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    Los futuros tenistas

    Entre talento y sacrificios, una nueva generación se abre camino en las canchas

    Son cuatro adolescentes de 15 a 17 años que tienen una misma pasión: el tenis. Y en su caso es más que un hobby, porque ya decidieron hacer de ese deporte una forma de vida y están enfocados a entrenamientos y exigencias que tienen como objetivo llevarlos a competir a nivel profesional.

    Guillermina Grant, Francisco Llanes, Fernanda Secinaro y Lucía de Santa Ana son parte de la nueva camada de tenistas uruguayos que apuestan a abrirse paso a escala regional. Si bien están concentrados en el deporte, los cuatro intentan continuar con sus estudios, al menos para terminar Secundaria. Por eso combinan extensas jornadas de horas de trabajo físico y de juego con clases de liceo, para las que cuentan en muchas ocasiones con alguna ayuda de las instituciones a las que concurren.

    Ser tenista en la adolescencia implica cambiar algunas rutinas típicas de la edad. Hay que cuidarse con la comida, no cometer excesos y alejarse del alcohol. Las salidas nocturnas deben ser escasas, porque los fines de semana son los días en que se compite y tienen que madrugar y estar prontos para jugar.

    También es importante contar con el apoyo de las familias, ya que salvo raras excepciones, son ellas quienes se encargan de costear los entrenamientos, equipos y viajes de esos jóvenes. Son pocas las empresas que colaboran con los tenistas locales, más allá de alguna firma que les provea cuerdas para las raquetas, bolsos o ropa.

    En un país cien por ciento futbolero, hay quienes intentan abrirse camino en otro tipo de cancha. Pero no siempre resulta fácil. A la falta de apoyos estatales y empresariales para ese tipo de disciplinas, se suman las complicaciones con los estudios y la ubicación geográfica de Uruguay, algo que, según sostienen, limita a posibilidad de competir en grandes torneos. Por si fuera poco, por tratarse de un país en el que el tenis no es un deporte masivo, la cantidad de jugadores es pequeña y por eso terminan compitiendo siempre entre los mismos, incluso practicando hombres contra mujeres.

    Pasan horas entrenándose para un deporte que es solitario y tienen que viajar dentro y fuera de fronteras, en la mayoría de los casos lejos de sus familias. Es ahí, a la distancia, donde las derrotas pesan más. En esas ocasiones, todos tratan de aferrarse a lo mismo: cada partido perdido es una enseñanza para el que viene después.

    Fernanda Secinaro

    Tiene 17 años y lidera el ranking nacional sub-18. Hace pocas semanas, el Comité Olímpico Uruguayo le entregó el premio Llama olímpica, con el que se distingue a la Mejor promesa del deporte uruguayo.

    Llegó al tenis casi de casualidad: cuando era niña acompañaba a su madre a pagar cuentas en locales del Parque Posadas, donde funcionaba una escuelita del Círculo de Tenis. Tenía seis o siete años y empezó a practicar. Ahí conoció a Diego de Micheli, entrenador del Círculo, quien le ofreció jugar becada en el club. Desde ese momento no paró.

    De Micheli destaca su constancia y su entrega. La define como “una luchadora” y una jugadora “muy fuerte mentalmente”, algo que a su modo de ver, le ha permitido ganar partidos a rivales que a priori parecían mejores. Secinaro tiene previsto comenzar a trabajar con un psicólogo deportivo para que la ayude a manejar la presión en la cancha. “Es un tema que tengo que mejorar. Me pongo nerviosa en algunos momentos y capaz me puede ir mejor”, dijo.

    Mide 1,70 y pesa 55 kilos. Su tenista preferida es Serena Williams. “Aunque físicamente somos muy distintas”, agrega con una sonrisa. De las que tienen “más o menos” su complexión física, le gusta Karolina Pliskova.

    Secinaro está en 5º Científico del Liceo San Pablo. Por ahora cursa las materias como una alumna más. El año que viene tiene pensado hacer sexto de Ingeniería, pero buscará alternativas para cursarlo con más flexibilidad. Después no sabe si continuará con esa carrera o hará una pausa para dedicarse de lleno al tenis. “Me gusta estudiar y me va muy bien, pero el tenis es mi pasión”, explicó.

    Francisco Llanes

    Tiene 15 años, lidera el ranking uruguayo sub-16 y es el tercero a escala suda-mericana. Hace pocas semanas ganó el Uruguay Bowl en esa categoría y el Comité Olímpico Uruguayo lo distinguió con el premio Joven Deportista en caballeros.

    Comenzó a jugar al tenis en su Paysandú natal, cuando iba a hacer natación al Club de Remeros de la ciudad junto a otro grupo de chicos. Hasta ese momento nadie en su familia se había interesado por ese deporte.

    Llanes está acostumbrado a recorrer los 400 kilómetros que separan su ciudad de Montevideo. Pero, en los próximos días, se instalará a vivir en la capital. Tiene algo que no es muy común de encontrar en lo local entre deportistas no profesionales: un sponsor. En su caso, se trata de BAF Capital, una compañía que apoya a jóvenes deportistas y le dio la posibilidad de entrenarse en Argentina o en el Lawn.

    Hasta ahora, Llanes cursa el liceo en Nuestra Señora del Huerto, de Paysandú, donde asegura que le facilitan “mucho” la vida en esa doble condición de estudiante y deportista. Hace trabajos por Internet y por mail para cumplir con los programas y, según dice, este año se llevará solo dos materias a examen. Tiene previsto terminar Secundaria, pero después prevé hacer una pausa en los estudios, porque quiere enfocarse solo en el tenis.

    Es fanático de Pablo Cuevas, de quien valora su estilo de juego y “su humildad”. Dice que se siente “muy identificado” con el salteño, por su manera de jugar y por la forma de ser. “Cuando gané un torneo me escribió felicitándome”, contó.

    Para Pérez, entrenador del Lawn, Llanes se destaca porque es “muy fuerte para su edad”, y eso genera muchas expectativas. Además, siendo tan joven, ya ha logrado muy buenos resultados y tiene “prácticamente tomada” la decisión de dedicarse a jugar al tenis, explicó.

    Guillermina Grant

    Tiene 15 años, es la número uno en la Confederación Sudamericana de Tenis (Cosat) en la categoría sub-16 y también lidera el ranking nacional de esa generación. En octubre conquistó la Copa Argentina y el Uruguay Bowl en sub-16. También ganó en Córdoba y en Santiago de Chile competencias regionales, participó en el Mundial Sub-16, salió tercera en un suda-mericano y compitió en un torneo sub-18 de la Federación Internacional de Tenis (ITF, por su sigla en inglés).

    Entrena en el Carrasco Lawn Tennis bajo las indicaciones de Enrique Pérez, director de tenis del club y capitán del equipo de Copa Davis de Uruguay. Practica de lunes a viernes, tanto en cancha como en gimnasio, y en el club tiene preparador físico y psicólogo deportivo.

    Cursa tercero de liceo en el Christian Brothers, donde este año lleva acumuladas unas 50 faltas. “Los profesores me tienen bastante consideración y me esfuerzo bastante para hacer bien los trabajos y los escritos”, dijo. El año que viene tiene previsto cambiarse al Jesús María, porque la carga horaria es menor en esa institución y le va a permitir dedicarle más tiempo al tenis. En el futuro no descarta estudiar una carrera vinculada a “los números”.

    Viene de un hogar vinculado al tenis y lo juega desde niña. Su madre es la extenista María Teresa Tati Ruiz, hoy profesora de tenis, y su padre, Fernando, también lo practica. Cuando pueden, alguno de ellos la acompañan a competir en el exterior; si no, lo hace junto a alguno de los entrenadores.

    Para Grant, sus puntos fuertes son el golpe de derecha y las subidas a la red. En contrapartida, cree que tiene que ser más paciente y no apurarse tanto. Le gusta mirar tenis y al momento de elegir una jugadora prefiere a Victoria Azarenka, la bielorrusa que supo ser número uno del mundo.

    Grant no sabe ni cuánto pesa ni cuánto mide, pero cree que su estatura ronda 1,74. Y es su altura, según su entrenador, uno de sus puntos fuertes. “En este momento las tenistas miden 1,80, ella sigue creciendo y tiene un físico muy bueno para el tenis moderno. A eso se suman sus posibilidades técnicas”, dijo Pérez.

    El entrenador también resaltó el “amor al tenis” de Grant. “La vida del tenista tiene condiciones duras que no es la que se ve por televisión, estás mucho sola y lejos del país y ella quiere dedicarse a eso”, dijo.

    Lucía de Santa Ana

    Tiene 16 años y no compite en los torneos nacionales porque vive parte del año en Estados Unidos. Hace unos años decidió instalarse en Florida para acogerse a un programa educativo que le permita cursar sus estudios por Internet, rindiendo exámenes a distancia, y así poder dedicarse de lleno al tenis. En Uruguay casi nadie estudia y juega de esa manera, pero en Estados Unidos, dice, son muchísimas las chicas que optan por esa posibilidad.

    “Fue difícil tomar la decisión”, contó su madre, Ana Pastorino. La familia resolvió que ella acompañaría a Lucía a instalarse en Estados Unidos, donde también vive otra de sus hijas. Pastorino —que siempre jugó al tenis— dejó la empresa familiar, hizo las valijas y acompañó a su hija a Florida, porque evaluaron que ahí tenía mejores condiciones para entrenarse. La familia financia la carrera de De Santa Ana, que se entrena en Estados Unidos y algunos meses en Montevideo, bajo las órdenes de Marcelo Filippini.

    De Santa Ana representó a Uruguay en distintas competencias, por ejemplo en el Mundial Sub-16 que se disputó en Florida. Pero la mayoría de las veces ella juega otro tipo de torneos. Por ejemplo, hace poco ganó un ITF sub-18 que se disputó en Trinidad y Tobago. Ahora tiene previsto jugar un abierto en México.

    La carga horaria de su entrenamiento es más extensa que la de los tenistas que se preparan en Uruguay porque destina más tiempo al gimnasio y al juego en la cancha, aprovechando la flexibilidad que tiene el sistema educativo. Si bien quiere ser profesional del deporte, como le gusta mucho estudiar también sueña con dedicarse a la Medicina en alguna universidad de Estados Unidos.

    Marcel Katz fue el entrenador de De Santa Ana desde que empezó a jugar al tenis hasta que se fue a Estados Unidos. A su modo de ver, tiene buen físico, un drive “excelente” y es “muy agresiva”. “Para el exterior precisás un patrón de juego agresivo. Sin eso, un jugador profesional no tiene posibilidad de triunfar”, explicó.

    El “desgaste” de Patricia Miller

    Patricia Miller fue la última tenista uruguaya que tuvo destaque internacional. En el ranking mundial juvenil llegó al número 9 y en el WTA alcanzó el lugar 216. Se retiró a los 20 años a mediados de los 90. Antes de Miller, el otro nombre de una uruguaya que brilló en la escena internacional fue el de Fiorella Bonicelli, que en 1976 fue campeona de Roland Garros en dobles mixtos.

    En hombres, nadie logró una trascendencia internacional tan grande como la de Pablo Cuevas, que hoy ocupa el lugar 38 del ranking ATP, donde llegó a estar en el lugar 19 el año pasado. Además de haberse enfrentado –y a veces ganado– a algunos de los nombres más importantes del tenis mundial, la carrera de Cuevas incluye un título en dobles en Roland Garros y otros seis títulos individuales en distintos torneos internacionales.

    ¿Por qué es tan difícil para un tenista uruguayo destacarse a escala internacional? Según dijo Miller a galería, hay varios elementos que ayudan a entenderlo. Desde la ubicación geográfica —los torneos importantes se juegan lejos—, hasta la falta de apoyos económicos del Estado a deportes menores, que hacen que sean costosos. Además, dijo, hay escasa competencia local, lo que no ayuda a mejorar el juego. Ella, por ejemplo, trataba de entrenarse con rivales argentinas. También hay un elemento que tiene que ver con los estudios: a diferencia de lo que ocurre en otros países, no hay planes específicos que contemplen a los deportistas. “En mi caso opté por el deporte y me atrasé muchísimo. Tuve que dar 30 y pico de exámenes para terminar el liceo cuando me atrasé porque estaba compitiendo. Si competís por tu país te exoneran las faltas, pero si competís por la tuya en un torneo no”, dijo.

    Además, Miller dijo que en el caso de las mujeres cuesta aún más destacarse en el panorama internacional por “un tema de género”. A muchos padres no les agrada que sus hijas estén compitiendo solas por el mundo, y cuando esas chicas crecen y forman pareja, no es tan frecuente que ellos dejen todo para acompañarlas a viajar, como ocurre al revés.

    En el libro Ocho veces quiero. Deportistas uruguayas miradas de perfil (Ediciones B) de la periodista Patricia Pujol, Miller —licenciada en Comunicación Social con un posgrado en Marketing, que trabaja como asesora de empresas— habló sobre su vida como tenista y de cómo aprendió a manejar la frustración que provoca la derrota. “A veces lo lográs y a veces no. Es un deporte en el que por un punto o dos dejás de ganar un partido, un torneo o perdés plata. En los últimos años de mi carrera, ganar o perder partidos y torneos significaba plata. Por eso hay que estar preparado tanto para perder como para ganar. Lo adquirís y al final es una aptitud que te queda para el resto de la vida”, dijo.

    La extenista sostuvo que haber sido colocada en “un lugar de promesa nacional” la afectó de forma negativa. “Dejé de ver el tenis como una actividad fuera del colegio y lo empecé a ver como mi nueva profesión. El cambio fue enorme. Verme en los medios me daba vergüenza porque era tímida. Me hacían una nota periodística y no sabía qué responder. Eran todas situaciones nuevas que por un lado las vivía con alegría pero por otro me ponían presión. Creo que eso me afectó. De ahí en adelante ya no hubo vuelta atrás, fue un sentimiento que me acompañó hasta el último partido. A los 20 ya estaba saturada de esa exigencia y de otras cuestiones más vinculadas a las características del deporte”, explicó.

    A eso se sumó el “dramático” episodio de la muerte de su hermana Ana Luisa, que luego se atribuyó al múltiple asesino Pablo Gonçálvez. “Decidí empezar una vida nueva. Tenía 20 años y la mitad de mi vida la había pasado jugando al tenis. Estaba muy quemada. En la psicología existe el síndrome del burnout, que es a grandes rasgos el desgaste en general”, contó Miller.

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