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Candidatos puertas adentro

Dos libros recorren la vida de Luis Lacalle Pou y Daniel Martínez, los dirigentes que las encuestas ubican adelante en las internas de sus partidos

Además de ser los dos precandidatos que lideran -al menos hasta ahora- sus internas partidarias, Daniel Martínez y Luis Lacalle Pou tienen otro elemento en común: son protagonistas de dos biografías que se publicaron en las últimas semanas.

Los libros repasan la trayectoria política del exintendente de Montevideo y del senador nacionalista, y además contienen elementos poco conocidos sobre su vida personal, anécdotas de la niñez e historias de familia. A fines de marzo se publicaron Luis Lacalle Pou. Un rebelde camino a la presidencia, de Esteban Leonís (Planeta); unos días después fue el turno de Daniel Martínez. La carrera del ingeniero, de Antonio Ladra (Sudamericana).

Luis Lacalle Pou junto a  Kelsen, el perro del pintor Juan Carlos Ferreira, amigo de su padre. Daniel Martínez junto a su perra Vlady, en su apartamento en Araúcho y Baldomir.

Tanto Leonís como Ladra tuvieron acceso a los candidatos, familiares y amigos, y tal vez por eso en ambos textos es difícil encontrar voces críticas o detractores que juzguen de forma negativa la manera de ser o las acciones de estos políticos. Tampoco hay anuncios o declaraciones incendiarias, sino que se trata de trabajos biográficos, acompañados de fotos que muestran el lado más humano de dos personas que aspiran a asumir como presidente el próximo 1º de marzo.

Hay un nombre que se repite en los dos libros y es el de Guillermo Chifflet. Nacido en 1926, Chifflet fue un reconocido dirigente y diputado del Partido Socialista, que renunció a su banca en 2005 por discrepancias con el gobierno del Frente Amplio por la forma en que se manejó el envío de tropas militares a Haití. En el libro, Martínez elogia la coherencia y la honestidad intelectual de su compañero de partido, al que define como “un romántico de izquierda”.

Lo curioso es que Chifflet también aparece mencionado en el libro sobre Lacalle Pou, porque el precandidato blanco coincidió con él en Diputados y tuvo una relación muy respetuosa, al punto que cuando Chifflet dejó la banca, el nacionalista le envió una carta pidiéndole que cambiara de parecer. Cuando en 2011 Lacalle Pou asumió la presidencia de Diputados, invitó a Chifflet, que lo acompañó desde las barras de la Cámara. “Nunca más volvió al Palacio hasta el día que yo asumí como presidente”, recordó Lacalle Pou. Chifflet cumple años el 15 de julio. Ese día, tanto Lacalle Pou como Martínez van a saludarlo al hogar de ancianos en el que vive ahora.

Leonís nació en Montevideo en 1969. Es comunicador social, periodista y docente universitario, con un máster en Programación Neurolingüística. Trabajó en varios medios y es docente de Comunicación en la Universidad ORT. Escribió una biografía de Sergio Puglia y otra de Enrique Tarigo. Ladra nació en Montevideo en 1956 y tiene una extensa carrera como periodista en medios escritos, radio y televisión, y fue corresponsal de publicaciones extranjeras. Fue docente y es autor del libro Narcos en Uruguay.

Luis Lacalle Pou

“¿Ta que yo era Herrera?”

Julia Pou entró al cuarto de su hijo del medio y lo vio parado arriba de un cajón. Luis Alberto tenía ocho años y estaba gesticulando, como si pronunciara un discurso. “Ni bien me vio entrar, dijo en voz alta: `¿Ta que yo era Herrera´”. La anécdota permite entender el “aroma a política” que se vivía en la casa Lacalle-Pou en la calle Echevarriarza 3374, donde la influencia de Luis Alberto de Herrera —bisabuelo del niño hoy devenido en precandidato blanco— era una constante.

Si hay un presidenciable que vivió la política desde que nació, fue Lacalle Pou. Incluso su nombre lo demuestra: se llama Luis Alberto por su bisabuelo, y su tercer nombre es Aparicio, en homenaje a Saravia. Tiene un cuarto nombre, Alejandro, por su abuelo materno. “Tal era ese aroma a política que se respiraba en casa de los Lacalle, que cuando debió rendir examen para ingresar al colegio, con apenas cinco años, se sintió en la obligación de aclararle a la inglesa que lo había llamado por todos sus nombres que él era Aparicio por Saravia y no por Méndez, el entonces presidente de facto que tenía nuestro país”, escribe Leonís.

Junto a Lorena Ponce de León, que en ese momento era su novia, y su padre Luis Alberto Lacalle Herrera en el campo de Florida. A los pocos meses el senador nacionalista le pidió casamiento a su novia.

El cardenal Daniel Sturla fue quien casó a Luis Alberto Lacalle Pou y Lorena Ponce de León en la Catedral de Montevideo, el 9 de junio de 2000.

Hay elementos de la vida de Lacalle Pou que son conocidos: es el segundo hijo del expresidente Luis Alberto Lacalle Herrera y de la exsenadora Julia Pou; su hermana mayor se llama Pilar y su hermano menor Juan José. Estudió en el British y la Universidad Católica, se recibió de abogado, y desembarcó en la política en las elecciones de 1999 acompañando a su madre. Después, con pasos firmes y propios, avanzó en la interna partidaria hasta convertirse en 2014 en el candidato del Partido Nacional. Fue pionero en promover la liberalización de la marihuana, se agarró a piñazos con un diputado frenteamplista en una pelea que será recordada por la frase “oligarca puto”, llevó adelante una campaña electoral “por la positiva” que tuvo a la bandera —un ejercicio físico suspendido en una columna— como una de sus imágenes más recordadas, y luego impulsó a sus compañeros de bancada a que investigaran la gestión de Ancap en el ámbito parlamentario.

Pero hay otros elementos que marcaron la vida de Lacalle Pou que, si bien son sabidos por allegados y algunos periodistas, no son tan conocidos para el público en general. Uno de ellos es su problema de crecimiento, algo que relata Leonís en el libro. La baja estatura que tenía de niño preocupó a sus padres, que luego de varias consultas descubrieron que se trataba de un problema de crecimiento.

La solución encontrada fue llevarlo a un médico en Buenos Aires, a donde viajaba cada semana con su madre. “El proceso médico era bastante invasivo para un niño de esa edad. Constantes extracciones de sangre y radiografías, sumadas a una medicación que debía tomar rigurosamente cada noche. Sin embargo, nada de aquello terminaría dando los resultados esperados. Luis no solo seguía siendo el más bajo de la clase, sino que había comenzado a generar una energía emocional negativa”, escribió Leonís.

El 1º de marzo de 2011 Luis Alberto Lacalle asumió como presidente de la Cámara de Diputados.

Luis Alberto Lacalle en el Parlamento junto al músico Carlos María Fossati y el exsenador Carlos Julio Pereyra.

Al llegar a los 14 años, los problemas de crecimiento seguían, porque Lacalle Pou medía menos de 1,50. En Estados Unidos detectaron que tenía un problema en la hormona del crecimiento. Le dijeron que si seguía un tratamiento costoso a base de inyectables podía llegar a 1,72 centímetros. “Los abuelos de Luis decidieron vender algunas cosas, mientras que Luis Alberto y Julita resolvieron, entre otras cuestiones, que el alquiler de la casa veraniega fuera destinado íntegramente a pagar el tratamiento de Luis. Todas las noches, durante 365 días, su propio abuelo, el doctor Alejandro Pou, llegaba a casa de su nieto para inocularle la dolorosa medicación de hormonas en el brazo. Los resultados tardarían un tiempo en verse, pero al llegar a los 17 años el tema del crecimiento dejaría de ser un problema, aunque las secuelas psicológicas permanecerían por un tiempo más”, contó Leonís.

El propio Lacalle Pou cuenta en el libro cómo lo afectó ser bajo en la adolescencia. “Había que tener coraje para ir a aquellas fiestas con un 1,47”, admitió. Horacio Abadie, su amigo más cercano, contó que usaba botas tejanas blancas para sobresalir, acompañadas de una campera nevada. “Mientras todos escuchábamos The Police, él ponía Sumo. Buscaba rebelarse y diferenciarse. Tenía una personalidad como diciendo ‘acá estoy soy, soy chiquito pero soy yo’. Eso a veces le generaba problemas porque nunca se achicaba y si tenía que irse a las manos, se iba”, dijo Abadie.

“Andá a hacer el bolso”. A Lacalle Pou y a quienes lo rodean les gusta decir que era rebelde, porque desafiaba a la autoridad y era un estudiante del montón, aunque en los hechos ninguna de esas características difiere demasiado de un adolescente que enfrenta los conflictos internos y de madurez propios de la edad.

Lo que más le gustaban eran los deportes. Un día se destacó en el arco en un partido de fútbol y lo apodaron Manga, en referencia al histórico arquero tricolor, Hailton Corrêa de Arrúa, un apodo que lo acompaña hasta hoy. Era hincha de Nacional y un día, cuando su padre era presidente, terminó detenido por una pelea en la tribuna América. Cayó al piso, rodó varios escalones y se tragó dos dientes. En la comisaría le preguntaron cómo se llamaba; él respondió, pero no llevaba documentos encima. Llamaron al presidente, que preguntó al oficial: “¿Está solo?”. “No señor”, respondieron del otro lado, “está con amigos”. “¿Y los demás están incomunicados?”, quiso saber Lacalle padre. Cuando le dijeron que sí, el mandatario dijo: “Perfecto, que quede incomunicado entonces”.

Tener un padre candidato —y luego presidente— no fue sencillo para ese adolescente bajo, que no se sentía a gusto con los formalismos. Por eso, apenas su padre ganó la elección de 1989, se fue a vivir un tiempo al campo familiar de Florida, a pesar de que nunca fue un enamorado del trabajo rural. Una vez que la familia se instaló en Suárez, pidió dormir en la buhardilla.

En aquella época probó drogas. Tenía 17 años cuando fumó marihuana por primera vez y después consumió cocaína. Su vínculo con esas sustancias —que ya había contado a galería en una entrevista publicada en julio de 2013— terminó un día en una charla con un amigo, y dice que nunca más volvió a consumir.

En el libro, Leonís repasa la carrera legislativa de Lacalle Pou, su consolidación como figura de la oposición, e incluye testimonios de allegados y amigos que estuvieron a su lado a medida que crecía y después de la derrota de las elecciones de 2014.

Según Pablo da Silveira, uno de los colaboradores más cercanos de Lacalle Pou, el “golpe” más grande lo recibió el candidato en octubre, porque “sin quererlo”, las encuestadores hicieron “mucho daño”. Lacalle Pou admitió que esa noche vivió “los peores 45 minutos” de su vida política, mientras esperaba los resultados.

En ese sentido, dice Lacalle Pou, fue fundamental el papel de su esposa Lorena Ponce de León, que le dijo que debía “levantarse rápido”. Según el candidato, esa charla fue “fundamental” para procesar el duelo. Un día, en La Paloma, recuerda, lo sacudió y le dijo: “Andá a hacer el bolso y empezá a recorrer, que eso es lo que más te gusta”. “La vida política tiene mucho de montaña rusa y tenés que tener el temple como para bancar las caídas y para no pizarrearte en las subidas. Tener una familia que te sirva de colchón es fundamental”, aseguró el candidato, que tiene siempre el bolso pronto para iniciar una nueva recorrida.

Luis Alberto Lacalle a caballo en el campo de su familia en Cerro Colorado.

El padre

“Hoy te toca salir a la cancha”, le dijo Luis Lacalle Herrera a su hijo, al que empujó a hablar ante el público. Fue en Bella Unión, en 1999; Lacalle Herrera era candidato del Partido Nacional y Luis Lacalle Pou estaba haciendo sus primeras armas políticas acompañando a su madre en Canelones.

“Ese día, mi padre me arruinó la caravana, la llegada y todo lo demás porque yo no estaba preparado para eso, no era mi lugar, yo conocía muy bien Canelones pero estábamos en Artigas. (...) Cuando bajé después de hablar apenas unos pocos minutos, un amigo me dijo: Tu discurso fue corto pero malo”, recordó Lacalle Pou.

Su padre habló de ese episodio al ser consultado para el libro: “A pesar de los nervios, que me imagino que habrá tenido, se desempeñó muy bien; aunque hablar en público no tiene más técnica que ser natural, hablar claro y tener pensado el final. Para mí, fue como su Bar Mitzvah político”.

En el libro, Lacalle Pou admite que su padre es su referencia. “De él aprendimos a querer a nuestra patria. Ojalá algún día llegue a conocer tanto nuestro país como lo conoce palmo a palmo mi padre”, contó.

Con respecto a Lacalle padre, hay un episodio en el libro que muestra el momento en que su hijo le dejó en claro que él ya no mandaba en la interna partidaria. Fue en mayo de 2013, cuando dirigentes que respaldaban su candidatura se reunieron en Flores. “Bueno, vamos a arrancar, que se hace tarde”, dijo Lacalle Herrera, para dar inicio a la reunión. “Arrancamos cuando yo diga”, lo interrumpió su hijo, según consignó Daniel Supervielle en el libro La positiva. El expresidente no volvió a participar en ninguna reunión.

“La campaña fue una conducción de Luis y de su equipo. Me costó mucho mantenerme al margen, obviamente. Quizás si el candidato no hubiera sido Luis yo habría pensado en ser candidato al Senado. Yo simplemente opinaba en algunas instancias, ofreciendo mi propia visión. En algunos casos me escuchó y en la mayoría, no. Luis siempre fue muy independiente”, dijo.

Sobre este tema, Lacalle Pou dijo en el libro: “La decisión de que Lacalle no participara fue mía. Se lo dije en términos filiales, con el amor de hijo y con el respeto que se merece. Obviamente, le costó y yo valoro mucho el sacrificio que hizo. Después de tantos años imagino que debe generarle un vacío emocional enorme. Él se ubicó en el lugar de militante y eso sí fue una decisión suya. Estaba claro que el candidato era yo y era mi campaña”.

El “sanateo” de Gabriel Pereyra

En la campaña de 2014, Luis Lacalle Pou concedió una entrevista al programa En la mira de VTV, donde el periodista Gabriel Pereyra le realizó una incisiva entrevista, donde llegó a calificar de “sanateo” algunos de los comentarios del entonces candidato.

“En esa entrevista me equivoqué al aceptar que un periodista haga política más que periodismo, incluso menospreciando afirmaciones. Yo fui preparado para un tipo de entrevista y me encontré con otra. Un Luis Lacalle normal se levanta y se va, o no hubiera permitido lo que permitió”, dijo Lacalle Pou en el libro de Leonís.

El autor recordó que en abril de 2015 en una clase abierta de la Universidad ORT, Pereyra dijo que “se le fue la moto” al llamarlo “sanatero”. “Y agregó que lo trató con ‘una fiereza que no había aplicado con ningún entrevistado’. De todos modos, aclararía: ‘Si una entrevista de media hora transmitida por cable un jueves de noche, en un canal deportivo, afecta la popularidad de un candidato, es porque la campaña no fue bien estructurada’”. Leonís agregó que la entrevista en YouTube recibió 170.000 visitas.

“No le gusta perder ni a la bolita”

En 1985, la familia Lacalle Pou viajó a Florianópolis y les pidió a sus padres una tabla de surf. Le compraron una usada a 35 dólares, que estaba “hecha pedazos”. Él ahorró, la vendió y compró una nueva más adelante. “Mi amor por el surf viene de la fuerte vinculación con el mar, algo que toda la vida me atrajo mucho. También tiene cierta adrenalina que siempre disfruté”.

Tenía 24 años cuando decidió dedicarse a la política. “Entendí que podía seguir siendo un rebelde, pero ahora con una causa positiva y no como hasta ese momento. Estaba convencido de que me podía convertir en un agente de cosas buenas y de esa manera ayudar mucho”.

A su señora, Lorena Ponce de León, la conoció cuando ella tenía 16 y él 19. Se encontraron años después, cuando ella trabajaba de promotora en Punta del Este. Se casaron en el 2000 y fueron padres por primera vez en agosto de 2004 de Luis Alberto y Violeta, los primeros mellizos nacidos por fecundación in vitro. Un año y medio después nació, sin tratamiento, Manuel.

“A Luis no le gusta perder ni a la bolita, eso hace que viva en una estrategia constante. En casa yo soy el impulso y él la estrategia. Es bastante más racional que yo. (...) En la euforia a veces uno toma las decisiones producto de esa emoción, Luis no. Primero lo piensa, lo digiere y después decide”, contó Lorena.

“Es cierto, nunca pasé hambre, ni me faltó un techo y tuve las posibilidades para educarme, pero nuestra familia siempre estuvo cerca de los que pasaban hambre o de los que no tenían techo. Obviamente, que sentirlo en carne propia es distinto, pero creer que solo quien lo pasó puede entenderlo, comprenderlo y actuar sobre ello, es como decir que un oncólogo tiene que padecer cáncer para curar a un enfermo”, dijo Lacalle Pou.

Daniel Martínez

Modelo clase media

Daniel Martínez presentó su primer plan de gobierno en 1971. Tenía 14 años cuando en una clase de Geografía les propusieron un trabajo: “¿Qué orientación económica le daría al Uruguay si usted fuera gobernante”. Martínez dio varias líneas de acción: promovería la agricultura intensiva, eliminaría los latifundios, construiría silos para almacenar productos, promovería la integración latinoamericana, favorecería la cría de ganado y la plantación de vegetales, y buscaría la forma de captar capitales extranjeros.

Esas iniciativas fueron desarrolladas en un trabajo que recibió como nota MBB, y que forma parte del libro de Ladra. Pero fue necesario que pasaran 48 años para que el exintendente se convirtiera en un firme competidor por la presidencia, en una carrera que tuvo altibajos, con ascensos y caídas inesperados, que en algún momento lo llevaron a pensar en dejar todo.

Cuando tenía 19 años, Daniel Martínez se casó  con Laura Motta en la iglesia de San Juan Bautista. El sacerdote que ofició fue Ismael Rivas.

Daniel Martínez tomó la primera comunión en la parroquia San Alejandro de Pocitos, por influencia de su madre, que era muy católica.

El libro sobre la vida de Martínez también es un trabajo sobre la historia del Uruguay, porque repasa los años previos a la dictadura y la salida democrática, con detalles sobre cómo se organizaron en la clandestinidad sectores de la izquierda y grupos del movimiento sindical, a los que Martínez se acercó siendo un joven estudiante.

Martínez es un uruguayo tipo, y Ladra lo explicita en su libro: “Es un uruguayo medio, producto de la inmigración europea de la que se nutrió el país a principios del siglo pasado. Vivió una niñez relativamente tranquila, sin mayores problemas; las únicas tensiones que se vivían en su hogar de Punta Carretas tenían que ver con el catolicismo practicante de su madre y el agnosticismo de su padre”.

Ese hombre común y corriente y de clase media, que no fue pobre, ni tuvo padres involucrados en la lucha política, fue un buen estudiante que se recibió de ingeniero en la Facultad de Ingeniería, se vinculó con el Partido Socialista y el movimiento sindical, y dividió su vida laboral entre el sector público y el privado.

Su nombre era reconocido en la izquierda y en el movimiento sindical a la salida de la dictadura, pero fue recién en el primer gobierno de Tabaré Vázquez (2005-2010) cuando se hizo conocido por su gestión como presidente de Ancap y ministro de Industria. A partir de ahí inició una ascendente carrera, que tuvo un parate en 2010, cuando vio frustradas sus intenciones de ser candidato a intendente de Montevideo.

Con ese dato comienza el libro de Ladra: “Me voy a la mierda, es el momento, soy ingeniero, me va a ir bien, me va a sobrar laburo, vuelvo a ser un militante de base. ¡Al final te corren!”, dijo Martínez cuando el Plenario Departamental del Frente Amplio aprobó la candidatura de Ana Olivera.

Daniel Martínez trabajó durante años en la refinería de Ancap; fue presidente del sindicato de la compañía y uno de los responsables de armar la caldera en 40 días.

Pero Martínez, al final, no se corrió y siguió en la primera línea de la política activa. Cinco años más tarde, después de ser senador por el Partido Socialista, se convirtió en intendente de Montevideo.

A PEDAL. El día que asumió como intendente de Montevideo, Martínez cumplió una promesa y fue a trabajar en bicicleta. Dijo que lo haría en otras ocasiones y a veces cumple, pero si tiene otras actividades se mueve en coche oficial. Su vínculo con la bicicleta comenzó siendo niño, cuando andaba en la vereda frente a su casa de Marco Bruto.

Martínez creció en un hogar de clase media, fue a los maristas y al Seminario y estudió en la Facultad de Ingeniería. Mientras iba al liceo se acercó a la militancia clandestina en el Partido Socialista y de a poco se fue involucrando en la política. “Me pasé casi tres años haciendo pintadas en el barrio. De verdad, llevaba una doble vida: era un estudiante aplicado de Ingeniería durante el día y de noche salía a hacer pintadas. De todos modos, por un tema de seguridad trataba de estar siempre bien vestido y buscaba tener buena pinta porque así, si había razzias en la calle, no me paraban”, recordó.

La carrera laboral de Martínez transcurrió entre el sector privado y el público, pero fue tal vez su pasaje por Ancap el que más lo marcó. Entre 1979 y 1982 trabajó en la planta de la petrolera y tuvo un papel activo en reorganizar el sindicato de la empresa, que era ilegal. En 1983 lo destituyeron y se dedicó a la actividad privada.

Volvió a Ancap en 2005, pero como presidente, y estuvo en ese puesto hasta marzo de 2008, cuando asumió como ministro de Industria y Energía. Por su pasaje por Ancap, Martínez tuvo que dar explicaciones en el Parlamento, cuando el Poder Legislativo se vio obligado a aprobar de urgencia una capitalización y un préstamo por más de 800 millones para la empresa monopólica.

Durante horas, el entonces intendente de Montevideo explicó lo que había hecho como presidente, justificó decisiones y dijo que además de presidente actuó como “gerente general”, porque se involucró mucho en la gestión de la compañía. “La explicación de Martínez, aun con matices, dejó conformes a los legisladores. Su participación en la comisión se cerró con una frase del senador Pedro Bordaberry que provocó la risa general de todos los asistentes: ‘Vamos a tener que llevarlo de vuelta a Ancap”, contó Ladra.

El libro habla de Martínez como candidato y menciona que tiene nombres de eventuales ministros, aunque prefiere reservarlos. Está entusiasmado, a pesar de su agenda desbordante de compromisos por todo el país. Sabe que tiene por delante un trabajo duro, pero no se da por vencido: “Tengo capacidad de lucha, tesón y disciplina para soportar momentos difíciles, resistir la angustia, salir adelante y tratar de entender lo que pasa y por qué pasa, para superarlo”.

El “consuegro” Mujica

Antonio Ladra cuenta que José Mujica fue quien llevó adelante una negociación en la interna frenteamplista para bloquear la candidatura de Daniel Martínez a la Intendencia de Montevideo en 2010, y de esa manera impulsar el nombre de la dirigente Ana Olivera, del Partido Comunista. De acuerdo con el libro, esa gestión comenzó en 2008, cuando Mujica buscó el apoyo de los comunistas para lograr convertirse en candidato presidencial, a cambio de respaldar a Olivera para Montevideo.

Olivera niega el tema al ser consultada, y Martínez prefiere decir que “ya pasó”. El vínculo entre el líder del MPP y el hoy precandidato no parece ser el mejor, según queda en evidencia en distintos tramos del libro.

De todas maneras, el libro cuenta una anécdota que muestra que más allá de las diferencias políticas, Mujica y Martínez tienen un cierto grado de “parentesco”, porque cruzaron a sus perros. El expresidente visitó a Martínez y vio que tenía un labrador. “Quiero que se case con Ramona”, dijo Mujica, en alusión a una perra de esa raza que vive en la chacra. “Dos veces se juntaron Timbó y Ramona y de esa unión nacieron 21 cachorros”, escribió Ladra. “Somos consuegros”, dijo Martínez.

Daniel Martínez junto a sus tres hijas Alejandra, Gabriela y Andrea, uno de sus yernos y sus siete nietos, el día que asumió como intendente de Montevideo.

“Defensor es una pasión”

“Me hice hincha de Defensor porque era el cuadro del barrio, e ir al Franzini con los amigos a ver a la viola era algo que trataba de hacer siempre que podía. Más que ser hincha, es una pasión que tengo por Defensor”.

Se casó cuando tenía 19 años con Laura Motta en la Iglesia de San Juan Bautista, porque ella era religiosa y asistía a esa parroquia. “Fue una concesión que hice”, dijo Martínez, que no es creyente. Tienen tres hijas (Alejandra, Gabriela y Andrea) y siete nietos.

“La relación con Laura nunca fue fácil porque ella es una persona con mucha personalidad, entonces, a veces, es bravo cuando se enfrentan dos personalidades fuertes, pero construimos una vida muy particular y cuesta transmitir cómo fue, porque, desde gurises, juntos, hicimos una vida y dimos vida en condiciones en que por nuestras actividades políticas en la clandestinidad no sabíamos qué podía pasar con nosotros”.

En 2013, Daniel Martínez consideró que la gestión de Raúl Sendic en Ancap fue “brillante”. Ahora, al ser consultado por Antonio Ladra en el libro sobre ese tema, responde: “Me equivoqué al no tener toda la información”.

En los años finales de la dictadura y previo al retorno democrático, Daniel Martínez se perfiló como una de las figuras jóvenes más destacadas del movimiento sindical, y fue presidente de la Federación Ancap entre 1985 y 1987.

Masonería

Daniel Martínez es maestro de la masonería. Llegó en 2010 hasta la logia porque lo acercó un productor rural conocido. “La masonería ha sido muy importante en la historia de la humanidad. (...) En Uruguay ha cumplido un papel importante en la lucha por la democracia. Pero a la vez, en muchos momentos se mezclaban los favores con pertenencia y sobre eso yo puse condiciones y hoy me consta que no pasa. Es una regla de juego que hoy se cumple”.

La masonería tiene unos 7.000 miembros activos. Además de Tabaré Vázquez, fueron presidentes ocho masones: Manuel Oribe, Juan Francisco Giró, Atanasio Aguirre, Gabriel Pereira, Francisco Vidal, Feliciano Viera, Gabriel Terra y Tomás Berreta.

Luis Lacalle Pou. Un rebelde camino a la presidencia, de Esteban Leonís. Editorial Planeta, 366 páginas, 590 pesos.

Daniel Martínez. La carrera del ingeniero, de Antonio Ladra. Editorial Sudamericana, 270 páginas, 490 pesos.
GALERIA
2019-04-25T00:00:00

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