“Cuando hay tormenta debe ser el lugar más estresante para trabajar en el país”, dijo Casaravilla en una conversación informal meses después de inaugurado el sistema.
Postes caídos.
Según el detalle que difundió la empresa sobre los temporales de las últimas semanas, el 31 de diciembre cayeron 600 postes y fueron afectados 40.000 clientes, el 2 de enero cayeron 150 postes perjudicando a 20.000 clientes, el 7 de enero se vinieron abajo otros 150 postes que cortaron la luz de 18.000 personas, y el 10 de enero la caída de 100 postes afectó a 19.400. En las primeras 24 horas se resolvieron los problemas del 90% de los clientes. El resto, que incluyen daños a la infraestructura, son los más complejos.
Los temporales afectan a las instalaciones que están a la intemperie. En el interior las redes de distribución consisten en postes de madera con conductores. Si bien están preparados para soportar vientos de hasta 120 kilómetros por hora, muchos caen cuando hay temporal.
Los postes de luz se colocan a unos 80 metros de distancia entre ellos. Teniendo en cuenta que cayeron unos mil, si se los coloca imaginariamente en una línea recta, son más de 80 kilómetros de línea de media tensión en el piso.
Una vez que se caen todos esos palos UTE empieza a recibir información. Alguna llega automáticamente: hay estaciones que saben cuándo quedan sin energía porque lo detectan los propios sistemas. Pero la mayoría de la información la obtienen de los propios clientes que llaman a Telegestiones. En los Centros de Maniobra de Distribución (CMD) se empiezan a observar esos llamados, que se asocian a las instalaciones, y se puede analizar qué está fallando. A veces se puede reactivar automáticamente y a veces no. Si no se puede, mandan gente para realizar el diagnóstico. La brigada ve el problema y lo resuelve si es sencillo; si hay un fusible caído se cambia el fusible, si hay un conductor desligado se liga. Si es complejo, si hay postes caídos, la brigada pasa esa información al CMD, que clasifica esos diagnósticos y asigna recursos a los distintos trabajos. Ese es el proceso más lento, en el que se repara el 10% restante de los daños.
“Casi 100 kilómetros de línea en el piso es como de Montevideo a San José. Levantar todo eso en dos o tres días, lo que demoramos, es toda una proeza”, evaluó Berriel.
El 13 de enero, informó UTE, los desperfectos se habían solucionado.
“Fue excepcional tener cuatro temporales de esta magnitud que afectaron todas las zonas del país en tan poco tiempo. Eso complejiza más la cosas, porque cuando el temporal se da en una zona usted tiene la posibilidad de apoyarla con los recursos de otras zonas. Pero cuatro temporales en nueve días yo no sé si no fue récord. Yo estoy hace 20 años en la distribución, pero en nueve días, cuatro temporales que abarquen todo el país no recuerdo”, estimó Berriel.
En los últimos años hubo otras grandes tormentas. El 18 de setiembre del 2012 quedaron casi 140.000 clientes sin servicio durante las primeras horas de tormenta. Hasta nueve días después de que empezaran las lluvias y vientos hubo personas afectadas por los cortes.
El jefe de Operaciones de Montevideo de UTE, Dardo Pérez, todavía recuerda que se retiraba de su trabajo al atardecer del miércoles 25 de agosto del 2005 cuando vio en uno de los monitores que una brigada que estaba en la calle tenía problemas para reparar un desperfecto. El viento hacía que se balanceara la escalera y los operarios no pudieran subir hasta el lugar afectado. Así empezó una larga noche de trabajo hasta la madrugada, la del temporal más fuerte de los últimos años.
“Nuestro peor enemigo es el clima”, dice Pérez años después, recordando aquel temporal que permanece en la memoria colectiva.
El cerebro de la red.
Hace algo más de dos décadas, antes de 1990, las “incidencias” se gestionaban con papeles. Había una mesa de gestión de reclamos con seis operadores. En 1991 UTE resolvió que a los clientes que estuvieran más de 24 horas sin luz se les exoneraría la factura. Los clientes quisieron aprovechar la ocasión y dejar constancia de los cortes. La empresa pasó de recibir unas pocas decenas de avisos de corte a miles, y los papeles se apilaron en montañas inabordables.
Para enfrentar ese problema UTE pasó años después a una plataforma “mainframe”, un sistema computarizado que pronto quedó obsoleto e implicaba altos costos, dijeron fuentes de la empresa, pero que mejoró la eficiencia de la gestión.
En el 2006 se empezó a desarrollar el SIO para sustituir la plataforma “mainframe”. El sistema se implantó en UTE entre agosto del 2012 y marzo del 2013. Ahora están en la “curva de aprendizaje” y en “pleno período de mejoras”, explicó Mónica Massaferro, del Área Distribución, cuando Búsqueda visitó el CMD de Montevideo.
El procedimiento normal, más allá de que haya tormentas, es que cuando el cliente sufre una “incidencia” avisa por el servicio de Telegestiones de UTE o en una oficina comercial. El reclamo ingresa al CMD. Desde ahí los operarios se comunican por antena con el móvil, y con un navegador satelital ubican la finca y la subestación correspondiente.
La “inteligencia” de la red está dada por el sistema Scada (Supervisory Control and Data Acquisition), integrado al SIO, que facilita el control centralizado de las incidencias. Y puede ocurrir, por ejemplo, que un pájaro se pose sobre un cable de alta tensión y genere un cortocircuito, la cabecera de esa línea lo detecte y se desconecte de la red. Cuando la red reengancha la conexión, el SIO informa al resto de la red.
Los permisos de trabajo para entrar a un lugar a resolver una incidencia viajan por dispositivos móviles. Los operarios hacen sus tareas y cuando terminan devuelven el permiso con un registro de lo hecho. El centro de control administra esos datos.
Las incidencias a nivel de suministro de energía representan el 70% de los problemas que hay en la red en un día normal, explicaron autoridades de UTE.
Por Montevideo circula un máximo de 16 brigadas, cada una con dos personas —un chofer y un operario— en el horario diurno. De noche, por seguridad, se agrega un tercer integrante. En el interior hay 80 bases y la cantidad de brigadas depende de la localidad y el número de turnos.
La cantidad de avisos por hora que reciben los sistemas de UTE normalmente aumenta hasta un pico cuando la gente se levanta, entre las 8 de la mañana y el mediodía, y vuelven a subir de tarde, a la hora de volver del trabajo. En la zona céntrica de Montevideo los lunes son los días de mayor demanda, porque los comerciantes llegan a sus negocios y a veces encuentran desperfectos.
“El tema de las percepciones es vital —dijo Luis García, gerente de Generación de UTE—. La gente tiene la percepción de que los operarios están trabajando cuando los ve. Pero si el problema es en otro lado, no ven a nadie, piensan que no hay nadie trabajando. Lo mismo si están sin luz pero ven al vecino mirando la tele”.
El CMD de Montevideo, ubicado en Marcelino Sosa y Blandengues, a pocas cuadras del Palacio de la Luz, es un edificio de ladrillo rojo con un techo abovedado hecho por el arquitecto Eladio Dieste. Después de recorrer algunos pasillos se llega al centro, donde hay mesas para atender las redes de alta tensión y mesas para las de baja tensión.
Cada operario, sentado en escritorios en forma de U, tiene dos monitores frente a él, uno con las listas de incidencias y otro con gráficos de cada una.
La pantalla del SIO muestra avisos de reclamos, pendientes y solucionados, y describe el nivel de riesgo, si hay cables caídos, descargas eléctricas o incendios. De acuerdo a eso se establece un orden de prioridad. Además los operarios reciben alertas meteorológicas permanentes.
Cuando llama un cliente a reportar una incidencia el sistema muestra a qué red está conectado. Si varios clientes están llamando desde la misma zona, se puede ver fácilmente el lugar donde es probable que se encuentre el problema.
La pared que está frente a los escritorios de la mesa de alta tensión está empapelada con un viejo plano de toda la red eléctrica de UTE. En otros tiempos los operarios se paraban frente a ella y pinchaban con alfileres los lugares de las incidencias mientras se comunicaban con las brigadas con equipos de radio. En 1996 se actualizó el sistema pero durante diez años más ese mapa fue utilizado como respaldo. Ahora es solo una decoración y delante de la pared hay un gran monitor que muestra la pantalla de la computadora con los gráficos.
En un día de tormenta el ajetreo en esas salas es constante. En un día cualquiera, como cuando Búsqueda visitó las instalaciones, reina la calma. Cuando hay una incidencia suena una alarma y se enciende un letrero rojo en el monitor. Es la señal para poner en marcha todo el proceso.
Agua y electricidad.
Durante los temporales de este año hubo por turno unas 60 brigadas de dos personas cada una trabajando en todo el país. Unas 300 personas integraron los equipos de mantenimiento. Además estaban las empresas contratadas, los operarios de los CMD y de los sistemas y los ingenieros. Más de 500 personas trabajaron de forma directa e indirecta para solucionar los problemas eléctricos derivados de los temporales.
“Es una tarea compleja, porque además la cantidad de gente que trabaja en UTE no está prevista para esto, sino para los trabajos normales —explicó Berriel—. En estos momentos usted tiene que echar mano a todo el ejército de reserva, la gente que tiene licencia, que pueda venir, y empresas contratadas. La cantidad de gente pasa a ser muy superior a la que se necesita para la operativa normal. De ahí la necesidad de contratar empresas, con el inconveniente de que estábamos justo en el mes de licencia de la construcción. Entonces eso tampoco fue sencillo”.
No es fácil trabajar con la tormenta. Se rompen equipos, se entierran grúas, para hacer un pozo y poner un poste en el norte del país hay que perforar el basalto del suelo con martillos neumáticos.
El gerente interino destacó “el enorme esfuerzo” de los trabajadores de UTE. “Yo entiendo que a veces los clientes están preocupados porque no tienen energía, pero fue un esfuerzo monumental que hizo la gente para que los clientes tuvieran repuesto el servicio en el menor tiempo posible. Si bien se les paga para eso y tienen vocación de servicio, trabajan más de ocho horas en condiciones complicadas”.
En un arroyo del norte el riesgo llegó a ser alto. Una línea se cortó justo encima de la corriente de agua. UTE no tiene botes ni equipamiento para trabajar en esas condiciones, por lo que los operarios llegaron a un acuerdo con los cinco vecinos afectados y decidieron parar y esperar a que bajara la corriente para poder conectar la energía en forma segura.
“Estamos trabajando en riesgo, con energía eléctrica bajo el agua. El logro más grande es que no tuvimos un solo accidente —sostuvo Berriel—. Tuvimos más de 500 personas trabajando en condiciones de combinaciones jodidas de agua, trabajando en altura, levantando postes, y no tuvimos un solo accidente”.