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Florence and the Machine, la banda británica que pisa fuerte en el panorama independiente
Dance Fever es el esperado quinto álbum del grupo, un disco grabado en Londres en pleno confinamiento que es toda una oda a la fuerza liberadora de la música y en el que Florence Welch, la gran voz del indie, se reafirma como una de la pricipales referentes de la música británica actual
imagen de Florence and the Machine, la banda británica que pisa fuerte en el panorama independiente
Dance Fever es el esperado quinto álbum del grupo, un disco grabado en Londres en pleno confinamiento que es toda una oda a la fuerza liberadora de la música y en el que Florence Welch, la gran voz del indie, se reafirma como una de la pricipales referentes de la música británica actual
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Cada regreso de Florence and the Machine es todo un
acontecimiento, especialmente por la larga espera desde su último disco, High
AsHope, publicado hace cuatro años. Desde entonces, los seguidores
de la banda recibieron con cuentagotas apenas dos canciones inéditas, Jenny
of Oldstones, para la banda sonora de la última temporada de la serie Game
of Thrones, y Call Me Cruella, de la película de Disney Cruella.
Después de dos meses y medio desde
que llegara el primer y espectacular adelanto de su nuevo material discográfico
con el sencillo King, Dance Fever es ya una realidad, un disco de
catorce temas potentes, entre ellos, My Love, Heaven is Here y el
enérgico Free.
De épocas pasadas. Grabado principalmente en Londres durante la
pandemia —que frustró el plan inicial de Florence Welch de producir su quinto
trabajo en Nueva York inmediatamente después de la gira de High As Hope—,
Dance Fever evoca todo lo que la artista más echaba de menos en pleno
confinamiento: “los clubs, bailar en los festivales, el torbellino del
movimiento y la unión y la esperanza de los reencuentros venideros”, según la
nota de prensa con la que se anunció el disco.
Florence Welch lleva a una nueva
dimensión su interés por épocas pasadas, como la Edad Media y el Renacimiento,
fascinada ahora por la “coreomanía” (fenómeno conocido también como baile de
San Vito), un ritual en grupo extendido en Centroeuropa entre los siglos XIV y
XVII en el que cientos de personas bailaban de forma salvaje hasta llegar a la
extenuación, y, en algunos casos, a la muerte por puro agotamiento tras la
danza.
“Algo viene, tan sin aliento/Seguí
girando y bailé hasta morir”, canta Welch en la canción Choreomanía. La
artista ya había conseguido hacer bailar con dos de los adelantos del disco: My
Love y Free.
Fue ese tipo de danza, entendida
como forma de liberación y empoderamiento, una de las claves en sus primeros
días de sobriedad tras caer en el alcoholismo sobrepasada por la fama al
comienzo de su carrera artística, y lo volvió a ser en pleno confinamiento,
además de fuente de inspiración no solo para el álbum sino para los videos de
las canciones publicadas como sencillos.
Dance Fever, el último disco de la banda, se grabó en plena pandemia y celebra la fuerza liberadora de la música.
Florence Welch se interpreta a sí misma y Bill Nighy a su ansiedad en Free, el más reciente video de Florence and the Machine.
En movimiento. De esa danza liberadora hace gala en el video del
tema Free, en el que habla de la ansiedad y de la depresión y de cómo el
baile ejerce su fuerza liberadora: “Pero escucho la música/siento el ritmo/y
por un momento, cuando estoy bailando soy libre”, canta después de ironizar
sobre si debería medicarse. En el video de esa canción, en el que Welch se
interpreta a sí misma y el veterano actor británico Bill Nighy a su ansiedad,
se la ve corriendo por pasillos y danzando sobre mesas largas cubiertas de
manteles, como sacudiéndose todo lo que no la hace libre, mientras su ansiedad
(Nighy) toma café y habla por teléfono, y mientras el espectador mueve
irremediablemente su pie al ritmo de la música.
Free fue la última canción que Florence Welch escribió
antes de que sus planes se vieran truncados por la pandemia, apenas una semana
después de haber empezado a trabajar en el álbum con el productor Jack Antonoff
y tuviera que regresar a su hogar de Londres, donde continuó con la producción
del disco en pleno confinamiento.
Aislada en casa, transformó las
canciones con la ayuda de Dave Bayley (vocalista de Glass Animals) con “guiños
al dance, al folk, al Iggy Pop de los 70, a temáticas folk
de añoranza del camino en plan Lucinda Williams o Emmylou Harris”. Y aunque se
planteó regrabar el material nuevamente en el estudio en Nueva York tras los
sucesivos confinamientos, no llegó a hacerlo, al considerar que el disco estaba
destinado a ser así.
Lo cuenta en el video exclusivo que
acompaña al lanzamiento del álbum en la plataforma Spotify, Dance Fever.
The Album Experience, en el que explica los pormenores de la producción
del disco, el primero que la plataforma digital musical ha permitido reservar a
sus usuarios para ser notificados en el momento de su lanzamiento.
No es la única iniciativa de la
plataforma para promocionar el álbum: en la línea de la inspiración victoriana de
la parte gráfica del álbum, Spotify ha inmortalizado a la cantante en afiches
inspirados en los del siglo XIX, que sustituyen a las clásicas vallas
publicitarias y que se exhibirán durante una semana en la Dulwich Picture
Gallery, al sur de Londres, cerca del barrio de Camberwell, donde Welch creció.
Florence Welch vestida por Gucci en la ceremonia de los Grammy en 2016. Ese año la banda estuvo nominada al Mejor álbum pop vocal por How Big, How Blue, How Beautiful.
,En 2016, cuando Gucci anunció que Welch sería la embajadora de los relojes y las joyas de la marca.
En la la Met Gala de 2019, con un diseño también de Gucci.
Simplemente humana. “He vuelto a mis raíces ‘maximalistas’ después del
minimalismo de mis últimos dos álbumes”, bromea Welch en el video publicado en
la plataforma digital, en alusión a un diseño gráfico y a un estilismo que son
ya su seña de identidad, y del que da buena muestra en los cuatro videoclips
lanzados hasta la fecha.
Los videos de las canciones King,
My Love, Heaven is Here y Free, dirigidos por la
estadounidense Autumn De Wilde, se rodaron en Ucrania a finales de 2021.
“Siento que logré tomar todo lo que
aprendí en los últimos 15 años y consolidarlo en este disco, en este arte, en
los videos”, confesó Welch en una entrevista con Apple Music. “Sentí que si
tenía que demostrarme algo a mí misma, de alguna manera lo hice en este disco”.
Tras la publicación del álbum, Welch señaló Dream Girl Evil como su
canción favorita, un tema sobre no ser vista como ángel o demonio, sino
“simplemente como ser humano”. “Fue liberador escribirla”, publicó en sus redes
sociales.
Acerca de King, primer
adelanto del álbum, toda una oda al empoderamiento femenino y de la propia
artista, confiesa que es “una canción caída del cielo”, escrita justo cuando
llegó a pensar que no sería capaz de volver a escribir una canción, y que
compuso también antes de la pandemia.
Florence and The Machine presentará
su nuevo álbum en una gira internacional que comenzará en Canadá en setiembre y
para la que de momento hay fechas anunciadas también en Estados Unidos, Reino
Unido, Irlanda, Francia, Australia y Nueva Zelanda.
Un robot y una máquina. El nombre de la banda se debe a la colaboración
entre Florence Welch e Isabella Machine Summers, que durante un tiempo
actuaron como Florence Robot/Isa Machine. “El nombre Florence and the Machine
comenzó como una broma y se nos fue de las manos”, confesó Welch, nacida en
Londres en 1986.
El debut de Florence and The
Machine fue espectacular: Lungs (2009) alcanzó el número uno de las
listas británicas y recibió el BRIT Award al Mejor álbum del año, además del
Critic’s Choice en los mismos galardones y una nominación al premio Grammy como
Artista revelación, la primera de las siete candidaturas de la banda a los
premios más reconocidos de música.
La gira promocional de su primer álbum, del que entre
otras canciones destaca DogsDays Are Over, se prolongó durante
más de tres años hasta julio de 2011, un par de meses antes del lanzamiento del
segundo disco del grupo, Ceremonials, con temas como ShakeIt
Out, Never Let Me Go, What the Water Gave Me o Spectrum.
La banda en el escenario del Southside Festival 2010 en Neuhausen, ob Eck, Alemania.
Tras el éxito de sus dos primeros
discos, los fans de Florence and The Machine tuvieron que esperar casi cuatro
años para disfrutar de un nuevo trabajo de los británicos, que en junio de 2015
publicaron How Big, How Blue, How Beautiful, número uno en
Reino Unido, Estados Unidos, Canadá, Irlanda, Suiza, Polonia, Australia y Nueva
Zelanda, y tras el que fueron cabeza de cartel en prestigiosos festivales como
el de Glastonbury.
Florence and The Machine lanzó, en abril de 2016, The
Odyssey, una película dirigida por Vincent Haycock que, en 47 minutos,
combina los videoclips publicados de ese tercer álbum de la banda, como What
Kind of Man, St. Jude, Delilah, Ship to Wreck, Queen
of Peace y Third Eye. Ese mismo año fueron teloneros de The Rolling
Stones en su concierto en Londres. Florence protagonizó uno de los momentos
vibrantes de la noche cuando Mick Jagger la invitó al escenario para cantar a
dúo la canción Wild Horses.
Magia inútil. Antes de las canciones para Cruella y Game
of Thrones, Florence ya había incursionado en las bandas sonoras con la
canción Wish That You Were Here, para la película de Tim Burton Miss
Peregrine’s y los niños peculiares, y participó en el soundtrack
del videojuego Final Fantasy XV con una versión de Stand By Me, además
de IWill Be y Too Much is Never Enough.
Además de estos aportes, la
polifacética Florence Welch ha colaborado con artistas como Lady Gaga, con la
que grabó la canción Hey Girl para el álbum Joanne, y su
influencia llevó a la revista Time a incluir a Florence Welch en la
lista de las 100 personalidades más influyentes de 2011.
El cuarto álbum de estudio, High as Hope, se
editó en 2018, con canciones como Hunger, Sky Full of Song y No Choir,
que ya son himnos de la banda. “Y es difícil escribir sobre ser feliz/Porque,
cuanto mayor me hago/Encuentro que la felicidad es un tema extremadamente
tranquilo. Y no habrá grandes coros para cantar/Ningún coro podría cantar/Sobre
dos personas sentadas sin hacer nada”, empieza diciendo en No Choir, y
con la honestidad y simpleza que identifica a sus letras, sigue: “Y si mañana
se acaba todo/Al menos lo tuvimos por un momento. Oh, cariño, las cosas parecen
tan inestables/Pero por un momento pudimos estar quietos”.
La cara B del single Sky Full of
Song traía una sorpresa: New York poem (for Polly), un poema de Useless
Magic, el libro en el que Welch recopiló letras de canciones, poemas y
dibujos suyos. “Las canciones pueden ser increíblemente proféticas, como
advertencias subconscientes o mensajes para mí pero, a menudo, no sé lo que
trato de decir hasta años después. O una predicción se hace realidad y no pude
hacer nada para detenerla, por lo que parece una especie de magia inútil”,
apuntó Welch, sobre el elocuente título del libro.
Su último trabajo es una invitación
a sumarse a su danza febril, a soltar el cuerpo y los miedos, y a enamorarse de
su voz, tan personal y magnética como su estilo.