Todos tenemos en nuestras redes sociales uno, dos, tres, veinte, tal vez, cincuenta ejemplos. Son conocidos: amigos, algún primo lejano, la excompañera de facultad, el hermano de un amigo, nosotros mismos (¿por qué no?). O simplemente desconocidos: la última chica de moda, el bloguero, la DJ que pasa música en el boliche de turno, la notera del canal de televisión, el diseñador gráfico con tintes artísticos. Son muchos y, a veces, parece que se multiplicarán. Están ahí mostrándonos siempre lo mismo: su rostro, su cuerpo. Muchas veces, hermoso. Otras tantas, del montón. Abrir nuestra cuenta de Instagram, Facebook y hasta Twitter es entrar a una galería inagotable de sus fotos, sus videos y ahora sus gifs. El minuto a minuto de su vida retratada siempre desde su mejor perfil. Un derroche de intimidad con ellos como protagonistas.
En los últimos años —por el evidente auge de las redes sociales— el asunto del narcisismo se ha vuelto un tema de charla frecuente y las universidades más prestigiosas del mundo han dedicado tiempo y recursos para profundizar al respecto. Hay estudios que dicen, por ejemplo, que los rasgos narcisistas en estudiantes liceales de Estados Unidos han aumentado desde 1980 en 30%. Hay, incluso, un libro publicado en 2009 titulado “Epidemia Narcisista”, escrito por los profesores de Psicología Jean M. Twenge y W. Keith Campbell, que expresa que el narcisismo creció en su país tan rápido como la obesidad, también, desde la década de los 80. Sin embargo, no hay consenso sobre si las redes sociales generan más narcisismo o si, simplemente, son una herramienta para que aquellos que se aman con exceso lo expongan al mundo.
Quererse versus adorarse, admirarse, amarse con locura. La Real Academia Española define el narcisismo como la “manía propia del narciso (hombre que cuida demasiado su arreglo personal, o se precia de su atractivo, como enamorado de sí mismo). Excesiva complacencia en la consideración de las propias facultades u obras”.
Hasta ahí no parece haber demasiado problema. Son muchos los seres humanos que tienen estas características. Es fácil descubrirlos. En alguna medida, todos tenemos algo de narcisistas y hay varias teorías que aseguran que esas condiciones colaboran en la confianza, el amor propio y en la seguridad de las personas. Pero hay algo llamado Trastorno de Personalidad Narcisista. Según la versión de 2013 del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5, en su sigla en inglés), publicado por la Asociación de Psiquiatría de EEUU, este trastorno se encuentra en personas con los siguientes rasgos o actitudes: sentido exagerado de egocentrismo, preocupación extrema por sí misma; falta de empatía con otras personas; reaccionar a la crítica con sentimientos de rabia, vergüenza o humillación; aprovecharse de otros para lograr sus propias metas; tener sentimientos excesivos de egocentrismo; exagerar sus logros y talentos; estar preocupado con fantasías de éxito, poder, belleza, inteligencia o amor ideal; tener expectativas irracionales de tratamiento favorable; requerir atención y admiración constantes; desdeñar los sentimientos de otros y tener poca capacidad para sentir empatía; tener un interés obsesivo en sí mismo, y perseguir principalmente metas egoístas.
Si usted puso muchos tics (porque se reconoce en esas características o porque tiene alguien cercano que calza justito en varias de ellas) en este listado, no se inquiete. Con terapia, el trastorno puede evolucionar positivamente. El dilema suele ser que los narcisistas no ven ningún problema con la manera en que llevan adelante sus vidas.
¿Cómo alguien que tiene el mejor trabajo, el mejor apartamento, el mejor auto, el mejor hijo, la mejor esposa, el mejor sillón, la mejor grifería del baño, el mejor case del celular, el mejor servicio de sanitario, la mejor hamaca paraguaya en la mejor casa de veraneo en el mejor balneario puede creer que hay algo que no está bien? Según un artículo publicado en la web de la Clínica Mayo, las personas con este tipo de trastorno buscan ayuda cuando desarrollan síntomas de depresión tras experimentar críticas o rechazos. “A pesar de que algunos puntos del trastorno de personalidad narcisista se parezcan a los de una persona con confianza en sí misma, no es lo mismo. Este trastorno pasa las barreras de la autoestima saludable para lograr que uno se vea de una manera tan positiva que se pone en un pedestal y se valora más que a los demás”, afirma el artículo de la prestigiosa clínica estadounidense.
Promociónese usted mismo. Muchos creerán que es un chiste. Pero no lo es. Hay notas, varias, en distintos medios de comunicación del mundo sobre cómo hacer para lograr la mejor selfie. Hay una, por ejemplo, en “Harper’s Bazaar” que se titula: “Cómo tomarse una selfie como una supermodelo”. A continuación se detallan nueve tips para lograr la mejor fotografía de uno mismo. Las recomendaciones van desde posar frente a un espejo, desarrollar una pose que sea un sello personal (ahí aparece, por ejemplo, la famosa trompa muy utilizada por mujeres jóvenes), tener en cuenta que las imágenes con luz natural de frente favorecen, incluso retratarse con una mascota.
En una columna de “The New York Times” titulada “Narcissism Is Increasing. So You’re Not So Special”, el experto en Políticas Públicas Arthur C. Brooks escribió la siguiente reflexión: “En la versión moderna, Narciso se enamoraría de su propio feed de Instagram y se moriría de hambre mientras cuenta compulsivamente sus seguidores”. Por su parte, la periodista argentina Denise Tempone escribió en un artículo publicado en la web “La Agenda Buenos Aires”, las siguientes líneas: “Ninguno de nosotros siente vergüenza al colgar fotos que nos muestran atractivos, acompañadas de slogans que nos definen interesantes. La autopromoción en este mercado ya no es opción: es supervivencia”.
El narcisismo parece ser parte de la cultura en la que vivimos. No puede ser casualidad que, por ejemplo, “The New York Times” haya publicado en el último año cinco textos que tienen como eje central este asunto. El diario británico “The Guardian”, por su parte, dedicó, en los últimos seis meses, seis textos que analizan el narcisismo en estos días. En Amazon se pueden encontrar más de 50 libros que tienen al narcisismo como tema de tesis. Y, para rematar el auge del mundo narcisista, a fines de 2015 la revista “Vanity Fair” publicó una nota donde psicólogos y psiquiatras diagnosticaban que el candidato a la Presidencia de Estados Unidos Donald Trump tiene un trastorno de personalidad narcisista. Para el psicólogo Howard Gardner, profesor en Harvard, el trastorno de Trump es de “manual” y lo definió como “extraordinariamente narcisista”. Su colega George Simon hizo, en la misma nota, la siguiente declaración: “(Su comportamiento) es tan típico que estoy archivando clips para utilizar en talleres porque no hay mejor ejemplo que sus características”.
El autor del recientemente publicado “The Narcissist you Know”, Joseph Burgo, explica en su trabajo que “los narcisistas más grandiosos desembocan en la política, el deporte profesional, la industria del entretenimiento, porque el éxito en estas áreas les permite tener constantes oportunidades para demostrar su estatus ganador y obtener la admiración de otros, confirmando así que son seres humanos superiores”.
El narcisismo democrático. Todo indica que la oleada narcisista de la que hablan académicos y periodistas no responde al trastorno de personalidad. Pero sí habla del aumento de rasgos narcisistas en las personas. En esas personas que no son celebridades, en seres humanos que tienen trabajos convencionales, vidas sin nada excepcional, historias del montón. En conclusión: personas que no necesitan promocionarse con cinco selfies al día, cuatro reflexiones sobre lo que les pasó durante la jornada laboral y un video en Snapchat sobre lo trancado que estaba el tráfico de regreso a casa. En seres como Kim Kardashian se entiende. Pero en el vecino del cuarto piso es más difícil.
La autora del libro “Epidemia Narcisista”, Jean Twenge, explicó en un artículo de “The Guardian” que “hay una buena cantidad de evidencia acumulada de que aquellos que tienen características narcisistas suman más amigos en Facebook. No podemos afirmar rotundamente que las redes sociales generen seres narcisistas, pero en definitiva es una búsqueda por llamar la atención”.
Claro que esta problemática rompe los ojos en las generaciones más jóvenes. Según un estudio de los Institutos Nacionales de Salud de EEUU, los rasgos narcisistas afectan casi a 10% de la población en sus 20, mientras que en las personas de 60 años solo llega a afectar a 3%. Los jóvenes, evidentemente, se enamoran más de sí mismos. Y quieren mostrarlo, llenarse de likes, de corazoncitos en sus fotos de fin de semana, de seguidores en su Twitter. Y compiten con sus pares a ver quién tiene más.
Verónica Massonnier —psicóloga uruguaya, especialista en temas vinculados a las tendencias de mercado— explica que un signo de nuestra época es la tendencia a la transparencia o a la exposición de lo personal. Y en esa nueva modalidad de comportamiento, las fronteras entre lo público y lo privado son cada vez más difusas. “Claramente, no se expone todo sino lo que se elige, pero la norma social ha ampliado muchísimo el terreno de lo que es aceptable exponer. Y en un mundo tan visual, lo primero es la imagen. También existe el crecimiento de la ‘conciencia de uno mismo’, algo muy propio de la segunda mitad del siglo XX. Se instala la atención hacia el mundo emocional propio, la mirada hacia el individuo, sus necesidades, la búsqueda de la felicidad personal y la autorreferencia. Todo lo subjetivo es observado, comentado, analizado. Y dado que la tecnología lo permite, esta subjetividad y mirada hacia uno mismo puede ser fácilmente transformada en imagen y texto para las redes sociales”, asegura Massonnier.
Sobre esto reflexionó el escritor español Javier Calvo en el portal El Estado Mental hace unos meses. En una columna titulada “Narciso en la taberna”, el autor expone que el Narciso de nuestros días no es una figura trágica. Y concluye: “No solamente no se ahoga, sino que emerge triunfante. Es un héroe de la afirmación constante de uno mismo. Quizás, para entender mejor su suerte, convenga no imaginarlo en la orilla de un lago. Quizás convenga imaginarlo en un lugar público, en una taberna, por ejemplo, donde la gente pueda oírlo hablar de sí mismo y aplaudirlo. Y donde haya más como él. Cientos de narcisos. Miles de narcisos, cientos de miles. En una taberna virtual, cada uno con su webcam, con sus actualizaciones de estado y sus canales de YouTube. Un mundo donde la engorrosa codificación de la realidad ha desaparecido y todos podamos contar, a tiempo real y en igualdad de condiciones, nuestra experiencia sin filtrar”.
¿Cómo llegamos a este punto? Hay mucho de la influencia de actores, pop stars, modelos, personajes de la televisión. Hay una búsqueda de querer imitar lo que vemos multiplicado por miles todos los días, a todas las horas. Ellos son nuestros referentes, nuestro modelo aspiracional. De qué manera explicarle a una adolescente de 14 que no es necesario que ponga la boca como si estuviera por dar un beso, si eso es lo que ha visto que hace una y otra vez su ídola Selena Gómez.
El psiquiatra y exdocente de la Facultad de Psicología Aldo Martín considera que esos aspectos más egoístas —que todos tenemos en mayor o menor medida— pueden verse favorecidos en una sociedad donde se rinde culto al Yo. “Las patologías narcisistas siempre existieron, este tiempo colabora a que se incendien. Lo que noté en los últimos años como docente es la aparición de ese vacío existencial. Si eso está es porque hay algo que me falta y eso que falta es el vínculo con el otro. Puede existir la tentación de llenarlo con la imagen del espejo que me devuelve mi propia imagen. Y así se muere sin el disfrute de ver salir una luna llena en vivo, sin necesidad de estar sacándose una selfie. Mientras podamos disfrutar de eso, de tomar un vino, de hacer un asado con amigos, todavía podemos salvarnos”, asegura Martín.
Para algunos, entenderlo parece una utopía, porque creen, con firmeza, que hasta que no comparten ese momento en las redes sociales, la experiencia no está completa. Si usted cree que está entre esos algunos, vaya a Google y póngase a prueba. Hay, por supuesto, varios tests que le indicarán si el que está frente a la pantalla es o no un narcisista.