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    Michael Jackson, la pedofilia y nosotros

    N° 2011 - 07 al 13 de Marzo de 2019

    Un año atrás, dos hermanas neoyorquinas solicitaron al Metropolitan de Nueva York que reconsiderara la exhibición de la pintura Thérèse Dreaming, obra del artista conocido como Balthus, ya sea presentándola con alguna información que la ponga en contexto o con alguna advertencia del tipo “esta obra puede afectar la sensibilidad del espectador”. Ambas hermanas, una de ellas estudiante de Historia del Arte, también sugirieron quitar la pieza de la colección. 

    Balthasar Klossowski de Rola, conocido como Balthus, había usado a Thérèse Blanchard, hija de un vecino, como modelo de sus pinturas durante tres años. Realizó en total 10 pinturas. La primera de ellas es de 1936, cuando Blanchard tenía 11 años. La imagen retratada en Thérèse Dreaming muestra a la niña en una pose relajada, con los ojos cerrados y por la posición de la pierna se le ve la ropa interior. Balthus tenía una obsesión con las niñas y solía retratarlas desnudas, descansando o dormidas. Cuando pintó ese cuadro, su modelo tenía entre 12 y 13 años. 

    Consiguieron reunir 11.605 firmas apoyando la iniciativa para repensar la presencia y la información acerca de Thérèse Dreaming. Sin embargo, el Met desestimó las opciones. La decisión parece una reacción que va a contramano de lo que dicta el espíritu de una época que busca tener mayor conciencia acerca del contexto moral en el que se hacen las cosas, sea una pintura, una canción, un poema, una camiseta o un par de zapatillas. 

    En julio del año pasado, estudiantes de la Universidad de Manchester pintaron encima de un mural con los versos de If, un poema de Rudyard Kipling, por considerar que el escritor “deshumaniza a las personas de color”. Los estudiantes escribieron sobre la pieza de Kipling el Still I Rise, de la poetisa y activista estadounidense Maya Angelou.

    Esta semana, el Times de Londres informó que la radio BBC 2 “discretamente” dejó de pasar música de Michael Jackson. Según el diario, la última vez que se emitió una canción de Jackson en la estación fue el sábado 23 de febrero. Desde entonces, no más Jackson. Mientras la BBC 2 todavía no desmintió oficialmente la noticia, fuentes de la emisora declararon que consideran “cada pieza de música por sus méritos”. 

    Según el Times, el motivo está directamente relacionado con el estreno de Leaving Neverland, documental producido por HBO y dirigido por Dan Reed que se centra en el testimonio de Wade Robson, de 36 años, y James Safechuck, de 41, quienes afirman que Jackson abusó de ellos “cientos y cientos de veces” durante años cuando eran niños. Leaving Neverland se exhibió en Sundance y en Latinoamérica podrá verse dentro de dos semanas.

    Los dos hombres, hoy casados y con hijos, en el pasado negaron que haya habido abuso. Ninguno de los dos cobró por estar en la película. Y es en ella, dicen, donde está su verdad. Todavía ahora, mucho después de la muerte de Jackson, hay gente que teme hablar del asunto.

    Los defensores de la libertad del artista están cerrados a hacer estas revisiones. Es cierto que cuando son buenos, los artistas son aplaudidos hasta que cometen un crimen, algo aberrante o un desliz. En ese caso su ser como persona se funde con su ser como artista. Elia Kazan fue un delator, Céline un colaboracionista, Salinger un mal padre, Günter Grass un mentiroso. Pablo Picasso era un maniático controlador, un celoso compulsivo, manipulador y maltratador que se aprovechaba de su fama y su prestigio para justificar sus desmanes. Misógino, posesivo, tiránico y machista, llegó a proclamar: “Yo soy un eterno pintor de la mujer, y para mí la mujer es una máquina de sufrir”. Violento e impulsivo, Norman Mailer apuñaló a su segunda esposa, Adele Morales, a quien, en un ataque de celos, antes había intentado atropellar. Charles Bukowski se emborrachaba y maltrataba verbal y físicamente a sus compañeras. John Lennon confesó haber sido cruel con sus mujeres antes de conocer a Yoko Ono. En Confieso que he vivido, Pablo Neruda reconoció haber violado a una limpiadora del bungalow de Wellawatha donde se alojaba. 

    Quizá Michael Jackson debió ser enjuiciado cuando vivía y por alguna razón o muchas eso no pasó a mayores. Su arte ya no es de él, queda para el mundo, y que lo haya hecho un Michael Jackson naïf o un Michael Jackson pedófilo carece de importancia para validar su calidad, argumentan algunos. Casi que es un castigo innecesario. Arte y moral son territorios antagónicos. Hay personas que esperan las películas de Woody Allen con el mismo entusiasmo de antes que su hijo lo denunciara como un abusador. Otras personas no. Incluso hay quienes no ven más sus películas. 

    Cada vez más, el mundo pide conciencia. El café que consumimos, la vaca que comemos debe haber sido carneada según condiciones de bienestar animal y la ropa que usamos confeccionada por personas cuyos derechos laborales están contemplados. El arte o los artistas están en un pedestal, son seres que consideramos superiores. Pero el siglo XXI, creo, va por todo. No se salva nadie. Es probable que los jóvenes tengan razón. Hay que revisar. Quizá el mundo se vuelva un lugar un poco más justo, menos violento, o donde los pedófilos, aun después de muertos, reciban su merecido. 

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