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A pocos metros de Montoya, una casa combina la modernidad de las formas puras con los colores del mediterráneo y la calidez de antiguos muebles, puertas y ventanas de estancias
Sobre el océano Atlántico, muy cerca de la playa Montoya, se encuentra esta construcción moderna —cuadrada, de doble altura, con patio interior al que dan amplios ventanales—, con aires mediterráneos gracias a sus paredes color terracota gastado, que también tiene un dejo a casco de estancia, otorgado por puertas y ventanas antiguas, que se suman a elementos de decoración en blanco y madera y dan como resultado un estilo ecléctico pero acogedor.
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Propiedad de una familia mendocina desde hace más de una década, diseñada por el arquitecto Luis Flores y decorada por su dueña, la casa tiene en el jardín interior un cuadrilátero formado por cuatro palmeras.
En esta área, sobre un tapiz de piedritas y tablones ubicados estratégicamente, se colocaron sillones rústicos de madera desgastada con almohadones de lino blanco que invitan a sentarse al aire libre. Allí hay siempre a disposición de propietarios y huéspedes mantas para abrigarse durante los atardeceres y noches frascas.
Con el predominio del color blanco, que contribuye a la sensación de amplitud, el living se destaca por su juego de alturas, con escaleras abiertas que conducen a los dormitorios, que en total son cinco. Los pisos, de madera gastada, también son blancos y están fabricados con madera de demolición que la propietaria compró en remates. En el centro del gran espacio se ubica una mesa antigua de estilo marroquí, pero quizás uno de los muebles que atrapa más la atención es un camastro blanco que oficia de sillón principal. Velas y jaulas —uno de los elementos decorativos favoritos de la anfitriona— otorgan pequeños toques decorativos.
En el comedor, integrado al living pues la construcción tiene un estilo loft, se puede ver un antiguo mueble de farmacia patinado en blanco que funciona como aparador; este y otros objetos fueron comprados por la propietaria en la tienda que tiene en La Barra el decorador Aaron Hojman.
La originalidad se aprecia en pequeños detalles, como el baño social, cuya entrada es un armario donde se instaló la bacha. En el comedor diario, entretanto, el protagonista es el horno de barro que la familia elige para las veladas de pizzas informales.
Aunque la residencia tiene amplios ventanales desde donde ofrece vistas al océano, la privacidad también está garantizada gracias a la vegetación que la rodea: desde los cómodos camastros que los propietarios instalaron en el frente se puede mirar sin ser visto, los autos que estacionan en la ruta y deducir qué tal estará el día de playa antes de salir de la residencia.