Dolores Fonzi: “La comedia es mi manera de refugiarme”

En su pasaje por Montevideo, Dolores Fonzi abrió las puertas a la creación y producción de su primera película como directora: Blondi

De los últimos Premios Oscar, en los que la película Argentina, 1985 compitió, y perdió, por el título a Mejor película internacional, salió una imagen tan memorable como efímera. En sus redes sociales, el productor Axel Kuschevatzky compartió una foto al finalizar la ceremonia de premiación en la que él, el director Santiago Mitre y la actriz Dolores Fonzi sonreían a cámara con un gesto claro: la L, de losers, sobre su frente. La postal, tomada en marzo de este año, ponía el punto final a una campaña de promoción agotadora, en la que Fonzi acompañó, como pareja de Mitre, durante el tiempo que pudo.

“Fue muy divertido. Divertido y extremo, pero muy emocionante”, recuerda Fonzi sobre su paso por los Oscar, en conversación con Galería, durante un breve pasaje por Montevideo como invitada a la última sesión de Ronda de Mujeres en el Hotel Costanero. “Es lo que uno puede imaginar: medio un casamiento, medio un gran evento, pero muy entretenido”. 

Mientras que sus colaboradores de Argentina,1985 recorrían festivales y eventos promocionales en campaña por la estatuilla, Fonzi tenía gran parte de su atención en Buenos Aires. Es que entre marzo y ahora, la actriz, que también ha trabajado como productora, se ganó un nuevo título: el de directora de cine.

En junio, Fonzi estrenó Blondi, su primera película como directora y guionista. En ella, la actriz interpreta a Blondi, una madre de una cotidianidad pocas veces vista en la pantalla. La protagonista, quien duerme hasta tarde y trabaja como encuestadora, tiene una relación estupenda con su hijo Mirko (un prometedor Toto Rovito), con el que comparte todo: un sinfín de porros, fiestas, recitales y amigos. La familia de ambos es integrada, a su vez, por arquetipos reconocibles (una madre sabelotodo, una hermana envidiosa, un cuñado distante), pero interpretados con carisma e ingenio por Rita Cortese, Carla Peterson y Leonardo Sbaraglia.

Como retrato de una vida, Blondi se permite jugar con una fotografía de colores llamativos entremezclados con el humo de la marihuana, la música de la Velvet Underground y el desarrollo de un personaje principal que parece tener varias respuestas de su adultez ya encontradas, pero que son puestas a pruebas cuando un secreto amenaza con la relación, en principio envidiable, que madre e hijo llevan dentro de la historia. Es, a todos rasgos, una pequeña gran película que adelanta un futuro nuevo para Fonzi, quien próximamente volverá a encontrarse delante de cámaras, bajo la orden del actor Valerio Mastandrea, y llevará también su película, en setiembre, al Festival de San Sebastián. 

Desde julio, Blondi se puede ver, desde Uruguay, en Amazon Prime Video. 

Fonzi con Toto Rovito, el actor que interpreta a su hijo Mirko en Blondi. Fonzi con Toto Rovito, el actor que interpreta a su hijo Mirko en Blondi.

¿Cuál es la primera forma que Blondi tomó en tu cabeza?

Viste que todos nos inspiramos con cosas. Podés leer un libro y te inspira, escuchar una canción y te inspira, cualquier cosa puede hacerlo. Leí una novela (El mundo según Garp, de John Irving) donde había una imagen de una madre y un hijo que me interesaba trabajar. Cuando hablé con Chachi (Laura Paredes, coguionista), y le pedí que escribiera conmigo mi primera película, ya lleguécon una idea más pulida de esa ida. Eso empezó en 2017. Después tardamos cinco años hasta que se filmó.

Es una película en la que uno se siente habitando la vida de esos personajes, en lugar de ser un testigo completamente externo. Durante la escritura del guion, ¿pensaste primero en las relaciones de Blondi con su familia o en el conflicto que va a surgir entre ellos?

Es una historia pequeña. Mientras que vos vas escribiendo también vas pensando qué te gustaría actuar, con quién, qué te divierte. Vas armando las piezas del rompecabezas. Tenía un primer impulso, que es la idea de esta madre y un hijo, a raíz de la novela de Irving, y con esa imagen metés la comedia. Yo lo hice porque es mi manera de refugiarme. Es el tono que conozco, que me gusta y me queda cómodo y bien. Después, en el tiempo, la película va tomando otras dimensiones y se habla ya de una madre adolescente y de una maternidad en particular, entre otras cosas. 

¿Siempre concebiste a Blondi como una madre con un vínculo “atípico” con su hijo?

Cuando tomo esta idea de una madre y su hijo de la novela, era un drama. Tenía que acercarlo a la comedia y se me ocurrió la poca distancia de edad entre Blondi y su hijo, que lo había tenido a los 15 años. Eso le daba un twist de comedia pura, al acercar la diferencia de edad. Ellos son, en vez de madre e hijo, medio amigos. Se invierten los roles, con el hijo siendo más maduro que la madre, y la madre más inmadura que el hijo. Fue en función de la comedia. 

Más allá de Laura Paredes en el guion, ¿quiénes fueron los colaboradores que buscaste para armar el equipo detrás de las película? 

Es un equipo con el que ya fui trabajando de a poco en otras películas y se fueron sumando. El equipo que quedó fue el que era el ideal. Fui reclutando a los que podían y querían. A Greta Ure, vestuarista, no la conocía directamente, pero apareció. Micaela Saiegh, en arte, está conmigo desde Soy tu fan, la conozco desde mis veintipico. Ángela Garacija y Malvina Mariani, que hacen maquillaje y pelo también, increíble tenerlas. Javier Juliá, en fotografía, era como un deseo imposible porque es el mejor de Latinoamérica, digamos, y se logró. Santi, Santiago Mitre, es productor de Blondi, entonces ayuda en todo eso, así como Agustina Llambi Campbell, que es la productora. 

Dolores Fonzi en la avant première de Blondi. Foto: Mariana Nedelcu Dolores Fonzi en la avant première de Blondi. Foto: Mariana Nedelcu

De todas las instancias de producción, ¿hubo alguna que disfrutaste más?

Tenía ganas de hacerlo, tenía ganas de dirigirla. En un momento dudé y pensé en codirigirla. Pero me di cuenta de que lo tenía que hacer yo. Todas las instancias del proceso fueron espectaculares para mí. La pasé muy bien en el scouting de locaciones, y siento que siempre estuve predispuesta con alegría, porque hay algo de actuar y dirigir muy estimulante. Una cosa es estudiar cine y ser director, y otra cosa es ser actriz, actor, actuás toda la vida y de repente, eso que vos venís siendo como un instrumento de otros, lo hacés para vos. Fue como un regalo y yo estaba feliz; en toda la previa la pasé increíble. Tenía mis incertidumbres, obviamente, porque no sabía cómo me iba a ir, pero el rodaje ya fue una fiesta y de hecho terminé y me puse a llorar.

¿Te hiciste o preparaste algún tipo de ritual o práctica que hayas querido implementar en el set durante el rodaje?

No, pero sí me parece que hay maneras y maneras de trabajar, y maneras que yo elijo conscientemente de comunicar para que la gente esté alineada en una misma idea. Esa es básicamente, con amor, no es muy difícil. Con buena onda, con respeto y poder pedir todo lo que necesites, y siempre que lo pidas bien, va a estar bien. Cuando vos tenés una idea que podés explicarla bien y que no necesitás del abuso de poder para expresarla, se arma.

¿Lo decís por cierta meritocracia dentro de los esquemas de trabajo en el cine?

Sí, igual el maltrato en el cine no va para nada. El asunto de un director que maltrate o que pida gritando las cosas ya no existe, eso no va más. Se terminó. Y hay mucho, y de toda la vida, pero es claramente un método violento de abuso de poder que no sirve para nada. La gente está aterrorizada y acciona porque está en pánico. No creo que nada bueno salga de eso. Se hicieron muchas obras increíbles de las que dicen que los directores eran maltratadores, y al final es una pena que no se haga justicia en ese sentido, pero creo que hay algo de una época que ya no permite que sucedan más estas cosas. Mi método no es un método en realidad, es una cosa de sentido común: que la gente esté contenta, cómoda y convencida de algo que quieran contar con ganas.

Toto Rovito es quien interpreta a tu hijo, Mirko, y se podría decir que es el corazón de la historia. ¿Cómo se conocieron y cómo construyeron un poco ese vínculo que se ve en pantalla?

A Toto lo vi en el rodaje de Argentina, 1985, en el primer día que él filmaba. Es uno de los estudiantes, el que canta Lunes por la madrugada (de Los Abuelos de la Nada). Me había gustado que él era algo distinto a mí, que traía como la identidad de un padre ausente, porque ves en él esa figura que no existe en su vida. Después hice casting. Lo tenía a Toto en mi mente y lo terminé de confirmar en las pruebas. Ahí terminó de cuajar.

Uno de los rasgos en la personalidad de Blondi es su consumo constante de marihuana, aunque esto nunca es elemento que afecte estrictamente la trama. Para todas las escenas, ¿se utiliza porro real o se simula con otras hierbas?

No, era todo porro real. No hay manera de hacer un porro ficticio o, si hay, es carísimo. Es porro real de CBD, sin THC. Pero todo era marihuana. 

Al porro se le suman otros elementos en la construcción estética de la película: las luces de neón, mucha moda deportiva casual, bandas de rock de mujeres... ¿Cómo reuniste esos elementos en la búsqueda del universo de Blondi?

Uno ve referencias de las cosas que te gustan y las cosas que no te gustan, con películas que te gustan estéticamente, películas que no, y yo sí sabía que quería jugar un poco con la cámara, usándola también como parte de los chistes. Yo sabía que tenía una pretensión estética, que quería que fuera medio exaltada, medio justificada por la marihuana, pero a la vez por esta manera de vivir, medio infantil, que es como un mundo más de fantasía, con un vestuario cómodo, que muestra a un personaje que no tiene ningún tipo de mandato a seguir.

Hay una presencia muy marcada de Lou Reed, Nico y la Velvet Underground en la banda sonora. ¿Siempre la tuviste en mente o conseguir los derechos viene de la mano de contar con Amazon en la producción de la película?

Gracias a Amazon se hizo la película. En el guion tenía escrito solo el uso de las canciones Sunday Morning y Maria de Blondie para el final. Durante el montaje de la película, o sea cuando ya estaba filmada, intentamos poner casi todo el disco y funcionaba. No es tan caro como parece. Pero para mí, con ese disco de la Velvet, es como si ella se hubiese quedado en el tiempo, en el momento en que tuvo al chico y solo escucha esa música. Si yo hubiese sabido que tenía la música de Velvet antes, o sea, durante el rodaje, quizás hacía algún chiste, lo cantaba, o algo. Como no sabía tampoco podía jugármela. 

¿Sos de pensar qué pasa con esos personajes después de la película?

Sí, porque pienso qué películas podrían suceder. Bueno, Blondi se va a Europa de mochilera a visitar a Mirko. Martina, o sea el personaje de Carla Peterson, se separa y puedo pensar cómo es esa vida después de eso. Todo es en función de jugar a ver qué spinoff puede suceder. Incluso algo previo, con las dos adolescentes cuando ella tuvo al chico, no sé, porque se pueden hacer mil cosas. Es divertido hasta pensar en la serie de Blondi. Igual no voy a hacer nada (risas).

Dolores Fonzi estuvo el 27 de julio en el ciclo de música Ronda de Mujeres en el Hotel Costanero de Montevideo, junto con Anita Álvarez de Toledo, Annasofía Facello y Ciara Pascual. Foto: Magela Ferrero Dolores Fonzi estuvo el 27 de julio en el ciclo de música Ronda de Mujeres en el Hotel Costanero de Montevideo, junto con Anita Álvarez de Toledo, Annasofía Facello y Ciara Pascual. Foto: Magela Ferrero

¿Cuándo le ponés punto final a una película cuando te pertenece? ¿Qué sentís hoy al respecto?

La película se termina de cerrar cuando la gente la ve, ni siquiera antes. La devolución termina de darle un cierre a la película, que es todo lo reflexivo sobre lo que pasó con la película o lo que le pasa a cada uno con ella. En septiembre la llevamos al Festival de San Sebastián y para mí, después de eso, se terminó. Pero sí, yo la amo, la amo y la puedo ver 80.000 veces. Ya pasó el momento donde me quedé sola un sábado en mi casa viendo la película sola, feliz, cuando había salido en plataformas. También fui al cine a verla. 

En Uruguay solo la podemos ver desde Amazon, pero en Argentina tuvo un estreno en salas primero y plataformas después. 

Sí, sí, sigue en salas todavía, ya pasaron los 60.000 espectadores. No se esperaba para nada que con 30 salas, que son las que nos dieron, que son poquísimas, hiciéramos 60.000 espectadores. Es una batalla contra los tanques y contra las películas que los que tienen el poder creen que alcanzan más. Con las mejores críticas del mundo, y todo el mundo escribió bien, igual le dieron 30 salas. O sea, el público dio vuelta eso y lo convirtió en suceso, porque tener 60.000 espectadores con 30 salas no existe. Está todo bien, y hay un agradecimiento, pero quiere decir que en una segunda película mía van a tener otros miramientos con respecto a las salas. Pero la verdad es que los que terminan decidiendo que sean 30 siguen siendo los mismos. 

Se suele destacar que Blondi es una película corta. ¿Por qué sentís que le damos tanta importancia, como espectadores, a la duración de una película antes de verla?

Creo que hay una sensación de falta de tiempo, porque tiene que ver con la enajenación de la información y de cómo se mueve todo. Cuando invito a ver Bondi digo: “Dale, una hora veinte, andá a verla”. Siento que hay gente que queda en el camino del tiempo. Las películas son buenas o malas y es cine, punto. Puede durar una hora, cincuenta o tres. Lo que importa es que esté buena. Si está buena, se agradece de cualquier manera, pero si es corta y buena creo que se agradece más (risas).

“Fue como un regalo y yo estaba feliz; en toda la previa la pasé increíble”, dice Fonzi sobre el rol de directora que asumió por primera vez. “Fue como un regalo y yo estaba feliz; en toda la previa la pasé increíble”, dice Fonzi sobre el rol de directora que asumió por primera vez.

¿Creés que cambia algo cómo se discute tu figura como cineasta ahora que ya tenés tu ópera prima, y que al hecho de ser actriz y productora se le suma el título de directora?

Creo que hay más posibilidades de cosas para hacer. Ahora no solo me llaman para actuar, me llaman para dirigir: un capítulo de una serie, o que arme algo que piense desde el desarrollo. Se abre un mundo nuevo que me gusta, pero que tengo que ir viendo qué realmente es lo que quiero hacer y cómo puedo hacerlo. 

¿Estás pensando ya en dirigir algún otro largometraje?

Sí, estoy pensando en otra película que voy a dirigir. Ya me junté con Laura Paredes para empezar a escribir de vuelta. Después, como actriz, me voy a Italia a filmar una película italiana, en italiano, de un actor que se llama Valerio Mastandrea, que va a actuar y dirigir. Él estuvo en un festival cuando se vio La patota y me dio el premio a Mejor actriz y evidentemente se quedó pensando. Me voy a hacer eso, actuar un poco, a ver qué onda y mientras armo algo para volver a dirigir. 

¿Cómo describirías tu cinefilia?

Veo todo lo que puedo de cine. Veo todas las películas que salen. Si hago una película italiana, trato de meterme en el cine italiano con todo y con eso me voy divirtiendo. Por ejemplo, ahora que voy a actuar en esta película veo películas donde actores que hablan español actúen en italiano. Con Santi (Mitre), que va viendo películas de lo que quiere hacer, también vamos viendo cosas mientras busca referencias.

¿Cómo te llevás con los tiempos entre un proyecto grande y otro?

¿Qué hago entre una cosa y otra? La vida. Estar mucho con mis hijos, ocuparme de ser madre, descansar, no hacer nada, ejercicio, cuidado personal, recuperarme. Disfruto muchísimo de no trabajar, porque después cuando hay que trabajar es mucha la demanda. Me gusta mucho el ocio y poder tenerlo porque creo que de ahí sale la base de todo el resto.

Fotos: Gentileza La Unión de los Ríos