A 95 años de los primeros premios Oscar: sin alfombra roja ni transmisión

La gala se realizó el 16 de mayo de 1929, ganó una película muda, la ceremonia duró 15 minutos y el impacto persiste hasta hoy

La primera premiación ocupó solo 15 minutos de la velada. No hubo sorpresa­, porque los premiados, divididos en 12 categorías más otros dos honoríficos, ya eran conocidos hacía tres meses. Casi toda la ceremonia en el Blossom Room del Hollywood Roosevelt Hotel consistió en un banquete, por el que los 270 asistentes pagaron cinco dólares para sentarse en una de las 36 mesas. Si bien tuvo amplia difusión, no hubo transmisión en vivo en radio ni televisión, ausencia que no volvió a darse. Ese 16 de mayo de 1929 se galardonó a producciones realizadas en los dos años anteriores, 1927 y 1928. Así fue la primera entrega de los Premios de la Academia Cinematográfica­, hace 95 años. Todavía no se les llamaba Oscar.

La casi centenaria ceremonia, cuyo nacimiento se celebra en estos días, fue una idea de Louis Burt Mayer, L. B. Hijo de una familia judía que había emigrado a Estados Unidos de la Rusia de los zares en medio de la pobreza total, es considerado por un lado el creador del star system hollywoodiano, el fundador de la Metro-Goldwyn-Mayer, el impulsor del cine sonoro, la piedra basal de la “edad de oro” del cine, y también el molde luego del cual surgieron especímenes como Harvey Weinstein: ambicioso, arrollador y exitoso, así como perverso y abusador de mujeres. Claro que en esa época eso no llamaba tanto la atención y el presente prefiere recordarlo más que nada como el creador de los premios de la Academia Internacional de Artes y Ciencias Cinematográficas (Ampas, por sus siglas en inglés), que, por supuesto, él fundó.

Con el tiempo, los Oscar —que comenzaron a llamarse oficialmente así en 1939— han sido considerados como un premio de la industria a su excelencia y el forjador tanto de grandes mitos como de grandes fracasos, desilusiones y bochornos. Sin embargo, en sus inicios fue pensado más como un intento de mantener tranquilas a las tribus de actores, guionistas, directores y técnicos, para que se distraigan más con un premio que con ideas raras como sindicalizarse. Vale la pena repetir el concepto: L. B. Mayer era un sátrapa; un tipo sin el cual hoy el cine no sería lo que es, pero un sátrapa. A su vez, con esta distinción que no haría sino crecer en glamour se le lavaba la cara a una industria que había sufrido recientemente el escándalo ocurrido con la carrera del actor cómico Fatty Arbuckle (que incluyó la violación y muerte en espantosas circuntancias de una aspirante a actriz), una de las mayores estrellas del cine mudo.

AFP  AFP 

Pero por ese entonces, los futuros Oscar —nombre con el que, según las versiones, homenajea al tío de la actriz Margaret Herrick, al primer esposo de la también actriz Bette Davis o hasta al rey Oscar II de Suecia, muy parecido al diseño de la estatuilla, según la secretaria de Mayer, Eleanor Lilleberg— eran apenas una buena idea y Douglas Fairbanks, astro del cine mudo, fue su primer anfitrión. A partir de acá se comenzó a alimentar la idea de que las grandes figuras del cine eran luminarias inalcanzables: a ese hotel de Los Ángeles los invitados llegaron en lujosas limusinas a la vista, pero a resguardo de una multitud enfervorizada por ver de lejos a sus ídolos. La alfombra roja recién aparecería en 1961.

Las categorías también son un testigo de su tiempo. La que hoy se conocería como el Oscar a la Mejor película, 95 años atrás era la Película sobresaliente (Outstanding picture), distinción que fue para Alas (Wings). Esta película muda (la única en toda la historia en haber logrado tal premio hasta 2011, con El artista) es un drama bélico dirigido por William Wellman. Sus escenas de combate aéreo, notables para la época (Wellman había sido piloto en la Primera­ Guerra­ Mundial), sentaron las bases para todas las filmaciones futuras de ese tipo. Tiene un semidesnudo de la protagonista, Clara Bow, que causó conmoción, y un beso entre dos hombres (los actores Charles Rogers y Richard Arlen) que provocó más conmoción todavía. Un joven Gary Cooper tiene un breve pero notorio papel.

Lo curioso es que en esa ceremonia inicial fue premiada por única vez la categoría Mejor­ pieza única y artística, de dudosos límites (¿qué sería?, ¿una de esas típicas películas que todo el mundo alaba pero que casi nadie entiende?), que finalmente fue para Amanecer (Sunrise: A Song For Two Humans). Con buen tino, a partir de la edición de 1930, se decidió que solo habría un premio a Mejor película, y dejarles las pretensiones intelectuales a los festivales independientes.

La premiación de entonces —vale repetir, no había sorpresa; los ganadores ya habían sido notificados el 2 de febrero de 1929— causa sorpresa con la mirada actual. Hubo una distinción al Mejor director de comedia, Lewis Milestone (Hermanos de armas), y otra a Mejor director de drama, Frank Borzage (El séptimo cielo). Los premios a Mejor actor y Mejor actriz reconocían lo hecho en más de una película; así, Emil Jannings­ lo ganó por La última orden y El destino de la carne­, y Janet Gaynor venció por El séptimo cielo, El ángel de la calle y Amanecer

La película Alas (Wings), de 1972, fue la primera película en la historia en ganar el que luego sería el Oscar a Mejor Película, que 95 años atrás era a la Película Sobresaliente.  AFP  La película Alas (Wings), de 1972, fue la primera película en la historia en ganar el que luego sería el Oscar a Mejor Película, que 95 años atrás era a la Película Sobresaliente.  AFP 

Jannings ganó por su actuación en dos películas mudas. Imposible que lo hiciera de otra manera. Era un actor alemán de origen suizo que recién hacía tres años había cambiado Europa­ por Hollywood. Su inglés era muy malo y su acento extranjero era inocultable, lo que prácticamente liquidó su carrera cuando el sonido copó las pantallas. Volvió a Alemania, donde el régimen nazi lo volvió un símbolo, algo que le jugó mucho más en contra que el advenimiento del cine sonoro tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Gaynor, por su lado, tuvo una destacada carrera —sobre todo gracias a su look de mujer dulce e ingenua, que sus biógrafos se han encargado de dejar claro que era solo una apariencia—, que supo de otra nominación como Mejor actriz, en 1938, por Ha nacido una estrella (en el mismo rol que en la remake, 80 años después, actuaría Lady Gaga). 

El Oscar a Mejores efectos de ingeniería iría para Alas. También sería su primera y única vez. Se considera que este es el antecesor al premio a Efectos visuales. Otro debut y despedida fue el galardón a Mejores intertítulos: el cine sonoro hizo inneceasria esta distinción.

El Mejor argumento o Mejor historia lo obtuvo La ley del hampa. Este premio se entregó hasta 1956; al año siguiente se fusionó con el Oscar a Mejor guion original, mucho más acorde a la idea. En cambio, la primera estatuilla de Mejor guion adaptado fue para El séptimo cielo, que con tres premios fue lo que años después comenzaría a popularizarse como la-gran-ganadora-de-la-noche. William­ Cameron­ Menzies­, por La paloma, ganó la Mejor dirección de arte (hoy Mejor diseño de producción), y Charles Rosher y Karl Struss se llevaron la Mejor fotografía (Amanecer).

La primera actriz en llevarse un Oscar fue Janet Gaynor por El séptimo cielo,  El ángel de la calle y Amanecer; en la foto en esta última, junto al actor George O'Brien La primera actriz en llevarse un Oscar fue Janet Gaynor por El séptimo cielo,  El ángel de la calle y Amanecer; en la foto en esta última, junto al actor George O'Brien

Ya de arranque, la Ampas entregó dos premios honoríficos, esos que con el tiempo se convirtieron en aquellos entregados a actores o directores que nunca habían ganado un Oscar­ (algo así como un mea culpa o un premio consuelo). Uno de ellos fue a Charles Chaplin, por haber escrito, producido, dirigido e interpretado El circo (The Circus). Por esa película tuvo varias nominaciones, pero no ganó ninguna de las estatuillas. El ícono ganaría otro Oscar recién en 1971, también honorífico.

El otro premio de este tipo fue para Warner Brothers, estudio que en 1927, uno de los años analizados, estrenó El cantante de jazz (The Jazz Singer), la primera película con sonido sincronizado, toda una revolución, un parteaguas­ en la historia del cine como no hubo otro.

Pese a lo poco pomposo de la ceremonia, si se mira con la perspectiva actual, esta primera edición fue tan exitosa que para la siguiente, en 1930, ya hubo una transmisión radiofónica de una hora. Las últimas ediciones, desde el Dolby Theatre de Los Ángeles, han rozado los 20 millones de telespectadores solo en Estados­ Unidos. El récord es el de la edición de 2014, con 43,7 millones. Ya no está incluida una cena, aunque todos los años alguien se traga algún sapo. El Hollywood Roosevelt Hotel, que había sido inaugurado en 1927, es un monumento cultural de la ciudad; en algún momento de su camino a la fama, ahí vivió Marilyn Mornoe; la Marilyn Suite hoy la homenajea.