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    La Bolsa de Valores promueve crear “ecosistema” de investigadores con ideas e inversores que arriesguen

    Daniel Drexler, músico y otorrinolaringólogo, estaba en 1997 concentrado en la preparación de su nuevo disco. Tras horas de trabajo intentando que el redoblante de una batería quedara bien entre los demás sonidos de una canción, se fue a dormir. Al otro día reprodujo nuevamente la canción y advirtió que el redoblante estaba llamativamente alto. ¿Cómo podría no haberlo notado?

    Le ocurrió lo mismo que le suele pasar a quienes se encuentran en un ambiente con una heladera que hace ruido: en determinado momento la dejan de escuchar, como si anularan el ruido.

    Así surgió la idea para tratar la tinnitus, una patología auditiva. La persona que la padece siente un sonido interno permanente que en realidad no existe, como un grillo, un zumbido o una radio mal sintonizada. En grados extremos es invalidante y no existe un tratamiento exitoso en el mercado, hasta ahora.

    Junto a Drexler y la médica Marisa Pedemonte —ex integrante del Laboratorio de Neurofisiología de la Udelar— trabajaron en el proyecto los ingenieros Andrés Bianco y Darío Geisinger, durante años, con poco dinero y mucho entusiasmo.

    El tratamiento consiste en un software que se programa en el teléfono celular y mediante un audífono inalámbrico se le hace escuchar a la persona toda la noche el sonido que ella dice escuchar permanentemente. De esta manera, tras horas de exposición al sonido del auricular, el cerebro lo “bloquea” y la persona lo deja de sentir, comentó Pedemonte.

    El proyecto surgió en Uruguay hace 15 años y la dificultad de acceso a capital demoró sus avances. El grupo recurrió a capitales estadounidenses que son quienes hoy desde Otoharmonics Corporation manejan la comercialización. Durante los últimos años contó con fondos de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación y también con fondos estadounidenses (Cedars-Sinai) como contrapartida. Hoy la empresa está valuada en 28 millones de dólares, tiene varias patentes y un producto que este año se lanzará al mercado.

    “Nos llena de orgullo haber logrado algo que parecía imposible”, comentó Drexler, que dice que se necesitó un “ecosistema” y un legado de años de investigación básica en audición y sueño. Ellos pudieron recibir dinero pero hay más ideas y proyectos que lo buscan y necesitan una “estructura” más organizada, comentó Pedemonte.

    Oportunidades.

    La Bolsa de Valores de Montevideo (BVM) prepara un encuentro para hoy, jueves 26, sobre “tecnología, desarrollo económico y mercado de capitales” a efectos de “poner de manifiesto que Uruguay tiene capacidad científica” y mostrar casos de éxito.

    “El objetivo es ver cómo la Bolsa puede canalizar inversión” en las áreas tecnológicas, dijo a Búsqueda Pablo Stijar, presidente de la Bolsa de Valores de Montevideo.

    Por ejemplo, el Instituto Pasteur de Montevideo tiene patentes generadas. “Un grupo podría poner 20 o 30 millones de dólares y se queda con la patente. Hay que poner el tema en el tapete y hacer saber que también hay tecnología en Uruguay y no solo en Silicon Valley, y que queremos participar de eso. Después veremos cómo se arman los instrumentos”, explicó Stijar.

    Riesgo.

    El trabajo desde la BVM apunta al desarrollo de todo el ecosistema inversor para la biotecnología, desde inversores “ángeles”, fondos de inversión privada y otros, informó Frank Baxter, ex embajador de Estados Unidos en Uruguay y corredor de Bolsa. “Es cuestión de crear ese ecosistema. Hay muchos inversores privados que podrían asumir el riesgo de la biotecnología en Uruguay, como ocurrió en su momento el riesgo de las punto com”, destacó Baxter.

    La BVM trabaja en un proyecto que consiste en la formación de un Fondo que busque posibles inversiones en hospitales y centros de investigación del país y los contacte con potenciales inversores. La clave es la “conexión entre los sectores”, destacó Baxter. El Fondo permitiría hacer una “cartera diversificada” de inversiones en numerosos proyectos de forma tal que “si unos proyectos no tienen éxito y otros sí, el fondo sería equilibrado” o al menos “reduciría el riesgo”, comentó Baxter.

    Células madre.

    Cristina Bertolotto, investigadora y médica con experiencia en transferencia tecnológica, presentará su experiencia. Tras más de 20 años fuera del país, está regresando a instalar parte de su empresa (Cluster X Stem) para realizar estudios clínicos y busca inversores. Según la médica, si no se invierte en biotecnología en Uruguay “el país se está perdiendo de tener un ingreso en propiedad intelectual muy grande”.

    La empresa fue desarrollada tras una patente de la Universidad de California. Desarrolla tratamientos con células madre que se obtienen del tejido adiposo (mediante la extracción de grasa) capaces de recuperar tejido dañado. Por ejemplo, el del corazón tras un infarto cardíaco.

    Bertolotto y su equipo se preparan para comenzar con los estudios clínicos en infartos cerebrales, artritis, diabetes, disfunción eréctil y problemas oftalmológicos como afecciones de la córnea y envejecimiento de la retina. Del último está encargado el oftalmólogo Juan Antonio Echagüe, quien, convencido del proyecto, opinó que esta nueva forma de tratar implica “un cambio de paradigma” porque se recurre a “mecanismos naturales de reparación”.