El 80% de los animales generadores de alimentos en el mundo han sido medicados alguna vez en algún punto de su ciclo productivo. Estos fármacos pueden quedar en forma de residuos en la carne, y cuando esa carne es consumida por humanos puede producir efectos nocivos para la salud. La tendencia de las “prácticas modernas de producción animal” impulsan a que se utilicen medicamentos para obtener rodeos sanos y una fuente de alimento sostenible, inocua y económica, pero con el uso de estas drogas llega la necesidad de controlar para evitar que carne con residuos produzca problemas para la salud, comentó a Búsqueda Teresita Heinzen, coordinadora del Programa Nacional de Residuos Biológicos (PNRB) en el área de carne, y asesora técnica en productos químicos del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca.
Heinzen anunció que el PNRB está preparando una publicación sobre buenas prácticas para veterinarios y productores con el objetivo de evitar que estos episodios ocurran en Uruguay, y que “sospecha” que hay un sobreuso de algunos medicamentos veterinarios, como antiparasitarios.
“Quedan residuos nocivos para la salud en los tejidos de los animales cuando no se respetan las buenas prácticas ganaderas”, comentó Heinzen. Si bien los casos detectados por encima de niveles admitidos son “escasos” a nivel nacional, cada año los controles que realiza el programa confirman que “existen” episodios. Por eso cada uno de ellos es investigado para conocer por qué ocurrió.
Estas sustancias pueden ser plaguicidas de uso agropecuario que se depositan en la carne, la grasa y la leche de los animales que consumen pasturas tratadas. Algunos como los clorados o fosforados son de probada acción cancerígena, informó Heinzen durante su disertación en el I Congreso Internacional de Veterinaria que se realizó en Montevideo entre el 21 el 23 de noviembre. Por otra parte, los metales pesados como el plomo, mercurio, cadmio, son todos acumulativos y persistentes. También hay semicarbacidas y microtoxinas que son “metabolitos fúngicos secundarios que contaminan el alimento y son muy tóxicos”, explicó Heinzen.
“Científicamente está demostrado que son causantes de diversas patologías en consumidores cuando no se respetan los tiempos de espera recomendados en la etiqueta —entre que se aplica el medicamento y se envía al frigorífico al animal—”, explicó Heinzen. Algunas son genotóxicas —que generan alteraciones en el ADN—, otras cancerígenas, teratogénicas —pueden provocar alteraciones en los fetos—, desarrollar resistencia a antimicrobianos, provocar hipersensibilidad, discrasia sanguínea —trastornos sanguíneos— y otros efectos.
Por este motivo numerosas sustancias tienen un límite máximo de residuos permitido, pero otras están estrictamente prohibidas, como los anabolizantes cuando se utilizan con fines no terapéuticos sino para estimular la “conversión alimenticia” o la producción láctea. El 25 de julio, mediante un decreto (215/013), el gobierno agregó otras tres sustancias prohibidas que se suman a la lista: quinoxalinas, antimicrobianos cabadox y olaquindox, que probaron ser cancerígenos.
“Mal uso”.
Los problemas vinculados con el uso de medicamentos veterinarios en animales de producción para consumo humano se pueden deber a distintas causas. Una de ellas es cuando la administración es incorrecta, es decir, la dosis aplicada no es la adecuada, o cuando se utilizan productos prohibidos o no se respetan los tiempos de espera entre que se administra el fármaco y se envía al animal a frigorífico, para evitar que las concentraciones del medicamento sean altas. Otra de las causas posibles es por manejo incorrecto de los animales a los que se les aplica la medicación, ya que cuando no se los diferencia de quienes no la recibieron se puede incurrir en errores.
“El mal uso de un producto veterinario puede generar niveles de residuos que excedan lo permitido y por lo tanto transformarse en un alimento no apto para el consumo humano o para la producción de otro alimento”, comentó Heinzen. “Los veterinarios tenemos una importancia fundamental en prevenir estos inconvenientes que pueden llegar a dar problemas de mercado y salud pública incluso dentro del territorio nacional. La frase del campo al plato es una realidad, agregó.
Otra de las causas es por un accidente por contaminación ambiental, ya sea por plaguicidas, metales pesados o microtoxinas, como ocurrió en la zona de Guichón cuando un avión que fumigaba rompió su reservorio de pesticidas que terminó en un lugar puntual, produjo muerte del ganado e intoxicación de los productores que acudieron a la zona.
Control.
Estados Unidos tiene una política que permite el uso de hormonales como promotores del crecimiento, siempre que al momento del consumo no contengan residuos en los valores que representen un peligro o un riesgo para la salud del consumidor. En cambio, la línea de la Unión Europea, que es la que sigue Uruguay, consiste en detectar el uso ilegal de sustancias o el mal uso de medicamentos veterinarios en toda la cadena productiva.
Las sustancias investigadas por el PNRB son los plaguicidas y contaminantes, los medicamentos veterinarios registrados como antiparasitarios, antibióticos, tranquilizantes y antiinflamatorios y sustancias prohibidas.
El PNRB analiza 12.000 cada año. “Hace unas décadas los resultados del programa arrojaban positivos por presencia de plaguicidas. Ahora hay dos positivos cada año, se cuentan con los dedos de una mano y los problemas detectados son principalmente por los antiparasitarios Closantel y Nitroxynil”, señaló la académica.
Se eligen algunos rubros a investigar y se estudian muestras con resultados que pretender ser un “monitoreo” que brinde un “indicio” de lo que ocurre en la realidad a nivel nacional, un “reflejo” de lo que hoy ocurre a gran escala para analizar “los puntos que hay que atacar”, explicó Heinzen. Hace algunos años la veterinaria comenzó a sospechar que el Nitroxynil y el Closantel podrían estar ocasionando problemas, por eso se los comenzó a buscar y a encontrarlo en algunas muestras analizadas.
Heinzen opina que puede existir en ocasiones un sobreuso del Nitroxynil, indicado como antiparasitario para el Saguaypé. “Muchas veces los productores ven al animal flaco y les dan un saguaypicida cuando no es necesario, porque no siempre es el parásito imperante”, explicó. Closantel también es muy utilizado para parásitos chatos y redondos.
Según datos de la Cámara de Especialidades Veterinarias, los medicamentos veterinarios más usados son los antiparasitarios y dentro de ellos está el grupo de las ivermectinas. Luego le sigue el uso de antibióticos. “Tiene una explicación lógica, la difusión de los parásitos es muy grande. Recomendamos hacer un uso racional de estos productos” y cambiar a los animales de potreros para disminuir el uso de estos medicamentos, indicó Heinzen.
En 2011 hubo un problema con los niveles de ivermectina, detectado por Estados Unidos en carne uruguaya. Heinzen comentó que sospecha de un excesivo uso de ivermectinas, que combaten las garrapatas pero no muestran un resultado inmediato, por lo tanto se aplican más de una vez sin asesoramiento de un veterinario, que puede ofrecerle alternativas al productor.
En 2012 el PNRB detectó casos de niveles elevados de Closantel y Nitroxynil. En 2013 se detectó también Nitroxynil, Cadmio y una sulfa en cerdos a niveles superiores a lo permitido.
“Tenemos pocas muestras positivas. Puede haber un riesgo cuando hay insucesos, pero en general se soluciona con el buen uso de los medicamentos veterinarios y estamos mejorando. Se trata de ser exigentes para que nos cubramos todos”, explicó Heinzen.
La sulfa detectada este año es un antimicrobiano utilizado para diarreas y para problemas respiratorios en cerdos. Fue encontrado tras el mal manejo de los animales luego de aplicado el medicamento veterinario y se los envío antes de tiempo al matadero. El cadmio es un metal pesado con 30 años de vida útil que surge del uso de fertilizantes que, según la calidad del producto, pueden contenerlo. Puede aparecer también en peces y vegetales.
“El Programa Nacional de Residuos protege al consumidor interno, es igual para todos, no solo se hacen análisis de exportación”, destacó Heinzen.
Estos estudios son caros y la mayoría (por encima del 90%) los hace la Dirección de Laboratorios Veterinarios (Dilave) y para el envío de muestras a laboratorios del exterior el Programa contó este año con 400.000 dólares de presupuesto.
Siga las instrucciones.
Hay formas de evitar los problemas. Por eso el PNRB está preparando una publicación sobre buenas prácticas para veterinarios y productores que incluye una serie de recomendaciones: usar solo medicamentos registrados por el Ministerio de Ganadería, leer atentamente las etiquetas antes de la aplicación de los productos y verificar la integridad del envoltorio. Además, “almacenar en las condiciones especificadas por el fabricante”, por ejemplo, evitar guardar los productos en sitios en que puedan quedar expuestos al sol o a altas temperaturas. Es “un tema delicado”, por ejemplo, en vacunas que se deben almacenar en frío a temperaturas muy estables, comentó Heinzen.
Otra de las recomendaciones es “no hacer desvío de uso, es decir, utilizar solo en la especie indicada por el fabricante, en la dosis correcta y no sobredosificar ni subdosificar”. Los “tiempos de espera” es otro punto clave que debe ser respetado. Se debe contemplar también que al utilizar asociaciones de productos o sustancias el tiempo de espera será el mayor de las drogas utilizadas.
Las recomendaciones incluyen respetar la vía de administración recomendada, pesar a los animales si el producto indica especificaciones de peso, registrar con fecha y número de lote el medicamento veterinario utilizado e identificar a los animales que lo recibieron y diferenciarlos de aquellos que no.