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    Ex Libris

    “Todo termina aquí”, Gustavo Espinosa. HUM, 180 páginas, 350 pesos.

    Todo empieza un miércoles de julio hace poco menos de cuatro años. Gustavo Espinosa recibe una propuesta de escritura que, al menos por su título, le resulta llamativa. “Hincapié”. Ese es el nombre del suplemento cultural en el que un grupo de editores olimareños lo invitan a participar semanalmente. La consigna —una especie de batido de historia y antropología— consiste en publicar columnas basadas en personajes o episodios de Treinta y Tres, “el pago menos occidental”, escenario donde nació en 1961 y donde suelen transcurrir sus novelas. Acto seguido: acepta.“Todo termina aquí” se presenta en capítulos que pueden asociarse a cada una de esas entregas de Espinosa —Premio Nacional de Literatura 2011, docente y músico. En la novela hay rock, blues, drogas, guisos, olores fuertes y un toque de decadencia. Su pluma se mete de lleno en la vida de una dupla blusera de culto y en el pasado de sus integrantes: Fernando Larrosa, profesor de física y armonicista; y Héber Espel, guitarrista y cantante. La historia va desde su unión y la decisión, buseca mediante, de llamar a la banda Electrón Rosa y Mondongo Spel, hasta su afición por grupos pop treintaitresinos de principios de los 70, su pasión por la misma mujer y el comienzo de un viaje intenso y musical —aunque por momentos no tan musical— con destino a Puerto Montt.

    “Oona y Salinger”, Frédéric Beigbeder. Anagrama, 296 páginas, 945 pesos.

    Lo hace como un juego, como una forma de afrontar la falta de piezas con literatura. El escritor y crítico francés Frédéric Beigbeder (1965) escribe sobre vidas reales, sobre vidas que fueron, y las completa con el mejor recurso que muestra su pluma: la ficción.Su última novela, “Oona y Salinger”, podría ser considerada una ficción histórica. En sus páginas se dedica a retratar la vida del narrador estadounidense (autor del clásico “El guardián entre el centeno”, de 1951), desde el punto de vista de su relación con Oona O’Neill (hija de Eugene O’Neill, dramaturgo, Nobel y Pulitzer), que, tras su separación mediada por la II Guerra Mundial, terminó en los brazos de Charles Chaplin.La novela presenta un retrato de época, el de la sociedad neoyorquina de la década de los 40, una reconstrucción de correspondencias de amor e incluso propone un reencuentro entre los protagonistas. En el relato también parecen colarse las voces de personajes como Hemingway, Capote y hasta el propio Chaplin como fuentes de información.

    “Historia de nuestros perros”, Agustín Acevedo Kanopa. Estuario Editora, 180 páginas, 350 pesos.

    El relato empieza con una confesión: “Gran parte de lo que sé sobre la muerte lo aprendí de peces y hormigas”. Es, de hecho, a partir de la pesca de pejerreyes que el narrador, en su niñez, reflexiona sobre el purgatorio. “A veces recordaba ese pejerrey que se me escapó y me ponía a pensar en él volviendo al lecho del arroyo, hablándoles a los otros peces sobre su experiencia más allá de la muerte. Algunos lo tratarían de loco, o mentiroso. Algunos admirarían su boca destrozada por el anzuelo, como niños fascinados ante las cicatrices de un soldado. Otros le temerían, pensando que uno no vuelve del infierno sin hacer alguna concesión”, dice.De los peces pasa a las hormigas; después a las pulgas y los escarabajos, hasta que, ya adulto y padre, siente que otra hormiga en forma de juego infantil amenaza con tomar represalias contra él y su hijo. “La memoria de los peces”, un ensayo sobre la vida a través del vínculo con insectos y animales, es el segundo relato de la compilación “Historia de nuestros perros”, publicada recientemente por Estuario Editoria y firmada por la pluma de Agustín Acevedo Kanopa, escritor, periodista y psicólogo montevideano.

    “El elefante desaparece”, Murakami. Tusquets, 352 páginas, 480 pesos.

    Un titular en la sección nacional del diario: “Elefante desaparecido en un distrito de Tokio”. Con eso, y la rutina de un lector obsesionado con la noticia, Murakami (Kioto, 1949) desenvuelve el último relato surrealista de un repertorio de 17, que da título al libro: “El elefante desaparece”.Fue publicado en su idioma original, en japonés, en 2005, y once años después traducido al español por la editorial Tusquets. Lo mismo pasó recientemente con las novelas “Escucha la canción del viento, “Pinball 1973” y “Los años de peregrinación del chico sin color”, además de la colección de relatos “Hombres sin mujeres”.

    “La vida y los papeles”, Fernando Butazzoni. Seix Barral, 320 páginas, 460 pesos.

    Después de dedicar más de una década a trabajar en su novela “Las cenizas del cóndor” y verla publicada dos años atrás, Butazzoni tardó catorce meses en volver a escribir. Y cuando tomó impulso de nuevo, lo hizo intentando responder una sola pregunta: “¿Por qué no está escrito lo que viví?”Ese fue el motor de los relatos que conforman “La vida y los papeles”. “Había quienes opinaban que yo tenía material suficiente para hacerlo: la revuelta del 68, los tupamaros, el Chile de Allende, el exilio en Europa y antes en la Cuba de Fidel, la guerra como artillero sandinista en Nicaragua, algunos premios internacionales, fracasos grandes, querellas con la izquierda y la derecha, polémicas llenas de infamia, películas y guiones, amigos divertidos, enemigos feroces, amores y odios”, escribe.

    “Pecado”, Laura Restrepo. Alfaguara, 350 páginas, 490 pesos.

    El tríptico renacentista pintado por El Bosco a principios de 1500, “El jardín de las delicias”, es la primera imagen descrita con que se topa el lector de “Pecado”. Es, también, la que prima en el resto de la obra, porque los personajes parecen haber sido sacados del óleo y porque es una novela que transita por los terrenos del bien y, sobre todo, del mal.En la última entrega de la colombiana Laura Restrepo se presentan ocho historias pecaminosas protagonizadas por personajes capaces de practicar el incesto, cometer crímenes o profundizar su indiferencia. Hay un adolescente asesino, un empresario adúltero, una descuartizadora, una pareja incestuosa, un verdugo, un profeta soberbio y tres hermanas vanidosas.

    “Lúndrico”, Levedad. Criatura Editora, 128 páginas, 490 pesos.

    Hay sarcasmo, ironía y sutilezas. Hay mucho humor gráfico del explícito y del que amerita una segunda mirada. “Lúndrico”, el segundo libro de Levedad, seudónimo del diseñador gráfico Rodrigo Camy Betarte (San José, 1983), es la tercera entrega de la “Trilogía de la Nube”, una retrospectiva de sus dibujos que continúa el trazo de “Grántico Pálmani Zum” (2011) y “Glúfico” (2013).“Lúndrico” es un libro ilustrado con personajes excéntricos, reflexivos y mutantes, en escenarios y situaciones que rozan el absurdo. Una de sus postales muestra un debate en el que Jorge Drexler y Samuel Fergusson no logran ponerse de acuerdo, otra tiene como protagonista a una aspiradora gigante capaz de eliminar “las pelusas que largan los plátanos en Montevideo cuando es primavera” y algunas páginas son invadidas por criaturas combinadas: un castor con bandoneón y cara de tanguero, Castor Piazzolla; un rockero de pelo largo y paraguas mágico, Iggy Poppins; o una actriz con traje robótico de manga japonés, llamada Kim Mazinger.

    “Las cosas que perdimos en el fuego”, Mariana Enriquez. Anagrama, 200 páginas, 700 pesos.

    En una entrevista publicada hace poco en “La Nación”, la escritora y periodista Mariana Enriquez (Buenos Aires, 1973) decía algo así como que en el horror nada le parece demasiado; que, para ella, la realidad siempre llega más lejos. Y eso se traduce en su narrativa, porque lo perturbador de sus historias, la frialdad de su relato, parece no tener límites.“Las cosas que perdimos en el fuego”, su primera recopilación de cuentos publicada por Anagrama, incluye doce relatos, casi todos protagonizados y narrados por mujeres, que transitan por el terror más realista. Hay asesinos infantiles, autoflagelos adolescentes, magia negra y casas encantadas. Hay, también, parte de la historia argentina, porque uno de los capítulos está destinado al Petiso Orejudo, un asesino en serie con varios homicidios infantiles en sus manos y otras tantas muertes que quedaron en el tintero.

    “Entry Island”, Peter May. Black Salamandra, 480 páginas, 650 pesos.

    La novela tiene todo lo que necesita tener para formar parte de la colección “Black” que desde 2014 edita el sello español Salamandra. Los ingredientes están sobre la mesa: una isla perdida en el golfo de San Lorenzo; un pequeño pueblo pesquero, oscuro y misterioso con habitantes fácilmente cuantificables; y un asesinato, el del poderoso comerciante James Cowell, conocido por ser el hombre más afortunado —en términos monetarios— del lugar. También hay un detective canadiense, solitario y con la intuición afinada, Sime Mackenzie, encargado de resolver el caso ante la mirada de dos mujeres que le dan un giro determinante a su vida: Marie-Ange, su ex esposa y analista forense del equipo de investigación que él lidera, y Kirsty, viuda de Cowell y principal sospechosa del homicidio.