense “The Washington Post”, comenzaron una investigación seguida por docenas de notas, miles de horas de entrevistas y una relación muy particular con uno de los informantes, identificado como “garganta profunda” y cuya identidad no se supo hasta 33 años después de la publicación de los artículos. (Era Mark Felt, número 2 del FBI en aquel momento).
Con sus reportajes, el “The Washington Post” puso al descubierto un sistema de espionaje del gobierno republicano, encabezado por el propio presidente Nixon.
Las repercusiones políticas llevaron a investigaciones del Congreso y de la Justicia. Dos años después, en 1974, Nixon renunció para evitar un inminente impeachment (juicio político).
El caso, emblemático, marcó una “época de oro” para el periodismo estadounidense.
Cambió, también, parte de la forma de conceptualizar a la prensa y fortaleció definitivamente el papel del periodismo como un “vigilante” de los funcionarios públicos y “defensor” de los intereses de la sociedad toda.
En riesgo.
En una columna publicada en “The Washington Post” el jueves 7, Leonard Downing Jr., vicepresidente del diario y ex editor ejecutivo desde 1991 hasta 2008, recordó el 40° aniversario del sonado caso.
Downing Jr., quien trabaja desde hace 44 años en el diario y ejerce la docencia en la Universidad de Arizona, sostuvo que “cuarenta años después de Watergate, el periodismo de investigación está en riesgo en la caótica reconstrucción digital del periodismo en los Estados Unidos”.
“El periodismo de investigación serio, con importantes gastos de recursos y tiempo se convirtió en un peso para periódicos cada vez más encogidos que luchan por reinventarse y sobrevivir. Las organizaciones sin fines de lucro con portales y ‘start-ups’ que buscan llenar ese espacio, son financieramente frágiles y tienen una sustentabilidad incierta”, agregó el periodista.
Señaló que el periodismo investigativo fluyó desde la era de la Guerra de la Independencia, pero que entró “en hibernación” durante las dos guerras mundiales y en el período conocido como “la gran depresión”.
“Pero al comienzo de los años ‘60 revivió a caballo de los levantamientos por los derechos civiles, la contracultura y los movimientos contra la guerra de Vietnam”, añadió.
Según Downing Jr., “las historias sobre Watergate tuvieron un impacto profundo y duradero en el periodismo”, aunque “durante varios meses luego del allanamiento en las oficinas de Watergate, Woodward, Bernstein y sus colegas en el staff del diario estuvieron solos en la historia”.
“Fuimos ignorados y cuestionados por el resto de los medios de prensa y por casi todo el país y estuvimos bajo artillería pesada de la Administración Nixon y sus militantes. Fue una época muy tensa para los que trabajamos allí”, recordó.
El impacto y el presente.
Según el veterano periodista, el impacto del caso “Watergate” fue “tremendo”.
“Inspirados por Watergate, generaciones de jóvenes periodistas entraron a la profesión para hacerse reporteros de investigación. Diarios y cadenas de televisión formaron equipos de investigación y expusieron ese trabajo públicamente. Las revistas nacionales comenzaron a publicar largos artículos de investigación. Liderado por el programa ‘60 minutos’, los programas de noticias de contenido investigativo proliferaron por años”, precisó.
Downing Jr. sostuvo que ese tipo de periodismo “tomó forma y se convirtió en parte esencial” de la sociedad estadounidense, ganando además “la parte del león” en los premios anuales de periodismo.
Dijo que sin importar qué tan impopulares puedan ser los medios, a veces hubo, desde Watergate, “una expectativa de que la prensa sería la vigilante y llevaría la contabilidad de aquellos con poder e influencia”.
También alertó que durante un tiempo muchos periodistas buscaron su propio “Watergate” y colocaron el sufijo “gate” ante cualquier hecho, cometiendo “errores notables” y “desinformaciones” de todo tipo.
Para el experto, el periodismo investigativo y vigilante del poder “sigue siendo tan esencial para la democracia como lo fue en Watergate”.
“Sin embargo —dijo— el impacto de los medios digitales y las alteraciones dramáticas en la audiencia y las ganancias publicitarias han minado el modelo financiero que subsidió muchísimo del periodismo de investigación durante la época dorada de los periódicos, la tercera mitad del siglo veinte”.
Para el vicepresidente de “The Washington Post”, este tipo de periodismo “se mantiene como una prioridad alta en muchos periódicos”, pero “tienen menos staff y recursos para destinarle”.
Downing Jr. dijo que en la actualidad hay una variedad de sitios web dedicados a la investigación periodística como “ProPública” o “Texas Tribune”. Sostuvo que el “celo por su misión” que tienen estas organizaciones le recuerda a la que había en “The Washington Post” durante el “Watergate”.
“Varios artículos de estos sitios han tenido un impacto significativo a nivel local y nacional. Su tráfico en la web es relativamente pequeño, pero varias veces han conseguido audiencias mucho mayores al publicar sus historias en conjunto con varios periódicos tradicionales”, agregó.
Pero estos sitios “tienen pocos recursos y un personal reducido” y si bien hay muchos que se están creando, lo cierto es que al poco tiempo “empiezan a luchar por su supervivencia” debido a la falta de recursos que los financien.