La ley de servicios de comunicación audiovisual es una “herramienta muy valiosa” para impulsar el sector y por eso “no hay que tenerle miedo a la intervención” del gobierno, opinó el abogado español especializado en derecho audiovisual José Antonio Suárez Lozano.
Secretario general de la Entidad de Gestión de Derechos de los Productores Audiovisuales (Egeda) y árbitro de la Corte de Arbitraje para la defensa de los derechos audiovisuales en Iberoamérica, Lozano visitó el país para dar una conferencia titulada “Ley de medios y el fomento a la producción audiovisual nacional: la experiencia europea”, organizada por Egeda Uruguay.
En entrevista con Búsqueda el abogado dijo que fue gracias a la “regulación” —estableciendo cuotas pantalla y obligando a los canales de televisión a invertir en producción nacional— que los gobiernos europeos consiguieron desarrollar una industria audiovisual que hoy es rentable para el país y para los propios canales. Por eso recomendó a la televisión uruguaya no anclarse en “modelos antiguos basados exclusivamente en la publicidad” y apostar a los contenidos.
—En este momento en Uruguay se está discutiendo la creación de una ley de servicios de comunicación audiovisual. ¿Qué opina sobre esa legislación?
—Con una ley de servicios audiovisuales el país tiene la oportunidad de contar con una industria audiovisual potente, que genere empleo, valor añadido e identidad cultural. Para eso la ley es una herramienta muy valiosa.
—¿Cómo es la experiencia europea en relación a ese tema?
—En Europa tenemos un problema de base: no tenemos recursos naturales. Entonces teníamos que hacer otra cosa, desarrollar las industrias basadas en la inteligencia. Por eso desarrollamos una serie de industrias basadas en el talento, en la formación, en el conocimiento. Pero aun en los países que tienen recursos naturales, estos son cíclicos. Por eso hay que generar otro tipo de crecimiento.
—¿Piensa que Uruguay debe impulsar el desarrollo de la industria audiovisual?
—Uruguay ha tenido un sistema educativo que, se diga lo que se diga, ha funcionado bastante bien. Me parece que desarrollar un sector terciario como el audiovisual, basado en la inteligencia y en el talento, genera valor añadido, empleo de calidad, estable, y una expansión del país hacia el exterior. Además el país lo necesita porque tiene mucha presión cultural estando al lado de Brasil y Argentina. Uruguay debería tener un interés, incluso excesivo, por mantener su propia identidad cultural.
—¿Para eso usted cree que es importante la intervención del Estado?
—En Europa tenemos una tradición de gobiernos fuertes, y consideramos que deben ser instrumentos útiles y no un adorno político. Hay que perder el miedo a la intervención. Sobre todo cuando ésta es capaz de ser eficaz. Lo que se necesita es un marco regulador, que por supuesto requiere intervención del Estado. La intervención no tiene por qué ser negativa.
—¿Qué medidas concretas tomaron los gobiernos europeos para fomentar la industria audiovisual?
—En España, por ejemplo, la combinación de la cuota de pantalla más la imposición de obligaciones de inversión a las televisiones consiguió desarrollar un industria audiovisual que tiene capacidad económica y que genera empleo. Además nos ha servido para identificarnos nosotros mismos como país. A mediados de los 90 el prime time de los canales españoles estaba dominado por la ficción norteamericana. Ahora los programas con mayor audiencia son españoles.
Lo que hemos hecho es desarrollar una industria a base de regulación. Cuando tienes una concesión del Estado para tener un canal, que te garantiza una cuota de mercado, es gratis. No tienes ninguna obligación de devolver nada. Entonces, tienes que pagar algún peaje por estar allí. En España no hay una contrapartida económica. Tienen la obligación de invertir el 5% de su cifra de facturación anual en producción europea, y les es rentable. Se les obliga a invertir porque el Estado está para intervenir en el mercado.
Y la experiencia española es que las televisiones han ganado con la cuota de pantalla y con la necesidad de tener un producto nacional en prime time. Hoy las televisiones no compiten en el mercado de Estados Unidos por tener la última temporada de una serie, compiten por el talento nacional, porque eso les da mucha más audiencia. En los últimos años, casi todas las películas que han ganado el premio Goya eran coproducidas por una televisión. Son casos de éxito.
—Los canales privados uruguayos no están de acuerdo con que el Estado establezca una cuota pantalla para la producción nacional ni con la exigencia de invertir en un fondo para promover la producción local. ¿Qué opina?
—Hay sectores empresariales que tienen terror al cambio. Normalmente tienes dos opciones: o haces el cambio y asumes el riesgo de salvarte o no, o no haces nada por cambiar y lo más seguro es que el cambio de los demás acabe contigo.
Me parece que la televisión privada en Uruguay tiene un problema de crisis del modelo. Consciente o inconscientemente la televisión está en crisis y esa crisis se va agudizar de forma exponencial con la televisión digital porque produce un efecto que es la fragmentación de las audiencias. Eso lleva a que los anunciantes se planteen dónde es más eficaz su inversión y qué público tiene cada canal de TV. Eso es una revolución para la que hay que estar preparado, y la solución no es aferrarse al viejo modelo.
—¿Los canales deben buscar un nuevo modelo comercial?
—Absolutamente. Anclándose en modelos antiguos basados exclusivamente en la publicidad, no se llega. Hace falta aire fresco. Y ese aire fresco lo trae la producción independiente, la inversión extranjera, las coproducciones.
—La multiplicación de señales que permite la televisión digital preocupa a los canales comerciales porque sostienen que el mercado uruguayo es demasiado pequeño para una oferta tan amplia.
—Estamos hablando de consolidar posiciones de oligopolio. Me parece absurdo, porque el competidor de un canal no es el canal de al lado solamente. Es también todo lo demás. El entretenimiento por otras vías, desde los videojuegos hasta Internet, la oferta audiovisual que hay en Internet... La televisión debe pedirle ayuda al gobierno, pero de una forma inteligente. No le pida que le guarde la parcela, porque esa parcela ya no existe. Va a haber más señales, YouTube ya lo es. Hay gente que todavía no lo ha entendido.
—¿Deben preocuparse por mejorar la calidad de los contenidos y no por la competencia?
—Exacto. Cada vez habrá mayores contenidos y mayores ofertas. El problema no va a estar en encontrar al espectador, sino que el espectador te encuentre a ti. Me parece que le están errando en la identificación de los competidores. Es un error estratégico.
—Si el Estado regula la producción audiovisual, ¿no se corre el riesgo de que intervenga en los contenidos?
—Hay áreas en que el Estado debe intervenir. La protección de los menores no se la podemos dejar a cualquiera. La autorregulación está bien cuando funciona; el problema es que no suele funcionar. Yo no conozco ningún caso de intervención del Estado en el contenido de la programación en los países democráticos que conozco. Por ejemplo, se fija el horario de protección al menor. O se prohíbe introducir determinado tipo de publicidad en un canal infantil. El Estado es una especie de policía que ordena el tráfico.