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Era su primera conferencia de prensa como presidente electo de Estados Unidos y Donald Trump dio una muestra de cuál puede ser el tono de su relación con los medios de comunicación durante el período en que ocupe la Casa Blanca. Cuando el periodista de la CNN Jim Acosta pidió la palabra para hacer una pregunta, Trump reaccionó. “Tú no, tú no”, le dijo. “Tu medio es terrible. Cállate, cállate. No seas maleducado. No te voy a dar el turno de preguntar. Ustedes divulgan noticias falsas”.
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Los cruces de Trump con la prensa fueron constantes durante la campaña y ahora, a días de tomar posesión del cargo, periodistas y expertos se preguntan hasta dónde llevará sus amenazas de ir contra la prensa que “publique mentiras”.
Es que una de sus propuestas de campaña fue la creación y ampliación de leyes sobre difamación. Esa idea no podría llegar en un peor momento para los medios, ya que una encuesta de la Fundación Knight a 66 organizaciones de noticias reveló que más de la mitad no están preparadas para ir a la corte y preservar las libertades de la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense.
Esa enmienda es un ejemplo a escala mundial, ya que prohíbe la creación de cualquier ley que reduzca la libertad de expresión o vulnere la libertad de prensa. Las propuestas de Trump van en sentido contrario a esta definición.
Apuntando dólares.
Con este mar de fondo, el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ por su sigla en inglés) entrevistó a Floyd Abrams, un abogado especialista en la Primera Enmienda que representó a “The New York Times” en el emblemático caso de los “Papeles del Pentágono”. En esa oportunidad, la Suprema Corte de Justicia rechazó el pedido del gobierno de Richard Nixon de aplicar la censura previa a los períodicos que estaban publicando el contenido de un informe sobre la guerra en Vietnam.
“No solo el discurso tiene que ser falso y difamatorio, también tuvo que haber sido hecho con real malicia. Eso no es legislativo, es una ley constitucional, así que salvo que los ministros que coloque en la Suprema Corte den vuelta sentencias fundacionales como esta (de los Papeles del Pentágono) no hay nada a su alcance y en su poder para ampliar las leyes de difamación”, dijo Abrams.
“Tenemos una Corte bastante conservadora y es muy sensible a la Primera Enmienda, además de que la protege muchísimo. Aunque es cierto que no sabemos a quiénes apuntará Trump en la Corte, el presidente del órgano es un promotor muy fuerte de la Primera Enmienda”, agregó.
La Corte norteamericana tiene una vacante desde febrero del 2016 por la muerte del juez conservador Antonin Scaglia y la negativa del Partido Republicano de discutir en el Congreso el posible reemplazo propuesto por Barack Obama.
A pesar de esa seguridad que percibe en el máximo tribunal de Justicia norteamericano, el abogado identificó algunas “serias amenazas” a la prensa en la “era Trump”. “Nuestra prensa de hoy, incluso la mejor de todas, no es la prensa bien provista de otros años y está muy preocupada por cada dólar porque tiene muy pocos. Si la prensa es atacada en una base rutinaria por el presidente, y no solo eso sino que el mandatario le diga al pueblo que la prensa busca engañarlos, eso dañaría seriamente a los medios, perdiendo su habilidad de jugar el rol agresivo y serio que deberían jugar”.
Para el jurista, el riesgo mayor son casos como el del portal de noticias Gawker, que dio quiebra luego de que se le ordenara pagar U$S 140 millones en un caso de difamación. La persona detrás de financiar la demanda contra el medio fue el millonario Peter Thiel, hoy asesor de Trump.
“Este caso de Thiel es lo más preocupante: el formato de un millonario que, sin ser acusado directamente de nada pero con vastas cantidades de dinero dispuestas a ser usadas en un esfuerzo para destruir una publicación. Eso es algo nuevo, y en un tiempo donde nuestras publicaciones líderes están débiles financieramente, tener tantos miles de dólares apuntando hacia ellas puede ser una amenaza muy real. El triunfo de Thiel envió un mensaje muy peligroso a mucha gente con mucha plata”, agregó.
Periodismo a la espera.
Otro que se refirió al tema fue el director del “Washington Post”, Martin Baron, en una entrevista con el portal Elespañol.com.
“Desde que Trump fue elegido hay muchas personas que sienten que el periodismo es especialmente importante ahora en EEUU y entiende que para garantizar eso hay que meterse la mano en el bolsillo y apoyarnos”, explicó.
Consultado sobre la relación de Trump con los medios, sostuvo: “Hay que esperar y ver. Hay una relación de amor/odio entre Trump y los medios. Lo cierto es que él es un personaje de los medios, a lo largo de su carrera ha tenido una relación muy estrecha con gente de los medios y se ha aprovechado de ellos de muchas formas. Pero ahora que es un político, la cosa ha cambiado. ¿Cuál va a ser la relación en el futuro? Pienso que una gran parte dependerá de él. Lo veremos. Hay indicios que no son particularmente auspiciosos: en su fiesta de Año Nuevo en Florida le dijo a la prensa que estaba allí que eran basura. Eso no ayuda a desarrollar una relación normal, profesional, con el presidente”.
Sobre la cobertura electoral, opinó que “hubo un montón de otras organizaciones informativas, como nosotros, “The New York Times”, Politico, Buzzfeed, “The New Yorker” que hicieron “un buen trabajo investigando por igual a Trump y a Clinton” y cumplieron con su “obligación escrutando al candidato a gobernar este país, mirando su pasado, sus antecedentes, su experiencia, sus declaraciones”. Y añadió: “A mi juicio, el mayor error fue la retransmisión que las cadenas de TV por cable hicieron de los mítines de Trump. Eso no fue periodismo, fue esencialmente publicidad”.