¿Desde cuándo le dicen el Tonga? Desde que era niño, es Gastón al revés, la s quedó por el camino. Algunos en Estados Unidos me preguntan cuál es mi apodo, piensan que mi nombre es Tonga y esperan que mi apodo sea la Araña o el Huracán.
¿Desde cuándo le dicen el Tonga? Desde que era niño, es Gastón al revés, la s quedó por el camino. Algunos en Estados Unidos me preguntan cuál es mi apodo, piensan que mi nombre es Tonga y esperan que mi apodo sea la Araña o el Huracán.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá¿No se buscó ningún apodo intimidante para subir a pelear? No, tampoco soy el clásico peleador, que está como enojado, que sube a matar. Disfruto de lo que hago, me gusta. Cuando fui a Estados Unidos, que ni siquiera te das un beso en un cumpleaños, yo subía y le daba un beso al rival, al juez, a la esquina, porque a mí me enseñaron a saludar, a ser educado. Hasta que me dijeron que se podía llegar a tomar como una falta de respeto. Ahí dejé de dar beso.
Después de un tiempo viviendo en Kansas, se mudó a San Diego. ¿Fue decisión suya? Estaba en duda. Tenía mis amigos, me había hecho hincha del equipo de Kansas City, que tiene camiseta celeste, dije “ta, es mi Uruguay”. Ya estaba como armado. Hasta que pensé que no quería tener 50 años y pensar “¿y si me hubiese ido?”. Porque es una carrera muy corta. Volver a salir me hizo mejorar un montón por todas las herramientas que aprendí. En San Diego mejoré físicamente, mentalmente, mis habilidades. Si tengo que pelear contra el Tonga de Kansas, hoy, lo mato.
¿Hasta qué edad se puede pelear profesionalmente en las artes marciales mixtas? Dicen que entre los 30 y los 35. Yo tengo 32, pero no sé si me veo tanto tiempo estando lejos de mi familia. Soy re familiero, acá afuera (de la entrevista) están esperando mi mamá y mi hermana y el que me trajo fue mi papá. Estoy todo el tiempo con ellos y esta carrera me hace tenerlos lejos. Además, quiero formar una familia. Mi gran sueño no es ganar tal o cual cinturón, o pelear en tal lado, es formar una familia y me la imagino en Uruguay. No me imagino llevando a mi hijo al baseball, me imagino llevándolo al baby fútbol, comiendo un asado; me imagino con una uruguaya.
Sus padres ya celebraron los 25 años de casados. ¿Se ve siguiendo esa línea? Sé que me tocó una vida diferente y trato de aprovechar todo al máximo. Pero sí, me encantaría.
A los dos años pasó por una operación muy importante en el intestino y vivió su infancia con ciertos cuidados extra. ¿Cree que eso moldeó su personalidad? Sí, y después, a los ocho, de una hernia. Era un niño muy débil, y ese era también uno de los motivos por los que hacía taekwondo.
¿Por qué era muy débil? Porque me sobreprotegían. Me tenía que cuidar con las comidas, tenía que cuidarme cuando iba al baño. Tenía los pies para adentro, los hombros medio para arriba y las escápulas aladas. Después de que empecé a practicar taekwondo empecé a mejorar y me daba mucha confianza personal. Todo eso que tengo ahora me lo generaron las artes marciales.
¿A esa edad era fanático de Jean-Claude Van Damme? A full. Mi hermana miraba Dumbo y yo alquilaba de Van Damme o de las Tortugas ninja. Quería ser tortuga ninja.
Qué vocación tan clara. Yo puedo vivir sin mi idioma, sin el dulce de leche, pero no puedo vivir sin tirar patadas. Desde que tengo uso de razón tiro patadas. Vivir de las artes marciales me alcanzaba, ni me imaginaba ganar plata por competir.
¿Cuál fue su primera pelea importante, la que le abrió las puertas? En una isla al sur de Tailandia, el 1º de enero de 2012. Era de las peleas más grandes. En aquel momento nadie me conocía, me mataban, me tiraban a una cuneta y no pasaba nada. Estuve dos meses en un campo de entrenamiento con otros 39 peleadores de todas partes del mundo, preparándome. El día de la pelea estaba supernervioso. Ahora peleo en un nivel muy alto y tenés tu manager, tu médico, tu psicólogo, la producción; ahí era tipo película de Van Damme. Vas como un perro de pelea, te tiran ahí adentro y se corren apuestas, porque aunque es un país budista y no tiene casino ni apuestas, como el muay thai es el deporte nacional, se puede apostar. Me acuerdo que camino hacia la pelea iba en una camioneta con unos tailandeses que hablaban “sapanaca, sacanaca”, yo no entendía nada. Vos no sabés si están diciendo “pobre pibe, lo van a matar” o que andás volando. Por suerte gané. Lo noqueé al inglés en el segundo round. Esa pelea me dio alas. Después de eso, ¿a qué le voy a tener miedo?
¿Ni siquiera al dolor físico? No. Y ahí arriba, con la adrenalina, no se siente nada.
Al principio sus padres no sabían que peleaba. ¿Cómo blanqueó la situación? Se enteró papá porque un vecino vio un afiche. Yo peleaba en el club Colón ese sábado contra un argentino, era la pelea de fondo. Sabía todo el mundo menos ellos. Cuando se enteraron me querían matar. Tenía trofeos y medallas en casa de amigos porque no podía llevar nada a casa; era una mentira constante, una vida paralela.
¿Le han roto el corazón? Sí. Tuve novia antes de irme al Mundial como tres años. Cuando me enfoqué en la carrera dejamos. Ya no éramos novios, pero me mandaron una foto de ella con otro tipo y me mató, porque para mí era la mujer de mi vida. Hoy te digo que no, pero en ese momento, cuando estás enamorado…
¿Duele más eso o un KO? Que te rompan el corazón, olvidate.