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    Walter Serrano Abella: “Desprecio a los periodistas militantes”

    La voz radial que desde hace 50 años despierta al campo uruguayo

    Walter Abella se define como “un comunicador del interior”. Pero, en los hechos, es mucho más que eso. Es la voz que pone en pie cada mañana a buena parte del Uruguay rural desde hace 50 años y su programa Hora de campo, de la radio La voz de Melo, es uno de los más escuchados del país. Para el montevideano de pura cepa, que solo ve el campo cuando viaja por carretera, o que reduce su contacto al Uruguay profundo a una visita anual a la Rural, el nombre tal vez no le diga nada. Sin embargo, El Serrano, como se lo conoce, es un personaje emblemático de tierra adentro y un fenómeno comunicacional sin parangón en la radio actual.

    Nació en Treinta y Tres en 1942 y cosechó amistades con figuras de la cultura de la talla del maestro Ruben Lena y Los Olimareños, que lo inmortalizaron en la canción Ta' llorando. En su ciudad natal también se hizo amigo de un locutor montevideano dueño de una voz imponente, al que todos le decían El Flaco y se llamaba Alfredo Zitarrosa.

    Fue un niño pobre en un hogar de seis hermanos a los que crio su madre, porque a su padre lo mataron de un tiro en un bar. Sin embargo, los recuerdos de aquellos años son gratos y asegura que la pobreza nunca le dolió. En esa casa, como ocurría en aquella época, la radio ocupaba un lugar central y por eso El Serrano evoca las novelas de Radio Carve. “De gurí” escuchaba a Benito Nardone, pero no entendía demasiado de qué se trataba. Lo único que recuerda es que cuando Chicotazo hablaba “todo el mundo se paraba al lado de la radio”. No se siente identificado con ese estilo, pero le reconoce haber sido pionero en dar los precios de los productos agropecuarios. “Él empezó a dar los valores para que no robaran a la gente. Antes la gente en campaña no sabía, ahora todos los gurisitos tienen la tablet en la escuela rural. Eso es maravilloso”, dice admirado.

    Hizo teatro, relató ciclismo y raids, tuvo un comercio, escribió dos libros y es protagonista de otro. Está casado desde hace más de medio siglo con Pelusa, con la que tiene un hijo y una hija. Ellos le dieron los nietos que lo mantienen atado a Melo, aunque no puede dejar de mirar con cierta nostalgia a su Treinta y Tres natal.

    Ferviente admirador de Wilson Ferreira, se presenta como “blanco, artiguista y federal”, y es un abanderado de la honradez administrativa de Manuel Oribe o Aparicio Saravia. Es por eso que ahora está tan molesto con la manera de actuar de algunos dirigentes nacionalistas. Aclara, sin embargo, que esa adhesión partidaria no afecta su independencia periodística.

    Abella estuvo en Montevideo presentando Serrano Abella. La voz desnuda (Editorial Fin de Siglo), un libro escrito por el periodista Daniel Erosa. Es tímido y al principio parece retraído, pero con el correr de los minutos se va soltando y las anécdotas empiezan a aflorar, así como alguna lágrima que se asoma cuando habla de su niñez o del día en que Pepe Guerra lo llamó a Treinta y Tres para despedirse, porque minutos después se subiría al avión que lo llevaría al exilio.

    ¿Qué sintió cuando le dijeron que alguien iba a escribir su biografía?

    Me sorprendió. En el sur no tienen mucho en cuenta a los comunicadores del interior y nosotros no somos más que eso: un gris comunicador del interior. Es muy agradable, pero que a alguien se le ocurriera hacer una biografía sobre mi trabajo y mi persona, la verdad... Erosa se deslumbró por un Treinta y Tres de la década de los 60 que era muy generoso intelectualmente. Había tres elencos de teatro independientes, éramos 14.000 habitantes, por ahí anduvo León Felipe, Atahualpa Yupanqui, que de alguna manera tocó con la varita mágica el mundo que vino después. Yo no me di cuenta porque estaba inmerso en esa realidad hasta que me fui a Melo, en el 81, por serias dificultades para ejercer la comunicación. Ahí me empecé a dar cuenta de dónde venía y a sentirme muy orgulloso de pertenecer a ese mundo.

    ¿Por qué cree que la gente lo escucha?

    No sé, será por la sinceridad o la coherencia. El capital que tiene un comunicador es la credibilidad. El 13 de abril (de 1999, en la movilización del campo a Montevideo) fui uno de los protagonistas en comunicación. Cuando terminó, la gente se arrimaba a saludar y todos me decían lo mismo: “Serrano, no cambies”. Me pedían que no cambiara en esos valores fundamentales con que uno suele matar la esperanza y las expectativas, que es cuando se defrauda, cuando dice una cosa y hace otra, cuando aparecen las incoherencias. Cuando un periodista entra en la avalancha de la decepción, que no siente que el país puede ser cada día mejor, que no cree en lo que se dice, la gente lo advierte con mucha claridad. Yo tengo mucho temor, cuando analizo eso, de equivocarme. Si bien es cierto que la audiencia es un capital fundamental, es más que nada una gran responsabilidad.

    En lo que no ha cambiado es en que se sigue considerando “blanco, artiguista y federal”.

    Cada vez más blanco, más artiguista y más federal.

    ¿Qué significa eso hoy,  cuando parece que las ideologías de los partidos están cada vez más difusas?

    Yo soy blanco, cada vez soy más blanco del ideario del partido. Del de la honradez administrativa y de Oribe, que le devolvía a un ministro suyo, amigo de toda la vida, un regalo de cumpleaños porque decía que su actitud republicana no se podía permitir eso. Del partido de Basilio Muñoz y Aparicio Saravia. Esos valores se nos perdieron. Del partido de Wilson Ferreira Aldunate, que decía que ninguna victoria vale la pena si atrás no hay una correntada de esperanza y de expectativa por encima de los partidos. De ese partido soy yo, del partido que si usted me pregunta tengo que decirle que está difuso.

    Usted simpatiza con Jorge Larrañaga, que en estos días enfrenta algunos problemas internos...

    Me crucé duramente con Jorge. Hay dos blancos que están en la picota pública. Uno porque atropelló a alguien estando borracho (el diputado Wilson Ezquerra). Dio la cara y pidió perdón. Yo le agradezco pero no es todo, hágase responsable, renuncie, está representando a un partido y a un departamento. Y lo menos que le pediría a un intendente (N de R: el de Soriano, Agustín Bascou) es que se apartara hasta que se decida concretamente su situación. No que quede librado a un comité de ética.La ética no es una camisa que uno se la pone y se la saca. Renuncie. No haga que el partido entre a comprometerse con todo un hecho en que el partido no puede ser protagonista. Además, hay una sensibilidad a flor de piel y los partidos deben ser mucho más cuidadosos.  En este hecho, y una cantidad de hechos, me vivo peleando con el partido. Mire que no es de ahora, me peleé con Wilson por la ley de caducidad y por las medidas prontas de seguridad antes. La política cambió mucho también. Yo tengo 75 años, pero mi partido es federal y artiguista. Por más que habiten en Montevideo tienen que entender que el interior ha sido relegado toda la vida. Artigas nunca quiso una República Oriental del Uruguay, búsquenlo. Si hay alguien que dijo todo lo que pensaba fue Artigas, quería las Provincias Unidas del Río de la Plata poniéndole la mano en el pecho a Buenos Aires.

    ¿Cómo logra la independencia periodística estando identificado políticamente?

    Porque no soy periodista militante. Desprecio a los periodistas militantes, los que cuando son frentistas van a hablar periodísticamente y opinan desde el punto de vista del Frente. O que son blancos y opinan desde el punto de vista de los blancos. El país ahora está dividido en dos franjas, cuando habla una franja es “ah, estos comunistas, tupamaros”. Cuando habla la otra es “ah, estos fascistas”. Así no hay forma de comprender nada. Yo me he mantenido alejado y voy a seguir siendo lo suficientemente sincero como para defender la actitud de un ser humano pertenezca al partido político que pertenezca. Porque estoy analizando hechos. Siempre le digo a mi hijo que trabaja conmigo: “Si mañana en cualquier infracción aparecés borracho, chocás a alguien, te llevan preso y la noticia llega, la voy a dar. Esa es mi responsabilidad, después iré a llorar con vos como padre al calabozo”. No podría no dar la noticia porque si no, después no podría señalar a nadie. Que es lo que no entiendo: si es Sendic lo tengo que salir a matar y si es Bascou no, y los que estaban defendiendo a Sendic ahora lo quieren matar a Bascou. El país mira eso desde el punto de vista del razonamiento con mucho desprecio. Me parece que hay una sensibilidad a flor de piel, la gente está muy enojada y con razón.

    Le han ofrecido trabajar en política pero no aceptó para mantener esa independencia. ¿Nunca pensó que desde un cargo público podría ayudar a que el interior estuviera menos postergado?

    Alguien que me habló de eso fue un ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, que no era de mi partido después de aquel 13 de abril. Entre las cosas que me dijo me hizo esa pregunta. Y le dije: “Porque soy un defensor acérrimo de la libertad de informar”. Él me dio una tarjeta y me dijo: “Cuando haya un problema llámeme”. Le dije: “Le agradezco, pero no lo voy a llamar, soy un contador de las preocupaciones que tiene el mundo rural”. Él me dijo: “Tengo que conocer eso con alguien que me asesore”. Entonces le contesté: “Cambie los asesores pero a mí no me comprometa”. Hay muchas maneras de tentarnos a los comunicadores. Una es retirarnos la publicidad oficial. A mí no me mandan publicidad oficial. Ahora, increíblemente, porque he sido un crítico durísimo de Sendic, me mandaron una de Ancap. Si usted es ministro de lo que sea, va a ver cuánto vende Búsqueda, Brecha, Voces, y según esos parámetros publicita. Pero no lo hacen así. Es una manera de comprar y comprometer que ya se utilizó. El avisador más importante que tenía en la radio un día llamó para que se le hiciera una nota de tal producto. Le dije: “No recuerdo que le haya vendido una nota, yo no vendo notas, yo vendo publicidad”. Y después está el halago, el decirte: “Te escucho todos los días y me parece la audición más maravillosa del mundo”. No me tiene que pesar, ni una cosa ni la otra, ni el halago, ni cuando nos peleamos con las autoridades.

    Hace algunos días se conoció el caso del peón de Salto que denunció haber sido agredido por el capataz y el patrón. El episodio, al menos en Montevideo, determinó cuestionamientos a las condiciones de trabajo en el campo. ¿Esa realidad es frecuente en el país?

    No es así. Nunca fue así. Es una relación que le cuesta mucho asimilar a la gente que no conoce del tema. Esa cosa sesentista de capataz pa' arriba todo bueno, de capaz pa' abajo todo malo. De capataz pa' arriba hay gente buena y de capataz pa' abajo hay gente mala. No es la plata. Cuando uno descalifica a uno porque tiene plata comete la misma canallada que cuando lo descalifica porque no la tiene. La gente de campo tiene otra relación entre el patrón y el empleado, tiene otro trato, de mucho más respeto, generalmente de usted. Y el peón, y el capataz, y el patrón, andan de cuchillo atravesado. En una reunión de 20.000 tipos andan todos con el facón así y no hay ningún incidente a puñaladas. Eso que pasó es un salvajismo que uno no puede tolerar. Es una barbaridad, pero no es así. Hace poco tiempo en Montevideo había un tipo en una huelga de taxis- que decidió ir a trabajar y le reventaron el auto y casi lo matan a palos. Y no fue uno. A mí me parece mucho más preocupante eso que el desborde, que lo tuvo quien lo tuvo, que por cualquier causa fue un desborde. Pero en el campo la gente no se insulta como se insulta acá en un choque. Nadie se baja y le recuerda a la madre a otro. No seamos hipócritas. Hasta hace muy poco tiempo la propia Justicia creía que se lavaba el honor a balazos y se permitía. No lo estoy justificando, pero eso no pasa.

    El secretario de Derechos Humanos de Presidencia, Nelson Villarreal Durán, dijo que “el Uruguay profundo tiene sistemas serviles, casi feudales que emergen esporádicamente. Si bien no podemos decir que es un fenómeno estructural, muchas veces sí sucede. (...) Muchas situaciones de este tipo existen pero no las vemos”. ¿Qué opina usted?

    Es una barbaridad tan grande como la del capataz que apaleó al peón. Es una barbaridad, está hablando de una cosa que no conoce.

    Usted dijo hace unas semanas a El País: “Yo me identifico con la gente de campo, no con la gente con campo”. ¿Por qué ese matiz?

    Lo que conozco, defiendo, y tengo la garganta gastada es por la gente de campo. Me he peleado por la lana, por la carne, por la soja, por el arroz, pero no porque cada uno tenga una billetera cada vez más grande en un vientre prominente. Peleo porque eso va hacia la gente de campo.

    El agro viene de tener unos años de crecimiento formidable. ¿Le llega el dinero a la gente de campo?

    ¿Les llega el dinero de Búsqueda a todos sus periodistas? ¿Les llega el dinero de la radio en que yo trabajo a todos los periodistas? No seamos discriminatorios. Puede ser. También es verdad que cuando al campo se le constriñen las posibilidades y vienen las deudas, el que puso la empresa es el responsable. Todo el país agropecuario está endeudado, con la banca, también en sus cuentas personales, con la veterinaria, con la impositiva. Los productores más chicos desaparecieron sin que nadie gritara. Yo me desgañité. Vino la forestación, cambió los términos del contrato, la tierra valía más, la renta valía más, los pequeños se murieron todos. A mí me da gracia porque por otro lado dicen: “Vamos a darle un plan social al productor”. No, no, salvemos a los que están. Que además conocen del oficio. Mi señora tiene un campo de 232 hectáreas en Cerro Largo. El otro día estaba hablando con un señor que tiene un carrito, que vende chivos, frankfurters, baurús, que gana mucho más que ella. Si mi señora vende el campo compra 40 carros. La gente se empieza a desprender de los peones. Es una realidad que no la mide nadie porque al grito de la patota es fácil cobrar.

    En Montevideo muchas veces se mira al campo medio de reojo, porque parecería que todos los años vienen a llorar al Prado.

    A mí me hace gracia porque dicen lloran porque llueve, lloran porque no llueve. Es como que usted llegue con hambre a mi casa y le doy un plato de ensopado, dos platos de ensopado, tres platos de ensopado, cuatro platos de tallarines, llega un momento que no quiero más. Es igual, cuando falta el agua y no llueve la cosecha se muere, las vacas no tienen pasto, y cuando llueve mucho se inunda. Ahí hay una gran culpa sobre todo de nosotros los comunicadores del interior. No supimos contarle al hermano de Montevideo qué es verdad. Tu hijo va a una escuela que está a una cuadra, el mío va dos leguas a caballo. A la semana hace 400 kilómetros a caballo. Y me falta la galleta y tengo que ir al pueblo porque no hay un almacén cerca. Y no puedo ir a un acto cultural que me interesa porque está a 70 kilómetros. Son culturas diferentes que a ambos nos cuesta reconocer. Todo el mundo trabaja.

    En el cierre del Prado, el presidente de la Asociación Rural, Pablo Zerbino, dijo que se vive una crisis de competitividad similar a la de antes de 2002. ¿Le consta que es así?

    Se está viviendo quizás más agudo. En el tema del arroz se produce con la misma intensidad por hectárea que los países del Primer Mundo y que los mejores productores. Pero los costos de producción son brutales. Cruce la frontera, pregunte en Yaguarón o en Bagé cuánto pagan el litro de combustible, cuánto pagan los fertilizantes, cuánto pagan el personal, cuáles son los costos que tienen que entregarle como impuesto. 

    Mucha gente de Montevideo asocia el campo con los “cajetillas” que vienen con sus 4x4...

    Pero eso no es así. No tiene nada que ver. Ahí atrás hay un esfuerzo de las cabañas nacionales que hay que respetarlo, porque importaron los mejores terneros de Australia y los mejores Hereford de Inglaterra al punto tal que tenemos un rodeo que es igual en calidad. Si no, tenían ovejas criollas cuya lana no sirve para nada porque es gruesa como mi dedo. La gente lo fue perfeccionando, detrás de esto está la ARU. La Federación Rural es mucho más representativa. Tiene 62 gremiales diseminadas a lo largo del país; la menor tiene 500 socios.

    ¿Qué siente cuando recorre el país y ve hectáreas sembradas con soja?

    Y nosotros ahora nos parecemos a Francia. Esos silos no eran de acá. La soja tiene un millón largo de hectáreas.

    ¿Comparte ese modelo productivo o lo mira con cierto resquemor?

    Lo miro con cierto resquemor, como miro la forestación. Hay que ver qué nos da y qué nos lleva.

    Danilo Astori le va a decir que queda mucho dinero por los impuestos de exportación.

    Es verdad, pero como decía Artigas, no vendamos el rico patrimonio de los orientales al bajo precio de la necesidad. Hay cosas como el medioambiente que son muy respetables que hay que cuidarlas. ¿Qué diferencia hay entre el arroz y la soja? El arroz con un par de bueyes plantabas 40 hectáreas, después fue creciendo y eran 70 y después eran 100. Y gradualmente se fueron sintiendo las reacciones en el medioambiente y en la tierra. Pero con la soja fue de un día para el otro, como la forestación. No obstante eso, creo que el país tiene el deber y la obligación de aceptar los desafíos. Eso no significa que vale todo. Yo quiero saber qué dice el contrato con UPM. 

    ¿Cuál fue el presidente que mejor entendió la necesidades del campo?

    Quizás fue Jorge Batlle. La suerte no lo acompañó pero cuando entregó las cuentas estaba encaminado. Entendió al país todo y al campo. Era un republicano por excelencia, fue el único presidente que no dio una onda de FM ni de AM a correligionarios y amigos. Yo no puedo decir eso de mi partido o del partido que gobierna actualmente. Fue el único presidente desde que yo tengo uso de razón que dejó al país con menos empleados públicos. Y le sacó una cantidad de impuestos que estaban apretando al campo porque entendía que iba a cobrar después, porque eso es así. El Estado no puede ser un socio leonino en la ganancia e indiferente en las pérdidas. Yo no pido que pongan plata en el bolsillo de la gente, pero sáquenle la mano del bolsillo. 

    ¿Y el que menos lo entendió?

    Tabaré Vázquez, lejos. Es médico, tiene una cultura ciudadana, urbana.

    Pero en su primer gobierno al campo le fue muy bien.

    Pero el campo no depende de Vázquez. Hasta hace muy poco tiempo, tengo 50 años de comunicador, nunca había visto la carne récord, el arroz récord, todo lo plantamos. Pero él desconoce el campo. Los tamberos hace dos años que están en crisis. El gobierno nacional subsidia la cerveza. ¿Cuánto vale una botella de un refresco de moda? ¿Cuánto vale un litro de agua? ¿Y cuánto vale un litro de leche? No entender eso es no entender el país.

    ¿Qué le parece José Mujica?

    Cuando surgió me pareció un tipo transgresor que iba a romper todos los esquemas. Como presidente, administrativamente fue un desastre. No puedo creer que el país participe en una comisión de gobiernos de Uruguay y Venezuela. No es una comisión, es una “coimisión”. ¿Qué hubiera pasado si el tipo hubiera sido un tipo de confianza de Sanguinetti, o de Lacalle, o de Batlle, o de Mieres?