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    Sigue en cines ‘La única opción’, la comedia anticapitalista que los Premios Oscar ignoraron

    Nosotros te avisamos: un desempleado decide eliminar a sus competidores en la mordaz nueva historia del cineasta coreano Park Chan-wook

    Hace 20 años, el renombrado director coreano Park Chan-wook filmaba a un hombre blandiendo un martillo contra una veintena de maleantes en un pasillo infinito. Aquel protagonista, encerrado 15 años sin saber por qué, había hecho de la venganza su única razón de existir. Era un arquetipo del noir, un animal herido, y el protagonista de Oldboy, una de las películas que confirmó que el cine coreano había llegado para quedarse.

    Hoy, el cineasta cambió el martillo por un jarrón para plantas. Pero quien lo alza sobre su cabeza, a punto de estrellarlo contra un pobre diablo, no es un hombre encarcelado contra su voluntad, sino un hombre libre al que la libertad ya no le sirve de nada.

    Su nombre es Park Man-su y trabajó 25 años en una papelera. Hacía hojas. Blancas, impecables, perfectas. Para él, cada una era la culminación de un oficio. Por eso, cuando la empresa le comunica que su labor ya no es necesaria, Man-su pierde más que un sueldo fijo. Pierde su razón de ser. En la Corea contemporánea, donde el valor de un hombre se mide por lo que posee y lo que provee, el despido es casi un asesinato.

    Ese es el punto de partida de La única opción, lo último de Park, estrenada el 29 de enero en Uruguay en plena fiebre por unos Premios Oscar que han decidido, inexplicablemente, ignorarla. La nueva película del director de The Handmaiden (2016) y La decisión de partir (2022) es un sobresaliente y afilado thriller sobre lo peor del capitalismo tardío y el trabajo como identidad personal y no como mero medio de subsistencia. Incluso en una cartelera abarrotada de estrenos, es una de las imperdibles de esta temporada.

    Hombres de rollos

    Man-su es el típico padre proveedor y su identidad entera descansa en ese rol. A su alrededor, el exejecutivo tiene una familia que lo necesita. Una esposa que lo sostiene y una hija con autismo que toca el violonchelo. Man-su podría buscar otro trabajo, reinventarse, reducir algunos gastos e incluso pedir más ayuda de la que ya recibe, por ejemplo, en un grupo de apoyo para hombres como él (desempleados). Pero no. En lugar de eso, cree que “la única opción” es convertirse en asesino de los otros candidatos al puesto que él persigue. No tienen aspecto de villanos, por el contrario, son dolorosamente similares a él. Profesionales de mediana edad, sobrecalificados, desesperados y atrapados en la misma trampa.

    El atrapante mecanismo psicológico que Park creó en esta sátira es preciso, despiadado y salvajemente gracioso. El título mismo, repetido como un mantra a lo largo de la película, no es una declaración sobre la falta de alternativas objetivas, sino sobre la construcción de una prisión mental para Man-su. “Es casi una justificación, en realidad, una justificación que deriva de la cobardía”, dijo Park sobre su protagonista en una entrevista a la prensa inglesa.

    El oficio de Man-su, por cierto, no es casual. Durante una charla en el British Film Institute, el director trazó un paralelo entre su propia labor y la de su protagonista. Para el público, el cine es apenas entretenimiento de dos horas; pero quien lo hace dedica la vida entera a sostener esa ilusión. La hoja de papel perfecta representa, para el artesano, la culminación de un proceso que exige conocimiento, cuidado y atención al detalle. Para el consumidor final, en cambio, es un objeto desechable, intercambiable, despojado de historia. Una hoja más.

    Durante un panel en el Lincoln Center de Nueva York, el director se adentró en el proceso de adaptación de The Ax, la novela del estadounidense Donald E. Westlake, y explicó que, al trasladar la historia a Corea, la obsesión de Man-su por la casa y los bienes raíces adquirió un matiz más arraigado en la sensibilidad local. Sin embargo, el conflicto que atraviesa al protagonista ya no pertenece únicamente a su país, sino que es síntoma de un malestar global.

    Man-su, aquí interpretado por Lee Byung-hun, no es un hombre excepcional. El cineasta lo considera el producto de un sistema que equipara el valor humano con la productividad económica, que celebra el éxito material como virtud suprema y que estigmatiza el fracaso laboral.

    Fotos 'La única opción' de Park Chan-wook
    Son Ye-jin, Choi So Yool, Lim Tae Poong y Lee Byung-hun en La única opción.

    Son Ye-jin, Choi So Yool, Lim Tae Poong y Lee Byung-hun en La única opción.

    Para retratar la caída de Man-su, el cineasta declaró haber tomado el camino opuesto a lo que considera cierta contención exhibida en La decisión de partir. Aquí buscó y logró una puesta en escena rica, incluso excesiva, que amplificara la intensidad emocional de los personajes. Cada saturación del color, cada detalle del diseño sonoro, cada objeto colocado en cuadro cumple un papel dramático.

    Esa función se vuelve explícita en la casa del protagonista. Construida con madera y tonos verde oscuro, es su identidad hecha paredes y vigas. Park la filma con una artificialidad que rompe los ojos para que la prosperidad de clase media que Man-su defiende con uñas y dientes se vea como una ilusión, un escenario que el sistema puede desmantelar cuando quiera.

    Entre los objetos que pueblan ese escenario frágil están los bonsáis que Man-su poda con esmero. Aquí Park encontró una de sus ideas más sutiles al convertir un pasatiempo en manual de instrucciones. En la conversación en el British Film Institute, el director explicó que dotar al protagonista de una afición por el bunjae, el arte coreano del bonsái, fue un hallazgo de adaptación cultural, porque resultaba natural en un personaje coreano. El bonsái tambien representa visualmente la obsesión de control de Man-su. Mientras su vida laboral se desmorona, dedica horas a podar y alambrar pequeños árboles, ejerciendo un dominio absoluto sobre un micromundo que contrasta con su impotencia real.

    El trabajo de cámara, en tanto, representa un vaivén emocional constante. Park nos acerca en primeros planos a Man-su hasta que respiramos su desesperación, y luego nos devuelve a la distancia para que lo juzguemos. Los encuadres, rígidos, capturan rostros contra paredes de oficina o mesas de cocina como si fueran prisiones. En una escena, un personaje prepara un trago colocando un vaso de whisky dentro de un vaso de cerveza. Park filma el momento exacto en que el cristal choca con el líquido, pero no le interesa solo la imagen. El plano está concebido para que escuchemos el tintineo, la efervescencia, el burbujeo. Por momentos, Park filma lo que suena y la cámara no mira, escucha.

    Esa obsesión por capturar lo físico también define su manera y maestría para filmar la tecnología. Una vez más, Park filma los teléfonos celulares, objetos particularmente esquivos para el cine contemporáneo, como nadie. Buena parte del cine actual parece tenerle miedo al aparato. Park, en cambio, lo integra como un engranaje más de su reloj narrativo, lo coloca en el centro del encuadre y lo trata con la misma densidad estética que cualquier otro elemento de la puesta en escena. Los mensajes de texto no son solo información: tienen errores que definen personalidades, interfaces que construyen suspenso y sonidos que funcionan como diálogo.

    Ese control absoluto de cada plano encuentra, sin embargo, un contrapunto humano en el set. Park Chan-wook y Lee Byung-hun trabajan juntos desde Joint Security Area (2000), y la confianza acumulada permite momentos de humor incluso en medio de la intensidad dramática. El director relató cómo su meticulosa planificación, los famosos storyboards que distribuye a todo el equipo, choca sistemáticamente con el método del actor.

    Según Park, Lee es el único que llega al set sin haberlos mirado, y a veces descubre que imaginó la escena en primer plano cuando el dibujo indica un plano general. La jornada termina con el director gritando que por eso le había pedido que revisara el material. Pero esa tensión, lejos de ser un problema, revela un espacio de libertad dentro de un proceso obsesivamente estructurado.

    Embed - LA ÚNICA OPCIÓN - Trailer

    Para este papel, Park consideró que Lee había alcanzado la edad perfecta. Como un vino bien añejado, tenía la madurez esencial para transmitir la complejidad de un personaje que todo el tiempo oscila entre el patetismo y la amenaza con suma gracia.

    Con cero nominaciones a los Premios Oscar, La única opción se exhibe en un momento particularmente sensible para las sociedades industrializadas. Entre la competencia feroz del mercado laboral, el avance imparable de la automatización y una inteligencia artificial que amenaza profesiones antes consideradas seguras, lo que Park retrata resuena más allá de las fronteras coreanas.

    Al seguir su lógica destructiva de Man-su hasta las últimas consecuencias, Park Chan-wook no solo cuenta la historia de un hombre que eligió creer que no tenía opciones. Muestra los mecanismos sociales que fabrican esa desesperación y obliga a preguntar cuántos Man-su andan por ahí, convencidos de que en el laberinto del capitalismo contemporáneo la única salida es convertir a los demás en obstáculos eliminables.

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