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    Lo que queda por proteger en el Este

    En Punta del Este ninguna casa es monumento histórico nacional; la Facultad de Arquitectura recomienda proteger casi 40 construcciones de la época moderna, con obras de Bonet, Pintos Risso y García Pardo

    El anuncio de la posible demolición de Poseidón provocó indignación en los puntaesteños, que temían que con su destrucción se borrara una parte de su historia. Para el balneario, y también para la comunidad arquitectónica, la casa es un ícono de la arquitectura moderna, que comenzó en los años 20 y se extendió hasta los 80. Por eso, tanto los académicos como la intendencia de Maldonado pelearon por mantenerla en pie. Además, el Instituto de Historia de la Facultad de Arquitectura realizó un pedido a la Comisión de Patrimonio para que estudiara el caso y tomara acciones de protección patrimonial. La solicitud no fue nueva. En 2015, el instituto hizo un relevamiento sobre las edificaciones de arquitectura moderna del país que tenían que ser protegidas como patrimonio. En el listado se detallaron al menos 123 lugares que debían ser nombrados como monumento histórico nacional y otros cientos que tenían un valor como bien departamental. La icónica casa Poseidón, sobre la laguna del Diario, estaba en la segunda lista.

    Para los uruguayos, la enorme pieza blanca construida por Samuel Flores Flores en 1978 forma parte de la identidad del balneario. Sin embargo, el proyecto que presentó el grupo inversor argentino que compró el lugar planeaba derribarla y construir allí un complejo de tres edificios de apartamentos. A pesar de las recomendaciones de la Facultad de Arquitectura, en los últimos dos años solo se protegieron cinco de los lugares incluidos en la lista. “Como ese año el Día del Patrimonio estaba declarado a la educación y a los edificios educativos, se eligieron tres liceos”, dijo Laura Cesio, arquitecta del Instituto de Historia, a galería

    El listado permaneció intacto hasta ahora. El conflicto por la posible demolición de Poseidón reabrió el debate sobre el valor y la protección patrimonial de las edificaciones en Uruguay. Y, en un precedente histórico, el intendente de Maldonado, Enrique Antía, se reunió con los inversores y los arquitectos que desarrollarán el emprendimiento sobre la laguna. En el encuentro, se resolvió detener el plan de demolición y, por ahora, la casa se salvó. En los próximos días, los propietarios presentarán un nuevo proyecto para preservar el lugar. Sin embargo, el problema por la falta de respaldo patrimonial no termina con este caso. Hay otros 36 lugares icónicos de Punta del Este que pueden enfrentarse a un destino similar por no contar con protección patrimonial. La situación preocupa a los académicos y a los residentes del balneario, que temen por las decisiones que puedan tomar los nuevos propietarios de los históricos edificios. 

    Un esfuerzo por mantenerse. En las últimas décadas, Punta del Este se consagró como el balneario más lujoso del país. La ciudad creció y se modernizó, sobre todo en la franja costera. En este proceso, sin embargo, algunas de las edificaciones más antiguas y emblemáticas del lugar quedaron olvidadas. Muchos de los hoteles que brillaron en la época de oro de los años 40 y 50 perdieron su esplendor y otros se convirtieron en simples comercios. Hoy, en el balneario solo hay tres lugares nombrados como monumentos históricos nacionales por la Comisión de Patrimonio Nacional y que, por lo tanto, no pueden ser modificados ni demolidos. De hecho, estas construcciones tienen que ser preservadas en buen estado y no pueden sufrir grandes remodelaciones. Pueden ser vendidos y habitados, pero se tienen que respetar estas condiciones.

    La primera construcción en obtener protección patrimonial fue el faro de Punta del Este, en 1976. El icónico lugar, ubicado sobre la costa del Océano Atlántico, forma parte de la identidad del balneario y sintetiza sus comienzos. El faro fue construido en 1860 con materiales que llegaron de Europa. Tiene 25 metros y se caracteriza por estar pintado con franjas rojas y blancas. Además de estar protegido por la Comisión de Patrimonio, su popularidad fue reconocida por el Correo Uruguayo, que en 2000 hizo sellos por un valor de cinco pesos en su homenaje. El faro aparece en cada postal, pegotín y fotografía que toman los turistas en el balneario. 

    Ocho años después, se resolvió sumar a la categoría de monumento histórico nacional la Aduana de Maldonado. Según la resolución, el lugar —ubicado en el Puerto de Punta del Este—, se construyó con los planos de la Dirección de Obras Públicas junto al muelle, en 1887. El edificio identifica el balneario y el puerto, además de ser el lugar al que llegan las embarcaciones. También fue protegida la estación de servicio de Punta del Este, construida por Rafael Lorente Escudero, el destacado arquitecto también detrás del Cantegrill Country Club. El uruguayo —influenciado por las corrientes modernas—, realizó la obra durante la segunda Guerra Mundial. La emblemática obra, ubicada en Avenida Gorlero y Las Focas, se distingue por el uso de diversas texturas. Se utilizaron vigas de madera y muros de ladrillo y piedra, a los que se agregó una torre mirador que en la época de su construcción dialogaba de forma exclusiva con el faro de Punta del Este. El edificio se transformó en monumento nacional en 2000 y, desde entonces, se encuentra en buenas condiciones por las operaciones de mantenimiento. 

    A su vez, la intendencia de Maldonado tiene un listado con las siete edificaciones que fueron declaradas de interés departamental. Una de las más importantes es el Anillo I del edificio Arcobaleno. El complejo —ubicado en la parada 17 de la playa Mansa— fue construido por los arquitectos Francisco Villegas Berro y Guillermo Jones luego de ganar un concurso en 1959. Para la Comisión de Patrimonio y la Facultad de Arquitectura, el edificio tiene un valor simbólico para la identidad del balneario. 

    Para que se otorgue protección patrimonial a una casa, monumento o edificio, la solicitud debe llegar por parte del grupo interesado, los dueños o familiares del autor de la edificación. En el caso del edificio Arcobaleno, el pedido fue realizado por los arquitectos Aldo D'Agosto y Teresita Chiurazzi a la Intendencia de Maldonado. La solicitud luego pasó a un estudio que la aceptó y exoneró al lugar de algunos tributos.

    Todavía falta proteger. En 2015, a pedido de la Comisión de Patrimonio Nacional, un equipo de la Facultad de Arquitectura —coordinado por la arquitecta Laura Cesio— elaboró un listado de las edificaciones que debían ser protegidas por su valor patrimonial. El proyecto recibió el nombre de Modernos. “Nos dijeron que hiciéramos una lista de 100 obras modernas de la década del 20 al 80”, contó Cesio. En el mismo registro, además, el equipo sugirió otros lugares que tenían valor como bienes departamentales. La elección de cada sitio respondió a distintos intereses, pero tuvo un criterio definido. “Analizamos su vínculo con el paisaje y con la ciudad. Vimos qué aportaba al espacio público y los aspectos formales; cómo es la representación y cómo se forma la arquitectura”, detalló Cesio. También consideraron las edificaciones que forman parte de la identidad de un lugar. Y en Punta del Este los sitios emblemáticos llamaron la atención.  

    Según Cesio, la ciudad tiene una gran riqueza arquitectónica moderna, porque fue en este período en el que se construyeron la mayoría de los edificios. “Estábamos buscando arquitectura moderna y encontramos mucha y de muchísimo nivel”, explicó. De hecho, para el listado se seleccionaron ocho construcciones que cumplían las condiciones para ser nombradas monumento histórico nacional, y otras 29 como bienes de interés departamental. Es que algunos de los mayores exponentes de la corriente moderna realizaron proyectos en Punta del Este. El arquitecto y diseñador español Antonio Bonet fue el responsable de hacer el Trazado de Punta Ballena y el parador La Solana del Mar, que están protegidos como monumentos históricos nacionales. También construyó la vivienda La Rinconada, la casa Booth y la Berlingieri. “Aunque a veces no se dimensione, tener sus obras en Uruguay es extraordinario. Sus construcciones no solo tienen un valor nacional, sino que tienen relevancia universal”, opinó Cesio y ratificó el arquitecto William Rey, expresidente de la Comisión de Patrimonio. Para la comunidad arquitectónica, Bonet es uno de los referentes de la corriente moderna y está en la mayoría de los libros de arquitectura. Lo mismo ocurre con Walter Pintos Risso. El Instituto de Historia destacó el edificio Santos Dumont, el Pine Beach y Pinar, que fueron construidos por el emblemático arquitecto. Sin embargo, la lista quedó en el olvido. “Solo eligieron cinco lugares —tres liceos, un club social y una cooperativa—, que tuvieran un fuerte arraigo con la comunidad para que los residentes se hicieran responsables”, explicó la arquitecta. 

    Un nuevo proyecto. En la actualidad, la ley sobre patrimonio nacional es restringida. Y las edificaciones tienen dos opciones: ser declaradas monumento histórico nacional o de interés departamental. Esta limitación lleva a que muchos edificios queden excluidos de la protección patrimonial. Con el objetivo de cambiar la situación, se formó una comisión para redactar una nueva ley de patrimonio que agregue la noción de bien cautelado. Según William Rey, con esta incorporación se buscará que haya bienes que, aunque todavía no sean considerados patrimoniales, puedan permanecer intactos. “El listado que hizo el Instituto de Historia posiblemente se incluya aquí. La idea (que tiene que ser aprobada por el Parlamento), es que haya bienes de interés que no puedan ser demolidos hasta que no se establezca una decisión final”, explicó Rey. Según el nuevo proyecto, cuando aparezca un interesado en una casa emblemática, por ejemplo, la Comisión de Patrimonio Nacional tendrá que definir si el bien va a ser protegido o no. “De esta forma, el proceso se agiliza y se evitan debates como ocurrió con Poseidón”, detalló el arquitecto.

    Antes del caos y el éxito. Hace ochenta años, las familias llegaron a Punta del Este con la ilusión de mejorar su destino en un balneario que empezaba a popularizarse. Muchos uruguayos —y algunos argentinos— vieron el potencial de la atractiva ciudad al sudeste de Montevideo. En la década del 40 la construcción no paraba de crecer y los puestos de trabajo aumentaban a un ritmo inesperado. Los grandes hoteles y las enormes viviendas de los barrios privados decoraban el paisaje de la ciudad. Se había inaugurado una estación de ferrocarril que acortó las distancias y mejoró el transporte. Por entonces, el atractivo de Punta del Este era indudable. Y las familias lo aprovecharon. En las últimas décadas, el potencial que vieron los primeros residentes se esparció y millones de personas empezaron a elegir la ciudad para vacacionar. En el libro Punta del Este. El pueblo oriental 1907-1997, la historiadora Yvette Trochón cuenta que en la década de 1990 el turismo se expandió también desde el puente de La Barra hasta la laguna Garzón. Los terrenos de la zona se valorizaron y aumentaron los emprendimientos constructivos. La inversión inmobiliaria se hizo más redituable y llegó a José Ignacio, uno de los puntos más atractivos en la actualidad. El refinamiento se adueñó de Punta del 

    Este con la elegancia del Hotel San Rafael y el lujo del Conrad. El crecimiento fue desmesurado y para muchos empezó a ser caótico y desprolijo. Desde entonces, los puntaesteños se quejan por el desmedido crecimiento edilicio y por la expansión territorial que, muchas veces, no toma en cuenta la preservación de la naturaleza. “Cuatro hacen plata y matan un destino, desangran la historia”, dijo a galería la expresidenta de la antigua Comisión de Patrimonio de Punta del Este, Graciela Carbonaro. 

    La desaparición de los bosques, la polución de las playas y el crítico avance de las construcciones sobre la costa llevó a que desde mediados de los 80 apareciera un movimiento ecologista. Entonces, la prensa definía la expansión como un fenómeno complejo: “Punta del Este se convirtió en un monstruo del hormigón”, titulaba la revista porteña Gente. Los cuestionamientos al desarrollo urbanístico se hicieron cada vez más usuales. “Deseamos el progreso pero no a costa de sacrificar la naturaleza ni las riquezas arquitectónicas del balneario”, dijo a El País el ecologista García Uriburu, en 1993. Por el aumento de estos movimientos, además, las autoridades empezaron a promover el turismo ecológico. De hecho, en 1992 se creó la primera guardia ecológica del país para controlar y explicar a los eventuales agresores del ecosistema cuáles son los límites. Pero para muchos puntaesteños no fue suficiente. “A la ciudad la han destrozado y nos parecemos cada vez más a Mar del Plata”, sentenció Graciela Carbonaro. 

    Un departamento descuidado

    Según el estudio del Instituto de Historia de la Facultad de Arquitectura, en Maldonado hay 67 lugares modernos que deberían ser considerados por la Comisión de Patrimonio. De este listado, hay 19 edificaciones que la Universidad entiende que deberían ser nombradas como monumentos históricos nacionales y tendrían que ser protegidas por el valor arquitectónico para el país. El estudio, sin embargo, explica que  en el departamento solo hay seis lugares declarados por la Comisión. Además de los edificios de Punta del Este, están protegidos el Cine Cantegril de Maldonado, el Trazado de Punta Ballena y el parador Solana del Mar. “Es una realidad absolutamente pobre e insuficiente”, opinó el arquitecto William Rey. Por lo general, estas construcciones corresponden a monumentos o edificaciones públicas como muelles, faros y viejas casonas ocupadas por museos. “Las propiedades privadas no se contemplan como deberían y los niveles de estímulo para sus propietarios son muy bajos”, sentenció Rey