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    Los hijos de madres deprimidas tienen un menor desarrollo

    Una investigación registró que esos bebés estaban afectados sobre todo en sus áreas sociales y de lenguaje

    Brooke Shields —la actriz de “La laguna azul”— vivió un momento de gran felicidad al dar a luz a su hija Rowan, pero luego la maternidad no fue lo que esperaba y cayó en una depresión posparto. Los médicos no lograron detectar su problema hasta después de mucho tiempo. Su experiencia la llevó a crear una fundación así como a escribir un libro para informar y ayudar a las mujeres que pasan por este problema.

    Pero este problema no solo afecta a las mujeres sino también a sus hijos. Una investigación uruguaya probó que existe una relación entre la depresión de la madre y el menor desarrollo de los niños.

    “Analizamos lo que pasaba con la depresión posparto de la madre y el desarrollo de los niños a los 18 meses y vimos diferencias —de menor desarrollo en los niños de madres deprimidas—. Es un hallazgo importante para nosotros y para difundirlo a las mujeres. Es algo que no se tiene muy en cuenta”, dijo a Búsqueda Mario Moraes, investigador y profesor agregado de Neonatología de la Universidad de la República (Udelar).

    “Los pediatras tenemos que tener la formación necesaria para poder identificar a estas mujeres”, destacó.

    La investigación, titulada “Depresión Maternal Postnatal y su repercusión en el Neurodesarrollo Infantil: Estudio de cohorte prospectivo”, surgió a partir de un estudio realizado en el Centro Hospitalario Pereira Rossell a 131 niños y sus madres entre noviembre de 2010 y mayo de 2012. Los especialistas involucrados realizaron un análisis en base a una muestra recabada en el estudio sobre el consumo de alcohol en el embarazo y neurodesarrollo, financiado por la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) con la administración de la Fundación Manuel Pérez.

    Los investigadores implicados pertenecen a la Cátedra de Neuropediatría y al Servicio de Neonatología del Pereira Rossell de la Facultad de Medicina de la Udelar. Sus integrantes son, además de Moraes, Gabriel González, Claudio Sosa, Andrea Ghione, María José Alcántara, Verónica Batista, Sylvia Galipolo, Silvia González, Adriana Bocaratto, Sandra Berta, Daniel Borbonet y Cristina Scavone.

    La investigación de adhe­sión voluntaria probó que existe relación entre la depresión mantenida en la madre luego de seis meses de nacido el niño y el desarrollo de ese niño a los 18 meses. Las más afectadas fueron las áreas sociales y de lenguaje de los bebés. “Era una diferencia significativa”, dijo a Búsqueda el profesor agregado de Neuropediatría, Gabriel González y comentó que preocupa que hay madres deprimidas que no son captadas por el sistema de salud.

    Es que la calidad del cuidado materno se asocia al desarrollo del lenguaje, y las madres deprimidas estimulan menos a sus hijos, explicó Moraes y añadió que en esto son fundamentales las experiencias en el primer año de vida. Es importante para la comunicación con los pares así como con los padres y se asocia luego a los logros académicos.

    Depresión posparto.

    Si bien las mujeres pueden presentar síntomas de depresión durante el embarazo, es recién después del nacimiento que puede transformarse en crónica.

    En la etapa de posparto hay distintas formas de alteraciones del humor. Una es el “posparto blue”, que ocurre en entre el 20% y el 80% de las mujeres, comienza a las horas siguientes del parto, y puede durar hasta 10 días. En esta etapa la mujer puede tener labilidad emocional, llanto, ansiedad, inquietud, confusión o síntomas depresivos.

    Pero un 20% de las mujeres “persisten con elementos depresivos luego de las cuatro semanas del parto y desarrollan depresión posparto”, explicó Moraes. Es un episodio “depresivo no psicótico” en el que la mujer siente una pérdida de interés por las actividades, disturbios del apetito y del sueño, pérdida de energía, falta de concentración, pérdida de peso, agitación e ideas suicidas.

    “Estas mujeres, a diferencia del ‘posparto blue’, presentan elevado riesgo de experimentar síndromes depresivos posteriormente”, aclaró Moraes.

    Las mujeres con mayor riesgo de depresión posparto son aquellas con enfermedades psiquiátricas, las que presentaron síntomas en el embarazo, quienes tienen un hijo en ausencia de una relación de pareja o en medio de una relación de pareja conflictiva o carecen de un soporte social adecuado.

    Menor comunicación.

    Los hijos sanos de madres con depresión posparto tienen menor expresión facial y vocalización, explicó Moraes. A su vez, las madres deprimidas tienen menor “capacidad de respuesta adaptativa”, “menos contingente (y) menos positiva” a las necesidades de sus hijos, así como utilizan una “estimulación inadecuada”.

    Por ejemplo, la alimentación a pecho es un momento privilegiado de intercambio emocional y de estímulo entre la madre y su hijo, pero las mujeres con depresión alimentan menos frecuentemente y por menos tiempo.

    También les hablan menos, utilizan un tono de voz más monótono, tienen menor intercambio facial y visual, que se asocia a mayores dificultades de lectura en los niños de madres deprimidas. Tienen además menor capacidad de mantener la atención conjunta, “brindar respuestas contingentes y soportar las conductas exploratorias”, comentó Moraes.

    Controles.

    Para probar que los hijos de madres deprimidas —en este grupo homogéneo de mujeres— tuvieron un menor desarrollo de sus habilidades, los investigadores trabajaron desde el Pereira Rossell en una serie de controles a mujeres y niños en los seis meses luego del parto. Allí los niños fueron examinados por un pediatra, un neuropediatra y un psicólogo, y un equipo de psicólogos se encargó de entrevistar a las madres y se les realizó una “valoración clínica”.

    Luego, a los 18 meses de nacidos, se realizó el test Brunet-Lezine revisado para evaluar su desarrollo en cuatro áreas: postura, coordinación, lenguaje y sociabilidad. Se evaluó por ejemplo el modo de tomar un objeto, respuesta al nombre, sonrisa y comprensión de la palabra “no”. Este test permite obtener datos de desarrollo global y de cada una de las áreas.

    La investigación concluyó que “hubo cinco puntos de diferencia en la escala de desarrollo Brunet-Lezine en las áreas de lenguaje y social, y tres puntos en el desarrollo global”.

    González explicó que los aspectos motores y de coordinación se encontraban dentro del promedio, pero los de socialización —el vínculo del niño con los demás— estaban por debajo.

    Contexto crítico.

    El Pereira Rossell presenta una depresión posparto y “depresión mantenida” mayor a 21%, lo que significa que de cada cinco madres una experimentó algún síntoma de depresión.

    “Fue una sorpresa”, destacó Moraes. Es una población muy especial, muchas viven en contextos de pobreza y este es un factor de riesgo.

    “Existiría una relación o vinculación entre la depresión materna mantenida y el menor desarrollo de sus hijos en áreas sociales y de lenguaje en la primera infancia en grupos de madres vulnerables a nivel social y económico”, explicó González. Esta situación “puede ser revertida con intervenciones precoces y evitarse con detección por el equipo de salud de madres en riesgo que cursan depresión”. Los resultados coinciden con estudios internacionales similares.

    No todos los hijos de madres deprimidas están igualmente afectados; algunos que son estimulados por ejemplo por hermanos, cuidadores o abuelos pueden presentar un mejor desarrollo. Esta investigación reveló que los niños que asistían a Centros CAIF lograban un mejor desarrollo que aquellos que se quedaban en sus casas.

    La investigación se pudo realizar gracias al apoyo de la Junta Nacional de Drogas (Portal Amarillo), Serenar y la Fundación Mauricio Gajer.