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“El bebé de Bridget Jones”, la nueva película de esta despistada soltera interpretada por Renée Zellweger, se estrena en Montevideo, 15 años después de la primera entrega de la saga
Ya no hace listas con la cantidad de cigarrillos que fumó. Tampoco con las calorías ingeridas y las quemadas, con los kilos perdidos y los ganados. Ahora (casi 15 años después), Bridget Jones es flaca, se ejercita y hace 1.891 días que no fuma. Pero algo no cambió desde aquella primera “El diario de Bridget Jones”: sigue soltera. Con esa torpeza tan suya y un superpoder para los enredos, Bridget se las arregló para que el bueno de Mark Darcy se apartara de ella (o ella de él, no queda muy claro) quedándose nuevamente sola frente al pote de helado. Al parecer, la soltería no se vive tan diferente a los 43 que a los 30 y lo que se propone en los primeros minutos de la película es disfrutar de relaciones alocadas y contactos fugaces que le den satisfacción inmediata. Pero su propio despiste la lleva por otro camino: el de la maternidad no planificada.
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Timeline de Bridget. “El bebé de Bridget Jones” es la tercera película basada en el personaje creado por Helen Fielding que vio la luz por primera vez en la columna del diario “The Independent”. Después vendría el primer libro (“El diario de Bridget Jones”) y, unos años después, la película, estrenada en 2001 con una joven y corpulenta Renée Zellweger que empieza llorando en pijama su soltería y termina cortejada por dos candidatos que, contra todo pronóstico, llegan al punto de terminar disputándose su atención al ritmo de “It’s Raining Men”.
Gana Mark Darcy, pues como en toda adaptación (libre) de “Orgullo y prejuicio”, Mr. Darcy tiene que conseguir a la chica. Antes de saber que detrás de ese aparente desdén hay un interés genuino en ella, Bridget anota pros y contras, les cuenta a sus amigos que él dijo que ella le gusta “tal y como es” y analizan esas palabras unas mil millones de veces antes de que los verdaderos sentimientos de Darcy se hagan perceptibles. Entonces, la espectadora respira aliviada. Ya está, él la ama. Se besan en la nieve. Él estuvo dispuesto a volver de un país remoto para estar con ella, a olvidarse de las palabras necias que ella había escrito sobre él en su diario y a comprarle uno nuevo para que empezara de cero, con él. Aquello tenía que ser eterno. O no. En la segunda película, “Bridget Jones: al borde de la razón” (2004), la chica hace todos los papelones posibles que su mal juicio y peor intuición le indican hasta terminar peleándose con Darcy, encontrándose con su archirrival (el de él) Daniel Cleaver, coqueteando y acabando presa en una viaje no previsto a Tailandia y regalándole su ropa interior a sus compañeras de celda, que miran los pushup azoradas mientras ella se siente la madre benefactora por haber aportado su granito de arena a la evolución de esas muchachas. Finalmente, sale en libertad. Más tarde se entera de que fue el propio Darcy quien la sacó de la cárcel: la pareja tiene otra oportunidad.
El regreso de Renée. Para Zellweger, este es su regreso al cine después de seis años alejada por decisión propia, para restablecer los vínculos naturales con su familia, para recuperar los cumpleaños, los bautismos, los casamientos de sus amigos y las cenas en casa. “Una de las cosas de que me di cuenta fue que no sabía establecer un balance saludable”, dijo a “The New York Times” sobre su decisión de distanciarse de Hollywood por un tiempo.
Ahora volvió, pero bajo sus condiciones. Hace un tiempo se había comentado que la actriz no aceptaría un nuevo papel de Bridget Jones por no estar dispuesta a volver a subir dramáticamente de peso como tuvo que hacerlo en las primeras dos películas. Tal vez eso haya incidido en que la Bridget actual tenga el peso Renée.
En cuanto a la madurez del personaje, la mayor parte del tiempo actúa como si los años no hubieran pasado, salvo para dejarle un poco más de seguridad en sí misma y hacerla desistir de llevar un diario. A estas alturas, la actriz siente que conoce “bastante bien” a esta chica voluble que se volvió en Gran Bretaña el emblema de la soltera de cierta generación, la que ahora pasó los 40, y ha optado por no armar una pareja, o no se le ha dado. Hay quienes atribuyen a ese fenómeno —que llaman Bridget Jones, como si la pobre no tuviera suficiente con que lidiar— la tendencia que muestra, según un estudio británico de 2014, que allí los hogares con personas viviendo solas han aumentado 10 veces más que la población total del territorio.
Quince años después, Bridget ha evolucionado en algunos aspectos y en otros, no. “Eso es lo que más me gusta, que ella no puede evitar ser ella algunas veces. Me encanta que no haya refinado sus modales; que todavía vaya en busca de lo que quiere, aun cuando no sabe cómo resultará. Me encanta que sea una romántica y una optimista perdida”, contó la actriz.
Si bien las dos primeras películas coincidían en trama con los dos primeros libros de Fielding, esta tercera es original. Fielding escribió el guion junto a Emma Thompson (que además interpreta a la ginecóloga de Bridget) y Dan Mazer. ¿Por qué? Porque la tercera novela, “Loca por él”, publicada en 2013, generó un mar de quejas de sus lectoras, seguidoras del personaje, al enterarse en sus primeras páginas de que Darcy había muerto y que Bridget era una viuda con dos hijos. Demasiado deprimente, demasiado no-Bridget. Entonces, Fielding decidió contar eso que pasó en el medio, después del viaje de locura en “Al borde de la razón” y antes de la viudez, y lo hizo a través de esta película, que se convertirá en un libro que saldrá próximamente a la venta.
¿Aspiraciones de otra era? En esta cinta, el tercero en discordia ya no es Daniel Cleaver, sino Jack (Patrick Dempsey), un gurú de las relaciones sentimentales que jura haber encontrado el algoritmo del amor y vive con holgura gracias a la exitosa web que ha creado para encontrar pareja. Su match perfecto, según su propio sistema, es Bridget, a quien conoce en el Festival de música Glastonbury cuando la ayuda a levantarse después de que ella, como era previsible, cae de nariz en el barro toda vestida de blanco.
Un encuentro sexual fortuito con este extraño y otro, pocos días después e igualmente inesperado, con Mark Darcy, la llevan primero a sospechar que está embarazada y después a no saber quién es el padre. De uno, Darcy, tiene toda la información que necesita para pensar si será un buen padre potencial, pero, ¿y Jack? Entonces decide invitarlo al programa de TV que ella misma produce, y mientras la maquilladora del canal junta muestras de ADN en forma de pelo y uñas —que luego guarda en una bolsa ziploc— con la excusa de acicalarlo para el show, la conductora —amiga íntima de Bridget— se prepara para hacerle al hombre un interrogatorio en vivo sobre su vida privada que le dirá a Bridget algo más de este completo extraño.
Antes de que la película se estrenara en Gran Bretaña, algunos se preguntaban si la fórmula, que funcionó a las mil maravillas en 2001 y no tan bien en 2004 (aunque no por la época sino por la película en sí misma, bastante criticada), ya no fuera efectiva en 2016. Si esta soltera de cuarenta y tantos no sería demasiado naïf para estos tiempos, si su búsqueda del príncipe azul sería creíble. Difícil saberlo. Guiándose por la taquilla (en su primer fin de semana en cartel ocupó el tercer lugar), el atolondramiento de Bridget sigue teniendo fieles adeptos. “El bebé de Bridget Jones” vuelve a traer, además, al exquisito Jim Broadbent como el papá incondicional de Bridget, y a Gemma Jones, su indiscreta madre. Sharon Maguire, que dirigió la primera, vuelve a dirigir “El bebé…” como en un intento de volver a los orígenes.
Así que ahí está ella, con dos padres para un mismo bebé. Otra vez, en una encrucijada, su lugar favorito en el mundo. “No puedo repetir los mismos errores”, se dice sabiamente: “Debo cometer errores nuevos”.