N° 2009 - 21 al 27 de Febrero de 2019
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáCuando Grace Kelly ganó un Oscar dijo: “Esta es una de esas noches en las que me gustaría tomar y fumar”. Shirley Maclaine dijo que, para ser honestos, ella se merecía el premio. Y James Cameron hizo célebre la expresión que sacó de su propia película: “¡Soy el rey del mundo!”. Eran otros tiempos, se podían decir bobadas y toda la noche de la ceremonia de entrega de los Oscar era, quizás, más impredecible. Hoy diversas causas están enraizadas en Hollywood y los discursos versan sobre la diversidad, el feminismo, el racismo y los derechos de las personas trans. “¿Por qué el Oscar 2019 podría convertirse en un desastre?”, se preguntan desde Variety. Puede ser. Este año no habrá maestro de ceremonias. La última vez que ocurrió algo así, el 29 de marzo de 1989 (edición número 61), la ceremonia fue un desastre. La historia, este domingo 24, puede repetirse. Ahora como farsa. La corrección política es la norma. Y es consecuencia de esta corrección que la gala del próximo domingo 24 no tenga presentador oficial. El actor y comediante Kevin Hart iba a ser el host, pero renunció tras la polémica que generaron unos tuits y chistes homofóbicos que hizo años atrás. Los tiempos cambian, las personas cambian, pero Hart, al parecer, no cambia a pesar de haber pedido disculpas. Eso según algunos sectores que combaten la intolerancia y la homofobia con una desequilibrada mezcolanza de radicalismo e indignación. La previa de esta edición ya tuvo varios tropezones. En un intento de agilizar la ceremonia y no seguir perdiendo rating –el año pasado perdió un 20%, siendo su peor cifra–, propusieron que algunos rubros como edición y dirección de fotografía se dieran durante la tanda. De nuevo: edición y fotografía, prácticamente lo esencial del arte cinematográfico. Técnicos y cineastas y varios miembros de la industria escribieron una carta diciendo que semejante medida era “un insulto para los que hemos dedicado nuestras vidas y pasión a la profesión”. La Academia tuvo que dar marcha atrás. Los Oscar premian modas y tendencias dentro del cine, no al cine en sí. Estos últimos años, la crítica es que los premios son demasiado blancos (el hashtag que se creó en 2015 fue #OscarsSoWhite), tanto delante como detrás de cámaras. Esta vez no es así. Los afroamericanos se hicieron oír. En esta edición, Black Panther, cuyo elenco está compuesto por afroamericanos, rompió una importante barrera al ser la primera película de superhéroes en ser nominada a Mejor película. Parece ser el tiempo de los hispanos. Son el 18% de la población de Estados Unidos y, sin embargo, solo 3% de los personajes en películas de la última década fueron latinos, según un estudio de la Universidad de Southern California. Roma, del mexicano Alfonso Cuarón, es la favorita de muchos críticos. Cold War es cinematográficamente superior. Pero la película polaca rodada en blanco y negro es bastante más oscura y amarga. Además, es europea, y esta edición es latina. Lady Gaga seguramente sea muy destacada, al igual que Queen y Adam Lambert, que subirán al escenario del Dolby Theatre para inyectar una dosis extra de emoción. Es altamente probable que Rami Malek se lleve el Oscar a Mejor actor. Y Spider-Man, un nuevo universo puede convertirse en la gran sorpresa y llevarse el Oscar como Mejor animación. Lo vale. Amy Adams merece un Oscar, pero quizá no por El vicepresidente. De cualquier manera, somos muchos los que festejaremos si le dan la estatuilla. No tanto como aquel inolvidable momento en que se hizo justicia con DiCaprio. Es una noche en la que nos enojamos y nos alegramos. Casi todo lo que ocurre allí nos importa, más allá de las modas, porque ir al cine sigue siendo una de las experiencias más maravillosas que hay.