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Atardece en Alepo, Siria, y la periodista freelance Francesca Borri regresa a la sede rebelde, donde se está quedando mientras cubre el conflicto. Tras un año de trabajo, un disparo en la rodilla y haber contraído fiebre tifoidea, recibe el primer mensaje de su editor que, creyendo que estaba dentro de los periodistas italianos secuestrados le dice: “si llegas a tener una conexión de internet, ¿podrías tuitear sobre tu detención?”.
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Así comienza una amarga crónica que hace Borri sobre el periodismo freelance, en particular el vinculado a la cobertura de conflictos bélicos. Tras una década en zona de guerra, trabajando primero para organizaciones de derechos humanos y luego como periodista, Borri hace un análisis de cómo este tipo de cobertura se transformó en “periodismo de segunda”.
“Sea que escribas desde Alepo o Gaza o Roma, los editores no ven diferencia. Se te paga lo mismo: U$S 70 por artículo. Incluso en lugares como Siria, donde los precios se triplican por una rampante especulación. Así, por ejemplo, dormir en esta base rebelde, bajo fuego de morteros, en un colchón en el piso, con agua amarilla que me dio tifoidea, cuesta U$S 50 la noche; un auto cuesta U$S 250 por día. Así que terminas maximizando, antes que minimizando, los riesgos”, dijo Borri en un artículo publicado en julio en lel “Columbia Journalism Review”.
Para la periodista “la crisis actual es de los medios, no de los lectores”, ya que estos últimos exigen “entender qué pasa en Siria”.
“Y me encantaría tanto —agregó— replicarles que no puedo enviar un artículo de análisis porque los editores lo tirarían y me dirían: “¿quién te crees que sos, nena?”.
Sostuvo que los editores en Europa “lo único que quieren es la sangre, el ‘bang-bang” y que cuando se busca hacer una crónica más explicativa se reciben respuestas como “¿Qué es esto? Seis mil caracteres y no murió nadie?”.
Borri también criticó a sus colegas y la forma de comportarse ante estas situaciones, ya que si bien el cronista de guerra es “un pozo rico en historias para una cena, los invitados cool que todo el mundo quiere invitar”, la “triste verdad” es que “en lugar de estar unidos, somos nuestros peores enemigos; y la razón para los U$S 70 por artículo no es que no hay dinero, porque siempre hay dinero para un artículo sobre las novias de Berlusconi. La verdadera razón es que pedís U$S 100 y alguien más está dispuesto a hacerlo por U$S 70. Es la competencia más feroz”.
“Como Beatriz, quien hoy me mandó en la dirección errada, para que ella fuera la única que cubriera la manifestación, y por su engaño terminé en medio de francotiradores. Solo por cubrir una manifestación —una de cientos—”, agregó.
Sostuvo que los periodistas están allí “para conseguir un premio”, y la realidad muestra “que no hay nada” y que están en constante peligro de muerte.