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    Cristina Le Mehauté: “No me gusta ningún jardín de Punta del Este”

    Entrevista a la paisajista argentina que diseñó para Marcelo Tinelli y Alan Faena

    Tiempo atrás, en una obra en Bahía Blanca, la dueña de unos terrenos plantó viñedos para hacerlos más atractivos para la venta. Inspirada por el entorno, Cristina Le Mehauté agregó unos muñecos de alambre como si fueran actores —un abuelo cortando la vid y su nieto que le hace preguntas—, los vistió, les puso sombrero, flores, uvas rojas. Les puso acción. “Tratar de conseguir que el paisajismo sea un transmisor de emociones. Yo uso el paisajismo como un idioma, eso es lo que hago”. Así concibe su trabajo Le Mehauté, quien prefiere definirse como una artista del paisaje y a la que muchos consideran la más audaz de Argentina.

    Después de casi 50 años dedicados a dar contenido y embellecer paisajes, la trayectoria de Le Mehauté incluye trabajos en Argentina y Punta del Este para millonarios como Marcelo Tinelli, Alan Faena y Sergio Renán, que son solo algunos nombres de una larga lista que no puede revelar. Sin embargo, estas referencias no le han servido tanto como se supone, advierte, pues le han valido la fama de cara. Y en su agenda hay obras de altos presupuesto, pero también muchos proyectos sociales, como una plaza en la Villa 31 de Buenos Aires.

    En el circuito de expertos, sus ideas excéntricas suelen dar que hablar y —por rupturistas—, muchas se han llevado premios en exposiciones como Casa FOA, Estilo Pilar y Arte BA. El último fue en 2015, en la revista Casa FOA, por su trayectoria.
    Montañismo, arquitectura, biología, escultura, dibujo, pintura, y hasta su propia terapia. Todas estas disciplinas están presentes en sus obras. Y cada una es un manifiesto.

    En su país la crítica la considera la paisajista más audaz. ¿Qué opina? Es posible. Me estoy dando cuenta porque soy jurado de FOA y todavía no vi a nadie que esté loco. Estoy esperando. Yo soy una autodidacta. Me acaban de llamar para que concurse en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo para tener una cátedra, pero soy jubilada y no puedo. Voy a concursar igual porque no la puedo perder y después voy a hacer posgrados en la FADU.

    ¿Cuál es el cambio más notorio que observa desde que empezó en esta profesión hace casi 50 años? Cuidar el planeta. Yo trato de concientizar cuando hago Casa FOA (muestra de diseño en Buenos Aires). Hice una exposición con computadoras viejas de las que salían plantas, la arquitectura era de los años 50, muy de mosaicos, usé esas mismas mayólicas flotando en el aire con frases como, por ejemplo, “el futuro llegó hace rato” o “sonreír hace bien a la salud”, puse changuitos de supermercado de asientos. Un manifiesto. Lo expreso desde ese lugar.

    ¿Por qué tomó la bandera de luchar por el medioambiente? En su profesión parecería una obviedad.   Porque soy consecuente conmigo. Yo hago eso con mi vida, no tengo auto, no como carne, tengo un perro de la calle, cuando hago compras llevo la bolsa. Digamos que no me muerdo la cola. Lo hago porque lo aprendí desde chica y me viene bárbaro porque ahora es muy necesario para que la gente tome conciencia. Hay un cambio por lo externo, los techos verdes, las paredes verdes. Ahora se hizo moda y a mí la moda me incomoda mucho. Me doy cuenta de que esto está pasando a ser una moda y me fastidia. La única (pared verde) que hice en mi vida fue para un surfista, hice toda una ola de surf. Acudí a eso como beneficioso para el planeta, beneficioso cuando no tenés tierra, pero siempre con un contenido.

    ¿Cómo se hace para que tenga contenido? Preguntándole al cliente qué le pasa con su vida, quién es, qué quiere, entrando en el otro, si no, terminás haciendo una cosa linda y vacía. El contenido viene a partir del encuentro con él, él de pronto ni se entera, yo me entero a través de su emoción. El jardín de moda es el que, para mí, está lejos del cliente.

    ¿Cómo llegó a esta conclusión? Yo estaba fuera del formato y me empecé a dar cuenta cuando no ganaba premios. Hubo jurados que me llamaron cinco años después a pedirme disculpas. Un día lloré, pero me di cuenta de que el premio era el no premio, porque me ubicaba en un lugar que no estaba en la normativa. La normativa se va contagiando, y yo es en lo último que pienso. Creo que hoy hay una cosa más de revisar los contenidos. Cuando los viejos ingleses hacían un jardín eran emocionantes, vos entrabas y tenías que buscar el lugar, eran sensibles. Siento que hubo un momento en que dejaron de serlo. Hoy hay una necesidad más de contenidos, por la misma humanidad, hay una necesidad de ir a lo profundo más que antes. La Argentina va bastante a la moda.

    ¿Se pelea mucho con los clientes cuando quieren seguir la moda? Me peleaba, ahora me piden mi locura, porque hace 48 años que hago lo mismo y no torcí el camino; sin tener plata, seguí. Cuando no tenía un sponsor me lo pagaba yo con mis ahorros, nunca me casé con nadie.

    ¿Y cómo fue ese camino para llegar al lugar que ocupa hoy? Creo que en el extranjero estaban pasando cosas como a mí me estaban pasando, y nadie es profeta en su tierra. Somos siempre de mirar allá, porque allá está lo mejor. Yo hice el shopping El Abasto. Había sido el lugar por donde pasaba toda la fruta y verdura, entonces dije: 'Por qué no hacemos unos árboles gigantes con repollos, con alcauciles, con tomates', que la fruta fuera eso. Nunca me voy a olvidar de la cara que pusieron los dueños. Me dieron la autorización para que los hiciera, pero en papel. Dos o tres años después, uno de los dueños fue a Nueva York, lo vio en un shopping, y dijo: “Vi lo que Cristina había dicho aquel día”. Pero yo no había podido conquistarlos, era demasiado loco, era como faltar el respeto.

    Pero finalmente logró imponer sus ideas. En Casa FOA una vez hice un patio todo forrado con bidones de basura y la paradoja era: “Sacá la basura porque así podes abonar tus plantas”. De repente viene la encargada y me dice: “Hay olor a podrido en todo FOA”. Entonces agarré los tachos, los lavé y los volví a poner. Es decir, yo cuando tengo una idea soy invencible.

    ¿Cuál fue su obra más desafiante? La última que hice en la Patagonia, pero está prohibida.

    ¿Por qué está prohibida? Hay clientes que no quieren que cuente. Son personajes importantes y no puedo mostrar mis obras.

    ¿Y por qué esa obra fue tan importante? Porque me dio todas las libertades. Fue conquistar muchas hectáreas yo sola, sin ningún plano. Le dije que quería camiones de tierra, camiones de roca, que los quería ir a elegir yo, plantas de su propio campo, y a todo me dijo que sí. Fue todo una restauración del paisaje.

    ¿Eso fue lo más grande que hizo? No, hice cosas más grandes, pero esta es la que tengo cerca en el tiempo y es como el sentimiento que tengo ahora.

    ¿Ha tenido de cliente a personajes como Marcelo Tinelli? Tinelli es cliente mío hace 25 años. Le hice todo lo de Punta del Este. Él tampoco me deja mostrarlo. Estos clientes grandes me han servido para hacer cosas maravillosas pero terminé teniendo el estigma de muy cara. Ellos nunca me recomiendan a nadie porque soy de ellos. Me han perjudicado bastante, porque si a vos te llama Tinelli yo no te voy a llamar porque seguramente vas a ser muy cara. Entonces tengo que aprovechar como paisajista cara.

    ¿Pero es barata o es cara? Me adapto a la situación. Tengo un equipo con el que trabajo: yo recaudo la información y el proyecto es mío, pero no estoy en el día a día, esa parte me la salteo, y ahí cobramos muy barato.

    A Le Mehauté la moda le incomoda y prefiere que sus clientes puedan conectarse con sus emociones a través del jardín.

    ¿Qué obra le gustaría hacer hoy? Moriría por hacer un memorial. Ahora estoy haciendo una plaza en la Villa 31.

    ¿Cómo va a ser esa plaza? Es una plaza que es como una bisagra de toda la villa. Va a ser muy difícil porque ahí están los de las murgas, los que juegan al fútbol, los niños. Pasa de todo, y en verano se juntan todos a comer. Es fascinante para mí este proyecto porque yo soy muy, muy social.

    ¿Le gusta Punta del Este para trabajar? No me gusta ningún jardín de Punta del Este. Yo le estaba haciendo EL jardín en Buenos Aires a (Alan) Faena y me pidió que fuera a Punta del Este porque se había comprado una chacrita. Todo el mundo me decía: “¿Vas a ir a Punta del Este? No sabés los jardines que hay”. Fui en mi auto y lo recorrí tipo peine, iba y venía, y lo único que te puedo decir es que eran todos montañas con pasto. Yo soy muy mala con lo que te estoy diciendo, pero no hubo ninguno que me emocionara.

    ¿Y cómo le fue con la chacra de Faena? Bueno, fui primero a los viveros y me contestaron que no sabían nada de las plantas de esa zona. Los pastos de la chacra fueron mis maestros, los estudié, ellos me dijeron qué tenía que hacer.

    Además de jardines, la paisajista ha diseñado para edificios, espacios comerciales, campos y terrazas.

    ¿Cuándo empezó su fascinación por la naturaleza? A los nueve años, por una tía abuela, que tenía una tacita que era una joyita, y la vi cómo plantaba una suculenta ahí, que ahora están tan de moda. Mi mamá me mandaba a lo de esa tía porque era multimillonaria, para que tuviera una herencia, porque yo era la única de su sangre. Yo no sabía ni qué era una herencia. Pero al final, esta fue mi herencia, no la plata. Me dio todo mi porvenir, todo mi futuro.

    Cuando uno se planta frente a su jardín, ¿qué es lo primero que tiene que hacer?
    Preguntarse qué quiere, ser honesto consigo mismo. No hay receta para eso. Meterse adentro de su alma, cerrar todas las revistas, los libros, las computadoras. Buscar adentro, ahí está lo mejor, hay un océano de cosas que uno no se las puede perder. Uno mira para afuera y se olvida de uno, y eso es una verdadera pena.

    ¿Cuáles son los errores más comunes que hace la gente con su jardín?
    Copiarse de los libros, seguir la moda, creerse que se las sabe todas, no preguntar lo suficiente. Hay que ser humilde y preguntar al que sabe.

    Ahora las huertas se pusieron de moda, por ejemplo. Creo que a partir de una necesidad. Eso lo perdono. Tener una huerta me parece que es un privilegio. Hay países que están sacando los jardines y poniendo frutas y verduras, cosa que me parece maravilloso.

    ¿Cómo conviven en un jardín, niños, mascotas y piscina?
    Es una de las preguntas que yo hago en mis encuestas. ¿Perros?, ¿niños? ¿Para qué era que queríamos vivir al aire libre? Para todo eso. Entonces, cancha de fútbol. Si hay perro, es el dueño del jardín, va a correr cuando alguien pasa por la vereda, va a hacer pis todo el tiempo. Es muy complejo.

    ¿Dónde vive? Vivo en un departamento muy grande que alquilo y tengo un patio muy grande que lo hago como si fuera mío.

    ¿Es su lugar en el mundo? No, todavía no lo encontré. En realidad, tengo tres departamentitos de un ambiente y con eso me da para pagar mi departamento grande. Ahí van mis clientes, ahí laburo, es muy, muy lindo. Está en Saavedra. Tengo muchas ganas de irme a vivir a uno de 38 metros cuadrados pero no voy a poder poner mi piano, no voy a poder poner nada, pero va a ir mi esencia, así que en una de esas lo hago. Ya viví en uno de 24, ¿cómo no voy a poder vivir en uno de 38?

    Desde Punta del Este a la Patagonia, las obras de esta paisajista están en todos los entornos: playa, campo, ciudad.

    ¿Cómo ve el paisajismo en Buenos Aires? Es una moda, difícil que no se llame a un paisajista, hay una carrera, y se le respeta cada vez más. Hay un fervor de hacer plazas y plazas. Se está llenando de espacios verdes en edificios.

    ¿Y cómo ve Montevideo? Yo la quiero taaanto. Esas palmeras (en la rambla) son como esfinges, yo les rindo tributo cuando paso.

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