A fines de 2015, cuando la moda de los food trucks apenas se instalaba en Montevideo, tres amigas veinteañeras, Florencia Lecueder, Belén Sosa y Lucía Fynn, se unieron para armar un festival en torno a la comida, con el objetivo de acercarla a la gente y hacerla lucir. Así nació Degusto, un encuentro gastronómico de chefs y productores en la vieja plaza de la Conaprole en Carrasco—hoy parque Grauert. Fue el sábado 30 de abril de 2016, a la intemperie y con entrada libre.
La inspiración del trío estuvo en Argentina, en la feria Masticar, organizada por Acelga, en Buenos Aires, y en otros festivales culinarios. Al principio, contaron a Galería, pensaron en incorporar solo a los camiones de comida callejera, pero “enseguida nos dimos cuenta de que con los food trucks no iba a alcanzar, que queríamos que también estuvieran los restaurantes y sumar un espacio de mercado”, contó Fynn.
En la primera edición, 20 cocineros y 20 productores se animaron a instalarse en la plaza, con tal éxito que para 2017 hubo 50 stands que apostaron a este encuentro goloso, y se estima que juntos recibieron a más de 12.000 personas. “Degusto tiene tres sectores bien diferenciados: los cocineros, la zona de food trucks y la parte de productores locales, en la que incorporamos al Centro de Desarrollo Económico Local (Cedel)”, comentó Sosa. Además, el encuentro suma un escenario para bandas en vivo, un espacio de talleres de cocina y otro para niños. “Ninguna tenía conocimiento sobre la gastronomía, ni cocinamos demasiado reconoce Sosa. Nos costó que confiaran en que lo que estábamos haciendo no era alocado”.
Las tres son profesionales: Lecueder se formó en marketing y Fynn en diseño industrial, y ambas trabajan juntas en el área de marketing de un banco. Sosa, por su parte, es abogada y trabaja durante el día en un estudio. Actualmente debaten su tiempo con Degusto, y lo logran diversificando tareas. La primera supervisa el diseño de la feria, la logística de la instalación de los stands, la gestión de los residuos, los contenidos de los talleres y el contacto con los expositores del mercado. La segunda es quien pone foco en la presencia digital de Degusto en redes y la comunicación; además, coordina el área de los food trucks. Por último, Sosa es la responsable de los cocineros de los restaurantes, de la relación comercial con los sponsors y las actuaciones en vivo. En el último tiempo, las tres sumaron dos miembros fijos al equipo: Santiago Algorta en la administración y Paulina Fabre en redes sociales, quien maneja una comunidad de casi 17.000 seguidores en Instagram y 24.500 en Facebook.
Si la cocina no es el fuerte de ninguna de las creadoras de este festival, aprendieron rápido, pues hoy esta marca apuesta a su décimo encuentro culinario en tres años. Degusto tiene dos ediciones anuales en Carrasco, otra en el World Trade Center (cuya ubicación está en proceso de definición debido a la construcción de una nueva torre) y un paseo de compras en conjunto con el equipo del medio digital especializado en moda Couture, denominado Degusto Couture. Nada mal para un trío de amigas veinteañeras, que ya pisan los 30, con ganas de emprender en el novel mundo de los eventos gastronómicos en Montevideo.
De atrás para adelante.
Degusto se hizo esperar. La primera vez que se oyó sobre esta feria fue en Facebook, con una campaña de expectativa dirigida a la gente joven, que entonces aún lideraba la lista de usuarios de la aplicación. Con una imagen que vinculaba frutas y verduras con dibujos anunció tres reprogramaciones por mal tiempo. Finalmente, los puestos de comida se instalaron en la vieja plaza de la Conaprole, el sábado 30 de abril de 2016. “El clima es nuestro principal desafío al ser un evento al aire libre, pero también tenemos otros como llevar luz y agua a todos los participantes”, contó Fynn.
Aquel fin de abril hacía un frío invernal y estaba algo nublado, pero la feria fue un éxito. Para sorpresa de todos, pocas horas después no quedaba nada, incluso la sopa de coliflor, nabo y comino del chef Santiago Garat del Rolling Beat se había esfumado —una delicia para paladares aventureros.
Si bien Degusto nació como un encuentro de un único día, ya en su segunda edición incorporó también el domingo. Sobre aquella decisión Lecueder recordó: “El primero fue un solo día porque nos daba miedo, pensábamos en quién iba a venir. Nos preguntábamos: ¿mis padres vendrían a esto?” El público respondió, a pesar del frío y arrasó con todo. “En ese momento nos pareció que fue lo mejor que podía pasarnos, se llenó y nos quedamos sin comida y quedaron todos enganchados”, agregó Sosa.
El jueves 29 y viernes 30 de setiembre surgió Degusto WTC, una propuesta más acotada en el estacionamiento del nuevo centro financiero de la ciudad, y también funcionó. Con esa experiencia y la anterior, para fines de octubre volvió Degusto a la plaza, y doblaron la apuesta al sumar el domingo. “No sabíamos qué iba a pasar, porque es un día familiar. Nos llevamos una sorpresa porque se llenó más el domingo que el sábado”, recordó Sosa. La gente volvió a aglomerarse en los puestos de restaurantes y food trucks, y en ese momento quedó claro que las hamburguesas de Glamburger y el pulpo de Pacharán a las brasas ya dominaban la escena. Hubo otros platos que también tuvieron la preferencia de la gente, como las hamburguesas de salmón de Café Misterio, los curries de Rolling Beat y los clásicos crêpes de Crêpas.
Para fines del año 2016, en un nuevo esfuerzo, volvieron al estacionamiento de WTC con una apuesta acotada de comida callejera y música, pensando en el almuerzo ejecutivo y la reunión después del trabajo. El pasado 2017 fue un año agitado para Degusto. En mayo y en octubre se armó la feria en Carrasco, y también en octubre en WTC, para finalizar con la primera edición de Degusto Couture, que combina un paseo de diseñadores nacionales con gastronomía en Sinergia Design.
En la última edición en la vieja plaza de la Conaprole se armaron 50 stands que ofrecieron sus preparaciones y productos a más de 12.000 personas. Si bien es cierto que buena parte del público se inclina por las comidas callejeras más tradicionales, como los chorizos y las hamburguesas, los cocineros no dejan de apostar a renovar el clásico paladar montevideano con estofados picantes, arepas venezolanas rellenas y hasta dulces sirios, que causaron sensación.
¿Qué hay de nuevo?
El sábado 26, de 12 a 22 horas, y el domingo 27 de 12 a 18 horas, Degusto volverá al parque. Los tickets en las distintas propuestas gastronómicas mantendrán su espíritu de precio asequible, y no superarán los 300 pesos por porción. Entre las actividades, más allá de la comilona, tocarán cerca de seis bandas musicales en vivo por día, para todos los gustos. Este fin de semana no hay excusa para no distenderse bajo los árboles del parque en familia o con amigos. Durante el día, además, habrá talleres de cocina ahora en el escenario principal, y no en un lugar aparte como hasta ahora.
Por otro lado, el espacio de los niños volverá a crecer, con talleres de huerta y una charla de clasificación de residuos. En esta oportunidad, habrá un espacio de clasificación a cargo de Meta Sustentable para continuar el trabajo de reducción de residuos de Degusto, que, según sus tres creadoras, aún es difícil de implementar.
Durante dos días, los montevideanos se apropiarán de este espacio público, al aire libre, para reunirse, probar cosas nuevas, involucrarse con el ambiente, conocer a los chefs que se esconden en las cocinas de los restaurantes, productores, pasteleros, pero sobre todo, a celebrar el acto de comer. Será una cita ineludible con la comunidad.
Los imperdibles de Degusto
Desde su primera edición, varios platos se fueron sumando a la lista de los preferidos del público y hoy ya son clásicos que no pueden faltar. Es el caso del pulpo del restaurante céntrico Pacharán —que vende más de 500 porciones solo de esa preparación—, las hamburguesas de Glamburger —que atiende a más de 1.000 personas por día—, los crêpes de Crêpas y los churros del Bar Facal, que en la última edición rompieron el récord de más de 5.000 vendidos, por mencionar solo algunos.
galería seleccionó algunos imperdibles para los amantes de la buena mesa, que se pueden acompañar con tragos, cervezas artesanales especiales y vinos nacionales.
El Chilli de Cali Diemarch. Este chef, responsa-ble de la cocina de Estrecho, en Ciudad Vieja, estrenará en Degusto en un puesto compartido con Martín Lavecchia de Foc, en Punta Carretas, y el esteño Aurelien Bondoux de El Palmar, en José Ignacio. Su chilli —estofado picante— con carne, sour cream (crema agria), cilantro y pan de maíz, promete estar de alquilar balcones.
La carrot cake de Santé. Irene Delponte e Irene Schreiber conquistan paladares a diario en Santé Café y Cocina, en Ciudad Vieja, y siempre llevan a las ferias propuestas culinarias diferentes. La torta de zanahoria de Delponte es para muchos invencible. Para los que prefieren comer salado, allí habrá hamburguesa de cordero y carne mechada venezolana, fiel al origen de Schreiber.
Fingers de pescado de El Gran Pez. Este restaurante de El Pinar es un tesoro escondido en la costa, al que los montevideanos no siempre pueden llegar. En su versión callejera servirá fingers de corvina fresca con mayonesa picante de albahaca y arancini (croquetas de arroz rellenas) con chutney de mango, entre otras delicias.
El pita de cerdo braseado de Úrbani. Los sándwiches de este local de Ciudad Vieja son de los que juntan fila en las ferias gastronómicas, especialmente el de cerdo braseado durante seis horas, al estilo de Nueva Orléans.
Los merengues de Cataleya. Esta panadería que tiene local fijo en Mercado Ferrando ofrecerá varias preparaciones en Degusto. Entre ellas llaman la atención los merengues de maní y chocolate, una de las tentaciones que se suman a los churros, waffles y crêpes que conforman el universo dulce de la feria.